AAR HISPANIA 1200

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    Lord_Eleazar
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    AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Lun Ene 18, 2016 9:34 pm

    Buenas tardes, caballeros,
    Me llamo Lord Eleazar Prenderfast, tal vez me recuerden de antaño cuando solía ser un habitual por estos lares, bien, la vida gamer me llevó a otros derroteros (Crusader Kings 2, EJEM!) pero ahora retomo el hermoso pasatiempo de mantener un AAR sobre las aventuras de mi personaje en el nuevo mod que acabo de adquirir, Hispania 1200. Confío en que lo que vaya a ir colocando por aquí sea de vuestro agrado, generalmente.

    Ea pues, ahora mismo, con el mod recién instalado, comienzan las aventuras de Eleazar bin Prenderfast por las tierras de nuestra querida piel de toro.


    Lord_Eleazar
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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Mar Ene 19, 2016 8:41 am


    En el año de nuestro señor de 1200 el joven de 18 años Eleazar Bin Prenderfast, hijo adoptivo del mercader judío Isaac de York, buhonero y cambista que ha recorrido las cortes europeas manteniendo el contacto entre los joyeros de cada judería y cada puerto mediterráneo, recibe de su padre adoptivo una carta. Carta en la que se le reconoce como bastardo real del anterior rey de Navarra, un pequeño reino de la península ibérica. Isaac le toma la mano y pone en ella una bolsa llena de oro. "Partirás a la corte del buen rey de Navarra, tu hermanastro, y te pondrás a su servicio y podrás así abrirte camino, duramente, en la dura vida de nuestro tiempo. Adiós, hijo mío". Y plantando un último beso en la frente de su protegido le ve partir. Con el corazón encogido pero lleno de ilusiones y fortaleza, Eleazar llega al fin al reino de sus antepasados.



    El Rey Sancho de Navarra ofrece una fría bienvenida. Sí, reconoce el sello de su fallecido padre como verídico, sí, acepta a Eleazar en su corte, pero nada más. No nombrará a Eleazar entre los pares del reino, no dará tierra ni feudo a nuestro héroe. Pero al menos le encomendará una misión: Entregar un mensaje a otro lord, cual joven paje aventurero recién llegado a corte extranjera. Eleazar acepta su destino y se dispone a servir al Rey de Navarra, su hermanastro mayor, como mejor pueda.


    Mikeboix
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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Mikeboix el Mar Ene 19, 2016 9:44 am

    ¡Eleazar! ¡Claro que recuerdo tus AARs! Pinta muy bien este nuevo, interesante introducción. ¡Ánimo, que quiero ver si consigue nuestro buen judío hacerse con las tierras que le pertenecen por derecho!


    _________________
    ~No olvides leer las normas. No resuelvo dudas de los juegos por mensaje privado.~




    Last Breath of Calradian Empire: Mod sobre el glorioso pasado de Calradia. ¡Apoya el desarrollo!

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Vie Mar 18, 2016 10:58 am

    Bueno, caballeros, tras tres meses de partida puedo decir que he terminado el Mod Hispania 1200 y estoy ya listo para compartir con vosotros la crónica de la conquista de España. 1.02 GB de capturas de imágenes. Sin vídeos, eso se lo dejo a otro tipo de AARs. Confío en que sea de vuestro agrado y me comprometo a contar la crónica de Eleazar íntegramente. Espero que reciba feedback vuestro y que os sea al menos una fracción de lo entretenida que para mi ha sido ir recopilándola.



    El 23 de Marzo del año de Nuestro Señor de 1200 Eleazar llegó a Pamplona, sede del Rey de Navarra, acompañado de su padre adoptivo, Isaac de York, el mercader judío que hasta hoy, día de su 18 cumpleaños, Eleazar siempre tuvo por su padre. Allí Isaac le dijo la verdad, entregándole los documentos por los cuales el Rey de Navarra, Sancho VI, fallecido hacía 6 años, reconocía a Eleazar como uno de sus muchos hijos bastardos, éste con una hermana de Isaac de York, resultando ser tío el que Eleazar creía su padre, pero en los documentos el Rey Sancho reconocía a su vástago sin legitimarlo como miembro de pleno derecho de la Casa Jimena, señores del Reino de Navarra, antiguamente conocido como Reino de Pamplona hasta que Sancho cambió su nombre. Isaac presentó a Eleazar oficialmente al nuevo rey, Sancho VII, llamado "El Fuerte". Un enorme caballero que aventajaba en más de una cabeza a Eleazar. El Rey reconoció los documentos y sellos de su padre y admitió al joven en la corte real, pero sin otorgarle derecho, feudo o renta. Le admitió como paje, como servidor, como un posible hidalgo navarro que aún debía ganarse, mediante el servicio, las espuelas de caballero y la amistad real.



    Eleazar flotaba en una nube de desconcierto. Sus intereses siempre habían estado en seguir los pasos de quien creía su padre. Ahora se encontraba en una corte desconocida, donde había oído ya en su primer día el susurro de "bastardo" por donde caminaba. Isaac de York abandonaría la corte ese mismo día y se quedaría solo, pero el viejo comerciante judío tomó a Eleazar y le puso en manos de un viejo y querido amigo, médico de la corte de Pamplona, Tammum Al-Najum.



    Tammum, sabio y experto médico y cirujano musulmán, sirvió al Rey Lobo, gobernante moro de Murcia, Valencia y Granada que había resistido hasta su muerte al invasor Almohade. Ahora el hijo del Rey Lobo servía al Califa como señor vasallo gobernando aún desde Murcia lo que hasta hace unos años fue un reino independiente. No soportando la presión y la excesiva religiosidad almohade, Tammum ofreció sus servicios en la corte de Sancho VII, y acogió a Eleazar como maestro y guía. Prometió a Isaac que enseñaría al muchacho las costumbres, historia, geografía y leyes del Reino Navarro, así como nociones de medicina y... como el médico dijo, a usar la cabeza.



