La Resistencia

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    Gandalf6300
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    La Resistencia

    Mensaje por Gandalf6300 el Sáb Ago 12, 2017 8:05 pm

    Aviso: Violencia, descripciones sangrientas, posibles momentos subidos de tono, posible yaoi en algún momento, todo esto a lo largo de la historia que me animo a subir. Juego de Tronos no es sano.

    PRÓLOGO

    Estamos en Arthael, una tierra lejana, llena de magia y criaturas fantásticas, algunas de las cuales no te podrías ni imaginar, aunque no se puede decir que todas las criaturas de Arthael fueran pacíficas, algunas de ellas buscaban la destrucción pero nunca supuso un verdadero peligro para estas tierras, todo gracias a su rey Arthol, un rey que comparte sangre elfica y humana, un rey que gobernó con gran sabiduría y con determinación, el escuchaba a sus súbditos, intentaba ayudar en todo lo posible y hacer de Arthael una tierra sin peligro alguno y sin ninguna guerra. Era un rey querido igual que su reina, la elfa Eäredia, su máxima consejera y amor de su vida, ambos se amaban con gran devoción y su amor hizo que naciera un pequeño varón, el futuro rey, Karthial. Desde pequeño el niño demostró una gran inteligencia y cuando creció, domino rápidamente el manejo de las armas y con esto se forjaba el nuevo rey. Unos años después, Arthael festejó la llegada del príncipe, Atharok, un pequeño varón destinado a grandes proezas, incluso mas grandes que las de su hermano mayor.

    Desgraciadamente, el festejo no pudo durar mucho, pues por las montañas del norte se avecinaba un gran peligro, un gran ejercito de orcos y criaturas malignas como trolls o gigantes se avecinaban a conquistar Arthael. Liderados por el humano Kurthul, hermano del rey Arthol, se aventuraron a la conquista de lo que les pertenecía, fue tanta la amenaza que suponía este ejercito que no hubo tiempo de grandes festejos y banquetes por el nacimiento de su príncipe y tuvieron que prepararse para ir a la guerra, liderados de su gran rey.

    Los dos ejércitos se encontraron en las tierras desoladas de Thurthal, antigua ciudad de los grandes elfos. No había nada de que hablar, era imposible firmar la paz, era imposible evitar el derramamiento de sangre, los dos grandes ejércitos se prepararon para luchar y aunque valientes y feroces eran los defensores de Arthael poco podían hacer contra tales criaturas como los gigantes. Ese día fue nefasto para estas tierras, pues si la ciudad vio caer a los antiguos y espléndidos elfos, ahora vio caer a su rey ante la espada de su cruel hermano. El ejercito invasor avanzo impasible por las tierras conquistadas, matando sin compasión alguna y quemando aldeas como si estas fueran hormigueros. Todos los que osaban enfrentarse a ellos eran castigados duramente y sus mujeres y hijas violadas sin compasión, destrozándolas por dentro y desgarrando sus tejidos internos, dándoles su oscura semilla e incluso embarazando a algunas mujeres. Sin duda Arthael no podía resistir a este ejército, pues todo estaba perdido y no tenían hombres para defenderse y cuando llegaron al corazón de Arthael, al castillo de la reina y sus hijos, los invasores apenas encontraron resistencia. La reina, llena de valentía, lideró un pequeño grupo de soldados para enfrentarse a ellos y aunque pocos eran lucharon como si de un dragón se trataran y lograron que no entrara en el palacio aunque vana fue luchar lograron dar tiempo para que el príncipe escapara junto a un grupo de campesinos. Intentaron llevar al que ahora era su rey pero este no quiso y se quedo luchando, al final le dieron por muerto y escaparon junto al príncipe cuando este aún era un bebe. El niño fue creciendo, sin saber que por sus venas corría sangre real y pensando que era un mero campesino. Vivió en tierras invadidas, sufriendo los abusos del nuevo rey pero creció feliz, luchando contra los fríos inviernos y la hambruna. Era un joven lleno de inteligencia y de saber pero nadie lo preparó para lo que tendría que vivir en tiempos futuros.
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    Gandalf6300
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    Capítulo 1

