Hispania: Tierra de leyendas

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    Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Mar Ago 15, 2017 7:48 pm

    Vale antes de nada saludos a todos los posibles lectores, dicho esto....hoy traigo a este foro un escrito en el que estoy trabajando el cual estoy subiendo por partes (Con este mismo nombre) en wattpad, antes de que me acuséis de spam o lo que sea escuchar lo que tengo que decir, se me ocurrió la idea de subir el primer capitulo aquí ya que es mas probable que valoren mi trabajo(cabe de destacar que estuve buscando información para mejorar la calidad y veracidad de este) en un foro de amantes de la historia , bueno el caso es que no quiero tener fama ni nada parecido (eso lo dejare para mas adelante jajaja, nah es broma) simplemente me gustaría que me dierais vuestra opinión del capitulo, lo único que pido es conocimiento...conocimiento sobre como mejorar y pulir mis próximos trabajos.
    Dicho esto, si me quereis dar una ayuda extra habria un par de cosas que me ayudarian (sin nigun tipo de compromiso), 1-me ayudaría que me dijerais algún foro de temática romana en el que exponer mi trabajo ya que sus integrantes tendrán mas conocimientos y 2-simplemente que si os ha gustado lo veáis en wattpad ,ya se que he dicho que no quiero famita y es verdad, lo digo por que así tendrá mas posibilidades de llegar a mas gente en wattpad (por que saldrá en libros en ascenso y cosas así)


    ES UNA ESPECIE  DE PROLOGO ASI QUE NO ES MUY LARGO
    HISPANIA : TIERRA DE LEYENDAS
    CAPITULO 1
    Flavius salto del tirreme el primero , estaba ansioso de tocar tierra tras tan largo viaje ,la arena de la costa hispana no tardó en colarse entre sus sandalias lo que le resulto muy molesto.

    Con un simple vistazo se podía ver que  era un hombre fornido,alto,que rondaba los veintidós curtido en más batallas de las que podía contar y que a pesar de las cicatrices que estás le había dejado solía ser considerado atractivo por las mujeres, esto no le importa en demasía a Flavius, estaba claro que como la mayoría de jóvenes atractivos de su edad le encantaba pasar una velada "íntima" con cuántas mujeres pudiera, pero eso era todo, no había pensado en ningún momento en el matrimonio, para el lo más importante en su vida era su centuria y las batallas que lucharía junto a ella.

    El constante sonido de las olas impactando contra la costa y el olor a mar le transportó atrás en el tiempo, a su ya lejana infancia. Desde una tierna edad había sido entrenado por su padre, un veterano con un gran sentido patriótico hacia Roma, para poder servir como soldado, le enseño las formaciones romanas y como combatir en medio de estas, también le verso en el arte de la lucha, enseñándole ha aguantar bien el scutum , ha blandir con destreza su gladius y ha ser certero con sus pilas ,tanto la pesada como la ligera.

    En cuanto tuvo edad se alistó al ejercito e impresionó rápidamente a sus adiestradores con sus conocimientos bélicos, esto sumado a la influencia y prestigio de su padre le otorgó el puesto de segundo centurión a cargo de una centuria de hastati.

    No tardó mucho en entrar en combate y fue cosechando méritos a lo largo de sus batallas, sin embargo de poco le sirvieron estos méritos pues su superior directo cornelius, el centurión principal de la manipula de hastati, le robaba todas las victorias injustamente relegando lo a él a un segundo puesto.
    Por suerte para él estos méritos no pasaban desapercibidos por sus hombres, incluso alguno de ellos había rechazado servir en una manipula de princeps por seguir bajo su mando.

    Unos gritos a su espalda le sacaron de sus pensamientos, era cornelius intentando organizar a su centuria, Flavius se apresuró a hacer lo mismo formando una doble línea unos metros más allá del mar.
    -No se espera resistencia-pensó Flavius-pero mejor estar preparados.

    Ambos centuriones habían sido enviados al oeste de donde iba a desembarcar el grueso del ejército, su misión era montar un puesto avanzado en un camino que llevaba hasta Ampurias ,la ciudad griega que se había aliado con Roma unos meses atrás, dónde el general del ejercito Romano Cneo Cornelio Scipio había desembarcado con el resto de la Armada.

    Puesto de avanzada Romano

    Cornelius caminaba de un lado a otro claramente afectado, estaba disgustado con su misión y no tenía ningún problema en anunciarlo en voz alta lanzando maldiciones constantemente.

    -Mierda de ejercito, mientras el general se pone las botas con el vino y las rameras griegas yo tengo que estar aquí vigilando un camino de mala muerte por el que no pasa ni un alma.-Dijo indignado.

    -Sabes también como yo lo que dijo Cneo, hay una importante tribu no muy lejos de aquí ,Ilergrtes creo que se autodenominan, que están del lado de Cartago y este es el camino más desprotegido, tenemos que patrullar y proteger está  ruta comercial.
    Es a lo que se compremetio Roma cuando se alió con Ampurias-Contesto Flavius mientras afilaba su gladius.

    Era muy común en Cornelio quejarse constantemente de cada destino y cada misión que se le asignaba , siempre encontraba un detalle por pequeño que fuera del que quejarse.Pero más común aún era que su segundo al mando acostumbrado ya ha este tipo de quejas no les hiciera mucho caso.

    -Desearía probar mi espada con esos pastores de cabras , he oído por ahí que son guerreros despiadados, lobos sin escrúpulos que cargan como una manada hambrienta armados con esas espadas a las que llaman...¿Cómo era?...¿alcata? ,Bah no me creo que esos simples salteadores de caminos sean un impedimento para nuestro hierro.-Continuo Cornelio con aire de superioridad.

    -Falcata- contesto secamente el segundo centurión ,concentrado aún en su gladius.

    -Si, si lo que sea, como siempre pasas mucho tiempo aprendiendo sobre nuestros enemigos, cuando aprenderás que eso no importa, si hacemos bien nuestro trabajo pasarán a formar parte de Roma y su anterior nombre importará ya poco-dijo un confiado Cornelio.

    Flavius le lanzó una furtiva mirada y fue a abrir la boca, pero el sonido de un cuerno le interrumpió.

    -Nos..nos atacan- se sorprendió el líder de la manipula.

    -Parece que vas a poder probar la sangre Hispana- contesto el centurión mientras se colocaba el casco y corría a primera línea, para posteriormente gritar- Segunda centuria ¡Conmigo!.
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Gandalf6300 el Miér Ago 16, 2017 12:25 pm

    Pues para ser el prólogo es un buen comienzo, sin duda alguna. Sigue así que quiero leer como avanza :aplauso: :good:
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Jue Ago 17, 2017 3:32 pm

    Muchas gracias por tu comentario gandalf, desde luego anima a seguir escribiendo.
    Mañana subiré el próximo capítulo.
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Gandalf6300 el Jue Ago 17, 2017 10:12 pm

    Así me gusta, me encanta ver las historias que crea la gente y la tuya es una digna de continuarla. Me alegra saber que mi comentario te anima a subirlo y además las historias con cierto toque realista en plan tribus que existieron de verdad o imperios o armas que de verdad existen, tienen un algo que no se que me enamoran... Quizás es por que quiero ser profesor de historia xD. Sigue asi amigo.
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Vie Ago 18, 2017 2:13 pm

    Capitulo 2

    Raudos como un rayo la guarnición romana se dispuso a formar a pocos metros del campamento avanzado, tan solo contaban con los 160 hombres que formaban un manipulo así que las formaciones más complejas y que requieran de más hombres estaban descartadas, se tuvieron que resignar a formar una línea de combate que ocupaba todo el camino y que tenía varios niveles de profundidad, concretamente tres.
    La centuria de Flavius estaba ubicada en la izquierda de la formación mientras que el centurión principal había decidido colocarse a la derecha.

    Todo el paisaje estaba desierto, a excepción de una pequeña cantidad de jinetes ubicados en mitad del yermo,estaban lo suficiente lejos como para que sus pila no les alcanzaran pero lo suficiente cerca como para que Flavius pudiera contemplar cómo iban armados, a juzgar por el equipo ligero que llevaban parecían simples explotadores.

    -Los guardias deben de haber dado la alarma al verlos salir de aquel bosque-pensó tras observarlos detenidamente.

    Unos golpes a su espalda lo sacaron de su trance, al girar su cabeza vio la cara de cornelius a pocos centímetros de él.

    -Deberíamos atacar-afirmó-hay pocos enemigos y por lo que parece su armadura no puede competir con la nuestra.

    Flavius sabia que el sentido táctico de su superior era nulo, debido en gran parte por que fue catapultado hacia esa posición simplemente por el prestigio y el dinero de su familia, saltándose todo él entrenamiento de por medio. Por ese motivo no le sorprendía en demasía la estupidez que acababa de soltar.

    -Debo de haber cabreado mucho a los dioses para que me torturen con semejante carga-dijo para sus adentros-¿Y como piensas alcanzarlos? , Por si no lo habías notado van montados-replico esta vez en voz alta.

    -Si, ya me había fijado en ese detalle...no hace falta que los alcanzemos cuerpo a cuerpo , simplemente a la distancia justa como para que nuestras pila les alcancen.

    -Independientemente de la efectividad de ese plan, no creo que sean tan tontos como para acercarse a un campamento enemigo con tan solo un puñado de jinetes, deben de tener escondido una fuerza mayor en ese bosque de allí-dijo Flavius señalando con su espada al único lugar verde que salpicaba el paisaje.

    -No importa los efectivos que tengan ¡somos romanos! y ya hemos demostrado con anterioridad que la inferioridad numérica no es un problema-esto último lo dijo con una mano en el pecho-además el general estará muy agradecido cuando le traiga la cabeza de esos hispanos.

    -El favor del general no vale la vida de estos hombres-

    -Cargaremos contra esos jinetes y no se hable más-dijo cortando secamente las palabras de su subordinado-¡Preparaos todos!

    -Este capullo va a conseguir matarnos a todos-le dijo en voz baja a uno de los soldados de su centuria, inmediatamente después le dio una serie de órdenes para intentar que salieran todos de esta.

    El soldado ya se estaba dirigiendo hacia la improvisada torre de vigilancia para efectuar el plan de su líder cuando, sin previo aviso, una horda de hombres salió a la carga desde la arboleda antes nombrada, la cantidad de hombres que cargaba contra las líneas romanas era inmensa, parecía mentira que todos ellos estuvieran escondidos entre los árboles.

    Antes de que el soldado llegará a la formación Flavius le detuvo y le envío a por un caballo, iban a necesitar refuerzos para contener a esa marabunta.

    El principal centurión del manipulo estaba totalmente fuera de sí, la carga de los hispanos le había dejado desconcentrado e incapaz de dar órdenes a sus hombres.

    Cómo siempre Flavius se adelanto a tomar el mando.
    -Segunda centuria,¡Preparaos!,a mi señal lanzar las pila y cuando el enemigo haya sangrado cerrar filas, ¡Que esos cabrones sientan la furia de las espadas de Roma!-
    exclamó con énfasis, la improvisada arenga  había subido los ánimos a los soldados que ahora se preparaban para cumplir sus órdenes, incluso los que estaban al mando de su superior.
    Viendo el reguero de enemigos que se les avalanzaba se lamento de no tener más tiempo para motivar a sus hombres.

    Los bárbaros avanzaban raudos con los ojos inyectados en sangre, estaban deseando probar la sangre romana.
    Cuando estuvieron a la distancia ideal Flavius dio la orden, y en menos de un segundo una lluvia de jabalinas ligeras acabo con numerosos enemigos, el líder de la segunda centuria había decidido reservar las pila pesada para más tarde...por si acaso.

    El sonido de la marabunta chocando contra los scutum fue ensordecedor, de un segundo para otro todo se había vuelto en un campo de batalla, la disputa era muy heterogénea por un lado estaban los atacantes los cuales luchaban de una forma desordenada y caótica, intentando sobrepasar sin mucho éxito las líneas romanas, y por el otro estaban los hastati que luchaban en formación, con una armonía increíble teniendo en cuenta que estaban inmersos en un combate.
    Las gladius se colaban entre los míseros huecos que la formación de escudos dejaba , segandoles la vida a sus atacantes, por ahora la disciplina romana les estaba dando ventaja pues a pesar de las numerosas bajas Hispanas no había caído ningún Romano... aún.

    Flavius se encontraba detrás de la tercera línea de hombres es decir fuera de la batalla, odiaba no estar batallando codo con codo al lado de sus hombres pero el cómo centurión sabía que era necesario mantenerse fuera del combate controlando la batalla e intentado mantener la moral.
    Por ahora el frente se mantenía ,si conseguían aguantar así la moral de los enemigos desaparecería y con ella se irían los hispanos. Dado que su formación aguantaba decidió ubicar su mirada a su derecha, en la centuria de cornelius por suerte la suya también estaba manteniendo el tipo.

    Una voz cercana le saco de sus pensamientos, rápidamente reconoció el origen de esta, era Corvino su segundo al mando.

    -¡Mira!, Se retiran

    Era cierto, los Hispanos habían empezado a batirse en retirada, ahora era su turno de atacar,estaba a punto de dar la orden de perseguirlos hasta que se dio cuenta de algo raro, no se retiraban de una forma desordenada más bien parecía que estaban intentando tentarnos ha perseguirlos y salir de nuestras formaciones.