    - Sois, muchacho, un lienzo en blanco. ¿Qué sabéis del mundo y de sus criaturas?
    - Sé mucho, no soy un niño, Al-Nahum. Soy un excelente jinete, un hábil comerciante, he defendido las caravanas de mi padre con el arco, la espada y la ballesta y...
    - Ya no le llaméis "mi padre", Eleazar. Vuestro padre fue Sancho VI de Navarra. Nunca olvidéis eso, nunca olvidéis que sois el bastardo del Rey Sabio, convertidlo en vuestra espada y vuestro escudo porque muchos intentarán recordároslo como insulto y motivo de vejación. Continuad, ¿qué más sabéis?
    - Sé varias lenguas romances, incluidas las que se hablan en los reinos ibéricos. Domino el latín y la lengua franca y me defiendo en el árabe clásico que se usa en las rutas caravaneras. Sé leer y escribir, he estudiado las matemáticas, incluyendo la geometría y la arquitectura. Y tengo algunos conocimientos de historia, aunque reconozco que poco sé de los reinos de hispania.
    - No sabéis nada, mi muchacho. Conmigo aprenderéis la medicina y los dialectos del árabe que se hablan en toda Al-Ándalus. Aprenderéis a leer y a escribir el Quram y memorizaréis muchos de sus sutras, pues en este reino y época eso os abrirá todas las puertas. Conoceréis la anatomía y la fisiología de los cuerpos humanos, y eso os ayudará a ser mejor guerrero, pues quien sabe bien curar sabe mejor quitar la vida. Yo os enseñaré las sutilezas del comportamiento de las cortes musulmanas para convertiros en un excelente embajador y en un gran negociador. Dominaréis conmigo el arte de prudencia, la diplomacia y la sutileza. Os haré un hábil cortesano y pronto seréis un querido valido de vuestro hermanastro el Rey Sancho VII. Y no será facil, no. Vuestro entrenamiento será duro. Pero os prometo que todo será para vuestro bien. Ahora dejadme. Acudid al castellano de Pamplona, él os dará alojamiento y os asignará vuestras obligaciones y superiores.



    Eleazar fue asignado por el castellán de Pamplona a la autoridad de Fradique, Infanzón caído en desgracia de la corte tras dar muerte accidentalmente a su hermano en un duelo por una dama a la que ambos frecuentaban. Perdió así toda posibilidad de medrar en la corte y se dedicaba a entrenar jóvenes aspirantes a caballero y a encargarse de la guardia y la mesnada del castillo del alcazar pamplonica. Desde el primer vistazo se ganó el cariño de Eleazar. Era un caballero melancólico pero firme, adusto pero de gran marcialidad. Eleazar vio rápidamente que si Tammam sería su maestro de la mente Fradique sería su maestro de armas y le gustó esa perspectiva.



    - ¡Vamos, Eleazar, al palenque, al patio de armas, a ejercitar esos brazos, a convertirte en un guerrero del Rey! Yo haré de ti, joven judío, un guerrero del que Navarra pueda sentirse orgulloso en sus guerras contra todos nuestos vecinos, que son enemigos potenciales todos. ¡Ea, Eleazar, a aprender a usar la lanza, a mejorar tus habilidades a caballo, a mantener alta la adarga y baja la cabeza! Aprenderás a tirar con arco y ballesta y lanzar nuestras tradicionales jabalinas españolas. Te acostumbrarás a llevar el equipo de combate cristiano, a controlar al caballo con tus piernas mientras luchas con tus brazos, aprenderás a obedecer, cachorro. A luchar cuidando de tus camaradas de armas y, si el Rey lo quiere, te enseñaré a mandar a la batalla a los hombres a tu mando. Pero eso está por ver. ¡Ea, al palenque, esta noche dormirás como un bebé, te lo aseguro!



    Y así Eleazar pasó sus primeras semanas en Pamplona sin ver a su rey y su señor. Entrenó su cuerpo cada día, mejorando sus habilidades marciales y, al caer la noche, entrenó con el anciano doctor musulmán, entrenó su mente hasta que le dolían los ojos. Ambos maestros querían hacer de él un sire de provecho para el reino. Eleazar, sin riqueza ni posesiones, sabía que sólo podía pagarles sus bienvenidas lecciones aplicándose con su mejor esfuerzo pues poco a poco las historias de Fradique sobre hechos de armas y los cuentos de Tammum sobre las embajadas cristianas en el Califato despertaron sus ilusiones y sueños por un futuro lleno de brillo y aventura. Eleazar esperaba ansioso que el rey le asignase por fin alguna misión. Ardía en deseos de mostrar su talento y habilidad. Quería con todas sus fuerzas abrirse camino, labrarse un futuro, con ansia de gloria y aventura.


    (Hispania circa 1100)

    PRIMERAS MISIONES AL SERVICIO DEL REY DE NAVARRA

    Tras unas semanas entrenando y aprendiendo, conociendo Pamplona y sus gentes, esperando a que el Rey le asignase al fin una misión, Eleazar Jimena, hijo bastardo del fallecido rey Sancho VI de Navarra fue convocado ante el Rey, Sancho VII, el enorme y fuerte gigante que era su señor. El castellán había ilustrado a nuestro héroe en lo que se esperaba de él. Se arrodilló y juró prestar servicio ante su hermanastro como Señor y Rey, lo cual Eleazar hizo de buen grado. Sabía que en la corte había otros bastardos reales, que incluso el rey tenía sus propios bastardos jovenzuelos, que aunque bastardo en esta corte y en estos tiempos alguien como él podía llegar lejos. El rey besó a Eleazar y le alargó un pergamino con sus próximas misiones. Le dijo que del resultado y éxito en sus tareas podría ganarse, con el tiempo, sus espuelas de caballero. Eleazar leyó con avidez su misión y se le vino el alma a los pies. "Paciencia" se dijo, "debo empezar desde abajo, ya llegarán las guerras y las batallas, el heroísmo y los honores, paciencia".



    ¡Mensajero! ¡Entregar un simple mensaje a Ianol Mauleón, señor de Tafalla, el siguiente feudo al sur de Pamplona! En fin, Eleazar apretó con fuerza el cilindro de cuero porta misivas y tomó su lento y viejo caballo al galope a entregar el mensaje real.