    Mensaje por Gandalf6300 Ayer a las 12:20 pm

    El Final Y El Comienzo

    Después de quince años de la tragedia sufrida en Arthael, en la aldea Muraluk, lejos del corazón de Arthael y con ello lejos del palacio, vivía una familia, pero no cualquier familia pues entre ellos vivía el verdadero rey de estas tierras, Atharok, un niño que comparte sangre real pero el lo desconoce pues si se llegara a saber su vida correría peligro ya que el rey usurpador lo busca para acabar con el. Este muchacho, poseía una gran inteligencia y gracias a el, su aldea sobrevivió varios inviernos sin apenas comida por culpa de los impuestos del rey Kurthul. Atharok no poseía una gran fuerza y por culpa de ello varios niños se burlaron de el, no obstante, el muchacho no les guardaba odio ya que en su corazón nunca podría albergar un odio tan inmenso como para desear la muerte de alguien o el sufrimiento de los demás. Su cuerpo no albergaba músculo alguno, su estructura física era mas bien delgada, no era tan alto como sus verdaderos padres, tenía el pelo corto pero oscuro como la misma oscuridad de la noche y sus ojos resaltaban sobre las demás personas pues estos no eran normales, el ojo derecho era el negro mas oscuro que se podría ver jamás y el izquierdo era un azul puro, eran simplemente hermosos y te cautivaban en un instante y si lo mirabas fijamente podías ver que tenían una pizca de magia antigua, magia que pertenecía a sus parientes elfos de los bosques de Eastfold y aunque tenia sangre elfica en sus venas no poseía las orejas acabadas en punta tan características  de los hermosos y sabios elfos. No tenía gran manejo de las armas como su verdadero y fallecido hermano mayor pero siempre tuvo interés sobre asuntos y criaturas mágicas, de echo se sabía la mayoría de nombres de las criaturas que habitaban en su devastado país al igual que sabía los nombres de los grandes y pequeños magos, tanto malvados como buenos. Era un joven extraordinario, era amado en su pequeño pueblo y todos sabían que sería un gran rey si se sentara en el trono, aunque también se podría decir que era amado por algunas mujeres de otra forma. Creció en la pobreza, creció viendo los problemas de su gente, creció viendo la tiranía de su tío pero creció sin saber que tenía el derecho de proclamar el trono, era la hora de despertar, era la hora de que el poder resurja, era la hora de la rebelión, demostrar lo que pueden hacer las fuerzas de la oscuridad.

    Día 23 de Invur, Muraluk.

    Hoy me levante muy temprano, estaba amaneciendo y debía decir que el sol se veía simplemente hermoso pero prefiero la oscuridad de la noche. Al decir verdad no pude conciliar el sueño por culpa de unas pesadillas, en ella pude ver una gran oscuridad y después cuerpos muertos y mutilados a mi alrededor, algunos conocidos, otros completamente desconocidos, estos “sueños” llevo teniéndolos desde los diez años pero nunca se lo comente a mis padres.
    Me vestí con mis escasas ropas, mi familia era pobre pero aun así podíamos vivir sin hambre aunque no nos podíamos permitir grandes lujos por culpa de los impuestos implantados por nuestro monarca Kurthul y sus orcos hambrientos de carne tanto humana como de animal. Baje rápido las escaleras pero antes de salir una voz paró mi huida triunfal.
    ¿ Adonde crees que vas joven? - Dijo mi madre a mis espaldas. Mi madre estaba delgada a causa de los escasos alimentos pero era muy hermosa, tenía unos ojos verdes como las esmeraldas y era pelirroja, tenía unos grandes atributos según mis amigos, aunque nunca supe a que se referían a eso pero aun así es la mujer mas hermosa de todo el reino, mi papa tuvo suerte de casarse con ella.
    A ningún sitio, solo iba a... Ayudar a papa, si a eso iba. - Era una pequeña mentira pero por los Dioses De Los Muertos ¿es que un niño no puede ir al bosque a relajarse en vez de aguantar algunos insultos y el intento de golpearme?
    Atharok no me mientas y dime la verdad si no quieres quedarte sin libros por todo un mes. - Dijo mi madre, en estos años si algo he aprendido es que las madres tienen un sexto sentido que le dicen cuando sus hijos están mintiendo y cuando no.
    De acuerdo mama.- Dije resignado a mi madre, pero no quería que me quitara mis libros sobre los dragones y demás criaturas fantásticas. - Iba al bosque para pasear y ver como están los animales.
    ¿ Cuántas veces te e dicho que no te pongas en peligro innecesariamente? Sabes que no todos los animales en el bosque son pacíficos y algunos no dudaran en devorarte. - Dijo mi madre, otra vez, siempre me dice lo mismo pero ninguno me ataca.
    Pero madre, ningún animal me ataca, de echo todos los peligrosos huyen de mi, no tienes porque preocuparte además corro mas peligro aquí  por culpa de los niños de aquí. - Dije enfadado pues ya estaba harto de prohibiciones absurdas, primero no vayas a la ciudad hay ladrones o no salgas del pueblo o te mataran, por los Dioses De Los Muertos ni que fuera aún un niño.
    Vale, haz lo que quieras pero si ves algo sospechoso ven corriendo y avisa a tu padre ¿de acuerdo? - Dijo mi madre rindiéndose al final pues sabia que yo haría lo que quisiera e iría al bosque igualmente.