    -¡No dejéis que os tienen, mantener la posición!-Grito Flavius

    -Tenemos un problema...-dijo su segundo señalando con la cabeza a la otra centuria.

    -Hijo de mil perras-

    Cornelius había comenzado a cargar contra los enemigos en desbandada , cayendo de lleno en su trampa.
    Una vez lejos de su formación los hombres no tardaron en ser rodeados...segundos después solo se oían los gritos de horror de los soldados atravesados por las falcatas.
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Gandalf6300 el Sáb Ago 19, 2017 12:37 am

    Bueno bueno, ¿no sera ese Cornelius el romano mas ingenuo de Roma no? Menos mal que esta Flavius que si no los barbaros lo tendrían demasiado fácil. :aplauso: :good:
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Dom Ago 20, 2017 9:01 pm

    Primero que nada gracias Gandalf por que eres el que mas me apoya(hay muchos lectores que no dicen ni mu Crying or Very sad Crying or Very sad , aunque se os quiere igual eh Very Happy ).

    Capitulo 3


    La visión que se encontraba ante Flavius era horrible ,sus compañeros comandados por Cornelius habían quedado totalmente rodeados, el centurión no había sido lo suficientemente rápido como para ordenar otra formación con la que cubrir todos sus flancos y su lentitud tuvo consecuencias desastrosas para los romanos, quiénes tuvieron que girarse para encarar al enemigo que amenazaba con destruirlos, la anterior imparable formación romana había quedado reducida a un pequeño grupo de combatientes que peleaban por su vida, sin hacer caso al incompetente centurión.

    A Flavius se le pasó por la cabeza retirase a un lugar más beneficioso ,en el cual pudiera mantener la posición con los pocos hombres que componían su centuria, pero antes de que pudiera dar la orden de retirada su mente se vio invadida por los rostros de sus compañeros sitiados, conocía a muchos de ellos desde su periodo de instrucción y la cantidad de combates que habían compartido los había unido mucho a todos, más que un manipulo eran una familia.

    Su mente divagaba entre la cantidad de planes que se le ocurrían para poder sacar de aquel aprieto a sus hombres pero rápidamente estos eran desechados, desde luego la probabilidad de romper el cerco hispano eran casi nulas ya que éstos, a pesar de las apariencias, combatían con una ferocidad admirable.
    El grueso de su fuerza estaba diezmando a la centuria rodeada, pero inteligentemente habían colocado a un pequeño grupo enfrente de Flavius el cual lanzaba jabalinas desde una relativa seguridad, impidiendo las maniobras para socorrer a sus compañeros.
    Por suerte para las víctimas del constante bombardeo, los scutum aguantaban sin mucho problema los proyectiles.

    -Hay que retirarse hacia una posición más ventajosa, no tardarán en superarnos a nosotros también-grito Corvino, por la mueca de su rostro se podía ver que odiaba tener que dejar a sus compañeros atrás, al igual que Flavius el también los consideraba hermanos.

    -No vamos a dejar a nadie atrás-replico el segundo centurión-¡necesito a cuarenta hombres, que carguen con todos los pila que puedan y se separen de la formación!-Continuo está vez en voz alta para que sus soldados cumplieran las órdenes.

    -Conozco esa mirada...¿Qué piensas hacer?-

    -Escúchame atentamente si esos bárbaros consiguen superarnos vas a tener que retirarte, busca una posición más defendible y estanca el combate hasta que lleguen los refuerzos-

    Su subordinado estaba apunto de protestar sobre el arriesgado plan cuando Flavius le interrumpió

    -No pienso dejar a esos hombres aquí-

    Cornelio simplemente sonrió ante lo que acababa de escuchar ,para posteriormente decir

    -Por ese motivo te seguiríamos hasta el mismísimo Tártaro -

    Los dos amigos se estrecharon la mano, ambos sabían que había muchas posibilidades de que no volvieran a verse.

    Cómo había indicado Flavius los hastati se separaron en dos grupos uno de ellos, dirigido por Cornelio, aguantaría la posición para evitar que más enemigos se sumarán a la batalla y por su parte Flavius lideraría el otro grupo que se encargaría de romper el cerco hispano.

    La gran disciplina de la que hacían gala los romanos, incluso en momentos de mucho estrés, se demostró en ese preciso instante, cuando cumpliendo las órdenes de su superior, unos 40 hastati se habían separado del grupo y esperaban órdenes,al igual que sus hombres Flavius cogió otras dos pila mientras se alegraba por haber tenido la idea de reservarlas.

    Una vez bien pertrechados el grupo se dirigió a la turba hispana, formaron a pocos metros de esta y a la orden de su líder las jabalinas volaron hacia su objetivo, causando graves bajas a los desprevenidos enemigos.
    Andanada tras andanada los romanos gastaron todos los mortíferos proyectiles.

    La primera parte de su plan ya había sido completada, las jabalinas habían hecho un gran daño y la cantidad de enemigos en esa zona había menguado notablemente, sin darle un respiro a los Hispanos los hastati se dispusieron en formación de cuña, está formación ofensiva recreaba la punta de una flecha y estaba diseñada para penetrar las líneas enemigas.

    Para el orgullo de Flavius sus hombres no tuvieron que recibir ninguna orden, él les había explicado su plan y lo habían seguido al pie de la letra.
    Sin perder ni un segundo la punta de flecha se lanzó contra la debilitada masa enemiga, causando graves bajas a sus sorprendidas víctimas, los scutum rompían huesos y las gladius se introducirán en la desprotegida carne causando graves daños, los hispanos no pudieron hacer otra cosa más que caer ante el invité Romano así que no tardaron mucho en llegar al centro, dónde la centuria rodeada luchaba por su vida.

    De los 80 hombres al mando de Cornelius solo 20 seguían en pie, y por desgracia para ellos su superior era uno de ellos.

    La sorpresa de sus enemigos le compro un tiempo precioso a Flavius, el cual ordenó a los hombres de ambas centurias formar un círculo, los hastati juntaron hombro con hombro, levantando los escudos bien juntos, tomando la posición que su superior les había ordenado, de forma que los escudos estaban al frente en todo momento y no había ningún punto débil por el que atacar a los romanos.
    En el centro de esta se encontraban los dos centuriones y los heridos, Flavius intentaba controlarlo todo desde su posición mientras que cornelius estaba de rodillas en el suelo mirando a su alrededor en todo momento, en su rostro se dibujaba una clara mueca de terror y de su boca no salia nada más que unas súplicas, que estaban claramente dirigidas a los dioses.

    Los hispanos volvieron a cargar otra vez contra las líneas romanas , pero esta vez luchaban contra una formación y la diferencia se notaba mucho, las tornas se volvieron a favor de los defensores, que no dejaban ni un segundo de aguantar los golpes de las falcatas con sus robustos escudos.

    El ímpetu hispano fue perdiendo fuerza poco a poco, hasta que el empuje se freno en seco cuando el sonido de un cuerno tomo lugar en toda la explanada, a partir de ese momento los atacantes comenzaron la retirada hacia el grupo de árboles del cual habían salido.

    Por primera vez desde que empezó la batalla Flavius pudo levantar la mirada del campo de batalla, su mirada se dirigió rápidamente a un grupo de jinetes que destacaban por encima del resto, serían un grupo de unos diez y sus armaduras parecían más pesadas que los del resto.
    Pero lo que más curioso que le pareció fue los dos jinetes que se encontraban en medio de aquella formación,uno de ellos miraba el campo de batalla sin ningún tipo de sentimiento de una forma fría y calculadora, desde aquélla distancia no podía contemplar bien sus rasgos, pero se notaba que era un hombre mayor con el pelo completamente lleno de canas al igual que su frondosa barba y bigote, a diferencia del resto no parecía tener ninguna armadura ya que está había sido sustituida por una piel de lobo que le cubría todo el cuerpo y que acaba en una especie de capucha creada con las fauces de este.

    Por el contrario el otro jinete le miraba fijamente a los ojos con una sonrisa en el rostro, parecía feliz por la batalla que se había desarrollado aunque claramente sus hombres habían salido peor parados.
    Ha diferencia de su acompañante él no parecía tan mayor, su barba era totalmente negra y su pelo probablemente del mismo color estaba tapado por un casco griego, seguramente saqueado de una patrulla o algún campamento avanzado.
    Este hecho le sorprendió enormemente ya que era el único que llevaba equipo que no parecía haber sido creado por las fraguas hispanas, a pesar de lo curioso del momento no pudo contemplarlo durante mucho tiempo, ya que una vez que todos los soldados habían desaparecido por el bosque los jinetes les siguieron.

    Se quedó contemplando el bosque por el que habían desaparecido, totalmente alerta, esperando de alguna manera que volvieran a la carga.

    Antes de que pudiera darse cuenta los soldados a los que había salvado se lanzaron contra él y entre gritos de alegría y aplausos lo elevaron del suelo, intentando demostrar su gratitud.
    Esto pillo por sorpresa a Flavius,quien no pudo evitar sonreír y alegrarse de salvar algunas vidas.
    Desde aquella posición tan incomoda pudo ver a Corvino y a los hastati que se habían quedado con él, los que no aplaudían y vitoreaban sonreían ante la victoria.

    Una vez en el suelo y rodeado por sus hombres se fijó en que muchos ya se dirigían hacia sus compañeros caídos, al fin y al cabo habían perdido muchos hombres y una vez acabado la alegría inicial ya se notaba la tristeza entre los supervivientes.
    Decidido a intentar subir un poco la moral les dedico unas palabras.

    -¡Oidme todos!,no puedo estar más agradecido por batallar junto a vosotros, habéis demostrado valor , osadía, tenacidad y sobretodo disciplina, sois el orgullo de Roma y...más importante aún soys mi orgullo, estoy agradecido de poder llamaros hermanos-.Tras esta última palabra la alegría volvió a surgir entre los soldados los cuales vitoreaban y aplaudían incluso con más fuerza que antes, pero Flavius no se detuvo ahí, no podía sin antes honrar a los caídos, así que espero a que se calmaran un poco los gritos y continuó con su discurso-a pesar de la valentía con la que luchamos no pudimos evitar bajas, os prometo que su sacrificio no será olvidado, serán recordados por ser los primeros en dar su sangre por Roma en tierras hispanas, y yo mismo me aseguraré que sus cuerpos lleguen a está-.

    -Esos hombres no merecen tal honor, al fin y al cabo ha sido por su culpa por la que he sido rodeado, si hubieran sido más fieros los hispanos habrían huido en desbandada-sentencio Cornelius, el cual había observado la escena desde la lejanía, viendo como incluso sus propios hombres aupaban a su subordinado. La vergüenza de haber sido casi derrotado por unos bárbaros, sumado a la envidia por los honores que había recibido Flavius le cegaban el juicio.

    La sorpresa impidió que ninguno de los presentes se moviera, nunca hubieran esperado que alguien hablara así de un soldado caído en combate...y menos si la culpa era suya.La sorpresa inicial dejo paso al enojo que rápidamente se extendió hasta todos los soldados.
    Todos estaban ofendidos por las palabras de su centurión y lo demostraban con miradas de odio e insultos, los más osados incluso desenvainaban y apretaban con fuerza el gladius.
    Pasaron los segundos y nadie se movía, el objeto de su ira era miembro de una familia con gran renombre y adinerada, era prácticamente intocable y cornelius lo sabía bien, por eso le sorprendió cuando Flavius se dirigió hacia él y le dio un tremendo golpe en la cara con su casco, el cual se había quitado tras la batalla.

    Cornelius cayó al suelo estrepitosamente sin mirar a los ojos al otro centurión y sujetándose la ensangrentada cara entre llantos y maldiciones.

    Flavius simplemente le dedico una mirada de asco para posteriormente comenzar a dar órdenes a sus sorprendidos hombres, aún tenían que atender a los heridos, recoger los cuerpos de los caídos y el equipo tanto romano como hispano .

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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Gandalf6300 el Lun Ago 21, 2017 1:40 am

    Bien, primero y ante todo, otro excelente capítulo, no es solo el tema elegido (que me encanta) o como son los personajes (Flavius Cesar pero ya) si no el como describes o como utilizas formaciones reales, las armas utilizadas, no se, esa parte histórica, como que noto que no es simplemente venga pongo una espada cualquiera y ya, no, veo que te esfuerzas por hacerlo lo mas coherente posible y es lo que realmente me gusta y atrapa, así que sigue así amigo mío.
    Pd: Bueno, lo del apoyo, es que pienso que es algo muy importante porque te anima a subir mas capítulos y no me gustaría que de repente se cancelara por falta de apoyo, aunque yo tenga que ser el único, da igual, si a mi me gusta intentar apoyarte en lo que sea con esta historia. :good:
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Vie Ago 25, 2017 2:55 pm

    CAPITULO 4

    Bien antes de nada, y como siempre, muchas gracias gandalf por tu apoyo, en especial el ultimo mensaje (al cual le hice una captura dado que es mi primera "reseña" Embarassed  Cool )

    Y sin mas dilación, el cuarto capitulo:
    El camino hasta la ciudad de Ampurias fue lento y silencioso, lo primero por que el manipulo cargaba con muchos heridos, y lo segundo por que la mayoría de los hastati guardaban silencio en conmemoración de sus compañeros caídos.
    En la cabeza de la pequeña columna se encontraba Cornelius, haciendo como que controlaba ambas centurias.Pero la verdad es que desde el amargo comentario del centurión, y el golpe que su subordinado le propicio a este, los soldados habían perdido totalmente el respeto al líder del manipulo y simplemente obedecían ordenes de Flavius.