    Tafalla es un feudo menor, Ianol Mauleón es un lord navarro descendiente de los primeros lores Jimena. El señor de Tafalla recibió con cariño a Eleazar e incluso le informó que en el mensaje el Rey le invitaba a compartir cena y conversación, "así me honra tu hermanastro, muchacho, y así te puedo honrar yo que Navarra y Tafalla necesitan jóvenes que presten servicio y muleta a los lores del reino. Veo por la fecha que esta nota es de hoy mismo, eres diligente. ¡Ea! Tomarás este mensaje que te daré para el señor de Estella, al suroeste de Pamplona. Toma esta bolsa de monedas. ¡Corre, vuela, Eleazar, sé buen muchacho!"



    Y así Eleazar recorrió durante días los feudos de Navarra, de castillo en castillo, de sire en sire, sospechando que el mensaje que portaba decía algo así como "dile al idiota del mensajero que entregue esta nota al siguiente lord de esta lista para probar si es o no un completo inutil". De Tafalla a Estella. De ahí a Vitoria, Valdegovia, Bilbao y Errentería, Lumbier y Tudela, y de ahí de nuevo a Pamplona, todos los lores de Navarra recibieron el mensaje de que el Rey les convocaba a una fiesta en su capital de Pamplona dentro de unos pocos días para presentarles a un noble leonés invitado en la corte.



    Al llegar a Pamplona Eleazar sintió el amargor de no estar invitado a los festejos. No se podía entrar a palacio teniendo su categoría. Pero al menos compartió la alegría de la fiesta con los hombres de armas y los pajes y servidores del castillo, disfrutó de su primer torneo de justas al modo castellano, en un campo abierto, todos contra todos por equipos o no. Eleazar miró a los combatientes y se sorprendió pensando que podría vencerles... O al menos a unos cuantos de ellos. Vio que en el torneo había caballeros de otros reinos, leoneses y portugueses, aragoneses y castellanos. Caballeros de justas que recorrían la península de torneo en torneo, de capital en capital, luchando por el honor y por el premio en metálico. Fradique le ayudó a hacer su primera apuesta, pero su caballero favorito apenas pasó de la tercera ronda de torneos. Eleazar le pidió a su maestro de armas que empezase a entrenarle en el arte de la justa. Fradique rió pero aceptó palmeando su espalda.



    Tras terminar el festejo Eleazar pudo al fin conocer al invitado del Rey que motivó la fiesta, Sancho Fernandez de León, hijo del rey Fernando II de León y de su tercera esposa, Urraca López de Haro. Cuando el Rey Fernando falleció en el año 88, Sancho tenía apenas 4 años y la corona fue heredada por su hermanastro mayor, Alfonso IX, llamado "El Baboso" por su labio leporino, que a la sazón tenía 15 años más que Sancho. Lo primero que hizo el rey baboso fue conquistar los feudos de la madre de Sancho, Urraca López de Haro, para evitar que le quitase la corona pues aunque Alfonso IX era hijo de Urraca, hija del Rey de Portugal, era consanguínea de Fernando II y su matrimonio fue anulado por el Papa, así que el nuevo Rey de León podría haber sido depuesto por Sancho, que tenía unos derechos similares al trono. El hecho es que al perder sus feudos, el joven Sancho de 14 años se refugió en la corte de su abuelo, el rey de Portugal, y ahora recorría las cortes de España, buscando apoyos para arrebatarle la corona a su hermano Alfonso IX.



    A Eleazar le gustó de inmediato el muchacho. Alegre a pesar de carecer de feudos, le gustó el que Sancho era, como Eleazar, un bastardo reconocido que soñaba con glorias y coronas. ¿Tenía Eleazar derechos sobre Navarra como Sancho los tenía sobre León? ¿Podrían aliarse y tener en un futuro ambos coronas amigas? Ambos jóvenes comenzaron una profunda amistad desde el mismo día en que se conocieron, entrenaron juntos bajo la supervisión de Fradique y Tammum aceptó a Sancho como estudiante, haciendo de ambos amigos inseparables desde entonces.



    Pocos días después el castellán de Pamplona le dio a Eleazar sus nuevas órdenes: Debía ir a la aldea de Zarauz a dar caza al delincuente Susto de Torme que había huído de Pamplona tras forzar a una doncella.



    La pequeña aldea no ofrecía muchos escondrijos. El fugado fue localizado por Eleazar con rapidez pero se resistió al arresto forzando a Eleazar a clavarle en el pecho su lanza. Justicia, aunque sin juicio. Esperaba que el rey quedase satisfecho.



    De inmediato, el rey vio que Eleazar podría ser un buen alguacil y envió a Eleazar junto a Fradique y Tammum a localizar en las montañas del valle del Bidasoa un grupo de forajidos vascos que asesinaban a los viajeros. Este fue el primer combate de Eleazar en campo abierto. El primero de muchos, de incontables combates. Pero el primero nunca nunca lo olvidó.



    Con un poco de confianza del rey en la lealtad de Eleazar, le ordenó al fin la delicada tarea de recaudar los impuestos de la capital. Eleazar recorrió todas las sedes gremiales, los monasterios y los palacetes que le indicaron en la lista de la hacienda real. Reunió la cantidad total y... dudó...





    Acudió a su joven amigo, Sancho Fernandez de León, y compartió con él sus dudas:



    - ¿Cazar bandidos, recaudar impuestos, entregar mensajes? ¡Humillante! ¿Qué será lo próximo, capturar campesinos fugados de su aldea, asesinar a un tendero al que el rey no quiere pagar sus deudas? ¡Sois el hijo de un rey, Eleazar, como yo! No llegaréis a nada en la corte de Pamplona. Acabaréis vuestros días como yo, sin nada, viviendo de la mesa de otro lord sin posibilidad de medrar. La paz que ahora recorre toda España no nos beneficia. Yo os digo que huyáis. Que recorráis el mundo. Que seáis un caballero errante, un aventurero, un Cid Campeador que se labre su propio destino. Tomad esas seis mil monedas, vuestras por derecho, la herencia de vuestro padre. ¡Huid de esta corte ruín, Eleazar, haced lo que yo no puedo! Abandonadlo todo y ved mundo, amigo mio... Os envidio... Ojalá fuera yo lo suficientemente mayor para acompañaros. En la taberna os encontraréis con uno de mis siervos, Bakr-Bahig. Con él podrás abandonar Pamplona con seguridad. Id, amigo mio, ¡adiós!



