El Origen del laberinto Almagor II (La historia de un caballero traicionado y encerrado en lo más profundo de la tierra)

    Comparte

    JPrieto1396
    Espadachín
    Espadachín

    Mensajes : 132
    Edad : 20
    Facción : Malakias

    El Origen del laberinto Almagor II (La historia de un caballero traicionado y encerrado en lo más profundo de la tierra)

    Mensaje por JPrieto1396 el Lun Abr 18, 2016 1:59 am

    Hace ya varios años abandonamos nuestros hogares. Los grandes sabios Barakas y sus promesas llenas de mentiras nos llevaron a cometer atrocidades en este agujero pútrido y oscuro. Mi hermano ha muerto bajo mi propio mandato, muchas familias han sido masacradas y sus aldeas arrasadas. Niños, mujeres, ancianos y guerreros; Todos pasados por el filo de mi espada y mi insaciable ambición.

    Soy un hombre con el alma muerta, llena de oscuridad, maldito por un ser superior que solo quiere ver el universo cubierto por una eterna capa de desgracia y terror. Nací en Libor hace veinte años, me críe como porquerizo y crecí rodeado de gente rica que eran expertos en el arte de hacer sentir mal a los pobres.

    Asesiné por primera vez a la edad de siete años, una bruja loca que siempre escupía en mi sopa por el mero hecho de ser más pobre que ella. La muy puta no tenía nada que la diferenciara de mi familia, pero sólo porque su hijo era un grán guerrero saqueador, se sentía superior y nos hacía la vida imposible.

    En cierta ocasión envió a su hijo que con el grupo de maleantes destrozó nuestros puercos y se robó el poco grano que nos quedaba. Mi padre casi muere de un infarto, mis hermanos mayores insistieron en ir a por la bruja y su hijo, pero mi señor no era un guerrero. No dije ni una palabra, esa misma noche salí tras bambalinas de la casa.
    Cuidando que ningún guardia me viera, me infiltré en la casa de aquella vieja desquiciada, tomé un cuchillo, y sin darle tiempo a despertarse, le enterré el filo en el cuello, le aplasté la cara con su propia almohada y con gritos ahogados de desesperación, el problema de mi padre se esfumó; o eso pensaba yo.


    Resulta que el hijo de aquella puta se enteró, fue a mi casa, mató a toda mi familia mientras me obligaba a observar. Cuando al fin, se propuso a terminar mi sufrimiento. Un Baraka enorme entró y con un simple traqueteo en los dedos las cabezas de los mercenarios estallaron en pedazos. Aquel hombre, anciano, vestido con una túnica azul me obligó a seguirlo. Compró dos caballos blancos y cabalgamos al sur, adentrándonos en el enorme desierto de Sofar.


    No dijo palabra alguna en varias semanas, y cuando lo hizo fue para privarme de la vista con un saco de cuero. Entramos en una ciudad, lo sabía por el sonido de los mercantes y la plebe. Hablaban en el hermoso idioma Baraka, y el aire estaba impregnado por un olor a rosas muy agradable, pero algo me hacía sentir incómodo, aunque no sabía qué era.
    El viejo se hacía llamar Dartaían, un anciano lleno de vigor con una magia tan poderosa que cualquier rey en el planeta temería enviar un ejército a su encuentro. Me presentó a todos sus asistentes, aprendices que deseaban ser iguales de poderosos, vestidos con capas rojas y cotas de malla plateadas. Una de ellas era hermosa, fue el primer amor de mi vida, hasta pensamos en casarnos en varias ocasiones, pero el viejo no nos dejaba acercarnos, parecía su padre y yo odiaba eso.


    En aquella ciudad misteriosa, me entrenaron hasta el punto de convertirme en un guerrero altanero, lleno de fuerza y valía. No había hombre en todo Sofar que pudiera derrotarme, llegué a ser tan fuerte y temible que muchos de aquellos idiotas que osaban a enfrentarme se unían a mi mesnada para ser mis discípulos. Tantos fueron aquellos que intentaron mostrar su valía, tantos jóvenes guerreros quisieron enfrentarse al más valiente y prestigioso guerrero en el reino, que a la final terminé por formar un ejército numeroso.


