AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico"

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    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" Empty AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico"

    Mensaje por Colde Dom Dic 04, 2022 1:21 am

    Buenas noches a todos.

    Soy aficionado a jugar con el método del roleplay, es decir, jugar simulando que soy el personaje que manejo: su historia de fondo, sus necesidades, el motivo por el que se ve envuelto en la aventura, su objetivo, etc. Además, desde que usé el mod "Take notes: journal of the dragonborn" en Skyrim Special Edition me gusta ir escribiendo lo que le va sucediendo al personaje. Si el juego permite hacerlo en el propio juego (vanilla o modificado) como Skyrim o Fallout 4 lo hago ahí, y si no pues abro un documento word y voy haciendo estas anotaciones.

    Empecé a hacerlo en una partida en bannerlord y descubrí este gran apartado en el foro después de tantos años, un gran fallo por mi parte tardar tanto con lo que me gusta leer las diferentes historias. El caso es que he decidido compartir el diario de Ragnar "El Zeónico" con vosotros y espero que lo disfrutéis tanto como yo haciéndolo.

    Recalcar varios puntos:

    1. No soy escritor y no garantizo ser un Cervantes en esta aventura, pero hago lo posible.
    2. Creo estar informado del lore del mundo de Mount and Blade, pero es posible que se me escape algo, si es así pido perdon y os invito a informarme de mi error amablemente.
    3. Hay elementos inspirados en otras fuentes; por ejemplo el principio tiene similitudes con el inicio de Gladiator (en algunos nombres), y sigo el estilo de "Saxon´s Stories" ("Sajones, viquingos y Normandos" en español) de Bernard Conrwell, libros que me encantan y en los que se basa la serie de Netflix "The Last Kingdom". Las armas de mi protagonista tienen el mismo nombre que las de Uhtred en esta saga, al igual que puedo haber copiado o replicado otros nombres (soy muy malo para los nombres), lo mismo ocurre con algunas situaciones. Recordad que hice esto en principio para mi, no tenía planeado publicarlo ni que le gustara a otros. Tened eso en cuenta.
    4. Es la primera vez que publico algo así, perdonar mis errores de noob.
    5. El capítulo 1 y 2 ya los tengo escritos, son principalmente backstory, son extensos y apenas tienen imágenes. El resto los iré escribiendo según juegue y cierro los capítulos según termine un periodo importante de la vida de mi personaje. Iré añadiendo imágenes, pero también soy nuevo en esto de hacer capturas del juego; no suelo hacerlas y me cuesta estar pendiente de abrir el "modo foto" en un momento tenso, pero haré lo que pueda. También soy muy nuevo en esto de postearlas en el foro, pero lo intentaré porque creo que dan alegría el relato.
    6. Si tiene esto cierto éxito haré otras AAR, ya que juego de este modo es posible que me anime a subir todos los relatos si le gustan a la gente.
    7. Si gusta, hay permiso de compartirlo en otros medios, siempre que se me mencione como autor y se adjunte un link al hilo original.
    8. Si gusta mucho (no espero llegar a tanto) recordar que tengo una vida fuera de la pantalla: trabajo, tengo amigos, estoy casado con una gran mujer que convive con mis frikadas de videojuegos y estoy esperando un hijo. Publicaré contenido nuevo cuando pueda pero sed pacientes.
    9. Por último, si incumplo alguna de las normas del foro sin darme cuenta, pido perdón a los moderadores y les invito a que me corrijan.
    10. Sin más, empezamos. Muchas gracias a todos. Estoy hasta nervioso...




    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" 2022-110
    ¡MURO DE ESCUDOS!




    MEMORIAS DE RAGNAR AVENTUS
    Capítulo 1

    Ave Calradia


        Mi vida se me escurre entre los dedos, ya pocas batallas me quedan, sólo lamento no morir en batalla, pero espero morir con alguna de las armas que me han acompañado durante toda mi vida en las manos para que Odín me reciba en el salón de los héroes, espero que todas las batallas vividas me avalen y que los espíritus que allí mandé me reciban con los brazos abiertos.

        Y aquí estoy, gobernando a un montón de cristianos, con responsabilidad en mis manos y gente siguiéndome, ni si quiera piensan como yo y muchos me consideran un extraño norteño, aunque soy parte de ellos, pero mato a sus enemigos como nadie y al final han aceptado que los guíe. No quería nada de esto, sólo quería venganza y sangre.

        Y es que no siempre viví como ahora, ni me consideraron un pagano nórdico ni le recé a los verdaderos dioses. Nací en la preciosa ciudad de Zeónica, entre las colinas iltráricas y el mar Perassic, soportando los calores de los cientos zeónicos, bañándome en el mar, mirando con curiosidad a los marineros que llegaban para comerciar en sus barcos mercantes y temiendo la ira del Dios cristiano por mis pecados.

        Mi madre, Aurelia Aventus, tenía una granja de su propiedad a pocos pasos de la ciudad, lugar en el que me crio y educó. El modo de obtener aquella propiedad fue la causa de mi nacimiento: en algún momento se dio un revolcón con el Arconte Garios Comnos, señor de Zeónica, revolcón que me dio la vida. Evidentemente un gran Arconte del Imperio no iba a casarse con una don nadie, pero Garios se molestó en comprar unas tierras cerca de la ciudad para que su momentánea amante cuidara con estabilidad a su hijo bastardo.