    Lleno de nerviosismo, con la inconsciencia de la juventud y las seis mil monedas quemando en la talega sujetas en cartuchos de monedas de oro, Eleazar corrió a reunirse con Bakr-Bahig, el poeta guerrero, servidor del Infante Sancho Fernandez de León. Por un módico precio Bakr-Bahig sacaría de Pamplona a Eleazar disfrazado de almohade. Y juntos emprenderían viaje a la capital de Aragón, Barcelona, donde comenzarían sus aventuras juntos. Eleazar temblaba al pensar como había fallado a su hermano, el Rey Sancho VII, que perdía su dinero y su siervo por no haber sabido honrar a Eleazar como merecía... O al menos eso se decía, pero al salir en mitad de la noche por una portezuela de la muralla en compañía del árabe, Eleazar no pudo evitar llorar pensando en abandonar a Tammum y Fradique, que habían sido hasta ahora sus maestros y amigos.



    Durante el viaje, Bakr le recitaba versos árabes de la época dorada del Califato cordobés, y le ilustraba en el arte de tratar a las doncellas.

    Estás grabada en la palma de mi mano
    cual letra cúfica en el muro de la mezquita.
    Grabada en la madera de la silla, amor mío,
    y en el brazo del asiento.
    Y cada vez que intentas alejarte de mí
    un solo momento
    te veo en la palma de mi mano.

    Cuando estoy enamorado
    convierto al Shah de Persia
    en uno de mis seguidores
    y someto China a mi cetro,
    muevo los mares de su sitio
    y si lo deseo, detengo el tiempo.

    Cuando estoy enamorado
    el agua brota de mis dedos
    y crece la hierba en mi lengua.
    Cuando estoy enamorado
    permanezco un tiempo fuera del tiempo.



    - Muy pronto, joven Eleazar, caerán a tus lindos pies las más hermosas damas de la cabila y el desierto. De Barcelona iremos a Valenciyya o a Mallurca, encontraremos algún Emir al que servir. Viviremos como reyes guerreros de antaño. Labraremos nuestra fortuna, tú y yo, a mayor gloria de Allah.



    Pero al llegar a Barcelona Eleazar, al que nadie conoce, se dice llamar Amhar Asad, el León Rojo, y ofrece su servicio al Rey de Aragón, que como no podía ser de otra manera, no conseguirá, alcanzando sólo a presentarse ante el Obispo de la ciudad, que le encomienda, como en Pamplona, una misión servil:



    - ¿Es esta, Bakr-Bahig, la vida principesca que me espera a tu lado, pastor trashumante de ganado? ¡Esto es peor que servir a mi hermano!



    - ¡JAJAJAJAJA! ¡Eleazar, niña llorona! Obtén el dinero, súmalo a tu talega, ahorra, sigue los pasos de tu padre el mercader judío, hazte rico, compra buen equipo, buenos guardaespaldas, lucha, vive, folla, enriquécete! Eso es la vida. ¡La vida! Yo te enseñaré a vivir, a medrar, a follar si al caso hace. Eres un niño de piel blanca y yo te llevaré, con vacas y todo, a donde la luz del sol dé color sano a tu pellejo pecoso y te curta hasta ser un hombre por el que las damas lloren. ¡Y ahora usa tu lanza para que esas vacas sigan la cañada de Valencia, moñiga viva!



    En Valencia, primera ciudad musulmana que Eleazar visita desde que se separó hace meses de su padre adoptivo Isaac de York, compraron equipo y caballos acordes con su idea de representar a un caballero musulmán acompañado de su séquito. Y aunque las seis mil monedas se iban agotando, Eleazar, ahora llamado Amhar Asad, pudo contratar los servicios del amigo de Bakr-Bahig, el poderoso negro Alí de Nubia.





    Juntos, Alí y Bakr-Bahig, ayudaron a Amhar Asad a meterse en su papel. No se molestaron en teñir sus cabellos o su piel pues en Al-Andalus había miles de mozárabes descendientes de cristianos conversos de piel blanca y pelo de todos los colores. Y mientras Bakr enseñaba a Amhar Asad el uso del sable curvo árabe, el arco compuesto al galope, y a colocarse el equipo del jinete ligero musulmán, Alí le enseñaba a usar el alfanje y la cimitarra a dos manos, el arte del dominio de las hachas pesadas africanas y la lucha sucia sin armas llena de engaños, fintas y triquiñuelas. El dinero iba terminándose, pero Alí utilizó sus contactos para que Amhar Asad sirviera de mensajero al Emir de Valensiyya, comenzando a ganarse el aprecio o al menos el conocimiento de algunos lores Almohades.



    Desde Malagón Anwar ibn Faris envió a Eleazar y sus dos escuderos a Mallurca con mensajes encriptados. De nuevo, tras muchos meses en tierra, Eleazar volvía a embarcarse, él que había recorrido el Mediterráneo toda su juventud.





    Con el parco tesoro que poseía, Eleazar compró especias traídas de oriente, apenas unas cuantas bolsas variadas, pero sabía que podría aumentar sus ganancias vendiéndolas en el interior de Al-Andalus. En el zoco isleño Eleazar estaba en su salsa. Era un mercader experimentado, conocía el arte del trueque y el regateo como el mejor mercader judío. Consiguió buenos precios y mejores materiales. Aunque no podía dejar de soñar con lucir bellas y potentes armaduras y comandar con ellas legiones al combate.


    me suena esta armadura...

    Mientras tomaba un vino en la taberna de Mallorca, en donde las costumbres que prohibían el vino entre los musulmanes estaban muy relajadas, Eleazar preparaba un documento listando los materiales comprados y los precios invertidos calculando una ganancia mínima esperada en su venta. Se sentó a su mesa un castellano, alguien como Eleazar, un joven cristiano vestido al uso musulmán y entablaron amistad. Mendo era un agradable compañero de jarana que había visto mundo y se ofreció, por un precio, a formar parte del pequeño séquito de Eleazar. Mendo había luchado en torneos y aunque lo ocultaba parecía un caballero y se ofreció a mejorar las técnicas de nuestro héroe. Juntos decidieron recorrer la península en busca de un torneo en donde poder demostrar sus habilidades.