    En ver de responder me fui corriendo al bosque a ver como estaban mis pequeños amigos, puede parecer raro que tus mejores amigos sean unos animales pero ellos nunca me insultaron ni me intentaron matar. En unos minutos llegue al bosque que estaba a unos metros de distancia del pueblo, al llegar fui recibido por mi mascota, Dunkel, un pequeño murciélago, volaba bastante rápido y tenía unos ojos rojos como la misma sangre y si no mal recuerdo su nombre estaba ligado a la muerte. Con Dunkel en mi hombro, pasee por el bosque, los demás animales al parecer aún estaba durmiendo. Le estaba hablando a mi pequeño amigo de los sueños que tuve, de una forma me reconfortaba poder decírselo a alguien, pero para de contarle cuando oí un ruido, los animales del bosque no hacían tanto ruido por lo que deduje que eran personas y al pensar que podía ser una amenaza para mi pueblo me dispuse a correr hasta que recibí un fuerte golpe en mi estomago que me hizo encogerme sobre mi mismo y dejar que todo el aire de mis pulmones se escapara de mi ser. Levante la mirada y vi a mis tres acosadores y sufrimiento de mi vida: Garthul, Mak y Darzak.
    ¿ Pero que tenemos aquí? Un pequeño amante de los animales. - Dijo con sorna Darzak, que era el líder de estos estúpidos.
    Eso parece, hemos oído que pensabas vengarte de nosotros y hemos decidido ahorrarte tiempo viniendo nosotros hacia a ti, ¿así que dinos que vas a hacer para defenderte pequeño gusano? - Dijo Garthul, el era el punto fuerte del grupo, solo era un matón mas sin cerebro alguno en su cabeza.
    Eso eso, recuerda que nosotros somos mas que tu y mucho mas fuertes mientras tu solo eres un campesino y débil. - Dijo Mak, este era en cambio bastante débil, es verdad que era inteligente pero no era mas que otro fanfarrón .
    Tienes toda la razón, vosotros sois tres pero sois idiotas y ahora estamos en mi terreno, por que decidme, ¿ habéis estado en este bosque tanto como yo, os sabéis cada escondite y animal que hay en este bosque? - Ellos se miraron entre si, con una cara pálida, ellos lo sabían, habían venido a pegarme pero también habían ingresado en mi territorio. - Me lo suponía, vosotros sois fuertes en campo abierto pero no en un bosque que desconocéis, chicos, estáis acabados.