        Me crie en la granja ayudando cuanto podía, pero un chico del oeste de Calradia tan solo sueña con servir al Imperio en la Legión. Muchos buscan servir los cinco años reglamentarios para obtener tierras por sus servicios, política que siempre defendió Garios en contraposición con muchos miembros del Senado que solo quieren tierras para la aristocracia. Yo en cambio sólo quería salir de la monotonía de la granja y ser mejor visto por mi padre. El Arconte Garios de los Comnos siempre fue un militarista de tomo y lomo, gran líder militar era uno de los principales Generales del Imperio que solía liderar los grandes ejércitos en las diferentes campañas.

        Me alisté con 15 años y desde entonces serví, principalmente contra los bárbaros de las tribus de Battania, aunque ocasionalmente fui desplazado al Este a contener las hordas Khuzait. Siempre sospechamos que podría estallar una guerra contra los Sturgianos, pero estos se mantuvieron al margen de cualquier conflicto un tiempo.

        Tras un año de servicio, fui trasladado por mis superiores a las Legiones Fénix, una unidad de élite de la XIII Legión, encargada de la peor mierda que se pudiera dar en combate: siempre infantes y primeros en la línea de las escuadras y los muros de escudos, asaltadores por escalas en los asedios para liberar presión en la puerta principal y en el apoyo de la torres de asedio (así como para sabotear lo antes posible las máquinas de asedio defensiva) e incursiones en territorio enemigo en grupos de escasas unidades (sin refuerzos, apoyo ni apenas suministros) para sabotear los refuerzos y la intendencia enemiga.

        Sobreviví lo suficiente para ir ascendiendo en las Legiones Fénix, de mero infante pasé a sargento, de ahí a Capitán y posteriormente me nombraron el Comandante de las Legiones Fénix tras un Triunfo que celebramos en Lycaron con un gran desfile en el que mi padre Garios me condecoró en persona y me susurró al oído “Estoy orgulloso de ti, hijo”.

        No es decoroso elogiarse a uno mismo, pero sobrevivir ocho años en la Legión Imperial, como infante de las Legiones Fénix, es un raro acontecimiento que habla bien de mi habilidad marcial. He aguantado la línea mucho, he visto muchas veces una muerte que nunca terminaba llegar, he pasado hambre y sed en las incursiones, me han herido varias veces (buenas marcas tengo en la cara dando fe de ello) y he enterrado a muchos compañeros y amigos queridos. Pero yo sobreviví lo suficiente.

        Ocho años de guerra en guerra adecuado a la disciplina de la Legión. A los cinco podría haberme retirado con una nueva tierra para mí, pero nunca me retiré. Mi madre Aurelia había muerto por fiebres y tras enterrarla malvendí la granja a su trabajador de confianza más veterano. Me gustaba la vida castrense y, he de reconocer, que me gustaba marchar a la batalla. Echando la vista atrás tengo que admitir que buscaba la aprobación de mi padre, la cual conseguí con ese Triunfo en Lycaron y mi ascenso a Comandante.

        Mi vida cambió hace siete años, en lo que hoy día se conoce como la “Batalla de Pendriac” o “La Locura de Neretzes”. La desafiante Sturgia había decidido aliarse con la siempre beligerante Battania para declarar la guerra al Imperio Calrádico, formando un Gran Ejército Pagano que amenazaba con incursiones desde el Noroeste. Por si fuera poco, Neretzes insultó a los vlandianos volviendo a nuestros fuertes aliados en nuestra contra, los cuales se unieron a la coalición sturgiana y battaniana. Oh si, consiguió que algunos clanes Khuzait y Aserai se nos unieran a la causa, pero sólo eran unos pocos clanes que participaron a cambio de la promesa de un oro que no teníamos.

        Fuimos al encuentro de la coalición Noroccidental en un gran ejército que podría haber dominado el oeste del continente si hubiera sido guiado con sabiduría, pero el Emperador en persona se empeñó en liderar la expedición. En un momento dado decidió la insensatez de enviar a Garios Comnos con una Legión de novatos a capturar el Castillo de Pendriac para facilitar el paso de nuestras fuerzas, los exploradores indicaron que la fortaleza se encontraba poco defendida, pero el Emperador debió prever la trampa que se cernía sobre nosotros. No solo eso, dejó a la Legión XIII y a las Legiones Fénix en vanguardia de la fuerza principal. No le bastaba con mandar a su mejor General a tomar una pequeña fortaleza, si no que le despojó de los hombres que siempre había guiado y que confiaban en él para darle una fuerza poco eficiente y disciplinada.

        Por si eso fuera poco, Garios solicitó llevar una centuria de arqueros, para protegerles de posibles emboscadas, lo cual Neretzes negó argumentando que aumentar el tamaño de la hueste solo le haría más lento y llamar más la atención.

        Primero vimos el humo que salía del bosque, después notamos la falta de mensajeros que nos avisaran del curso de la acción y, al final del día, recibimos a Garios herido junto a unos pocos hombres que nos hablaban de emboscadas y de la “completa aniquilación” de la Legión a manos de arqueros y guerreros con grandes espadas battanianos. Entonces supimos que algo había ido completamente mal. En vez de retirarnos a una posición defensiva el Emperador ordenó formar y avanzar al encuentro del enemigo, era su campaña y quería que fuera gloriosa y exitosa a cualquier precio.