    Mendo sabía que dentro de pocas semanas se llevaría a cabo un importante torneo con jugosos premios en la capital de Castilla, Toledo. Eleazar sabía que allí podría vender sus especias con grandes beneficios. Se pusieron en marcha de inmediato. Poco sabía Eleazar que tardaría largo tiempo en volver a sentir un barco bajo sus pies. Pero Toledo era ahora su destino, acompañado de sus dos árabes y Mendo.



    Los nervios dominaban a Eleazar al registrarse en el torneo como un caballero andaluz bajo el nombre de Amhar Asad. Sabía que había otros caballeros mozárabes y muladíes inscritos, pero permanecía siempre embozado para evitar que cualquiera que le hubiera conocido en la corte de Pamplona pudiera reconocerle y denunciarle. Eleazar sentía algo de vergüenza por saberse ladrón de una cantidad de dinero que un campesino no ganaría en toda su vida. Un dinero que ya había dilapidado en su mayor parte, pero que la venta de sus mercaderías en el mercado de Toledo le devolvería lo suficiente para hacer fuertes apuestas en el torneo... Apuestas en su persona. Calculaba que las apuestas le costarían casi 600 monedas. De perder le dejaría en la ruina absoluta. Se lo estaba dejando todo en la confianza que sus hombres Alí, Mendo y Bakr tenían en él... Aunque los 3 también participarían en el torneo y apostarían por sí mismos no dudando en derribarle si fuera necesario. Al menos sabía que por la costumbre le sería prestado el equipo de justas para mantener la igualdad de oportunidades de los contendientes.



    Eleazar luchó en las justas con arrojo y valor, representando bien su papel de joven muladí. Y aunque en la tercera ronda fue derribado y dejado inconsciente, fue rescatado por el señor del torneo para la siguiente ronda, en donde se abrió paso sobre caballeros leoneses, castellanos, portugueses, navarros y aragoneses acompañado por un equipo de caballeros andalusíes. Sin embargo, en la ronda final, se enfrentó a uno de sus compañeros de equipo, Alí de Nubia, que entre risas le superó sin problema, le derribó y le dejó en el polvo vencido y dolorido. Alí reía. "No temas, niño, que las ganancias del torneo cubrirán tus apuestas perdidas y de mi dinero yo mismo apostaré por ti en el próximo torneo. ¡Enhorabuena, león rojo, enhorabuena!".




    Lord_Eleazar
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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Sáb Mar 19, 2016 2:10 pm





    Alfonso VIII es el señor de Toledo, Rey de Castilla, actualmente el soberano más poderoso de la España cristiana. A pesar de que Eleazar no ha ganado su primer torneo y por tanto no tiene derecho a entrar en los festejos oficiales de la nobleza castellana donde sí es invitado el ganador, su compañero Alí de Nubia, a Eleazar le fue posible conocer al fin al gran Rey de la Casa de Borgoña.



    Esposo de Leonor de Aquitania, hermana del Rey Ricardo I, el corazón de león, el Rey Alfonso, de 45 años, posee una figura imponente, a pesar de que ya tiene algo encanecido el cabello y profundas ojeras, rumoreándose que es fruto de su terrible derrota a manos de los almohades en la batalla de Alarcos, donde hace 5 años Castilla sufrió que su frontera fuera empujada hasta la misma Toledo, Madrid y Guadalajara. Fuerte, alto, marcial, Alfonso es primo por parte de padre del Rey Alfonso IX de León, de 29 años, como también es primo por parte de madre del Rey de Aragón Pedro II, de 26 años. Curiosamente, la tia paterna del rey Alfonso es Urraca, hermana de Sancho I de Portugal, de 46 años, con lo cual el rey de Portugal es tio político del Rey de Castilla. ¿Y con respecto a Eleazar? Por supuesto, también son familia, Blanca Garcés de Pamplona, hermana de Sancho VI de Pamplona, padre de Eleazar, es la madre del Rey Alfonso VIII de Castilla, por lo que Eleazar y su hermano Sancho VII, rey de Navarra, son primos del Rey castellano. Precioso, sí, que bonito es encontrarse con la familia. Obviamente Eleazar no se presenta al rey como su primo natural, sino que se presenta como Amhar Asad, mozárabe de Valensiyya, y al ser felicitado por el Rey por su segunda posición en el torneo le comenta lo interesante de su relación familiar con el resto de los reyes de España. Alfonso frunce el ceño, pero luego sonríe, y conduce a Eleazar ante un hermoso tapiz, de factura reciente, en que se puede ver un hermoso y complejo árbol genealógico que partiendo del abuelo del rey, Alfonso VII, el Emperador, muestra con claras líneas los enlaces y relaciones de las testas coronadas de la cristiandad ibérica.