    Ellos rápidamente al oír mis palabras corrieron hacia mi, dispuestos a golpearme, eran lentos mientras que yo era mas rápido. Esquive sus golpes sin problema alguno, fui directo a por el eslabón débil del grupo, Mak, y le di una patada en sus partes nobles que le dejo arrodillado ante mi y a continuación le di un puñetazo en su cara. Garthul y Darzak vinieron raudos a por mi pero yo ya estaba escondido detrás de un arbol, lo escale rápidamente y cuando vi que se separaban y Garthul se quedaba solo salté sobre el, aunque era el mas fuerte de todos, calculando mi peso mas la altura de la caída y la velocidad al caerse de ese árbol estaba seguro de que quedaría noqueado. Caí sobre el, al aterrizar sobre el oí como algo se rompía, seguramente fueran sus huesos,  rápidamente me levante de el, comprobé si estaba inconsciente y así era ya solo quedaba el líder y persona que hacía de mi vida un sufrimiento, Darzak. Lo encontré en una parte bastante alejada del bosque, estaría como a dos horas del pueblo, una de las ventajas que tendría esto es que sus gritos y los míos no se escucharían pero no me conocía esta parte del inmenso bosque. Desde arriba de los árboles aceche a Darzak, no se veía preocupado y eso me asusto, cuando el estaba así de tranquilo era porque tramaba algo. Por culpa de estos pensamientos resbale al saltar sobre otro árbol y caí haciendo que me rompiera un par de costillas y a su vez alertando a mi enemigo.

    Pero mira a quién tenemos aquí, al elfo de los bosque, pero claro tu no eres un elfo y hoy mi querido amigo es tu fin, hoy dejaras de existir para siempre. - Dijo Darzak, vi en su mirada una gran locura y también como de su bolsillo sacaba un cuchillo de cocina pero lo suficiente afilado como para matarme.

    No tenía arma con la que defenderme, no me conocía esta parte del bosque, no estaba ni siquiera bien, iba a morir en mi propio territorio pero no moriría suplicando sino luchando. Corrí hacia el para asestarle un golpe en su cara, no logre darle pues lo esquivo y a continuación me hizo un largo pero poco profundo tajo en el costado. Me tape la herida con la mano, dolía bastante, nunca me había herido así, esto iba en serio, si quería sobrevivir necesitaba regresar al pueblo pero en mi estado lo único que conseguiría es desangrarme a un mas. Darzak estaba delante mio, con el cuchillo en alto, yo estaba arrodillado sin poder hacer nada, mi enemigo se lanzo a matarme con su arma pero no logró darme pues un pequeño mamífero le estaba atacando en su cara. ¡era Dunkel! A Darzak se le callo el cuchillo, yo lo cogí rápidamente y se lo encaje en el estomago, su sangre corría por el cuchillo, no me podía creer lo que había echo pero lejos de asustarme sentí algo despertar en mi cuerpo y eso me daba miedo. Mi rival callo en el suelo, muriendo lentamente pero antes de morir me dio unas palabras con las que lograría quitarme el sueño durante varias noches:

    El ya viene y acabara con todos. - Dijo Darzak expulsando su último aliento.
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    Día 24 de Invur, Muraluk.
    Me desperté con mucho sueño, pues no pude dormir al recordar la sensación de apuñalar a alguien y tener toda su sangre regada en tu cara. Me vestí con una ropa muy parecida a la de ayer, un pantalón ,rasgado en algunas partes por el trabajo, negro y una camiseta sucia por el polvo también negra, mas bien, casi toda la ropa que poseía era negra. Baje corriendo los escalones de mi casa, viendo a mi madre con un cubo de agua en la cabeza sujetándolo con una mano.

    Atharok, hoy iré al río a por agua, mientras ayuda a tu padre con el ganado y el cultivo. - Me dijo con una mirada triste hacía mi.
    Por supuesto madre, prometo ayudarlo en lo que sea necesario.

    Mi madre, en vez de abrazarme y darme un beso de despedida se fue, como si se quisiera alejar de mi todo lo posible y en cierto modo la comprendía, no todo el mundo quiere abrazar a un asesino, por mucho que sea su hijo. Me fui a la parte de atrás de mi casa, donde mi padre tenía los cultivos, y hay se encontraba, trabajando duro bajo el caliente sol, sin descansar solo para alimentar a su familia, yo admiraba a mi padre, para mi era un héroe ya que se ha enfrentado al mismo rey y a sus impuestos abusivos y siempre salía ganando porque aunque pequeño y alejado era nuestro pueblo, nosotros producíamos la mayor parte de la comida del rey. Me acerqué a mi querido padre, con la mirada en el suelo.