        No tardamos en encontrarnos con un enorme muro de escudos cerca de la linde del bosque. Era enorme, sus brocales protegían la parte frontal y la superior casi sin aperturas mientras amenazantes lanzas salían de la compacta estructura de escudos. Eran guerreros de Sturgia listos para la batalla, y parecía que no iban a ceder terreno ante nosotros.

        Teníamos el plan de acosarles con los escaramuzadores aserai y los arqueros a caballo khuzait, así como de mandar a nuestros catafractos para romper sus líneas antes del choque entre muro y muro de escudos, pero los escaramuzadores estaban intentando moverse a la retaguardia del enemigo para poder lanzar su lluvia de jabalinas. Un guerrero sturgiano, embutido en cota de malla y brazaletes, salió del muro y alzó su hacha para después señalarnos con ella a nosotros, nos estaba desafiando. Las Legiones prohíben aceptar este tipo de duelos ya que, aunque la victoria puede suponer una gran inyección moral de las tropas, la derrota puede hacer que los soldados se pongan a temblar. La disciplina militar no permite apostar en un juego tan arriesgado; pero necesitábamos tiempo para que los escaramuzadores se colocaran en posición y dos ejércitos pendientes del resultado de un combate singular era la mejor manera de retrasar la batalla. Así que salí de la formación y apunté al guerrero con mi spatha. El duelo fue aceptado.

        Nos colocamos en posición, él con su broquel y yo con mi escudo de lágrima, hacha contra espada. Después de tantearnos, moviéndonos hacia los lados y lanzándonos ataques simples, comenzó la encarnizada lucha. Ambos escudos acabaron destrozados y acabamos luchando, deteniendo los ataques con las propias armas o esquivándolos. Me hizo un buen tajo en la cara (paralelo al que ya tenía) y creo que me partió de nuevo la nariz, pero al final pude atravesarle las tripas con una certera estocada.

        Fue una gran lucha, de esas que te hace respetar al contrario en vez de odiarlo, de esas que sabes que el enemigo piensa lo mismo de ti, y cuando alzó su mano para tomar su hacha y me miró con ojos suplicantes supe que no tenía intención de hincármela en la cabeza antes de morir (estaba preparado para eso). Le hice caso y le acerqué el hacha, y él tan solo se la llevó al pecho y respiró con cara de alivio. Miré hacia el muro de sus hombres y vi que algunos de ellos me miraron con respeto mientras se llevaban la mano al pecho. Fue el primer contacto que tuve con los auténticos Dioses.

        Mis hombres me vitoreaban y volví a mi posición mientras los sturgianos golpeaban sus escudos con rabia. Pude ver algunos Aserai detrás del muro enemigo y aguardé el bombarde de jabalinas, los disparos khuzaits y la carga de los catafractos antes de hacer avanzar a los míos; pero en ese gran plan había un factor con el que no habíamos contado: los vlandianos.

        Del bosque salieron cientos, tal vez miles, de caballeros en sus veloces caballos y manteniendo su lanza firme hacia sus enemigos. Era una marea gris que se propagaba por todo el campo de batalla dejando un festín para los cuervos a su paso. Los escaramuzadores fueron aniquilados en primer lugar, los khuzaits se centraron en no ser alcanzados por los caballeros mientras les disparaban con sus arcos (cierto es que derribaron a algunos, pero no tardaron en quedarse sin munición y no les quedó otra que mantener la distancia si no querían ser empalados en las lanzas de caballería) y los catafractos cambiaron su objetivo prioritario, centrándose en perseguir a los caballeros, alos cuales no conseguían alcanzar al llevar estos menos blindaje que nuestra caballería acorazada.

        Fueron los sturgianos los que se acercaron a nosotros y el choque de escudos fue brutal. A partir de ahí comenzó la carnicería del muro de escudos donde los hombres pelean como si fueran amantes abrazados. Aguantamos lo que pudimos y lo hicimos bien, empujábamos y apuñalábamos, bajábamos los escudos enemigos y una lanza trasera les atravesaba la cara, y si no bajaban el escudo un buen corte en las piernas abría brecha para dar el tajo o estocada que les diera muerte. Cuando calculaba que habíamos matado a unos cuantos ordenaba retroceder a la formación para que el enemigo tuviera que luchar pisando los cadáveres de sus hombres, con la dificultad que ello aporta a la moral y a la lucha.

        Lo hicimos muy bien, pero ya no dependía de nosotros. La caballería vlandiana había acabado con los escaramuzadores, había diezmado a los khuzait y mantenía entretenidos a los catafractos; pronto esos caballeros se vieron libres para cargar contra nuestra infantería, intentando romper nuestro muro. Para combatir a los caballeros ordené la formación de varios cuadrados, y así estos se atascarían y serían alcanzados por nuestras lanzas cuando cargasen.

        Pero esta formación no es apta para luchar contra la infantería, pues en seguida se ve rodeada y es atacada por todos los flancos. Conseguimos mantener a los caballeros a raya, pero los guerreros de Sturgia nos estaban aniquilando. Por fin Neretzes se dio cuenta del desastre y ordenó la retirada al campamento, algo que no hicimos huyendo a lo loco, si no formando de nuevo el muro de escudos y retrocediendo poco a poco manteniendo a los sturgianos a raya mientras nuestra gente se refugiaba tras la empalizada del campamento. Todo ello mientras los caballeros volvían a la carga.