    - Las coronas, joven, precisan cabezas do aposentarse. Pero una corona puede fundirse, y de tres coronas hacer una. Así mi abuelo el Emperador pudo unificar los reinos en uno. Ese es, querido joven, mi sueño. Varias veces en la historia de España desde que los visigodos perdieron nuestra tierra las coronas se han reunido. Las tuvo mi abuelo Alfonso VII, como dueño legítimo o como señor feudal de otros reyes, y Fernando I antes que él. Y yo, muchacho, yo volveré a reunirlas. Porque la lección de Alarcos fue que si los reinos no estaban bajo un mismo yugo siempre habría unos celos, unas envidias, o una venganza ávida de tierras que impidiera que las fuerzas cristianas acudieran como un sólo hombre, como uno sólo, a luchar. Y vos, Eleazar, sois alguien que podría ayudar en este sueño.
    - ¿Eleazar? -dijo nuestro héroe turbado.- Yo me llamo Amhar Asad.
    - Vos sois Eleazar Jimena, hijo natural de mi tio, sois mi querido primo. ¿Acaso pensáis que el Rey de Castilla no tiene poder para saber quienes luchan en sus torneos? ¿Acaso pensáis que el que el hermano del mismo rey de Navarra luche en mi torneo pasaría desapercibido a mis espías y defensores? Pero no temáis, primo, uníos a mi, servid al próximo Emperador de las españas, sustituid a vuestro hermano que todo lo que tiene de grande lo tiene de mal caballero, sed Rey de Navarra y prestad vasallaje a mi, a vuestro Emperador, luchad a mi lado y yo os pondré en el sitial de Pamplona. Juradme lealtad y juntos uniremos Castilla y León, Portugal y Aragón y... os daré Navarra. Levantad el estandarte del águila y unidlo al mío del Castillo y... Os daré la mano de mi hija, Blanca, y vuestros descendientes, primos de los de mi hijo Fernando, recuperarán nuestra piel de toro de nuevo. ¡Aceptad, Eleazar Jimena, hijo del Rey Sabio! Demostrad que como vuestro padre haréis lo mejor para la cristiandad y nuestros pueblos. ¡Deponed a vuestro hermano, ayudadme a reunificar España toda y os colmaré de premios y mercedes!
    Eleazar retrocedió unos pasos.
    - Lo que me pedís, sire, es algo con lo que cualquiera podría colmar sus más altos sueños y os lo agradezco. Sabed que tenéis mi admiración y mi respeto, mi señor. Pero es muy serio lo que me prometéis. Debo... Debo rezar para que Dios guíe mi respuesta.
    - ¿Rezar a qué Dios, Amhar Asad? Consultad con vuestra conciencia, no rechacéis lo que os ofrezco. La alternativa, muchacho, puede ser algo de lo que os arrepentiréis.
    Y tomando su capa el Rey Alfonso, señor de Castilla, abandonó la sala de tapices con retumbantes pasos y Eleazar se sentó en una silla de tijera y contempló el hermoso tapiz que representaba los reinos de España en la actualidad y posando su barbilla en un puño, forzando a su cuerpo a no temblar, miró los vivos colores de los reinos y los imaginó todos en un mismo tono, bajo una misma bandera, una corona, un rey, y con el corazón desbocado pasó largo tiempo mirando el tapiz del mapa, el tapiz del árbol genealógico, el pasado, el presente, el futuro. Y todo lo que podía ver en ambos era el rojo sangre de la guerra, la traición y el dolor.





    Turbado, Eleazar entró en la taberna donde Alí, Mendo y Bakr le esperaban para celebrar su actuación en el torneo. Un bardo de Tortosa, llegado para el torneo, cantaba una triste canción en un rincón.
    - ¿Qué te turba amigo mio?, es hora de beber y celebrar. -dijo Alí.
    - ¿Qué canta el bardo? No termino de entender su dialecto.
    Mendo sonreía y en un susurro, mirando a los ojos de Eleazar, recitó:

    "Ningún hombre prisionero puede explicar sus pensamientos,
    hábilmente, como si no sintiese dolor,
    pero para consolarse, puede escribir una canción

    Tengo muchos amigos pero sus dones son pocos,
    Me traen deshonor en vez de mi rescate,
    Durante estos dos largos inviernos.

    Mis nobles barones y vasallos seguramente sabrán
    que Inglaterra y Normandía, Gascuña y Poitou
    Nunca, como yo, olvidarán ni perdonarán
    A cualquier amigo, noble o del común
    Y aunque no quiero reprocharles,
    Aquí en mi celda continúo".  


    "La escribió Ricardo, el corazón de león. Luego pagaron su rescate, sí, y de camino a casa fue muerto por una flecha disparada por un cocinero y ahora reina en Inglaterra su pusilánime hermano, Juan sin tierra. Así es el mundo, Amhar Asad, así que riamos y bebamos, que nadie quiere las coronas que bailan sobre nuestras cabezas.
    - No es del todo cierto lo que dices, Mendo, pero... gracias por traducirme esa canción, debemos... Debemos irnos esta misma noche. Lejos. Muy lejos. Debimos habernos ido hace horas. No debimos ni siquiera venir. Estoy poniendo en peligro vuestras vidas, amigos.
    - ¡Tonterías!, -dijo Alí el Nubio- Beberemos a nuestra salud y a la salud de todos los bastardos de toda la tierra.



    - No he podido dejar de oir lo que habéis dicho, camaradas, ¿eres tú Alí de Nubia, ganador del torneo, y tú eres Amhar Asad, el segundo en liza, puedo invitaros a una copa?
    - ¿Y quién sois vos, si puede saberse, maese, a este nubio no le gusta beber con desconocidos.
    - Yo soy, que quede entre nosotros, el verdadero Alfonso, hijo de Sancho III de Castilla y Blanca Garcés de Navarra, la tía del actual rey y yo os digo, camaradas, que el que ahora lleva la corona es un sucio impostor, un bastardo de la Casa de Lara que me robó el trono cuando niño hubo guerra civil por ver que Casa controlaría mi destino y el de mi reino. Y ahora, en secreto, busco seguidores que me ayuden a reconquistar mi legítimo reino. Sois poderosos, sois temibles guerreros. Ayudadme y cuando tenga mi reino os daré fortuna y tierras sin fin.
    Alí reía, Mendo se retorcía por los suelos de risa, Bakr miraba al "verdadero Alfonso" con una media sonrisa mientras ponía sobre la mesa lentamente una daga de doble filo. Eleazar parecía aún distraído por su encuentro con el Rey. Al fin, lentamente, Bakr habló:



    - Decís que sois el legítimo rey de Castilla. Decís que el rey es un impostor. Me da igual si tenéis o no pruebas. Largaos de aquí, lejos, rápido, si no queréis que vea con mis propios ojos la verdad poniendo al sol vuestra sangre azul, payaso.
    El hombre se apartó turbado, pero en el revuelo otro hombre se aproximó a la mesa de nuestros amigos, y rodeando al supuesto verdadero Alfonso se abalanzó sobre Eleazar espada en mano al grito de "¡BASTARDO, MORIRÁS!"