    Cornelius se encontraba claramente afectado por la gran afrenta que se le había infligido, y en la marcha de regreso solo se concentro en un único objetivo, vengarse. Su mente imaginaba y analizaba todo tipo de torturas y vejaciones que pondría en practica con esa panda de traidores nada mas llegar a la ciudad, pero lo que mas le interesaba era mancillar el cuerpo y alma de un soldado en concreto, se deleitaba pensando en como podría hacer sufrir a Flavius , cada tortura que se le pasaba por la cabeza era peor que la anterior y aun así no se decidía por ninguna, nada parecía suficiente cruel. Y entonces, en un momento de lucidez, recordó haber oído hablar alguna vez a Flavius de su familia,no le había dado importancia hasta ese momento, pero ahora mismo parecía que era la solución a su problema, y es que su subordinado tenia una hermana pequeña, de unos catorce años.                                                                                              
    La sonrisa que se dibujo en su rostro al recordar este dato fue retorcida , como la de un asesino que por fin a encontrado una víctima digna de sus retorcidos juegos.

    -Tal vez también le haga una visita a su madre y a sus sirvientas- Pensó Cornelius aun con la sonrisa en el rostro.

    Tras varias horas de trayecto por fin se divisó la ciudad a la lejanía, para los estándares de la época se consideraba una ciudad grande, no se podía calcular con certeza cuántas almas habitaban en aquel lugar pero estaba claro que no tenían nada que envidiar a las ciudades de más allá del Mediterráneo.
    Este hecho cobraba más fuerza aun si se tenia en cuenta la existencia de los dos asentamientos que componían la  ciudad, uno de ellos denominado Palaiápolis o ciudad antigua, se encontraba situado en una isla frente a la costa, y por otro lado estaba la Neápolis o ciudad nueva ubicada en tierra firme, esta ciudad se construyo debido a que la antigua ciudad no podía soportar el crecimiento demográfico de la población.

    Al fin y al cabo Ampurias era una ciudad griega, y como toda polis griega está tenia una serie de características respecto a su disposición.                                  
    En lo alto de una colina se situaba la acrópolis, una fortaleza que se construía con el fin de resguardar a los habitantes en caso de asedio, además de como defensa también cumplía una función política , económica y religiosa pues los edificios de este tipo se ubicaban en esta zona.
    Al pie de la colina se ubicaba el Ágora, un gran plaza que cumplía la función de mercado, la actividad comercial allí era bulliciosa y la cantidad de gente atosigante.
    La enorme ciudad también contenía otros edificios importantes, los cuales variaban según la polis, como el teatro , los templos dedicados al panteón griego y el gran puerto comercial. Todo esto rematado con una robusta muralla que rodeaba cada rincón de la ciudad.

    Aun con todas las similitudes, habían una serie de detalles que hacían que Ampurias fuera algo diferente, el principal eran los campamentos o asentamientos que se ubicaban fuera de las murallas, uno de ellos era ibero y parecía mas un poblado que un campamento temporal, esto principalmente se debía a las extensas relaciones comerciales que los griegos mantenían con los hispanos.
    También se estaba construyendo, por parte de los romanos, un campamento fortificado a las afueras de la ciudad, con estacas , muros , fosos y todo tipo de defensas que harían al enemigo pensárselo dos veces.

    Los ánimos de la tropa aumentaron en gran medida al observar la majestuosa ciudad,un lugar donde dormir, asearse y disfrutar les esperaba a tan solo unos metros,así que sin pensárselo dos veces se lanzaron hacia el campamento todo lo raudo que su debilitado cuerpo les permitía, sabiendo que al llegar se les otorgaría un merecido descanso.  Flavius estaba supervisando el traslado de los heridos cuando un sonido de cascos le sacaron de su éxtasis, al girarse pudo contemplar a un grupo de equites que habían salido del campamento romano y ahora se dirigían a su encuentro, al llegar a la desorganizada fila de hastati el líder de los jinetes busco con la mirada algo entre la multitud, unos segundos después de haber llegado al galope el jinete clavo su mirada en Flavius e inmediatamente se dirijo hacia el.

    -Ave centurión-dijo el líder de los equites- Cneo desea que tu y tu oficial os presentéis ante el.

    Antes de que se pudiera contestar nada el jinete y su comitiva se marcho galopando nuevamente hacia el asentamiento romano. Flavius se encontró extremadamente sorprendido por las palabras del mensajero, se había dirigido hacia el directamente y había usado la palabra Ave, el cual era un termino usado principalmente para saludar a miembros de alto rango.

    -Se pensaría que soy Cornelius-pensó Flavius una vez superada la sorpresa inicial-tendré que enviar a alguien a qué le avisé de las nuevas.

    El jinete no se había tomado muchas molestias en descubrir si él era el líder del manipulo o un simple subordinado, posiblemente le estuviera esperando alguna "compañera" en algún burdel de mala muerte.

    Tras que el jinete le informara de que se requería su presencia, volvió a la tarea que tenia entre mano antes de que le interrumpieran.
    A unos pocos metros de él, en el suelo, se encontraba un soldado herido hablando con Corvino.
    Este ya no llevaba el casco, así que los rasgos faciales se podían ver a la perfección, su pelo era negro como el azabache , sus ojos eran de color marrón y una gran cicatriz se encontraba a pocos centímetros del derecho, un poco más abajo y su carrera militar hubiera acabado estrepitosamente,por otro lado, su mandíbula era fuerte y recia, y al sonreír se podía ver como le faltaban algunos dientes, seguramente de algún golpe en combate.
    Pero estas no eran las únicas cicatrices que su cuerpo contenía, pues en todas las zonas que su armadura le dejaba visible se podía observar diversas heridas que salpicaban toda su morena piel.

    A diferencia de él Atilio ,el recluta que se encontraba a su lado, tenia el pelo rubio, a pesar de qué era raro que los poseedores de sangre romana tuvieran el pelo de ese color.
    El resto de rasgos no se visualizaban bien ya que estaba empapado de sangre, y por la sonrisa de su rostro parecía que no era suya.

    -No creas que te has salvado aún recluta, poca gente lo sabe pero lo más peligroso del primer combate es la borrachera de después-dijo en tono jocoso Corvino.

    -Hazle caso a Corvino, él es un experto en emborracharse-contesto Flavius

    Atilio no pudo evitar estallar en carcajadas ante las ocurrencias de sus superiores.

    -Tengo que presentarme ante el general, encargate de que atiendan a los heridos y de que todo el mundo reemplace el equipo roto, no creo que tardemos mucho en volver al combate-Le ordenó el centurión a su segundo-y asegúrate de que estos bebedores de leche no se ahoguen en alcohol-continuo en tono bromista mientras se dirigía ha completar los preparativos para su audiencia con el general.
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Gandalf6300 el Vie Ago 25, 2017 5:33 pm

    Parece ser que ya se va a liar de verdad entre Cornelius y Flavius, estoy deseando leer lo que ocurrirá entre ambos en el futuro. Buena descripción de la ciudad, la verdad es que sigue un buen estándar de los edificios griegos (tampoco es que sepa mucho de esas ciudades pero lo poco que se lo he visto), como siempre te digo, me encanta como lo estas haciendo y los detalles históricos que hay. Buen trabajo :aplauso: :good:
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Miér Ago 30, 2017 3:44 pm

    Capitulo 5

    Este capitulo es mas largo que el resto así que...disfrutenlo Very Happy Very Happy

    Ampurias era una ciudad muy concurrida, en gran parte debido al gran potencial económico del que gozaba, por esta razón no era raro ver las numerosas calles de la metrópoli atiborradas de personas. La vida en la ciudad era frenética y estresante, la marabunta de gente corría de un lado a otro, haciendo recados, comprando o vendiendo los exóticos productos que abarrotaban los puestos comerciales, e incluso había algún que otro orador dando discursos a grupos de personas.

    Flavius había conseguido pasar de una forma medianamente discreta entre la marabunta humana. El frenesí que parecía poseer hasta el último de los ciudadanos ,junto al ajetreo del día a día, conseguían que pasar sin que nadie se fijara en ti fuera cosa fácil. Muchos de ellos ni siquiera levantaban la cabeza de la tarea que tenían entre manos.

    Muy distinto del caos que invadía la zona baja de la ciudad, la Acrópolis parecía un oasis de serenidad, los pocos que deambulaban en esa zona lo hacían en un silencio sepulcral ,cómo si el mas mínimo sonido fuera a despertar a una horrible bestia, de esas que habitan en el hades y que plagaban la mitología griega.

    Por otro lado, las estatuas que invadían todo la ciudadela le otorgaban a esta un aire místico. Los rostros de los dioses y héroes griegos estaban esculpidos en la blanca piedra con todo lujo de detalles, casi parecía que en cualquier momento fueran a mover sus musculosos cuerpos y repetir las hazañas de los antiguos mitos.

    Sin embargo la escasez de personas también hacia más fácil destacar entre la multitud, y más aun si llevabas una armadura romana cubierta de sangre.

    Flavius sabia que no iba a ser bien visto que se presentara ante un cónsul y toda su corte con su equipo lleno de suciedad y restos humanos,era una falta total de disciplina y una ofensa para los presentes.
    Pero eso a él le daba igual, de todas formas sabia que su cabeza no iba a permanecer mucho tiempo pegada a su cuerpo. Agredir a un superior estaba penado con la muerte, y estaba seguro que lo primero que haría Cornelius al llegar era informar de sus actos al consejo.

    El líder del manipulo tardo aun una hora mas en presentarse, se notaba que había estado horas preparándose: había sustituido su desgastada armadura por la típica toga que vestían los de mas alto rango, se había peinado lo mejor que sabia y depilado el poco vello que contenía su cara. Se limito a ignorar a su segundo, el cual le esperaba en las escaleras que conducían al improvisado centro de operaciones,y se dirigió directo al encuentro con sus superiores. Flavius creyó notar que se había perfumado con alguna fragancia exótica, un olor agradable que no había olido con anterioridad. Sin embargo por mucho que se perfumara o arreglara nunca podría disimular su mayor vergüenza, el inmenso moratón que se extendía donde el casco había impactado con su piel, este hecho le provoco una gran sonrisa al culpable del golpe. Después de deleitarse varias veces recordando el momento justo del impacto,dirigió su mirada a la inmensa polis que se alzaba a sus espaldas, había quedado deslumbrado por la belleza de la ciudad costera desde el primer instante en que la vio, y deseaba volver a contemplarla una ultima vez.

    No tardó mucho tiempo en estar preparado para afrontar su destino, así que con un sonoro suspiro se encaminó hacia la gran puerta de madera.

    Aunque había estado en situaciones de vida o muerte miles de veces, tantas que le sorprendía seguir de una pieza, esta vez era distinto. No iba a poder salir de allí a golpe de espada, no podía luchar contra el líder de una legión y el gobernador de la ciudad en la que se encontraba, por muy buen luchador que fuera no tenia ni una mísera oportunidad con tal cantidad de enemigos.

    Solo podía hacer una cosa, tener un último acto de rebeldía. Iba a presentarse con su armadura sucia y deteriorada,para que todos vieran la sangre de sus compañeros caídos en combate, también mantenía el casco con el que había golpeado a cornelius sujeto al cuerpo, aguantándolo contra su pecho con su mano derecha, muestra de que no se arrepentía de sus actos.

    Cómo el había predicho, las caras de los allí presentes lo recibieron con muecas muy diversas, algunas eran de asco, otras de rabia, pero todas tenían algo en común, todas reflejaban el poco aprecio que los miembros del consejo del cónsul le tenían.
    Sin embargo, entre toda la hostilidad que se respiraba en el aire aun habían algunas caras que no mostraban sentimientos negativos alguno.

    Entre ellas se encontraba la de cornelius, que al ver la gran cantidad de gente que odiaba a su subordinado había esbozado una gran sonrisa en el rostro, sin duda parecía estar deleitándose de su mala fama.

    Otra de esas caras amigables se dirigía hacia él,también mantenía una sonrisa en el rostro, pero la de este era mas pequeña,y mostraba que su propietario se alegraba de ver al recién llegado.
    Flavius rápidamente identifico al hombre que se dirigía hacia él, era Cicero, un Centurión de un manipulo de triarii. Estos soldados eran la élite del ejercito romano, eran los mas veteranos de las legiones manipulares, y contaban con las armaduras más pesadas y con unas armas distintas al resto de legionarios, pues a diferencia de los demás, estos llevaban lanzas en vez de las espadas conocidas como gladius.

    -Veo que se te da bien hacer amigos Flavius-dijo el centurión sin borrar la sonrisa del rostro.

    Cicero era uno de los pocos oficiales que formaban el circulo intimo de Cneo, y como tal era de la minoría de centuriones a los que tenia en cuenta a la hora de elaborar la estrategia de las batallas. A pesar de codearse con los de más rango no se parecía en nada a ellos, el poder no se le había subido a la cabeza, además mantenía una relación de fraternidad con sus soldados muy parecida a la que mantenía Flavius con los suyos.

    -Si quieres conocer como es un hombre de verdad, fíjate en como trata a los que tiene bajo su mando-pensó mientras revivía un recuerdo en su mente. En una ocasión había visto como Cicero ofrecía a uno de sus soldados, el cual había perdido a su esposa recientemente a manos de unos bandidos, un sitio para el niño en su propia villa, estaban en medio de una campaña lejos de su hogar, y sin una madre para cuidarlo y un padre fuera de casa el niño estaba totalmente solo.
    Básicamente le salvó la vida a su hijo.