        En el campamento intentamos mantener a raya al enemigo, pero tal ejército podía haber tomado los muros de una ciudad, no digamos de una pequeña empalizada. Cuando el enemigo escaló los muros alcanzó a Neretzes matándole, el Emperador había muerto y el mando de nuestras restantes tropas recaía en el General Arenicos Pethros, mucho más hábil en la estrategia bélica que el Emperador, pero con unos recursos limitados tras haber perdido a tantos hombres que no le dejaban muchas opciones.

        Arenicos instó a la retirada total para regresar al territorio del Imperio, ordenando una salida por la puerta trasera que aún no había tomado el enemigo, pero los invasores ya habían escalado a las murallas y Arenicos iba a necesitar tiempo para rescatar al resto de hombres. Me ofrecí voluntario para liderar a las Legiones Fénix para cubrir la retirada del resto y me encargué de tan letal tarea, di permiso a mis hombres para retirarse con Arenicos si así lo deseaban, pero ninguno se movió de su posición, entregándose a la muerte. Luchamos lo mejor que pudimos y dimos el tiempo suficiente para que las tropas restantes huyeran, pero los efectivos se perdían a gran velocidad y las Legiones Fénix fueron aniquiladas. No las reemplazaron en mucho tiempo. La batalla de Pendriac había terminado.

        Tiempo después me enteré de que Arenicos condujo al ejército hasta Lycaron con éxito, aunque pasaron mucnas penalidades en forma de hambre, sed y falta de sueño. Los Catafractos escoltaban a la comitiva para evitar el ataque de caballeros sedientos de sangre que persiguiesen al ejército que huía. Esta acción le valió a Arenicos el ascenso a Emperador de Calradia por designación senatorial, saltándose a Penthos Neretzes en la línea de sucesión.

        En cuanto a mí, no tardé en verme rodeado de enemigos luchando a la desesperada, al final recibí un golpe con un objeto contundente en la espalda que me dejó sin respiración, lo cual aprovecharon mis enemigos para desarmarme y atarme las manos a la espalda.

        Ahí fui licenciado de las Legiones. Dejé de ser un guerrero y comenzaba mi vida de esclavo.
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    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" Empty Re: AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico"

    Mensaje por Colde Dom Dic 04, 2022 5:51 pm

    Capítulo 2

        Paz en la esclavitud

        No me soltaron hasta que me metieron en un redil con otros prisioneros, lugar en el que fuimos testigos de cómo nuestros enemigos celebraban la victoria en un gran banquete tras el saqueo. Aunque no todo eran alegrías; vi al que luego conocí como Príncipe Raganvad, de los Gundaroving, discutiendo con Olek de los Kuloving, que también supe de él posteriormente, al igual que le vi discutir acaloradamente con Cadalog, el Rey de los battanianos, y también vi a varios barones vlandianos discutir acaloradamente con su Rey. Las tropas básicas celebraron la victoria, pero sus líderes estaban sumidos en conflictos que no auguraban ninguna amistad.

        Pero el mayor conflicto era el del hambre y el frío que sufrían los cuerpos de los prisioneros, bajo la lluvia en aquel redil éramos testigos de cómo las tropas enemigas celebraban la victoria hartándose a comer, mientras que a nosotros nos tiraron un poco de pan rancio y nos animaron a abrir la boca hacia el cielo para calmar nuestra sed. Algunos nórdicos, de allende los mares, que lucharon por Sturgia preguntaron por mí, al no recibir respuesta mataron al prisionero más cercano y volvieron a preguntar recibiendo entonces la respuesta que querían. Creí que me iban a dar una muerte dolorosa o una tortura atroz, pero me dieron un muslo de pollo que imagino que no me llenaría el buche, pero sería algo de proteína que le vendría bien a mi cuerpo. En cualquier caso, nunca lo supe porque reconocí a otro de mis hombres entre los prisioneros y se lo di a él.

        Los vlandianos no celebraron nada puesto que se marcharon esa misma noche en sus lustrosos caballos, varias reyertas estallaron en el campamento entre battanianos y sturgianos y varios sturgianos se pelearon entre ellos. Alguno que otro murió en las celebraciones.

        Partimos al día siguiente, los battanianos hacia el sur con unos cuantos prisioneros y los sturgianos hacia el norte con los suyos, entre ellos yo. Cuando me capturaron me quitaron mis armas (obviamente) mi calzado y mi armadura, solo llevaba conmigo mis ropas echas girones y manchadas de sangre, barro, sudor y lluvia. Fue una travesía agotadora en la que murieron varios prisioneros; por la noche nos encadenaban a un árbol y nos daban de comer lo mínimo antes de ir a dormir al raso soportando las inclemencias del tiempo.

        Durante el trayecto el ejército se fue dividiendo, también vendieron a algunos de los prisioneros como esclavos, pero a mí me mantuvieron con ellos mientras nos dirigíamos al noreste. El final del viaje llegó para mi en una pequeña granja similar a la que me había criado yo, aunque más fría; El propio Príncipe Raganvad le habló con respeto a un hombre que, si bien era mayor, de ojos lechosos por una leve ceguera y andaba cojeando ayudado por un bastón, tenía la porte de haber sido un auténtico guerrero. Uno de los lugartenientes del Príncipe me dijo en un Calrádico forzado que se trataba de Ragnar El Temerario, padre Ragnar Ragnarsön, o Ragnar El Joven, el guerrero que había vencido en combate singular en medio de los muros de escudos. Me dijo que yo era un regalo compensatorio por la pérdida de su hijo en batalla, y que él sabría qué hacer conmigo. Tras unas charlas me dejaron con él, con los pies encadenados, y el ejército se marchó.