    Eleazar sacó su daga, Alí, algo borracho, tropezó y besó el suelo sobre el supuesto Alfonso, Mendo perdió la daga que acababa de sacar al derribar la mesa el recién llegado, Bakr se alejó de un salto de la refriega y comenzó a aplaudir y a animar: "¡Mátalo, Ashar, mata a ese cabrón, es todo tuyo te lo dejamos enterito, JA!"



    Eleazar se abalanzó sobre el supuesto borracho daga en mano descargando en la lucha en el mal iluminado y repleto espacio de la taberna toda la furia, los nervios y el miedo que sentía tras su encuentro con el Rey. La espada, sabía que debía retener esa espada, así que clavó la daga en la muñeca de la espada mientras sujetaba los brazos de su enemigo con la otra mano. "¿Quién eres, cabrón, quién te envía?" Mientras se retorcía y sangraba, mientras ambos caían y se retorcían en el centro de la taberna mientras a su alrededor animaban y jaleaban borrachos y espectadores, el herido susurró: "Tú eres Eleazar, el bastardo de las montañas. Por tu cabeza hay un precio de 1000 monedas de buen oro, el Rey Alfonso de Castilla te manda sus saludos". ¡Y aún herido me voy a llevar tu pellejo a Navarra en una saca!" Y dando con la rodilla en la entrepierna de Eleazar el caza recompensas clavó desde el suelo su espada en el muslo de Eleazar, en el bicep derecho, rozó su cuello, hasta que con un supremo esfuerzo Eleazar le arrebató la espada y se la clavó profundamente, con todas sus fuerzas entre las costillas hasta que dejó de respirar y Eleazar, al fin, pudo volver a hacerlo. Entonces Bakr saltó a su lado, "¡Todo terminó acá, damas y caballeros, nada queda por ver. Tomad, tabernero, una bolsa con 100 piezas de oro para las oraciones por el difunto, ahora mismo volvemos y os ayudamos a recoger este estropicio! ¡Mendo, Alí, conmigo!" Y entre todos sacaron de la taberna a Eleazar, llegaron a sus habitaciones, cerraron firme pero apresuradamente las ligeras heridas, y corrieron a los caballos, hacia las puertas de Toledo, hacia la libertad, lejos de enemigos y aventuras. "Amhar Asad, muchacho, ¿a la hija de quién te has tirado para que nos caiga encima tal nube de mierda? Como me llamo Mendo que no pararemos hasta reventar a estos caballos. ¡A Badajoz, al torneo de Badajoz, vamos, moved el culo, a Badajooooz!"



    Última edición por Lord_Eleazar el Lun Mar 21, 2016 1:48 pm, editado 3 veces

    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por VladmirVolgen el Sáb Mar 19, 2016 4:03 pm

    :aplauso: :aplauso: :aplauso: Me encantan los AAR y que sea uno del M&B me llama muchísimo la atención. Pido ticket para ir leyendo este magnífico trabajo. ¡Mucho ánimo con el AAR! :engarde


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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Lun Mar 21, 2016 2:56 pm





    Cuatro jinetes veloces, jóvenes, alegres, inconscientes, huyendo de sus pasados, buscando sus futuros, cuatro jinetes alegres recorren los caminos de Al Aldalus de ciudad en ciudad, de torneo en torneo, a veces ganando y bebiendo sus ganancias, a veces perdiendo y abandonando sus habitaciones sin pagar en lo oscuro de la noche. Sus nombres son Amhar Asad, el mozárabe de rojos cabellos y piel muy blanca, que parece ser su jefe a pesar de su juventud, a todas luces porque es el que casi siempre paga. Le acompañan Mendo, que parece un caballero errante, de su misma edad. Con ellos van el enorme negro Alí de Nubia y Bakr-Bahig, el poeta guerrero. Los cuatro han medido sus espadas en los torneos de Badajoz y Lisboa, en Beja y Sevilla, Oporto y Coimbra. En estos tiempos no es raro ver caballeros de todos los reinos y todas las religiones en las cortes de los lores y reyes de hispania. Eleazar lleva una estricta contabilidad de sus ganancias. Y aunque está lejos de tener las seis mil monedas que robó a su hermano el Rey de Navarra al iniciar su viaje, han pasado por sus manos cientos de monedas que ha ido invirtiendo en mejorar su equipo, pagar a los maestros de esgrima y equitación del reino de Portugal, comprar una mejor montura para él y sus compañeros, a los que no considera sus siervos a pesar de que paga por ellos alojamiento y comida y, sinceramente, en los últimos cuatro torneos sólo Eleazar ha ganado o llegado a las últimas fases de la eliminatoria. En los zocos andalucíes Eleazar ha gastado parte de sus ganancias en comprar suaves telas bordadas de Arabia, exquisitas especias traídas de oriente, acero de Damasco o jóvenes potros de sangre andalusí para vender todo ello en los mercados gremiales de Portugal a cambio de grandes beneficios. Allí Eleazar compró lana y hierro, cáñamo y otras materias primas que los muy superiores artesanos musulmanes transformarían en hermosas ropas y exclusivos cofrecillos de fantasía, armas de calidad, adornos y orfebrerías que Eleazar volvería a vender a los atrasados cristianos.