    -Sabes que odio todo el revuelo que se forma cuando Cneo monta un consejo-Contesto está vez en voz alta- la mitad de esos oficiales sólo están aquí para intentar conseguir un ascenso.

    -Querido por los soldados y odiado por los superiores...hay algo que no estás haciendo bien-

    Flavius se limitó a emitir un sonoro gruñido ante la broma de Cicero.

    -Entonces supongo que tienes suerte...ya no tendrás que aguantarlos mucho más- el tono simpático y despreocupado fue sustituido por uno más serio, y Flavius enseguida supo a que se refería.

    -Como...-

    -¿Cómo me he enterado?-le interrumpió- nada más visualizar la ciudad a la lejanía Cornelius envío un mensajero, Cneo ya está al tanto de tus actos...al igual que todos los presentes.-

    -Maldita rata de cloaca...-

    -¿Cómo se te ocurre golpear al hijo de un Patricio?, Quien por si no te habías dado cuenta es tu superior-

    -Ese bastardo envío a sus hombres a una carnicería con la esperanza de subir escalafones, es una vergüenza para el cargo que ostenta, y no se merece ser el superior de nadie- dijo mientras apretaba con fuerza sus puños, se notaba claramente el odio en su mirada.

    -Has herido su orgullo de niño malcriado, puede pedir tu cabeza en una pica en cualquier momento...si es que no lo ha hecho ya.-

    -Sabes que no le temo a la muerte Cicero-

    -Solo los que no tienen nada que perder son tan estúpidos como para no temerle a la muerte, y tú tienes mucho por lo que luchar.
    Así que quédate callado cuando te manden a declarar y deja que intenté sacarte de esta-

    -Cicero, trae a nuestro recién llegado había aquí-dijo Cneo sin levantar la mirada de un mapa de Hispania, que marcaba puntos clave de cartagineses, romanos y diversas tribus íberas.

    Flavius caminó hacia el centro de la sala, donde los estrategas estaban reunidos alrededor del dibujo a escala de Hispania, con paso firme y decidido.
    Sabía que en cuanto llegará allí comenzaría un debate que decidiría si su vida acababa en ese preciso instante... aunque por las caras de los presentes parecía que no iba a ser muy largo, ellos ya habían decidido.

    Se detuvo justo enfrente del cónsul, quien siguió contemplando el mapa cómo si nada más importara.
    Su rostro estaba impasible, era imposible saber que era lo que pasaba por su cabeza, y no parecía importarle la tensión que aumentaba gradualmente en la sala.

    A pesar de su bravuconería anterior, Flavius no pudo evitar sentir como un sudor frío le recorría la espalda.
    La interminable espera había provocado que todos los miedos que había intentado mantener a raya antes explotaran en una espiral de desesperación y terror, todo su cuerpo le gritaba que saliera corriendo, que intentara escapar de lo que parecía una muerte segura, mientras que su mente deambulaba entre recuerdos aparentemente aleatorios: su infancia y adolescencia en la villa de su padre, su periodo de instrucción, las diversas batallas que había librado, e incluso el momento justo del golpe. y en último instante, las caras de su hermana y madre.

    -No- pensó- no puedo permitirme caer en la desesperación, eso no es lo que Padre hubiera querido...eso no fue lo que me enseñó-

    -Si voy a morir, lo haré con la cabeza bien alta, sin arrepentirme de mis actos y orgulloso de honrar a mis hermanos caídos en batalla- continuo, está vez en voz alta para que toda la sala pudiera escucharle.

    Flavius pudo ver de reojo el revuelo que había causado entre los presentes, y también a Cicero, el cual se llevó una mano a la cara.

    -Dejadme a solas con él-dijo Cneo antes de que nadie pudiera decir nada.

    Muchos se mostraron reticentes a abandonar la sala, pero al ver que su líder no iba a cambiar de opinión ,decidieron que lo mejor era marcharse.
    Incluido cornelius, quien había sustituido su gran sonrisa por una mueca de enfado.

    -Bonito espectáculo chico, pero esto no es el coliseo, reservate tus bravuconerías en mi presencia-

    -Lo...lo siento señor- respondió Flavius sorprendido por lo que acababa de pasar.

    -Estoy al tanto de tu acto de agresión contra cornelius, una falta de ese tipo está penada con la muerte. Sin embargo,he decidido investigar un poco, y estoy al tanto de lo que ocurrió en aquel campo de batalla, sesenta y cinco perdidas frente a las doscientas bajas enemigas. Concretamente cinco perdidas tuyas y sesenta de Cornelius, una escaramuza digna de mención desde luego.-

    Cneo había conseguido saber todo lo ocurrido en aquel campo de batalla, incluyendo cifras exactas. Desde luego el cónsul era bueno en su oficio, y tenía muy presente cómo era cada hombre a su mando.

    -Gracias señor, solo cumplo con mi deber-Había entrado en esa habitación pensado que sería ejecutado, y ahora se le estaba alagando por sus actos, Flavius no podía salir de su sorpresa.

    -Ahorrate la humildad, aún no he acabado. Después de comprobar tu valía había decidido que sería más beneficioso mantenerte vivo con una serie de "penalizaciones" , pero tú entrada triunfal y tu falta de disciplina han agravado bastante la situación.
    Todos mis estrategas quieren tu cabeza en una bandeja, aunque yo creo que nos sería más beneficiosa si continuara pegada a tu cuerpo- sentenció- sin embargo, tal falta de disciplina no puede quedar sin castigo. Tu paga será suspendida indefinidamente, y serás ajusticiado con treinta latigazos. Ya pensaré un destino lejos de esa panda de buitres. Mientras, te aconsejo que te prepares, los latigazos van a dejar marca-

    Tras decir estás palabras Cneo hizo un gesto para que Flavius se fuera, y volvió a girarse a contemplar el mapa.

    -La viva imagen de su padre- el centurión ya se había alejado varios pasos, pero aún así escucho lo que el cónsul había dicho en voz baja, y no pudo evitar sonreír mientras se alejaba del lugar que casi se convertía en su tumba.

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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Emperador Juan el Dom Sep 03, 2017 9:40 pm

    Hola Toni , leì los 5 capìtulos y estoy impresionado con tu narraciòn , espero que sigas la serie por que esta muy buena .

    Felicitaciones Smile Smile
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Jue Sep 07, 2017 9:57 pm

    Antes de nada gracias a emperador Juan por los ánimos, se agradece mucho el aprecio por mi trabajo.
    CAPITULO 6

    Flavius se revolvió en su silla de montar, los latigazos sufridos la noche anterior aun le escocían y no resultaba nada cómodo montar a caballo con tantas heridas aun abiertas.
    Todavía quedaba mucho camino hacia su destino, así que decidió dejar de pensar en el escozor que le recorría toda la espalda, con suerte este menguaría si se entretenía con cualquier otra cosa.

    Las palabras de Cneo aun resonaban en su cabeza:

    -Mi hermano Publio esta ahora mismo intentando frenar el avance de Anibal en Italia. Nos esta comprando tiempo para que le asestemos un golpe a Cartago, lo suficientemente fuerte como para que la presión sobre Roma se disipe. Si la situación continua mucho tiempo así nuestros aliados nos verán débiles y no tardaran en cambiar de bando. Es por eso que debemos ser eficaces en nuestros cometidos y valientes a la hora de luchar, recordar en todo momento que el destino de roma esta en vuestras manos.- Tras una breve presentación, que por una parte tenia el objetivo de informar de la situación y por otra el de levantar la moral, Cneo se dispuso a repartir ordenes entre sus subordinados. Aunque a diferencia de los demás, sus ordenes le fueron dadas en privado- Flavius has demostrado una capacidad táctica digna de tu padre, sin embargo después del espectáculo de ayer me veo obligado a retirarte de la vista del resto de superiores.
    Mientras el resto del ejército presiona a las fuerzas cartaginesas e intenta convencer a las tribus hispanas para que se unan a nuestra causa, tú deberás ayudar al gobernador de la ciudad en todo lo que puedas, quedas bajo su mando-.

    Flavius no era un necio. Sabía que si le habían salvado la vida era por algo, y con las palabras del cónsul se confirmo esta realidad.

    En otras circunstancias su sangre ya habría sido derramada, pero con el general cartaginés presionando en suelo romano la situación se había vuelto caótica, su capacidad táctica le era más importante a Roma que el honor de un centurión venido a más.
    Cneo no le salvó por qué le apreciara, lo hizo por qué lo necesitaba.

    -Creo que está bien por hoy, acamparemos aquí-la voz de Acheron, un general griego enviado por el gobernador de Ampurias, le devolvió a la realidad.
    Era un hombre viejo, su pelo otrora marrón ahora estaba teñido de canas plateadas, al igual que su espesa y desalineada barba.
    Su rostro se completaba con una nariz chata, unos ojillos marrones más parecidos a los de un Topo que a los de una persona, y una gran cantidad de arrugas. La sensación que daba no era la de un bravo guerrero, si no más bien la de un noble acomodado, siempre con un trozo de pan que llevarse a la boca y un vaso lleno de cerveza. La gran barriga que presionaba su armadura no hacía más que reforzar esta imagen.

    El campamento que se montó dejaba mucho que desear, cómo era solo para pasar la noche no se fortificó ,y la cantidad de guardias era escasa. Nada tenía que ver con los campamentos romanos, los legionarios estaban altamente entrenados en tareas de construcción, lo que se traducía en un tiempo de montaje menor y una mayor protección frente a ataques nocturnos. Posteriormente muchos de estos campamento se convertían en transitadas ciudades.



    La noche dejo paso a las primeras luces del alba, y con ellas se retomó la marcha. El objetivo de aquella improvisada coalición Greco-romana era la de presionar a una tribu hispana que hostigaba las líneas de suministro de la polis.
    Ampurias siempre había mantenido una buena relación con gran parte de los asentamientos iberos, pero tras juntar fuerzas con Roma entraron en guerra con las facciones que habían hecho lo mismo con Cartago.

    Su primera parada era una mina de plata situada cerca de la frontera. Al llegar a observarla en la lejanía, sus exploradores les informaron que había una fuerza enemiga situada en las cercanías, el ataque era inminente.

    El incómodo equipamiento de la infantería pesada, tanto griega como romana, impedía que estás pudieran llegar a tiempo, y sin ayuda los defensores serían abrumados, dando vía libre al saqueo del valioso mineral,lo que provocaría un duro golpe económico.

    Acheron se notaba claramente desesperado pues si la mina caía el sería usado como chivo expiatorio relegado del pomposo cargo que ostentaba, y más importante aún, privado de los placeres que tanto amaba. Su boca no trasmitía ninguna orden y sus ojos solo podían contemplar el desastre que se avecinaba. Estaba en una especie de letargo, era incapaz de reaccionar ante el problema que se le presentaba. Igual que un recluta en su primera batalla, abrumado por tantos estímulos peligrosos y los gritos de dolor, tanto enemigos como aliados.

    -Tengo un plan mi señor- le dijo Flavius al preocupado general griego, si él no tomaba el mando nadie lo haría, esas menas de plata serían muy importante a la hora de combatir a Cartago, pues
    con un trozo de hierro tienes una espada, pero con uno de plata tienes cuántas quieras.

    -No tengo tiempo para tus planes romano, resignate a ordenar a tus hombres cargar-

    -Debes confiar en mí , sabes que las tropas no llegarán a tiempo-

    -Veo que no fueron suficientes latigazos, debería de darte un Castigo ejemplar- se notaba claramente nervioso y superado por la situación.

    -¿Qué pensara tu líder de ti si la mina cae bajo tu mando?, Te quedarás sin esos excesos que tanto te gusta disfrutar.
    Sabes que la única forma de mantener tu acomodada posición es hacerme caso-

    El general se removió en su sitio incómodo , y Flavius supo que había dado en el clavo.
    -¿Que necesitas?-

    -Dame el mando de tus unidades más ligeras, me adelantaré junto con mis escaramuzadores y les pillaré por sorpresa-

    Ambos les dieron las órdenes pertinentes a sus tropas, y en un abrir y cerrar de ojos todos estaban preparados para efectuar el plan.

    Por su parte ordeno a Corvino que mantuviera la posición con la centuria, para posteriormente ordenar a las sesenta unidades ligeras ,que le había otorgado Cneo, que lo siguieran hacia el enemigo.

    La fuerza compuesta sé componía por una parte de los velites, ciudadanos romanos muy jóvenes o muy Pobres cómo para pertenecer a la infantería pesada. Iban armados con varias jabalinas ligeras, portaban un escudo poco resistente y su protección era escasa, no contaban con ningún tipo de armadura, ni si quiera yelmos. Aunque algunos de ellos se vestían con pieles de lobos u otros animales.

    Y por otro lado peltastas, el homólogo griego de los velites​, aunque con algunas diferencias.
    Estos portaban un pelta, del cual reciben su nombre, era un escudo de mimbre en forma de media luna cubierto con piel de cabra u oveja, que se sostenía por un asa central.
    También portaban un par de jabalinas, aunque distintas a las romanas.
    La mayor diferencia es que, mientras los velites son ciudadanos romanos, estos eran en gran parte mercenarios.