    Hola padre, madre dice que venga a ayudarte en lo que puede. - Dije, aun con la mirada en el suelo y con miedo pues no había hablado con el después de lo que paso anoche.
    No necesito tu ayuda, así que, por favor, vete. - Dijo mi padre sin ni siquiera mirarme y con una voz fría y cortante como nunca le había oído.
    Pero papa...
    ¡¡¡¡¡HE DICHO QUE TE VAYAS!!!! Y NO TE ATREVAS A VOLVERME A LLAMAR PAPA PORQUE TU YA NO ERES MI HIJO, OJALA TE MURIERAS PEQUEÑA MIERDA. - Dijo mi padre con un odio sobrenatural.

    Me estremecí al oír esas palabras, no podía ser cierto, mi padre, mi propio padre deseaba mi muerte. Tuve que luchar contra las lagrimas que se agrupaban en mis ojos para no llorar enfrente del que creía que era mi padre y mi héroe. Salí corriendo de ese lugar al que una vez me atreví llamar hogar, sin importarme el dolor de las palabras de mi padre, sin importarme mi propio destino, sin importarme las palabras de mis vecinos, que también deseaban mi muerte y sin importarme el dolor de las piedras que me lanzaban aquellos asquerosos humanos que tenían que morir, porque todo, ABSOLUTAMENTE TODO EN ESTA VIDA MUERE Y ESA ES LA UNICA VERDAD, LAS PLANTAS, LOS ANIMALES, LA MISMA TIERRA MUERE, IGUAL QUE LOS DIOSES Y LOS REYES, TODO EN ESTA VIDA ACABA CON LA MUERTE, LO ÚNICO QUE CAMBIA ES LA FORMA DE MORIR.

    Llegue a un bosque, este no era el mismo al que siempre iba y ya era de noche, no se veía mucho pero todos esos años durmiendo en mi bosque me han servido para ver mejor en la noche. Por culpa de la oscuridad no podía saber por donde había venido y tendría que esperar hasta el amanecer para lograr ubicarme y... ¿y después que? Había sido expulsado de mi hogar, todos me odiaban solo por defenderme de un trío de idiotas que me querían hacer la vida insufrible y matarme. Creo que ahora lo veo todo mas claro, quizás no tengo absolutamente todo claro, pero ahora que he matado y he sido bañado en sangre por mi asesinato, se ha caído la venda que portaba durante todos mis años en vida, ahora se como son las personas en verdad, a ellos solo les importa lo que piensen los demás, por eso mi padre me odia ahora, porque le importa lo que dicen la gente de Muraluk, le importa mas lo que piensen los demás que su propio hijo, esta claro que mi padre es solo un títere, todo el mundo lo es, todo el mundo excepto yo, solo la gente como yo que comprende lo que es el final, lo que es la Muerte, lo que representan los Dioses de la Muerte, los Morthal, solo la gente que lo comprende son libres y no son títeres porque entonces saben que no importa lo que digan la gente de ellos porque al final tendrán su castigo, ya sea en esta vida o en la vida con los Morthal, serán castigados. Ahora veía el mundo de otra forma, era hora de cambiar de código moral y de las leyes que regían mi mundo, ahora yo podía ser el fuerte, el superviviente, el que entendía lo verdaderamente bello del final de la vida.