    Una vez conseguí mi mesnada, el viejo Dartaían me dio varios objetivos. Saquear, robar, asesinar y esclavizar a los enemigos del rey. Pero el más importante de todos: Encontrar un lugar inhóspito y desagradable, para esconder un tesoro maldito que nadie puede tener en sus manos. Mis aventuras me llevaron por todo el desierto, aquellos indeseables que osaban a poner en duda el derecho al trono de nuestro señor Almagor II cambiaban de parecer una vez les mostraba mi acero. Cumplí con todos los objetivos, cada vez haciéndome más y más poderoso. Mis expediciones me llevaron hasta muy al sur, en el valle oscuro, en donde encontré una cueva bastante parecida a lo que el señor Dartaían me pedía. Construí un largo camino de piedras desde la aldea pantanosa hasta la caverna y volví de inmediato con mi señor. Al ver la enorme y desafiante boca de la caverna, Dartaían sonrió y me dio las gracias. “Parece la boca de un enorme Lobo a punto de tragarse una presa invadida por el miedo” Dijo, dio media vuelta, y cabalgó hasta su ciudad escondida.


    Al volver, traía consigo un ejército de trabajadores y expertos en excavación. Me presentó al ingeniero y me explicó que allí abajo construirían un laberinto para albergar la corona maldita que había heredado el rey. Aquella corona de la que tantos hablaban, poseída por mil demonios y tan hermosa como el propio Malakias al amanecer. Mi trabajo consistía en el cuidado de los esclavos y trabajadores, muchos de ellos intentaron desertar, y maldita sea la lealtad; Gracias a ella, ordené la muerte de todos los desertores, su decapitación y la exposición de cabezas podridas a la entrada de la caverna.
    Un día después de aquello, volví desde la aldea pantanosa para continuar con mi trabajo. Pero gran sorpresa me llevé cuando vi entre aquellas cabezas la de mis tres hermanos. La tristeza que sentí fue tan grande que intenté suicidarme lanzándome al vacío oscuro de la caverna. Pero el viejo Dartaían con solo tocarme el hombro me hizo despertar, todo lo que hice lo hice por un bien; Evitar que la corona siga corrompiendo el mundo.


    El día final de la construcción, conocí al rey en persona. Un hombre enorme, con una armadura rojiza oscura que parecía tragarse la luz del Malakias. Allí en el valle oscuro se veía negra, y dentro de la caverna, los colores de las plantas luminosas se reflejaban en ella como un espejo. Almagor llevaba consigo una caja, en donde guardaba la corona maldita. Tras él iba toda su guardia real, doscientos caballeros Barakas con armaduras blancas y espadas enormes. El propio Rey en persona me felicitó y me nombró caballero, aquél día es inolvidable, me entregó mi propio escudo de armas y una espada adornada con rubíes de todos los colores, espada que hoy en día sigo amando.
    Una vez enterrada la corona, la orden de masacrar a cada uno de los trabajadores fue dada. Ninguna persona fuera de la realeza y la nobleza podría salir con vida del laberinto, pues cualquiera que conociera un mínimo detalle de la estructura del laberinto sería una amenaza para la humanidad. Incluso el ingeniero fue asesinado, pues era el más peligroso de todos, recuerdo cómo lloró ante los pies del rey, mientras yo mismo le arrancaba la cabeza con un cuchillo pequeño. Me arrepiento de aquello, y de saber lo que hubiera pasado no lo habría hecho.


    Mi título de caballero no duró mucho tiempo, fui detenido por orden de Dartaían y enviado al laberinto. Me encerraron en una de las millones de estancias que tiene aquella bestia de oro y me quitaron todo lo que tenía. El viejo maldito me dio una poción de inmortalidad, una poción encantada por sus propias manos que solo sería rota por la sangre de la realeza. Dartaían no era el mismo, siempre hablaba sobre la corona y una oscuridad temible invadió su ser. Me dijo que enviaría a alguien para recuperar la corona, pues ni él mismo se atrevía a ir a las profundidades del laberinto; en donde la oscuridad era negra y los monstruos habitaban libremente. Y mi única oportunidad de salir de allí era asesinando a quién la encontrara, salir de allí con vida y dársela para hacerse con el control del reino.


    Escupí en su cara cuando me dijo aquello. El viejo no dijo más y se marchó dejándome en este maldito laberinto sin salida. Muchas veces me acerque a las puertas, pero estaban cerradas y una plaga de Bultars amenazaban con tragarse mi cerebro. No tengo una cuenta exacta de cuántos años llevo en esta mazmorra gigantesca. Pero son más de quinientos años y estoy impaciente por aquella persona que vendrá a sacar la corona. Quiero sangre y cada vez estoy más ansioso por matar, no me basta con matar demonios de la oscuridad, reptiles gigantes o Bultars podridos. Quiero sangre Baraka, quiero acabar con todos los hombres de la tierra.


    _________________
    Pero nadie sabía que tan solo era el principio y origen de una hermosa historia, la historia de los reyes Bullruck e Isnaak, Nieve y Polvo.

      Fecha y hora actual: Sáb Dic 10, 2016 3:36 pm