    Tras la escarpada colina en la que se encontraban se alzaba una gran extensión de tierra,de un color verdoso y con gran cantidad de pastos, perfecta para criar animales.
    Esta explanada se veía cortada por un pequeño montículo de tierra, en este había un agujero que se internaba hasta las entrañas de la tierra, sin duda aquello era la mina.

    Tras unos segundos de vacilación los Hispanos se lanzaron como una jauría salvaje hacía los escasos defensores, aún desde la distancia se podía notar las muecas de terror de los sitiados.
    Los hombres estaban listos para ayudar en la defensa, se les notaba ansiosos por batallar.
    Sin embargo Flavius se notaba sereno, contemplando su alrededor con una frialdad aterradora. Al notar el ímpetu de los escaramuzadores levanto la mano que portaba el gladius, signo de que debían esperar.

    Las maldiciones e insultos por lo bajo confirmaron la negatividad que está orden causo entre las tropas. Debían esperar hasta que los hispanos entrarán en combate cuerpo a cuerpo, de esta manera estarían demasiado ocupados como para darse cuenta de su retraguardia...todo dependía de que los defensores aguantaran el tiempo suficiente como para que llegarán los refuerzos.

    -El primero que consiga una baja tendrá medio kilo de plata- gritó el centurión, si quería que sus hombres llegarán a tiempo necesitaba un incentivo.

    Sin más dilación el uniforme escuadrón de Flavius se lanzó contra los desprevenidos bárbaros. Estos se encontraban a una gran distancia, pero por suerte las armadura ligeras permitieron que velites y peltastas llegarán al combate enseguida, arrojando sus jabalinas en cuestión de pocos minutos.
    El centurión por otra parte seguía sobre su montura, no había tenido tiempo de quitarse la armadura así que el caballo era el único modo de seguir el frenético ritmo de la escaramuza.

    Una tormenta de proyectiles cayó sobre los distraídos iberos, una tras otra furiosas oleadas de afiladas puntas se dirigía hacia ellos, causando empalamientos y graves cortes.
    Cómo si los proyectiles quemaran en sus manos los escaramuzadores dispararon a tiempo récord, gastando toda la munición en poco tiempo.
    Por suerte para ellos su repentina salva de dientes metálicos no hizo más que confundir más al enemigo.
    La carga posterior fue más brutal robando completamente el ímpetu a los ex-atacantes.

    Flavius salto del caballo rápidamente y se dirigió hacia la encarnizada contienda, debía mantenerse totalmente alerta pues su pesada armadura le impedía igualar los movimientos ágiles de sus contrincantes... fuera de una formación estaba en clara desventaja,si varios enemigos le rodeaban no podría hacerles frente.
    Con esto en mente se dirigió a apoyar a sus soldados, siempre intentando pasar desapercibido en la batalla y atacando a enemigos solitarios.

    El centurión se encontraba despachando a un enemigo cuando dos iberos se dirigieron hacia él. Los compañeros que antes le rodeaban habían ido a distintas partes de la reyerta, y había quedado atrapado en un uno contra dos.

    El primero de ellos se acercó rápidamente con la espada en alto, y efectuó un corte descendente que el romano a duras penas pudo detener, mientras tanto el otro se colocó en una posición más favorable, y desde allí atacó a su rival. Este estaba absorto en su propia pelea así que no pudo evitar el afilado filo que se estrelló contra su pecho.

    La lorica hamata que portaba era resistente, pero ni siquiera la cota de malla más resistente podía absorber la totalidad de semejante impacto.
    Flavius dio unos pasos atrás, con una mueca de dolor y un gran corte sangrante. Su pecho le ardía y empezaba a notar los brazos cansados tras tanto combate, pese a todo el centurión aprovecho la herida en su propio beneficio.

    Ambos bajaron la guardia pensando que ya no era una amenaza y se acercaron a él para intentar rematarlo, sin embargo cuando estuvieron lo suficientemente cerca le propicio un brutal golpe con el escudo, el cual tenía una parte metálica para causar más daños, a uno de ellos, convirtiendo su cara en una mezcla de sangre y huesos rotos.
    Para su sorpresa el otro reaccionó rápidamente efectuando una serie de golpes con el objetivo de eliminar al asesino de su compañero, sin embargo ahora era una pelea igualada y Flavius no tuvo más que esperar tras su Robusto escudo a que el hispano dejara un hueco en su defensa, momento que aprovecho para apuñalar su cuerpo repetidamente, dejándolo totalmente fuera de combate

    Tras unos segundos de resistencia los supervivientes desistieron en su intento de tomar la mina, huyendo en desbandada hacia las arboledas que delimitaban la explanada.

    El campo había quedado cubierto de sangre y cuerpos, la mayoría iberos, pero se podía encontrar algunos velites y peltastas esparcidos en el suelo, y de los defensores originales apenas quedaban un puñado.
    Flavius caminó por el campo repleto de proyectiles incrustados, tenía que evaluar las consecuencias de su plan, y honrar a todos los caídos.

    Sin embargo en cuanto vio al grueso del ejército, que ya se encontraba muy cerca, se dirigió hacia el general griego, quien le hacía señas para que se acercase.

    -Por todos los dioses eres un genio, estoy en deuda contigo.-

    -Realmente estas en deuda con ese- dijo señalando a uno de los peltastas- le debes medio kilo de plata.
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Emperador Juan el Sáb Sep 16, 2017 6:06 am

    tonielpro7 escribió:Antes de nada gracias a emperador Juan por los ánimos, se agradece mucho el aprecio por mi trabajo.
    CAPITULO 6

    Flavius se revolvió en su silla de montar, los latigazos sufridos la noche anterior aun le escocían y no resultaba nada cómodo montar a caballo con tantas heridas aun abiertas.
    Todavía quedaba mucho camino hacia su destino, así que decidió dejar de pensar en el escozor que le recorría toda la espalda, con suerte este menguaría si se entretenía con cualquier otra cosa.

    Las palabras de Cneo aun resonaban en su cabeza:

    -Mi hermano Publio esta ahora mismo intentando frenar el avance de Anibal en Italia. Nos esta comprando tiempo para que le asestemos un golpe a Cartago, lo suficientemente fuerte como para que la presión sobre Roma se disipe. Si la situación continua mucho tiempo así nuestros aliados nos verán débiles y no tardaran en cambiar de bando. Es por eso que debemos ser eficaces en nuestros cometidos y valientes a la hora de luchar, recordar en todo momento que el destino de roma esta en vuestras manos.- Tras una breve presentación, que por una parte tenia el objetivo de informar de la situación y por otra el de levantar la moral, Cneo se dispuso a repartir ordenes entre sus subordinados. Aunque a diferencia de los demás, sus ordenes le fueron dadas en privado- Flavius has demostrado una capacidad táctica digna de tu padre, sin embargo después del espectáculo de ayer me veo obligado a retirarte de la vista del resto de superiores.
    Mientras el resto del ejército presiona a las fuerzas cartaginesas e intenta convencer a las tribus hispanas para que se unan a nuestra causa, tú deberás ayudar al gobernador de la ciudad en todo lo que puedas, quedas bajo su mando-.

    Flavius no era un necio. Sabía que si le habían salvado la vida era por algo, y con las palabras del cónsul se confirmo esta realidad.

    En otras circunstancias su sangre ya habría sido derramada, pero con el general cartaginés presionando en suelo romano la situación se había vuelto caótica, su capacidad táctica le era más importante a Roma que el honor de un centurión venido a más.
    Cneo no le salvó por qué le apreciara, lo hizo por qué lo necesitaba.

    -Creo que está bien por hoy, acamparemos aquí-la voz de Acheron, un general griego enviado por el gobernador de Ampurias, le devolvió a la realidad.
    Era un hombre viejo, su pelo otrora marrón ahora estaba teñido de canas plateadas, al igual que su espesa y desalineada barba.
    Su rostro se completaba con una nariz chata, unos ojillos marrones más parecidos a los de un Topo que a los de una persona, y una gran cantidad de arrugas. La sensación que daba no era la de un bravo guerrero, si no más bien la de un noble acomodado, siempre con un trozo de pan que llevarse a la boca y un vaso lleno de cerveza. La gran barriga que presionaba su armadura no hacía más que reforzar esta imagen.

    El campamento que se montó dejaba mucho que desear, cómo era solo para pasar la noche no se fortificó ,y la cantidad de guardias era escasa. Nada tenía que ver con los campamentos romanos, los legionarios estaban altamente entrenados en tareas de construcción, lo que se traducía en un tiempo de montaje menor y una mayor protección frente a ataques nocturnos. Posteriormente muchos de estos campamento se convertían en transitadas ciudades.



    La noche dejo paso a las primeras luces del alba, y con ellas se retomó la marcha. El objetivo de aquella improvisada coalición Greco-romana era la de presionar a una tribu hispana que hostigaba las líneas de suministro de la polis.
    Ampurias siempre había mantenido una buena relación con gran parte de los asentamientos iberos, pero tras juntar fuerzas con Roma entraron en guerra con las facciones que habían hecho lo mismo con Cartago.

    Su primera parada era una mina de plata situada cerca de la frontera. Al llegar a observarla en la lejanía, sus exploradores les informaron que había una fuerza enemiga situada en las cercanías, el ataque era inminente.

    El incómodo equipamiento de la infantería pesada, tanto griega como romana, impedía que estás pudieran llegar a tiempo, y sin ayuda los defensores serían abrumados, dando vía libre al saqueo del valioso mineral,lo que provocaría un duro golpe económico.

    Acheron se notaba claramente desesperado pues si la mina caía el sería usado como chivo expiatorio relegado del pomposo cargo que ostentaba, y más importante aún, privado de los placeres que tanto amaba. Su boca no trasmitía ninguna orden y sus ojos solo podían contemplar el desastre que se avecinaba. Estaba en una especie de letargo, era incapaz de reaccionar ante el problema que se le presentaba. Igual que un recluta en su primera batalla, abrumado por tantos estímulos peligrosos y los gritos de dolor, tanto enemigos como aliados.

    -Tengo un plan mi señor- le dijo Flavius al preocupado general griego, si él no tomaba el mando nadie lo haría, esas menas de plata serían muy importante a la hora de combatir a Cartago, pues
    con un trozo de hierro tienes una espada, pero con uno de plata tienes cuántas quieras.

    -No tengo tiempo para tus planes romano, resignate a ordenar a tus hombres cargar-

    -Debes confiar en mí , sabes que las tropas no llegarán a tiempo-

    -Veo que no fueron suficientes latigazos, debería de darte un Castigo ejemplar- se notaba claramente nervioso y superado por la situación.

    -¿Qué pensara tu líder de ti si la mina cae bajo tu mando?, Te quedarás sin esos excesos que tanto te gusta disfrutar.
    Sabes que la única forma de mantener tu acomodada posición es hacerme caso-

    El general se removió en su sitio incómodo , y Flavius supo que había dado en el clavo.
    -¿Que necesitas?-

    -Dame el mando de tus unidades más ligeras, me adelantaré junto con mis escaramuzadores y les pillaré por sorpresa-

    Ambos les dieron las órdenes pertinentes a sus tropas, y en un abrir y cerrar de ojos todos estaban preparados para efectuar el plan.

    Por su parte ordeno a Corvino que mantuviera la posición con la centuria, para posteriormente ordenar a las sesenta unidades ligeras ,que le había otorgado Cneo, que lo siguieran hacia el enemigo.

    La fuerza compuesta sé componía por una parte de los velites, ciudadanos romanos muy jóvenes o muy Pobres cómo para pertenecer a la infantería pesada. Iban armados con varias jabalinas ligeras, portaban un escudo poco resistente y su protección era escasa, no contaban con ningún tipo de armadura, ni si quiera yelmos. Aunque algunos de ellos se vestían con pieles de lobos u otros animales.

    Y por otro lado peltastas, el homólogo griego de los velites​, aunque con algunas diferencias.
    Estos portaban un pelta, del cual reciben su nombre, era un escudo de mimbre en forma de media luna cubierto con piel de cabra u oveja, que se sostenía por un asa central.
    También portaban un par de jabalinas, aunque distintas a las romanas.
    La mayor diferencia es que, mientras los velites son ciudadanos romanos, estos eran en gran parte mercenarios.

    Tras la escarpada colina en la que se encontraban se alzaba una gran extensión de tierra,de un color verdoso y con gran cantidad de pastos, perfecta para criar animales.
    Esta explanada se veía cortada por un pequeño montículo de tierra, en este había un agujero que se internaba hasta las entrañas de la tierra, sin duda aquello era la mina.

    Tras unos segundos de vacilación los Hispanos se lanzaron como una jauría salvaje hacía los escasos defensores, aún desde la distancia se podía notar las muecas de terror de los sitiados.
    Los hombres estaban listos para ayudar en la defensa, se les notaba ansiosos por batallar.
    Sin embargo Flavius se notaba sereno, contemplando su alrededor con una frialdad aterradora. Al notar el ímpetu de los escaramuzadores levanto la mano que portaba el gladius, signo de que debían esperar.

    Las maldiciones e insultos por lo bajo confirmaron la negatividad que está orden causo entre las tropas. Debían esperar hasta que los hispanos entrarán en combate cuerpo a cuerpo, de esta manera estarían demasiado ocupados como para darse cuenta de su retraguardia...todo dependía de que los defensores aguantaran el tiempo suficiente como para que llegarán los refuerzos.