        Pensé que me enfrentaba a una ejecución o a una lenta tortura con su posterior ejecución, pero empecé a trabajar día tras día en la granja de Ragnar y el trato fue bueno para mi condición de esclavo. Ragnar tenía gente empleada que le ayudaba (yo era el único esclavo) y a una bella mujer nórdica que primero interpreté como su hija. La seguridad no era elevada para mi condición, salvo mis cadenas y la vigilancia de algunos empleados y de la “hija” de Ragnar no había más medidas de seguridad que me impidieran irme; pero sorprendentemente no tardé en encontrarme bien. El trabajo en la granja no era más duro de lo que había vivido en mi granja en Zeónica, me alimentaban con justicia y no sufrí el maltrato por parte de nadie. Tal vez por recuerdo del lugar en el que me crie, pero me encontraba en paz sin vivir rodeado de la disciplina militar, las marchas y la constante lucha contra los enemigos del Imperio. Me había acostumbrado tanto a la vida en las Legiones que había olvidado lo que era vivir en paz.

        Por parte de mis amos, poco a poco fueron confiando más en mí y acabaron quitándome las cadenas que unían mis tobillos, dejando solamente una tobillera como símbolo de mi condición. Algunos labriegos sabían calrádico y yo empecé a aprender ese idioma nórdico que utilizaba Ragnar con la que creía que era su hija, el cual era muy parecido al vaeguir que se utilizaba en Sturgia. El propio Ragnar chapurreaba el calrádico y poco a poco pasó a darme más conversación más allá de las órdenes que se dan a un esclavo.

        En un momento dado me preguntó por qué le devolví el hacha a su hijo cuando estaba herido de muerte, le respondí que fue un gran oponente al que llegué a respetar en el fuego del combate, que no entendía para qué quería el hacha, pero vi en el algo que me hizo confiar en que no la usaría para atacarme de nuevo y que entendí que era importante para él. Ragnar me explicó lo que era el Valhalla y lo que significaba para los nórdicos morir en combate con el arma en la mano, era la mejor forma de ir a lo que podría considerar “el cielo” para los nórdicos.

        Otros días me habló de Odín, Thor, Frejya, Loki, las Nornas tejiendo nuestro destino y el resto de dioses nórdicos que eran mucho más parecidos a los seres humanos que el Dios adorado por los Cristianos. Tenían sus vidas y sus historias, no imponían leyes a los humanos porque poco les importábamos, y lo mejor que podíamos hacer las personas eran sacrificios en su honor y actos memorables que les entretuvieran para ganarnos su favor.

        Ragnar me contó que vino de Jumne, la tierra de los nórdicos allende los mares del norte, cruzando el océano en un drakar con el objetivo de saquear hace muchos años, después soñó con la idea de establecerse aquí y se ganó sus tierras al combatir como mercenario para diferentes facciones del continente durante varios años. Finalmente se trajo a su hijo Ragnar “El Joven” con él y se establecieron en el lugar donde ahora vivíamos. Como señor de Sturgia participó en las guerras de esta gente sin importarle si luchaba para un boyardo o para un príncipe, acompañado de su hijo Ragnar cuando tuvo edad para saquear. Eran especialistas en navegar por los ríos tras las líneas enemigas a causar estragos en las aldeas enemigas, obligando al enemigo a dividir sus fuerzas.

        Pudo acordar un matrimonio para Ragnar “El Joven” cuando este tuvo edad de merecer, y le casó con la nórdica que con él vivía. Se llamaba Tyra y constituían una de las pocas familias puramente nórdicas que aún quedaban en Sturgia, puesto que el resto se habían emparejado con familias de origen Vaeguir, ligándose aún más a la tierra. Ragnar despreciaba a muchos de ellos por considerar que habían vendido sus costumbres por estabilidad, incluso algunos se habían pasado al cristianismo. Fruto de estas uniones estaba el Príncipe Ragavan, que no dejaba de hablar de la relación de su madre nórdica con los temibles mercenarios skolderbroda para tener arrodillados a los Boyardos, cuando luego era él el primero que se arrodillaba ante despreciando las costumbres de su madre al darle la espalda a Odín. Ragavan le mostraba respeto y simulaba tener buenas relaciones con Ragnar, por ser un gran símbolo de la cultura nórdica, pero lo hacía para recordar a los boyardos rebeldes sus orígenes nórdicos. Eso sí, me advirtió que nunca me enfrentara a él, pese a ser medio vaeguir y adorar a Cristo era un hombre impredecible al que era mejor no desafiar.

        Ragnar predecía que todo esto no duraría eternamente, si un número elevado de nórdicos arribaban a las costas de Sturgia, o si surgía cualquier agravio contra los nórdicos que motivaran un ataque llamando a refuerzos allende los mares, estallaría el conflicto civil en Sturgia enfrentando a varegos y a nórdicos, tal vez dividiendo a Sturgia en dos para siempre.

        Mi relación con Tyra fue variando también, al principio se mostraba distante conmigo por haber matado a su marido, pero con el tiempo empezó a tratarme con amabilidad y llegó a agradecerme haberle dado una muerte tan honorable a Ragnar el Joven. Era una mujer preciosa, de largos cabellos rubio-claros, fuertes ojos dulces y figura menuda que realzaba su figura. No pude evitar fijarme en ella una vez que la encontré en el arrollo lavándose, por mi parte la sorprendí mirándome mientras trabajaba llevando heno ese verano con el torso desnudo. Sentía que la deseaba, pero era imposible; ella era la señora del lugar y yo no era más que un esclavo con las manos manchadas con la sangre de su marido.