    Decidí caminar un rato por ese bosque, en la oscuridad el bosque parecía mas tétrico de lo que seguro que se ve por el día, parecía que miraras por donde miraras había cabezas sin cuerpo colgando y aveces solamente parecía haber cuerpos sin cabeza alguna o sin extremidades, pensaba que eso era por culpa de la noche y eran meras ilusiones sin importancia alguna. Caminé y caminé por el bosque en busca de algún lugar seguro en el que podría dormir para mañana volver a por mi único verdadero amigo, Dunkel, ahora mismo podría abandonar a cualquier persona excepto a el porque se que siempre me sería fiel y nunca me traicionaría, el siempre me acompañaría, incluso si me metiera en la mismísima boca de Thurakak, la diosa de los lobos. Mientras caminaba, oí cosas crujir y lo atribuí al crujir de las ramas pero también sentí una presencia en ese bosque que me vigilaba y me observaba con mucho detalle, mentiría si dijera que no sentí miedo pues aunque amaba a la oscuridad y a los Morthal seguía siendo un humano que sentía sentimientos y que podía morir, aunque mirando el lado positivo si moría me reuniría con mis dioses, eso se podría considerar como un ascenso ¿no? Vale creo que ya estoy delirando, mas me valía encontrar una cueva pronto para dormir y olvidarme de todo lo acontecido en este aciago día. Al largo de dos horas encontré una cueva, al entrar no pude ver mucho, estaba mucho mas oscuro que la noche y no podía ver si había animales peligrosos dentro pero al no percibir algún olor, decidí descansar en esa cueva, busqué un lugar, lo más como posible para poder dormir bien y me tumbé dispuesto a dormir para no recordar nada de lo acontecido, aunque solo fuera un par de horas, de verdad que necesitaba despejar mi mente, en un solo día todo mi pueblo deseaba mi muerte.
    Día 25 de Invur, Bosque Desconocido.
    Me desperté en la cueva en la que dormí, sin ningún rasguño, por lo que ningún animal o bandido se había acercado a mi en la noche. Cuando me desperté un olor nauseabundo invadió mis fosas nasales, haciendo vomitar en el acto todo lo que no había cenado anoche. Al recuperarme y acostumbrarme a aquel horripilante olor, mire a mi alrededor y deslumbré lo que producía ese olor, delante mía, había múltiples cuerpos de personas pero estas no estaban vivas, se podía ver en la sangre de su alrededor, en como algunos no poseían ojos algunos, en los que tenían sacadas todas las tripas de su barriga y en muchos cuerpos mas con diversas mutilaciones en su cuerpo. Salí poco a poco, mirando cada cuerpo, grabando a fuego esas horripilantes imágenes en mi retina, pero, al salir la vista no mejoro en nada, solamente empeoró, lo que creía que anoche eran cabezas eran cabezas sin cuerpo, lo que creía que solamente eran cuerpos, eran cuerpos con mutilaciones, uno no tenía absolutamente ningún dedo y estaba despellejado, otro al que me acerque, estaba despellejado completamente y al examinarlo mas de cerca pude deslumbrar un poco de sal, por lo que su tortura fue mucho mayor y al último que revise fue el peor de todos, este no tenía cabeza alguna, solo tenía dos ojos pegados en donde debería estar la cabeza, sus tripas las tenía abiertas sin nada adentro excepto por la cabeza que debería tener encima de su cuello, sus brazos y piernas fueron cambiados de lugar, sus brazos fueron pegados en el lugar de las piernas y las piernas fueron pegados en el lugar de los brazos, dando una imagen de lo mas asquerosa de mi vida, porque alrededor de este cuerpo, había doce brazos, once piernas, diez estómagos y quince riñones y por encima colgaban cinco cabezas, con su mirada muerta pegada en el suelo, pudiendo observar tal escena demoníaca por el resto de sus vidas. No pude volver a vomitar, el olor a sangre y a miembros amputados no era un olor para nada agradable u sumado a todas estas representaciones visuales no podía hacer mas que vomitar y correr todo lo que podían mis piernas, en la noche no había dormido en un bosque cualquiera, al parecer había dormido en el Bosque de Mitkzalak, un bosque donde habitaban criaturas de lo mas peligrosas, criaturas que no tenían piedad alguna con sus visitantes, donde procedían incontables historias de miedo que no te dejaban dormir durante toda la vida al menos no te dejaban dormir en paz pues las pesadillas siempre te seguirían y yo, solamente yo, sin protección alguna y sin compañía había dormido a oscuras y sobrevivido y ahora en estos momentos corriendo para huir de ese lugar maldito, lo mejor de todo es que hice todo esto sin que se dieran cuenta de mi presencia, espera, la presencia de anoche, no, estoy totalmente equivocado, llegue a este bosque de la muerte corriendo sin preocuparme del ruido causado, ruido que seguro que alerto a todas las criaturas que incluso si yo hubiera ido en total silencio abrían advertido mi presencia igualmente y si no había disimulado ni un poco mi presencia era obvio que me habían descubierto, de echo, seguro que la presencia que note era suficiente para matar a un adolescente sin ningún arma alguno, pero ahora la duda que alberga mi mente es porque no me mataron. Poco a poco iba disminuyendo mi paso, mientras mas me daba cuenta de donde estaba, de las posibles de las consecuencias, de