    -El primero que consiga una baja tendrá medio kilo de plata- gritó el centurión, si quería que sus hombres llegarán a tiempo necesitaba un incentivo.

    Sin más dilación el uniforme escuadrón de Flavius se lanzó contra los desprevenidos bárbaros. Estos se encontraban a una gran distancia, pero por suerte las armadura ligeras permitieron que velites y peltastas llegarán al combate enseguida, arrojando sus jabalinas en cuestión de pocos minutos.
    El centurión por otra parte seguía sobre su montura, no había tenido tiempo de quitarse la armadura así que el caballo era el único modo de seguir el frenético ritmo de la escaramuza.

    Una tormenta de proyectiles cayó sobre los distraídos iberos, una tras otra furiosas oleadas de afiladas puntas se dirigía hacia ellos, causando empalamientos y graves cortes.
    Cómo si los proyectiles quemaran en sus manos los escaramuzadores dispararon a tiempo récord, gastando toda la munición en poco tiempo.
    Por suerte para ellos su repentina salva de dientes metálicos no hizo más que confundir más al enemigo.
    La carga posterior fue más brutal robando completamente el ímpetu a los ex-atacantes.

    Flavius salto del caballo rápidamente y se dirigió hacia la encarnizada contienda, debía mantenerse totalmente alerta pues su pesada armadura le impedía igualar los movimientos ágiles de sus contrincantes... fuera de una formación estaba en clara desventaja,si varios enemigos le rodeaban no podría hacerles frente.
    Con esto en mente se dirigió a apoyar a sus soldados, siempre intentando pasar desapercibido en la batalla y atacando a enemigos solitarios.

    El centurión se encontraba despachando a un enemigo cuando dos iberos se dirigieron hacia él. Los compañeros que antes le rodeaban habían ido a distintas partes de la reyerta, y había quedado atrapado en un uno contra dos.

    El primero de ellos se acercó rápidamente con la espada en alto, y efectuó un corte descendente que el romano a duras penas pudo detener, mientras tanto el otro se colocó en una posición más favorable, y desde allí atacó a su rival. Este estaba absorto en su propia pelea así que no pudo evitar el afilado filo que se estrelló contra su pecho.

    La lorica hamata que portaba era resistente, pero ni siquiera la cota de malla más resistente podía absorber la totalidad de semejante impacto.
    Flavius dio unos pasos atrás, con una mueca de dolor y un gran corte sangrante. Su pecho le ardía y empezaba a notar los brazos cansados tras tanto combate, pese a todo el centurión aprovecho la herida en su propio beneficio.

    Ambos bajaron la guardia pensando que ya no era una amenaza y se acercaron a él para intentar rematarlo, sin embargo cuando estuvieron lo suficientemente cerca le propicio un brutal golpe con el escudo, el cual tenía una parte metálica para causar más daños, a uno de ellos, convirtiendo su cara en una mezcla de sangre y huesos rotos.
    Para su sorpresa el otro reaccionó rápidamente efectuando una serie de golpes con el objetivo de eliminar al asesino de su compañero, sin embargo ahora era una pelea igualada y Flavius no tuvo más que esperar tras su Robusto escudo a que el hispano dejara un hueco en su defensa, momento que aprovecho para apuñalar su cuerpo repetidamente, dejándolo totalmente fuera de combate

    Tras unos segundos de resistencia los supervivientes desistieron en su intento de tomar la mina, huyendo en desbandada hacia las arboledas que delimitaban la explanada.

    El campo había quedado cubierto de sangre y cuerpos, la mayoría iberos, pero se podía encontrar algunos velites y peltastas esparcidos en el suelo, y de los defensores originales apenas quedaban un puñado.
    Flavius caminó por el campo repleto de proyectiles incrustados, tenía que evaluar las consecuencias de su plan, y honrar a todos los caídos.

    Sin embargo en cuanto vio al grueso del ejército, que ya se encontraba muy cerca, se dirigió hacia el general griego, quien le hacía señas para que se acercase.

    -Por todos los dioses eres un genio, estoy en deuda contigo.-

    -Realmente estas en deuda con ese- dijo señalando a uno de los peltastas- le debes medio kilo de plata.
    Increible , Muy bueno el capìtulo , intenta agregarle algo sobre escandinavia , como tribus vikingas. Espero que le paguen la deuda al peltastas Smile
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Dibens el Dom Sep 17, 2017 1:01 am

    Sigue escribiendo compañero Wink


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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Mar Sep 19, 2017 3:42 pm

    Antes de nada, gracias a todos por el apoyo que estoy recibiendo, sé que suena a tópico ,pero es la realidad. Cualquiera que escriba y lo enseñe de alguna manera coincidirá conmigo con que no hay cosa que llené más que saber que tus esfuerzos les gustan a alguien.
    Repito, gracias.

    Capitulo 7

    El olor a estiércol y madera quemada envolvía todo el lugar, resultando en una mezcla vomitiva.
    Era imposible no tenerlo pegado a la nariz constantemente, lo que causaba un profundo malestar.

    Las casas arrasadas, y las numerosas fosas comunes que rodeaban la aldea reforzaban más aún la miseria del lugar.
    Otrora un pintoresco pueblo hispano, había sido destruido cuando el ejército Greco-Romano descubrió la ubicación de este.

    Habían estado semanas siguiendo la pista a los supervivientes del ataque a la mina, y tras tanto tiempo huyendo de la ira de sus perseguidores cometieron un terrible error,por fin una de las patrullas pudo sorprenderles mientras dormían.

    No mostraron piedad alguna, pero fueron lo suficiente inteligentes como para dejar a varios con vida.
    Tras un exausto interrogatorio, del cual pocos sobrevivieron, revelaron la ubicación de la aldea de su tribu.

    La tensión acumulada tras semanas de persecuciones y marchas bajo el despiadado sol, fue liberada en la aldea enemiga.
    Ni siquiera los niños se salvaron del brutal ataque, pues sabiendo la ubicación exacta y todas las posibles rutas de escape, se aseguraron de que nadie saliera con vida.

    Después de ser arrasada, se decidió que era conveniente reconvertirla en un puesto médico. Dado que las numerosas escaramuzas y las malas condiciones de la marcha militar habían dejado varios heridos y enfermos.
    De esto hacia pocos días, así que el improvisado campamento seguía pareciendose más aún cementerio que aún hospital.

    En comparación con la gran cantidad de soldados que estaban ilesos, los heridos eran mínimos.
    Sin embargo, las malas condiciones del entorno no favorecían el tratamiento de estos. Las infecciónes se extendieron rápidamente, en su corta estancia la mayoría ya sufría fiebres, he incluso algunos de ellos delirios.

    Flavius no había participado en el saqueo, pues la enorme herida sufrida en su última batalla lo había dejado fuera de combate.
    En plena campaña era imposible disponer de un buen tratamiento, así que su estado no tardó en empeorar.
    Al borde de la muerte, tubo que ser un mero espectador en los acontecimientos posteriores. Limitándose a luchar por su vida.

    -Levanta el brazo izquierdo....mm, parece que la infección ha remitido-

    -¿Cuanto tiempo tengo que seguir en reposo?, Cómo siga un día más así me volveré loco.-

    -No hay indicios de infección, y la herida no tardará en estar cicatrizada del todo.
    Puedes moverte libremente, pero no te recomiendo que hagas movimientos bruscos, aún no has sanado del todo.

    -No se cómo agradecertelo, si no fuera por ti estaría muerto-

    -Solo intenta que no te maten, me he tomado muchas molestias para que sigas vivo-

    Flavius no pudo evitar sonreír ante las palabras del viejo cirujano, había cuidado de él durante las últimas semanas. Y había llegado a cogerle cariño.

    -¿Que hay de los demás?, ¿Cuantos siguen en pie?-

    -Por desgracia no muchos, los que no han muerto ya por sus heridas están mucho más graves. Parece que Higía ha abandonado este lugar.- El anciano arrugó las cejas en una mueca de tristeza, como médico que era le pesaba la idea de no poder salvar a más personas.

    Tras despedirse de su salvador se dispuso a salir de la cabaña en la que se encontraba. Era de las pocas que seguían en pie tras el ataque, y destacaba enormemente por el buen estado en el que se encontraba. Las cuatro paredes de madera aún seguían en su sitio ,y el techo de paja a penas se había desprendido un poco.
    No se podía considerar un hogar, pero desde luego era mucho mejor que dormir en el sucio suelo.

    Flavius paseo por las desoladas calles, quería ver con sus propios ojos la situación en la que se encontraban.
    Las impactantes palabras del cirujano no paraban de sonar en su cabeza mientras observaba a su alrededor.

    Antes de que el fuego lo arrasara todo el pueblo contaba con una gran cantidad de viviendas. También había dispuesto de herrerías, alfarerías, varios establos y montones de campos de cultivo para alimentar a semejante cantidad de bocas.

    Sin embargo ahora era más bien un gran terreno plano en su mayoría, pues lo único que quedaban eran los cimientos.

    Los heridos más graves y los que tenían mayor rango se ubicaban en las pocas casas que seguían en pie. Mientras que los demás, osea la gran mayoría, debían resignarse a descansar en el suelo ,sobre mantas o montones de paja.

    Tras varias horas comprobando el estado de todo decidió que era necesario tomarse un descanso, los constantes gemidos de dolor lo habían desgastado de una forma que no creía capaz.
    Así que con esto en mente se dirigió a las afueras, dónde sus hombres se entrenaban.

    -Me alegra verte en pie de nuevo- Dijo Corvino mientras supervisaba el entrenamiento.

    -No más que a mí te lo aseguro, habían momentos en los que creía que no pasaría de esa noche.
    ¿Que ha pasado mientras dormía?-

    -Nuestros exploradores encontraron una aldea, al parecer era el hogar de los hispanos que atacaron la mina. Los griegos debían de tener en mucha estima a los trabajadores de esa mina, por que nada más saber está ubicación marcharon contra ella. Deberías haberlo visto Flavius, ésto parecía el mismísimo Hades-

    Antes de que Flavius pudiera replicar algo, Cornelius se dirigió hacia un recluta que acababa de caer al suelo.

    -Mantén la guardia alta, si tu escudo cae tu vas con él-

    -Creo que va siendo hora de que me quite el polvo acumulado, haber que sabes hacer Atilio- dijo Flavius mientras se acercaba.

    -¿No crees que es un poco pronto para pelear?, Acabas de recuperarte de una herida mortal-

    -Vamos deja de preocuparte tanto y levanta el Scutum-

    Ambos contrincantes se pusieron en guardia, con sus robustas protecciones en alto y con las Gladius de madera bien sujetas, dispuesto ha dejarse fuera de combate el uno al otro.

    Los amagos y las intimaciones iniciaron el combate, en un intento de que el otro pícara el anzuelo. Sin embargo ninguno de los dos era un novato, y no iban a caer en un truco tan evidente..

    Tras tanta vacilación Flavius decidió tomar la iniciativa, y cargo contra su enemigo con el escudo en alto.
    Los dos escudos chocaron estrepitosamente causando un gran ruido. A pesar de lo robusto que era Afilio, el ímpetu de la carga del centurión fue demasiado para él. Así que se vio obligado a retroceder unos pasos con el fin de no caer al suelo. Flavius aprovecho que había descuidado su defensa para efectuar diversos golpes.

    Varias fueron las estocadas que el torso desnudo del hastati recibió. Causando un gran dolor, acompañado de un gran entumecimiento, en la zona donde le golpeaban. Sin embargo el recluta aguantó cada punzada y se mantuvo firme, estaba luchando contra su superior y deseaba con todas sus fuerzas demostrarle de lo que estaba hecho, así que volvió a levantar el escudo y se preparó para el siguiente ataque.

    -Es un hueso duro de roer- pensó Flavius.

    Esta vez la iniciativa la tomo Atilio, quien castigo a Flavius con una seguidilla de golpes con la espada y el escudo, consiguiendo que este retroceda ante el ímpetu del brutal ataque.
    El combate continuo a favor del hastati varios minutos más, sin embargo el combo de espada y escudo no conseguía desbaratar la defensa de Flavius completamente, y los golpes se volvían más lentos cada segundo que pasaba.

    El cansancio que sentía Atilio provocó que bajara el scutum demasiado, lo que causo que no pudiera defenderse del golpe que le vino directo al casco.
    El hastati retrocedió de una forma brusca para intentar mantener el equilibrio, sin embargo Flavius no le dio tregua, y se lanzó sobre el con toda la fuerza que tenía.
    Tirándolo al suelo irremediablemente.

    -Debes de recordar en todo momento que no somos bárbaros, nosotros luchamos en orden y con disciplina. Piensa que el scutum es una extensión de ti, sin su protección eres un blanco fácil y pierdes una gran parte de nuestra ventaja.
    Dedícate a cansar al enemigo en vez de hacerlo tú, y procura usar el Scutum de una forma más ofensiva- le reprimió mientras le ayudaba a levantarse-sin embargo...tienes ímpetu y tenacidad, ya entiendo lo que vio Corvino en ti. Entrena más y puede que llegues ha rivalizar con el mismísimo marte- el rostro de decepción de Atilio fue sustituido poco a poco por una mueca de alegría. Se notaba que el discurso había calado muy dentro.

    Unas palmadas interrumpieron el fraternal momento. Era Acheron, quien había visto como se desarrollaba todo el combate.