        Una tarde del otoño de 1077, se personaron en el lugar cuatro nórdicos armados que solicitaron alojamiento para pasar la noche. Tenían mala pinta, portaban hachas y escudo, vestían cuero y el que parecía el jefe portaba una espada de hierro; pero aun así consiguieron que Ragnar El Viejo los alojase como invitados al mencionar que eran provenientes de la misma región originaria de los ancestros de Ragnar, en Junme, y al hablar de lo conocido que era Ragnar El Temerario en su hogar, al cual estaban ansiosos por conocer.

        Ragnar les agasajó como huéspedes sentándoles en su mesa y ofreciéndoles su comida y bebida. Hablaron de la vieja patria y le contaron a Ragnar que formaban parte de un grupo más grande que se había separado para buscar objetivos y que estaban allí para “hacer fortuna”, lo que significaba saquear en términos nórdicos y confirmaba mis sospechas de que se trataban de unos asaltantes marinos. Ragnar les recordó la obligación de que dichos asaltos se produjeran en cualquier reino ajeno a Sturgia, por los acuerdos jurados por los Jarls nórdicos del reino, respondiendo ellos que por su puesto tenían pensado dirigirse a tierras del Imperio o a Vlandia. Noté sonrisas de sarcasmo cuando afirmaron esto último.

        Yo comía en un rincón de la estancia y servía lo que me pedía Ragnar, lo cual hacía con amabilidad (hacía meses que sus órdenes se habían transformado en peticiones, con el mismo resultado, pero con formas más agradables), los visitantes me daban órdenes con desprecio para servirles, lo cual hacía sólo tras mirar a Ragnar y este confirmar que lo hiciera con un leve asentimiento de cabeza.

        Ragnar y el líder de los asaltantes Haesten, hablaban con cordialidad, pero sus tres acompañantes gritaban, eructaban, se tiraban pedos, me insultaban y lanzaban piropos descarados a Tyra. En un momento uno de esos lacayos mencionó la gran follada que le metería a la nuera de Ragnar y este le dijo a Haesten que estaba bajo su techo y protección, por lo que le apremió a que controlara a sus hombres antes de que les mandara a comer fuera de sus tierras. Haesten afirmó, mandó callar a sus hombres y tranquilizó con sonrisas a Ragnar.

        A partir de ahí la charla fue educada, aunque tensa, hasta que en un momento dado uno de los hombres de Haesten dio un manotazo a las nalgas de Tyra, acompañado por las risotadas de los otros dos, cuando ella me ayudaba a recoger los platos de la mesa. Ragnar se levantó enfurecido y ordenó a gritos que se marcharan, diciendo que ya no eran bienvenidos y que fueran a comerse los unos a los otros en los campos bajo la lluvia. Haesten intentó convencerle para que lo dejara pasar, alegando que sólo era una broma, pero Ragnar siguió en sus trece ordenando que se marcharan a gritos, entonces apareció la daga sobre el cuello de Ragnar.

        La sostenía Haesten y le dijo con desprecio a su anfitriónque no podía creer como el Gran Ragnar El Temerario se había convertido en un viejo tullido, sin capacidad para darle órdenes a él, Haesten “El Rey de los Mares”. Dijo que se quedarían, que se comerían y beberían cuanto quisieran, que se divertirían pegándome y humillándome y que se aliviarían con Tyra, primero Haesten y luego sus tres hombres a la vez, que la convertirían en mujer y la enseñarían lo que era un hombre del norte de verdad.


        Las amenazas no duraron mucho, los hombres de Haesten empuñaban sus armas, pero miraban la escena divertidos, a mí no me prestaban atención pues me consideraban un lacayo pusilánime, lo cual aproveché para romper un cuerno de cerveza en la cabeza de Haesten derrumbándole. Tomé su espada de la vaina y el escudo de su espada y me volví para encarar a sus hombres. Los tres ya me prestaban mucha atención y se movían lentamente para rodearme.

        Portaban cuero frente a mis ropas y empuñaban sus hachas, portando uno de ellos también un escudo. Podía luchar contra dos, quizá pudiera enfrentarme a los tres acabando herido, pero que uno de ellos tuviera un escudo lo hacía mucho más difícil ya que si se ponía al frente me impediría acabar rápidamente con ellos antes de que su superioridad numérica se convirtiese en un problema.

        Mientras hacía estas cavilaciones el que portaba el escudo murió con un cuchillo de carne atravesando su garganta y empuñado por Tyra. Los otros dos hombres de Heasten dedicaron un segundo en mirar a su camarada muerto, lo que yo aproveché para atacar. Golpeé con el borde del escudo a uno en la cara y aproveché su desequilibrio para encajar una estocada en la cara del otro hiriéndole de muerte entre gritos de agonía. Un hachazo vino por mi izquierda del golpeado ya recuperado, paré la estocada agachándome mientras alzaba el broquel de Haesten y aproveché mi posición baja para dar un rápido corte en sus tripas que desgarró cuero, tela, piel y carne haciendo que un amasijo sanguiloniento de intestinos se desparramasen por el salón.