lo cerca que estoy en estos momentos de morir y de los ojos que puede sentir tras mi espalda. Decidí darme la vuelta lentamente para enfrentar todas esas miradas que me observaban y al darme la vuelta logre ver a la gran mayoría de las bestias que había estudiado, había centauros, mino-tauros, golems, esqueletos y muchas mas bestias alrededor mía, pues al girarme, me habían rodeado en cuestión de segundos. Me quede mirando fijamente a un grifo, que estaba delante de todo ese atemorizan te ejercito de criaturas fantásticas. Me quede fijo en mi sitio, sin mover ningún palmo de mi cuerpo y todos mis músculos tensos, en cambio, las bestias no hacían ningún intento a acercarse hacía mi, como si me tuvieran un inmenso respeto o un gran miedo hacía mi persona. Cuando estaba decidiendo por donde era mejor huir, el grifo retrocedió, haciendo que los demás también retrocedieran y se fueran retirando del lugar dejándome paso libre para huir de ese bosque, que a pesar de ocultar bestias sin compasión me habían dejado vivir, tenía que averiguar el por que de todo este suceso pero mientras prefería concentrarme en mi camino regreso a Muraluk para llevarme a mi amigo y después irme para siempre de ese pueblo con gente que de verdad merece morir en el Bosque de Mitkzalak.
    Después de horas y horas de caminar, me sentía muy cansado ya que no había cenado absolutamente nada en la noche así que decidí sentarme un poco para descansar. Me tumbe un poco para estar a gusto y sentir la hierba tocar mi cara haciendo un leve cosquilleo que recibía gustoso pero esa comodidad no duro mucho pues sentí unas pisadas en la tierra, si solo fueran un par de pisadas me hubiera dado igual y hubiera seguido tumbado pero esta vez sentí como un centenar de personas se acercaban, por suerte la hierba cubría mi cuerpo y no podía verme mucho, aunque mi ropa fuera negra, sabia como ocultarme, por eso decidí quedarme tumbado y esperar que estuvieran a la suficiente distancia para levantarme y seguir con mi regreso a casa. Cuando sentí los pasos lo suficientes alejados, me atreví a levantar la cabeza, pudiendo ver al fondo una gran nube de polvo producida por el paso rápido de cien soldados del Imperio y por el camino que iban al parecer se dirigían al mismo lugar que yo, pero no era tiempo de impuestos y cuando lo es no suelen venir mas de diez soldados, tenía que apresurar el paso y avisar al jefe de la aldea, al que antes llamaba padre.
    Corría todo lo que mis piernas me permitían, esquivando ramas y rocas, sin quejarme cuando me golpeaba con algo y levantándome enseguida, aunque todo mi pueblo me deseara la muerte en estos momentos era mi deber avisarles, sería lo último que haría por ellos, después se arrepentirán de todo y me suplicaran que vuelva pero para entonces sería demasiado tarde porque ya los tendría olvidados. Paré de correr cuando vi una humareda asomarse, estaba a unos kilómetros de la humareda pero donde se hallaba el humo, me podía atrever que era al que consideraba mi hogar durante tantos años de mi vida. Al verlo volví a correr con fuerzas renovadas, temiéndome lo peor y al llegar al pueblo lo que temí se hizo real, todo, absolutamente toda la aldea estaba en llamas, el ganado estaba muerto y los cultivos destrozados, parecía que una tormenta de muerte y destrucción había pasado por el pueblo en mi ausencia. Intente encontrar algún superviviente pero no encontraba ninguno, incluso Garthul y Mak estaban muertos, aunque para ser sinceros por ellos no sentí mucha pena, solo sentí pena por la muerte de la hermana de Mak, era una mujer bastante hermosa pero lo que tenía de hermosa también lo tenía de puta. Fui a mi casa, pasando entre las casas quemadas, sin ninguna pizca de tristeza o remordimiento, al fin de cuentas era la gente que me odiaba y quería verme muerta, cuando llegue a casa esta estaba completamente en llamas, decidí entrar en busca de mis padres, por el momento eran los únicos que me importaba encontrar ahora mismo. Al entrar en esa casa en llamas, no podía ver mucho por culpa del humo y las cenizas que entraban en mis ojos y que no me dejaban respirar. Oí gritos en el piso superior de mi casa y me decidí a subir con cuidado de no quemarme y que no se derrumbara la casa conmigo dentro. Al subir las escaleras seguí los gritos que oía y me llevaron a la habitación de mis padres, al entrar vi a mi madre, atada y desnuda por completo, también rodeada por llamas y por una sustancia que me podía imaginar que era.
    Hijo, por favor, sálvame, ayuda a tu madre. - Dijo mi madre, suplicante.
    Ahora quieres que te salve madre, ahora quieres mi ayuda, pero cuando yo la necesitaba lo primero que hiciste fue venderme y traicionarme, contando algo privado, un secreto, una confesión. - Dije estas palabras con una voz oscura y carente de sentimientos que conocía.- Este es un buen final para ti madre, dicen que el fuego purifica y tu, has sido impurificada, ya no eres una santa, solo una miserable puta, pero no te preocupes porque cuando las llamas te hallan alcanzado volverás a ser la santa que eras antes, hasta la otra vida, puta.-
                                                                                                                         