    Todos los presentes efectuaron un acto de respeto, incluido Flavius.

    -Vamos me salvaste el cuello, creo que puedes permitirte no hacer tal formalidad.- Dijo Acheron, quien ahora se encontraba a escasos metros del centurión.

    -No hay de que general, me encantó patear algunos culos- las palabras de Flavius consiguieron sacar una sonrisa a más de uno, y unas cuantas carcajadas a otros.

    -Veo que tú inteligencia va a par con tú testarudez-comento mientras observaba la herida mal cerrada de Flavius- espero que no te importe que la abra del todo.

    -¿General?-

    -Vamos, ¿acaso tienes miedo de un griego gordo como yo?, recoge tu espada, hace mucho que no entreno-

    Los presentes se miraron entre ellos, todos intentaban aguanta la risa que la escena les producía.
    Desde luego no pensaban que un noble acomodado pudiera con un centurión curtido en tantas batallas.

    -Le advierto general que no me contendre-

    -Eso espero. Ah y una cosa más...sin escudos-

    El combate comenzó nada más el escudo de Flavius toco el suelo, ambos contrincantes se encontraron a medio camino de la carga del contrario.
    Flavius efectuó un golpe ascendente con su ligera gladius, el cual Acheron desvío sin mucho problema. A pesar de su apariencia era un hombre fornido, tal vez no fuera nada ágil, pero no lo necesitaba pues no había golpe que sus músculosos brazos no pudieran parar.

    Acheron respondió con un poderoso embate que golpeó en el hombro a Flavius, desde luego había subestimado la fuerza del griego y le había pillado desprevenido.
    El centurión dio dos zancadas hacia atrás, necesitaba una pequeña tregua para coger aire y recuperarse.
    Para su desgracia, el general no se tomó la molestia de concedérsela y siguió avasallandolo con poderosos golpes, poniendo en graves problemas al centurión. Flavius se concentró en la espada de su contrincante, a pesar de ser poderosos sus golpes no eran demasiado rápidos así que aprovecharía esa ventaja. Esquivo y desvío como nunca lo había hecho , sus reflejos casi rivalizaban con los de un felino.

    Acheron soltó un gruñido de frustración, parecía que su enemigo no podía ser alcanzado. E intentar igualar su velocidad iba a mermar demasiado sus energías.
    A ese paso acabaría agotado antes de poder dominar a Flavius

    Con esto en mente se le ocurrió un plan para dar la vuelta a la contienda. Sin pensárselo demasiado le propicio un tremendo gancho con la mano libre a su enemigo, el cual no pudo parar tal despliegue de fuerza, pues su concentración estaba en la mano que portaba el gladius.

    Flavius cayó al suelo tras varios segundos, totalmente dolorido y derrotado. Todos los presentes se quedaron de piedra al ver a tal experimentado guerrero morder el polvo, nadie habría imaginado la destreza que poseía Acheron, quien solía estar más interesado en comer y beber que en pulir sus habilidades de combate.

    Tras varios segundos de incredulidad ,la sorpresa de todos dio paso a los aplausos y las felicitaciones por parte de los espectadores. Entre tanto viroteo Acheron se aproximó a Flavius y le tendió la mano.

    -Has luchado bien, desde luego saben como entrenar a sus hombres esos romanos-

    -Nunca me habían golpeado de esa manera-dijo Flavius ,ya en pie, mientras se quitaba la sangre del labio partido con la mano.

    El general griego soltó una sonora risa tras escuchar la ocurrencia del romano.

    -Ven zagal tengo que hablar contigo en privado- contesto el griego mientras alejaba a Flavius del lugar.

    Ambos se alejaron aún más de las ruinas que quedaban de la aldea. Caminaron durante varios minutos sin destino aparentemente claro. Desde esa distancia ya no se oían los gritos de dolor de los moribundos, y el sonido de las espadas de madera entrechocar eran un lejano susurro.

    Se respiraba una paz reconfortante desde ese punto, ante ellos se alzaban vastas extensiones de tierra, todas salpicadas por vegetación y fauna de distintos tipos y tamaños, lo que otorgaba al paisaje un encanto único.

    El momento de silencio fue al fin roto por Acheron, quien parecía estar disfrutando enormemente de las vistas.

    -Voy a ir al grano Flavius, tu papel en la defensa de la mina fue esencial. Sin tí ahora mismo tendríamos que estar de vuelta en Ampurias con una vergonzosa derrota en nuestros corazones. Mantuviste la cabeza fría cuando incluso ni yo lo hice, has demostrado una frialdad y determinación propia de un gran líder, y es por eso que he decidido que serás mi segundo al mando.
    Ahora recoge tus cosas y prepara a tus hombres, nuestros exploradores han encontrado un gran número de enemigos que se dirige hacia aquí, parece que quieren cobrar venganza-
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por Firefrost el Mar Sep 19, 2017 10:29 pm

    La verdad es que es muy genial. ¡+rep para ti!

    Espero poder seguir leyendo Very Happy



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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Dom Sep 24, 2017 9:01 pm

    Capitulo 8

    Los estandartes se mecían violentamente al son del viento, ondeando los colores de la ciudad de Ampurias por todo lo alto.
    Estos eran sostenidos por soportes de madera, los cuales intentaban aguantar el poderoso envite del aire, aunque se notaba que los tablones hacían un esfuerzo descomunal para mantener las banderas en su sitio. Pues estas gemían por el esfuerzo realizado, creando una atmósfera cuanto menos espeluznante

    La otrora soleada mañana se había convertido en una oscura tarde, nublada y lúgubre.
    Las nubes suspendidas en el aire amenazaban con soltar su húmeda carga en cualquier momento.

    -He oído al sacerdote decir que la lluvia es una buena prediccion, según él significa que Neptuno vela por nosotros-Comento Corvino mientras observaba el cielo

    -Para el sacerdote siempre hay un Dios que vela por nosotros, y más aún en la víspera de una gran batalla-Contesto Flavius

    -¿Que pasa Flavius, acaso no crees que el dios de los mares vaya a ahogar a todos nuestros enemigos?, Puede que les orine encima para ayudarnos-se mofó

    -No creo que un dios tan poderoso se inmisculla en asuntos mundanos, tendrá barcos que hundir y cosechas que estropear-

    Atilio, quien acababa de llegar donde sus dos superiores conversaban ,y por tanto había escuchado la última parte de la conversación, no salia de su asombro.

    -¿Acaso no crees que los dioses velen por nosotros?, por el pueblo romano-

    -Relajate Atilio, solo bromeabamos. Claro que creo en los dioses, quien si no sería capaz de crear este vasto mundo.-

    -¿Entonces por qué te mofas?-

    -Por que como he dicho antes, no creo que tengan mucho interés en nuestros asuntos. Además, nunca he estado a favor de entrometer a los dioses en una batalla. Los soldados no deben de creer que hay un ente superior que va a estar guiándolos y protegiéndolos, en lo único en lo que puedes confiar hay fuera es en tu espada y tu escudo, y más importante aún, en el compañero que tienes al lado-

    Atilio se quedo pensando en las palabras del centurión durante unos segundos, hasta que finalmente recordó el motivo que le condujo hasta Flavius.

    -Acheron te reclama Flavius, te espera en la tienda de mando-

    Tras escuchar el mensaje, el centurión se dirigió a su encuentro. Se encontraba a las afueras del campamento, justo en el lado opuesto de donde se encontraba su destino, así que debía darse prisa.

    Ante él se extendía una enorme cantidad de tiendas. La mayoría de ellas servían como refugio para los soldados, aunque habían algunas que estaban especializadas en suplir alguna necesidad más concreta, cómo almacenes de provisiones, puestos médicos, tiendas para oficiales e incluso una carpa donde se decidían los asuntos más importantes, la cual era a dónde se dirigía.

    El camino fue lento y angosto, pues el ajetreo de las tropas impedían un avance rápido. Los superiores pasaban revista a sus subordinados, impartiendo órdenes y disciplina, e incluso algún que otro discurso. Aunque muchos de los soldados volvían a sus actividades previas cuando comprobaban que no les observaban, en las cuales se incluía el juego, la bebida, alguna pelea y algún encuentro ocasional con las rameras que frecuentaban el campamento.
    Se notaba el jaleo que solía respirarse a las vísperas de una batalla.

    A Flavius le costo unos minutos más, pero al fin consiguió alcanzar su objetivo. Es decir, la gran tienda que se alzaba frente a sus narices.

    Al entrar noto un aire muy distinto al que se imaginaba que vería. Acheron gritaba a todos los hombres, que se arremolinaban alrededor de la mesa en la que se encontraba, una serie de maldiciones e insultos a partes iguales.

    El general estaba muy ofuscado con sus subalternos, así que no se dio cuenta de que Flavius había llegado hasta unos segundos después.

    -La reunión ha acabado, podéis marcharos. Ocupaos de los preparativos para mañana, que las tropas estén listas para la batalla.-

    Flavius espero pacientemente que todos desalojaran la estancia. Una vez se fueron todos se aproximó a Acheron, quien mantenía la cabeza gacha y el rostro serio.

    -¿A que venía eso?-

    -Estamos jodidos Flavius, acabo de recibir los informes de los exploradores y nos superan 3 a 1.
    Mis falanges podrían hacer frente a tal cantidad de enemigos, pero la extensión del valle no me permite extenderlas lo suficiente. Si los despliego de esa forma solo será cuestión de tiempo que acaben rodeados-

    -Entonces ordena una retirada-

    -¿Crees que no lo he pensado ya? Estuve horas dándole vueltas a esa idea, pero es totalmente inviable, mis hoplitas no avanzarían lo suficientemente rápido y serían cazados por sus jinetes. Cosa que también hace imposible elegir un terreno más favorable donde combatir.-

    -Entonces solo nos queda una opción-Flavius tubo que levantar la voz, pues una gran cantidad de gotas de agua empezó a caer sobre las pieles que componían el techo de la tienda.

    Tras escuchar estás palabras Acheron levanto nuevamente la mirada. Sin embargo, en esta ya no quedaba rastro de la autocompasion ni de la tristeza que marcaban su rostro minutos antes, pues estas habían sido sustituidas por un gesto serio y sombrío. Sus ojos rebosaban de determinación, y su mandíbula estaba tensa por el estrés que le producía toda aquella situación.

    -Vamos a acabar con esos malnacidos-

    La conversación se prolongó unas horas más, ambos estrategas intentaban crear un plan para minimizar bajas y salirse con la victoria. Pero tras varias discusiones de como se debía proceder llegaron a la conclusión de que era mejor dejarlo en manos del destino, al fin y al cabo no había nada más que pudieran hacer.

    Una torrencial lluvia había empezado a caer sobre todo el valle, así que el campamento estaba totalmente embarrado.
    Los pocos soldados que montaban guardia en las improvisadas murallas se revolvían en sus puestos, pues el frío se les calaba en los huesos, complicando aún más la ya de por si laboriosa tarea.

    El centurión se dirigió directo hacia su tienda, situada no muy lejos de donde se encontraba. Al llegar allí se encaminó hacia su catre. Había sido un día largo y cansado, así que no había otra cosa que le apeteciera más que dormir.
    Sin embargo, a pesar del cansancio que se acumulaba en cada recoveco de su cuerpo no pudo conciliar el sueño. Así que se tuvo que resignar a pasar la noche en vela, dándole vueltas a todo lo que había pasado, y sin apenas inmutarse cuando la oscuridad era sustituida por los primeros rayos de luz.

    Varias horas después

    El sol era especialmente radiante esa tarde, la luz que este desprendía permitía ver con claridad el inmenso valle donde se desarrollaría la batalla.
    El verde cubría casi toda la extensión de este, pocas zonas eran las que no mantenían un mínimo de vegetación.

    La Falange se había desplegado a bastantes metros de su campamento. En una zona con un pequeño relieve, casi imperceptible.

    La densa formación griega se componía exclusivamente de hoplitas, ciudadanos griegos que podían permitirse un equipamiento más avanzado.
    Entre este equipamiento se encontraba el hoplon, un escudo enorme y circular de cobre, una sarisa , lanza especialmente larga con la cual mantenían alejados a sus  enemigos, una espada corta para el combate cuerpo a cuerpo y una pesada armadura.
    A la derecha de la formación, en segunda línea, se encontraba Flavius. Sus hastati eran perfectos para rodear a la formación griega y pillar la espalda de sus enemigos.
    Para apoyar a la infantería pesada se colocaron a los hostigadores en primera línea, los velites y peltastas se acercarían a las líneas enemigas y desatarían una lluvia de jabalinas, para posteriormente retirarse antes de que les trabasen en combate.

    Flavius y Atilio habían podido idear una táctica para intentar no quedar rodeados. Esta consistía en colocar a la infantería ligera, tras su lanzamiento de proyectil, a varios metros de los flancos de la formación. De forma que entretendrían al enemigo mientras las falanges avanzaban.

    El comienzo de la reyerta no se hizo esperar mucho,en cuanto el ejército enemigo se divisó a la lejanía todos los soldados se pusieron en guardia. Los hispanos venían con un gran contingente de hombres, todos ellos armados con sus mortíferas falcatas y preparados para la lucha.

    Sin pensárselo demasiado la primera línea de infantería íbera se lanzó en una carga frenética contra la Falange griega, mientras los demás les seguían a una distancia prudencial. La mayoría de los presentes no se dieron cuenta de esta extraña maniobra, pues el éxtasis de la inminente matanza y la pantalla que los primeros hacían sobre los segundos impedía verlo con claridad.