        Haesten intentaba levantarse, pero fue derribado por una patada mía en el pecho, tomé la espada con dos manos para atravesar su corazón y Ragnar me ordenó que me detuviese, que no le matase pero que me asegurase de que no volvía a luchar nunca, así que le amputé la mano de la espada, tras lo cual salió un chorro de sangre acompañado por los gritos de Haesten. Le eché del lugar dándole una patada en sus posaderas y le grité que le contara a todo el mundo lo que ocurría cuando alguien osaba meterse con Ragnar El Temerario.

        Tyra y yo colgamos los cuerpos de los otros tres en la entrada de las tierras como aviso y limpiamos la sangre del suelo antes de retirarnos todos a nuestro lecho. Al día siguiente Ragnar ordenó a sus empleados que me quitaran los aros de hierro de los tobillos y me dijo que me liberaba y que era libre de marcharme, aunque él me dijo que me apreciaba y que le gustaría contar conmigo en su familia como hijo adoptivo.

        Era libre de irme, podía volver a Zeónica y volver a las Legiones, pero en el fondo sentía que nada me quedaba allí y en las tierras de Ragnar había encontrado una paz que hacía mucho que nunca sentía, así que decidí quedarme con ellos.

        Mi relación con Ragnar fue aún mejor y un día me mostró sus donde guardaba sus tesoros por si algún día las valquirias se lo llevaban; era un cofre con piezas de plata y oro enterrado bajo el techo de madera. Junto al cofre había una capa grande que envolvía varios objetos. Uno de ellos era una espada corta llamada Aguijón de Avispa, más apta para usar en el muro de escudos cuando luchas apretado a otros hombres.

    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" 2022-111
    "Aguijón de Avispa"

        Otro era un hacha de una mano llamada Mordisco de Buitre, ideal para enemigos protegidos por malla o corazas, así como para romper los escudos más débiles.

    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" 2022-112
    "Mordisco de Buitre"

         El último arma era una espada algo más larga y ancha que una spatha y con la empuñadura de mayor tamaño, era una espada que se podía utilizar con una o con dos manos. Con ella podías protegerte con un escudo y mantener enemigos a raya, podías tomarla con dos manos y dar fuertes golpes que derribaran a un caballo o alcanzar al jinete. Toda una espada insignia de un líder guerrero, era Hálito de Serpiente y estaba construida con una mezcla de acero fino y acero thamaskene, no se doblaba con el choque con otras armas y no se rompía, toda una joya digna de un Rey.

    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" 2022-113
    "Hálito de Serpiente"

        También había una preciosa cota de malla brillante y un precioso yelmo de señor de la guerra junto a unos brazaletes de plata. Todo un atuendo que además de proteger a su señor le conferían un aspecto de señor de la guerra temible, digno de inclinación de cualquier guerrero.
    Ese era el tesoro de Ragnar, el que quería llevarse al Valhalla para luchar en el Ragnarock. Me fijé que los objetos más preciados de los nórdicos se legaban a los hijos una vez que su dueño moría, pues así se creía que el finado se los llevaba al Valhalla.

        Durante ese tiempo me empapé más de las costumbres nórdicas, lo que me hizo cambiar el aspecto, me dejé una trenza que me parte de la cima del cráneo, con las sienes y el cogote rapados. También me dejé crecer la barba que tanto me afané en afeitar desde que entré en la Legión.

        Mi último gran cambio fue espiritual, me di cuenta de que ya no rogaba a Dios ni rezaba antes de dormir. En cambio, escuchaba con atención las historias de los dioses paganos que Ragnar y Tyra me contaban. Odín arrancándose un ojo por conocimiento, Thor recuperando su martillo de los gigantes siendo disfrazado de Frejya, Thor y Loki enfrentándose a las 4 pruebas o como se desarrollará la batalla del Ragnarock. Nada que ver con las parábolas de las Sagradas Escrituras Cristianas. Además, me encantaba la libertad moral que nos otorgaban los dioses, no como el Dios Cristiano y sus normas. Mi conversión no implicó ningún bautizo ni ceremonia, tan solo adopté un nombre nórdico como símbolo de mi nueva referencia cultural; adopté el nombre de mi padre adoptivo, que en poco tiempo demostró ser más padre que mi progenitor real, llamándome entonces Ragnar Ragnarsön, apodado “El Zeónico”. Ragnar “El Zeónico” fue mi nuevo nombre.

        No hubo más amenazas de asaltantes durante mucho tiempo, tras lo sucedido Ragnar envió un emisario al Príncipe Ragavan explicando lo ocurrido, por lo que se organizaron batidas de búsqueda por intentar saquear en territorio Sturgiano. Se encontraron la guarida de los asaltantes y fueron atacados, obligando a lo que quedaba de Haesten a volver a su tierra en un solo barco. Murió en la travesía.

        Transcurrieron tres años en los que viví en paz y disfruté mucho de la compañía de Tyra. Por las noches nos gustaba sentarnos a charlar a la luz de la luna, donde disfrutábamos de las vistas y nuestras conversaciones. Me contó que su padre era un guerrero de Ragnar El Temerario que murió de una herida mal curada tras casarla con el hijo de su Jarl, ella se trasladó a las tierras de su nuevo marido, que murió bajo mi espada en batalla. Desde entonces su suegro la ha acogido como a una hija y se siente muy agradecida.