    Finalice mi pequeña despedida sin ninguna pizca de sentimientos hacia esa persona que se hacía llamar mi madre y a continuación baje las escaleras, oyendo como me gritaba maldiciones y como deseaba mi muerte.  Cuando estaba a punto de irme, me acorde que teníamos un sótano secreto el cual se accedía por la parte trasera de la casa, por el cultivo así que decidí ir para recoger lo que me hiciera falta. Aún con las llamas a mi alrededor, fui a paso tranquilo, abrí la puerta que dirigía al sótano y baje tranquilamente ya que el sótano no estaba en llamas y solo había un hombre desangrándose en la pared, mirándome con asombro, ya que seguramente pensaba que no me volvería a ver el resto de su vida. Pasé de largo de el, sin prestarle ni la mas mínima compasión, el al parecer todavía estaba aturdido porque no decía nada o es que quizás ya había muerto, yo de todas maneras me puse a revisar un par de cajas que había en el sótano, en ellas encontré una espada echa de acero y también encontré un bastón que me serviría para largas caminatas, lo raro es que en la parte de arriba del bastón se encontraba un cristal totalmente negro y en la parte mas baja, había como una cuchilla afilada, lo cual el bastón también me serviría de lanza. Cogí una mochila que había y en ella metí provisiones y unas cuantas vendas por si necesitaba retrasar alguna hemorragia. También cogí todas las monedas de oro posibles, incluso las que tenía mi padre encima, el aún no me decía nada, solo se me quedaba mirando, de echo los dos nos quedamos mirando fijamente, el me miraba con tristeza y pidiéndome compasión con la mirada, pidiéndome que terminara con su sufrimiento, yo en cambio lo miraba con despreció pero era mi padre y no podía dejarlo en aquel estado así que cogí un cuchillo que encontré de plata y se lo hundí en los huevos, haciéndole sufrir mas, me acerque a su oído y le dije con una voz mas fría que el mismísimo hielo.
    Esto es por desearme la muerte, viejo de mierda.
    Decidí salir corriendo de ese sótano, no sin antes mirar como mi padre me observaba con miedo mientras moría. Al salir del lugar de asesinato de mi padre, se derrumbo mi casa y con ello mi madre se purificó gracias al fuego. Fui caminado lentamente por la calle del pueblo, limpiando el cuchillo y guardándola en una vaina que cogí y también guarde la espada en otra vaina a mi izquierda y mi cuchillo a la derecha, estas se sostenían por el correaje que llevaba, tanto las vainas como el correaje eran marrones pero no me molestaban y decidí llevar el bastón el la mano. Mientras caminaba a las afueras del pueblo se acerco volando mi único amigo, alcé un brazo y se apoyo en el, ambos nos miramos y entendimos que ahora el mundo estaba ante nosotros y sería nuestro.

      Fecha y hora actual: Jue Ago 17, 2017 9:45 am