    -Aquí hay algo que no cuadra-dijo Corvino mientras observaba los primeros combates que se desarrollaban.

    -¿Que quieres decir?- Pregunto con curiosidad el centurión

    -Observa con atención, no todos ellos se han lanzado al combate, la mayoría se mantiene a cierta distancia. Es difícil de ver por que la separación entre la primera fila y el grueso del ejército es mínima. Pero si te fijas, no están rellenando los huecos que dejan sus bajas-

    -Mierda, ¿Que estarán tramando?-

    -Parece que están intentando distraernos,cómo si esperasen algo-

    El sonido de unos cascos les otorgó a ambos su ansiada respuesta, los iberos habían colocado un gran contingente de jinetes ocultos tras una elevación del valle. Estaban a una distancia enorme, pero sus caballos eran muy rápidos, y los hoplitas estaban demasiado concentrados en el enemigo de delante, a quien ya empezaban a empujar, como para darse cuenta del movimiento de pinza que les amenazaba.

    -¡Utilizar la pila como lanza!- Grito encarecidamente Flavius. Quien estaba viendo la aterradora carga con el corazón en el puño.

    Las órdenes volaban de aquí para allá, rápidamente se ordenó a los hastati que formaran en el flanco derecho, en un muro de escudos perpendicular a la Falange griega

    Flavius se refugió lo mejor que pudo tras su scutum, con los pies firmes y el escudo clavado en el suelo. Los romanos habían conseguido formar antes de que la carga de caballería llegara, por lo que podían preparse mejor para el inminente desastre.
    El nerviosismo se atenuaba de una forma directamente proporcional a la cercanía del ruido, de un momento a otro esos sonidos emitidos por caballos y jinetes se volverían una devastadora carga, que posiblemente pasaría a todos por encima.

    Sin embargo, tan sorprendente como el ímpetu inicial fue la frenada en seco que se extendió entre los atacantes.
    Los ojos del centurión se abrieron cómo platos, no podía creerlo. Los caballos habían quedado atrapados en el fango que las lluvias del día anterior habían dejado. El frenético ataque se acababa de convertir en una torpe marcha.

    -Es nuestro momento-grito a puro pulmón el centurión- ¡atacar!, ¡atacar!-

    Todos los hastati se lanzaron hacia los desprotegidos atacantes, causando graves bajas entre ellos.
    La longitud del pila concedía a los infantes la ventaja de poder atacar a los jinetes sin mucho esfuerzo, no eran pocos los que morían a causa de una terrible estocada en el pecho o cualquier otra parte de su desprotegido cuerpo.
    Sin embargo, la pila no era todo ventajas, pues está había sido diseñada para romperse tras ser lanzada, así que era fácil que está se destrozada ante un golpe inusualmente fuerte, obligando a los legionarios a sacar su gladius.

    Las armas romanas secionaban y penetraban la carne a partes iguales, a la mayoría sus pila ya se les habían vuelto inservibles, pero esto no fue un impedimento para los hastati quienes rápidamente echaron mano a cualquier arma que pudieran encontrar.
    Continuando así la matanza.

    Flavius aparto a Atilio de la trayectoria de una lanza, que por poco casi atraviesa su cráneo. El atacante arremetió entonces contra el centurión, quien alzó el scutum para protegerse. El jinete no estaba en un buen ángulo para atacar así que sus golpes eran más bien débiles. Pese a eso, Flavius decidió que era mejor no correr riesgos y seguir refugiado tras su escudo hasta encontrar una oportunidad.
    Sin embargo Atilio, quien acababa de levantarse del suelo, no le dio oportunidad y se lanzó contra el costado de su desprevenido enemigo. Inserto su gladius entre las costillas de su objetivo, quien no pudo hacer otra cosa que caer de su montura.

    -Eso a estado cerca-

    -Vuelve a la formación Atilio, hay que acabar de una vez por todas con este combate-

    Los pocos combates que seguían desarrollándose a su alrededor eran lejanos, y estaban completamente decantado a su favor. Los jinetes empezaban a flaquear, y solo era cuestión de tiempo que consiguieran la victoria en ese flanco. Y si eran inteligentes, una victoria en un flanco podría significar el desmoronamiento del ejército enemigo.

    Con tales buenas noticias en su frente, Flavius decidió dirigir su mirada al grueso del combate, que se decidía a su espalda.

    La alegría tras la victoria frente a los jinetes fue efímera, pues en el centro de la formación había ocurrido todo lo contrario.
    Tras un empuje inicial, los hoplitas comenzaron a hacer retroceder a los iberos. Sin embargo, tras unos escasos metros de avance les aguardaba una trampa mortal. El terreno embarrado y traicionero que les había ayudado frente a los jinetes, traicionaba ahora a la infantería pesada. Quiénes debido a su peso, quedaron completamente atrapados en la inestable tierra.
    Con sus formaciones desbaratadas y el poco margen de acción que poseían, no tardaron en sucumbir ante el contra ataque hispano.

    Los bárbaros perpetraron en varios puntos la Falange, desbaratandolo totalmente.

    Para desgracia de Atilio uno de esos puntos fue donde se encontraba él. Quien ante los ojos de Flavius, fue alcanzado por la lanza de un soldado enemigo, cayendo de rodillas al instante en el pringoso suelo.
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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

    Mensaje por tonielpro7 el Sáb Oct 14, 2017 9:08 pm

    CAPITULO 9

    El sudor le recorría toda la cara, desde la tensa frente hasta la frondosa barba, para posteriormente caer al suelo, donde se mezclaba con la embarrada tierra. Su respiración agitada formaba pequeño bao en cuanto salía de su boca, está continuo así varios minutos más. Hasta que cuando vio moverse al enemigo, la mantuvo, a la espera del terrible choque inicial. Los Hispanos no tardaron en cargar contra la formación de lanzas que se encontraba delante suya. Se notaba que nunca antes se habían enfrentado a una falange,pues se lanzaban contra esta con toda la fuerza posible, empalandose en el acto. La tenacidad de su carga inicial no duro mucho tiempo,los atacantes se notaban cada vez con menos énfasis ya que los que no habían muerto al impactar contra las lanzas lo hacían en el combate posterior. Atilio relajo un poco la presión que ejercía con la mano sobre su lanza al ver a sus hombres dominar la batalla. Los instantes antes de una reyerta siempre ponían sus nervios al límite,pero por suerte ya podía relajar su atenazado cuerpo un poco, pues la escaramuza se decantaba a su favor de momento. La batalla se producía a escasos metros de él, con lo que podía ver de primera mano el intenso intercambio de puñaladas, estocadas y golpes que se lanzaban los guerreros. Siempre le había gustado estar cerca de la primera línea,pues por regla general cuando los soldados notaban la presencia de su líder, y lo veían luchar y sufrir junto a ellos, se envalentonaban. A pesar de todo ello eran escasas las ocasiones en las que había tenido que trabar combate personalmente, solo cuando veía muy perdido un lugar de la formación y era necesaria su presencia para que no decallera el conjunto. El general griego no salia de su asombro, desde que le habían informado del numero de efectivos enemigos no podía dejar de pensar que iban a morir en aquella explanada, pero en un segundo todo su miedo se mostró infundado, pues parecía que la batalla se hallaba ahora a su favor. El muro hoplita empezó a avanzar lento pero constante, como un cepillo de hierro que barria todo lo que se le oponía. Las puntas de sus lanzas brillaban con un rojo carmesí, infundiendo miedo a sus enemigos cuando penetraban su desprotegida carne. Por ahora el centro estaba seguro, pero lo que más le preocupaba al general griego eran los flancos, el punto más débil en una formación de hoplitas. Sin embargo, un simple vistazo le bastó para darse cuenta de estos se mantenían a salvo por ahora, pues Flavius, ubicado en uno de los flancos, había conseguido de alguna manera detener el envite de la caballería, y ya empezaban a hacerles retroceder. El otro flanco tampoco peligraba en demasía, pues los jinetes Hispanos, presas de la euforia que provocaba el inminente combate, habían cargado demasiado pronto, y se habían trabado en combate contra la gran cantidad de peltastas que se retiraban a segunda fila por ese lugar. Al estar apelotonados ofrecían más densidad , y por tanto la carga a penas penetró unas pocas líneas. Era cruel, pero por ahora su sacrificio mantendría la integridad del grueso del ejercito. Atilio no supo medir cuanto tiempo permaneció así la situación, pues la adrenalina y el miedo no le dejaban pensar con claridad, pero no paso mucho hasta que la numerosa infantería enemiga se dio cuenta de su desventaja táctica y se dispuso a emprender una aparentemente desordenada retirada. -¡Victoria, victoria!- gritaban un número cada vez mayor de soldados al ver como el enemigo abandonaba sus posiciones. Hemos ganado..-murmuro Atilio mientras ignoraba los gritos, tanto de dolor como de euforia, que se propagaban por todo el valle. No se podía creer que lo que tanto le aterraba, al punto de no pegar ojo en toda la noche, había acabado tan pronto, y de una forma tan beneficiosa para él. Al ver a sus enemigos desbandarse, los hoplitas comenzaron la persecución de estos.Era en este punto cuando se inflingia al enemigo el máximo número de bajas, de forma que se lo pensara dos veces antes de volver a atacar. Como de costumbre, los hoplitas arrojaron sus largas lanzas, algunos incluso los pesados escudos, y se sumaron a una persecución frenética. Atilio estaba mas que satisfecho, habían superado a un enemigo mucho mayor, y con un número ínfimo de bajas.Asi que no puso ninguna pega a la persecución que se desarrollaba enfrente suya. En su sed de sangre los griegos no habían caído en la cuenta de que las tormentosas lluvias que habian asolado el valle horas antes lo habían convertido todo en un barrizal. Poco a poco el enérgico sprint se convirtio en unas costosas zancadas, los hoplitas efectuaban intensos esfuerzos para caminar sobre la blanda e irregular tierra. El general griego contempló como los hispanos, ya fuera por que era todo parte de su plan o por que al ver una oportunidad cargaron con brio renovado, se abalanzaban contra los desorganizados hoplitas, en una orgía de muerte y destrucción. Se lamento en ese preciso instante por su propia estupidez, pues al igual que sus hombres ,se había dejado llevar por la alegría de la victoria, y no había visto los peligros de esta. Acheron no tuvo tiempo para lamentarse de sus errores, pues un numeroso número de guerreros iberos había transpasado las líneas griegas y se dirigían hacía donde se encontraba él. Su ligera armadura les permitirá moverse mucho mas rápido de lo que el podía, asi que llegar hasta su caballo y escapar no era una opción. -Que así sea- murmuró el general mientras desenvainaba su espada y alzaba su escudo -¡Proteger al general!- grito el que era el líder de su escolta Los primeros enemigos fueron interceptados por sus soldados, pero ni la élite griega podía con tal cantidad de enemigos, asi que no tardo en sumar su espada a la reyerta. Una jabalina pasó silbando cerca de su rostro, mientras un espadachin se abalanzaba contra él. Las espadas chocaron una y otra vez, las florituras se sucedían una tras otra, ambos intentaban acabar con la defensa del rival. La falcata que portaba su enemigo era algo más larga que la suya, pero por suerte para él su rival carecía de escudo, una gran ventaja que pretendía usar. Un golpe especialmente poderoso lanzado por el hispano le hizo retroceder varios pasos, jadeante y con el brazo del escudo dolorido intentaba desesperadamente mantener la guardia ante los terribles embites. Sin previo aviso, una lanza atravesó el pecho del atacante. Por suerte para Acheron, uno de sus soldados habia acudido en su auxilio. La repentina muerte de su enemigo le había dado un respiro, sin embargo este no duro mucho,pues la cantidad de enemigos era abrumadora ,y no tardaron mucho en remplazar el lugar de su difunto compañero. Las espadas danzaban por encima de las cabezas, buscando los lugares desprotegidos de sus rivales, mientras que los escudos se aferraban con puño de hierro, buscando la máxima. Acheron propició un terrible golpe al hispano que tenía delante, un gran embate con el escudo que consiguio hundirle la cara y derribarle. Ya eran varios los enemigos que había conseguido eliminar, y sin embargo parecía que estos nunca se acababan. Si los cada vez mas escasos hoplitas tenian alguna remota posibilidad de ganar, esta se esfumó en el momento en el que los hispanos consiguieron rodeados completamente. Uno a uno acabaron cayendo todos ante el imparable envite ibero. -Mantente cerca de mí, si nos cubrimos los flancos puede que tengamos alguna posiblidad de salir de este Hades- le grito Acheron al soldado que le habia salvado la vida, el cual no se había separado de él desde el momento en el que le atraveso el pecho al verdugo de su general. Instintivamente giro la cabeza al ver que nadie le contestaba, y contempló con horror coml su compañero era acuchillado multiples veces por varios enemigos. Todo su ser ardió de ira al contemplar tal escena, y se lanzó raudo como un perro rabioso hacia la venganza, una venganza que posiblemente acabaria a su vez con sú vida. Sin embargo su apresurada carga no duro mucho, pues fue recibida por un lanza en ristre, la cual atravesó su hombro derecho. Un dolor agudo recorrió su cuerpo en ese instante, haciéndole caer de rodillas y obligándole a escupir montones de sangre.

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    Re: Hispania: Tierra de leyendas

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