        No tardé en amarla, y ella también a mí. La pasión nos devoró el verano del 81 y al día siguiente, cuando pensábamos en cómo íbamos a llevarlo discretamente, Ragnar nos recibió entre risotadas diciendo que ya era hora de que diéramos el paso. Sabía de nuestros sentimientos desde hace tiempo, podía ser un cojo tullido y medio ciego, pero no era tonto en absoluto. Esperaba a que nos amáramos de verdad para desvelar que sabía lo que ocurría realmente y darnos su bendición para casarnos.

        Nos casamos al mes siguiente, vinieron algunos señores sturgianos, sobre todo nórdicos (no invité a ningún conocido de mi época de ciudadano del Imperio), pero fue una ceremonia sencilla en la que nos limitamos a jurarnos lealtad sin aburridos sermones de religiosos cristianos.

        No hay mucho que contar desde entonces ya que no pasó nada especial, tan solo era feliz. Vivía con mi bella esposa y con mi padre adoptivo en nuestras tierras, trabajaba la granja con ayuda de empleados y compartía el lecho con mi esposa todas las noches que ella no sangraba. Tyra no consiguió darme un hijo, pero no me importaba, sólo quería ser feliz con ella, no construir una dinastía. Algunos viajeros y comerciantes nos hacían llegar rumores de que Kjartan “El Crel”, el hermano de Haesten, había jurado venganza contra nosotros por causar la mutilación que causó la desgracia y la muerte de su hermano, pero no era más que un pirata y nosotros teníamos la protección de los señores de Sturgia.

        Ragnar El Viejo murió en el invierno del 83, en sus últimos momentos me aseguré de vestirle con la cota de malla, los brazaletes y el yelmo. Le puse el tahalí con Mordisco de Buitre y Aguijón de Avispa colgados, y le puse a Hálito de Serpiente en sus manos, la cual agarró con fuerza. También puse su cofre con sus tesoros a sus pies y encontró a las valquirias esa noche, completamente equipado para acudir al Valhalla. Cuando murió quemamos su cuerpo y volvimos a enterrar todos sus tesoros y armas.

        Tyra y yo vivimos felices durante todo el 83 y medio 84, recordábamos con cariño a Ragnar El Viejo, pero vivimos en paz y sin conflictos de ningún. Desde luego, no echaba de menos mi antigua vida en la Legión.

        Pero entonces vino el dolor, al inicio de la primavera del 84 debía acudir a Balgard a por leña para hacer unas reparaciones en el hogar. El día anterior a mi partida tuve un mal presagio puesto que vi a unos exploradores mirando nuestra granja desde nuestra colina. No atacaron ni hicieron nada, a parte de marcharse, pero algo intranquilizó mi alma. Tyra aseguró que se trataría de hombres de algún Boyardo protegiendo los caminos y me instó a cumplir con mi cometido al día siguiente.

        Partí en una carreta arrastrada por dos caballos de tiro y tardé una semana en hacer el viaje de ida, la compra y la vuelta. Cuando llegué a mi hogar mi mundo se derrumbó. Cuando volví a casa encontré a varios empleados muertos en los campos, corrí al interior de nuestra estancia y ahí vi a mi querida Tyra muerta. La habían atravesado la garganta y estaba completamente desnuda y abierta de piernas, el que lo hizo se aseguró de que entendía que la habían violado, también tenía semilla de hombre por la cara.

        No hace falta escribir aquí cuanto me destrozó aquello, lloré horas junto a su cadáver y maldije a todo lo que se me ocurrió por permitir que mi felicidad se truncara de esa manera. Una vez recuperada la cordura limpié y adecenté su cuerpo, lo preparé en la pira y fui directo a por el tesoro de Ragnar.
    Los asesinos habían rebuscado por toda la casa sin encontrar lo que buscaban, me puse la cota de malla y los brazales de cuero tachonado (los de plata los metí en el cofre de joyas al no habérmelos ganado yo en combate), me abroché un tahalí con Mordisco de Buitre y Aguijón de Avispa colgados de él, me puse el Yelmo de Señor de la Guerra y me colgué a Hálito de Serpiente de la espalda para que no me molestara al moverme.

        Con todas las armas y el equipo de mi padre adoptivo Ragnar, me rajé una mano con Aguijón de Avispa y eché unas gotas sobre el cuerpo de Tyra en la pira, prendí fuego a la madera y mientras mi amada esposa ardía juré a Thor y a Odín que no descansaría hasta acabar con el perro asesino de mi esposa. Lo sospeché cuando vi a los exploradores, pero no quise creerlo, Kjartan El Cruel había llegado y él había hecho esto, como no me encontró quisieron humillarme haciendo eso con Tyra. Lo mataría con mi espada, y le privaría de la entrada al Valhalla.

        Así transcurrió mi vida hasta que empecé este camino. Nací como un Calrádico hijo bastardo de un General Imperial que se labró un nombre en las guerras con las Legiones, fui un eficaz militar que sólo encontró la paz al ser capturado por mis enemigos. Abracé la fe de los dioses verdaderos y fui feliz en mi vida como nórdico, pero las nornas sellaron que aún debía regar el suelo con más sangre antes de encontrar la felicidad. Para entonces solo quería venganza, pero tenía la certeza de que esta no me llegaría si el destino no lo quería, pero sabía que debía luchar por ella todo lo posible.

        El destino, lo es todo.

    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" 2022-114
    Equipado desde atrás.

    AAR Bannerlord. La historia de Ragnar "El Zeónico" 2022-115
    Listo para la venganza.

      Fecha y hora actual: Lun Ene 30, 2023 12:48 pm