    torneo de Badajoz


    torneo de Oporto


    Torneo de Coimbra


    torneo de Beja


    torneo de Lisboa

    - Eres más fuerte, Amhar Asad, te has convertido en un poderoso sahib. Ya podrías ser un capitán de la guardia negra del Califa si quisieras.
    - No digas tonterías, Bakr-Bahig, el más lerdo de los guardias negros del Califa podría hacerse una gaita con mis tripas. Pero no te negaré que me siento más fuerte, más ágil. He entrenado duro, he luchado mucho, siento que podría atreverme a luchar en el gran torneo de Qurduba si quisiérais acompañarme.
    - ¿A Qurduba, estás loco? Allí el premio es de casi cuatro mil dinares. La flor y nata de la caballería de toda España y medio Islam estará allí. No pasarás ni de la primera eliminatoria.
    - Necesitamos dinero, Alí, he gastado nuestras ganancias en mejores armas y armaduras, caballos veloces y protecciones dignas y creo que va siendo hora de invertir en crear una buena delegación.
    - ¿Delegación, Eleazar, qué es eso?
    - Sencillo: Compras un local en Sevilla o Coimbra, lo pones al cargo de un hábil artesano, le asignas un comerciante local que adquiera materias primas de las comarcas cercanas que serán transformadas en tu local por hábiles artesanos que bajo el jefe del taller, sancionado por el gremio correspondiente, creando ropas de lujo, armas de la mejor calidad, confiterías, muebles tallados de buenos robles o, por que no, bacalaos en salazón listos para viajar al interior. Ahí es donde está el dinero, es lo que no entienden los grandes lores explotadores de sus villas, que las fortunas las crean las manos más hábiles en las ciudades más comerciales.
    - Judío.
    - Y a mucha honra, Mendo y a mucha honra.
    - ¿No te hiciste cristiano al empezar a servir a tu hermano en Pamplona?
    - Y luego me hice musulmán al llegar a Valencia, sí. ¿Qué más dará? ¿No rezamos a un mismo Dios en el cielo que habló a Abraham, Jesús y Muhammad?
    - cuidado, niño, que salen herejías por tu boca.
    - Sí, Eleazar, haz caso a Mendo, no vayas por ahí diciendo tonterías. Sirve a Allah como Alí y yo, reza tus oraciones como siempre haces con nosotros mirando a la Meca y olvida esas falsas religiones perdedoras.
    - Bueno. Yo soy dueño de mi destino y sólo Dios sabe de verdad como desea que sus hijos le honremos. No podemos siempre recorrer ligeros de equipaje de corte en corte, de torneo en torneo, tenemos que ir más allá. Honrar a Dios prosperando y enriqueciéndonos.
    - So judío.





    LA CORDOBA CALIFAL


    Kurduba, Qurduva, Córdoba, capital del Califato Almohade desde que el Califa, bendito sea por el Profeta, trasladó temporalmente su corte desde Sevilla, o Ishibiya, hace dos años para estar más cerca de su objetivo de pacificar a los lores andalusíes que no terminaban de aceptar el dominio de su dinastía africana. Córdoba, ciudad que decuplicaba el tamaño de cualquier capital de la cristiandad, sólo superada por Bizancio o Damasco, Jerusalem o Bagdad, daba claras muestras de la superioridad económica, del avance en arquitectura, ingeniería, urbanización y en general, cultura que el Islam, durante los últimos siglos, enseñoreaba sobre los seguidores del Cristo. ¡Córdoba! Donde en cada plaza las fuentes traían agua de las montañas gracias a un avanzado sistema de alcantarillado y acueductos. ¡Córdoba! donde desde los altos alminares los almuecines clamaban cuán grande y poderoso es Alláh y cuán sabio su profeta Muhammad pero desde donde el barrio cristiano redoblan cantarinas las campanas de los mozárabes que servían a los rigorosos almohades pagando el yizya y el yaray, los impuestos que los infieles dan por conservar su religión y habitar bajo la protección de los verdaderos creyentes, igual que los mudéjares, musulmanes que viven en los reinos cristianos, pagan a sus señores por no ser expulsados. Tiempos extraños, siglos de mestizaje cultural y religioso, en que un hermano podía hablar y rezar como un Godo y su hermano como un hachemí en Burgos o Balensiyya y aún así pagar sus impuestos a su señor sin importar credo y religión. ¡Córdoba, que huele a jazmín y a azahar, orgullo del Califa, Muhámmad an-Násir, cuarto de su dinastía, al-nāṣir li-dīn allah muḥammad ben al-manṣūr, llamado por los ignorantes cristianos Miramamolín por no saber pronunciar "Amir al-Mu'minin", Comendador de Los Creyentes. An-Násir, el más poderoso de los soberanos de la península Ibérica. Vencedor de Alarcos, dominador de la dinastía almorávide rebelde de los Banu Ghaniya, hijo de al Mansur el victorioso, heredero de Ibn Tumart, fundador de los verdaderos creyentes almohades, vencedores de los corruptos reyezuelos de las taifas, conquistadores que expanden el Islam como el Profeta ordenó. ¡Miramamolín, An-Násir, poderoso señor de la poderosa Córdoba!



    Eleazar contempló la grandeza de la capital Almohade sobrecogido. Respiró sus aromas, gozó de los juegos de la luz reflejada en sus numerosas fuentes, recorrió sus calles llenas de miles y miles de ciudadanos, de buenas ropas, de limpia figura, ciudad cosmopolita y gloriosa. Las calles limpias y amplias, con guardias de fuertes corazas en cada calle, la altura de las torres, la riqueza de sus zocos, Eleazar se enamoró de Córdoba poco a poco mientras se dirigía al palenque en donde él y sus seguidores se inscribirían en el torneo que empezaría pronto.



    - No me digas nada. Tú eres Amhar Asad el rojo, aquí en Cordoba te conocemos y admiramos. Vencedor de los torneos de Sevilla y Badajoz y otras ciudades de segunda y vienes a inscribirte en mi torneo, no me digas más. Tu precio de inscripción ha sido ya pagado por el Gran Visir en persona, pues no quieren privarse en la corte de verte luchar. ¡No! Nada me digas. Lucharás embozado y ayudado por Alí y Bakr-Bahid, tus escuderos porque no buscas fama ni gloria, sí sí, ya conocemos tus costumbres, ya sabe toda Córdoba que lucharás, y las apuestas serán altas, muy pero que muy altas, y la gente gritará "¡Mutanakkir, el embozado!" Pero luego gritarán "¡Amhar Asad, el león rojo!" Y te lloverán las flores y las damas querrán construirte un harém para vivir por siempre en él, si lo sabré yo. Que no, que no digas nada, sé que puedes enfrentarte a la flor y la nata de la caballería andalusí, defenderte de los poderosos guerreros de piel negra que sirven al Califa, de los enlatados caballeros sobre gordos caballos deformes castellanos y que dominas la lanza y la adarga, la jabalina y el arco muladí. Pero esto es Córdoba, chicuelo, y aquí vencer te será un verdadero desafío, nobles de todo el califato también lucharán embozados, se rumorea que el mismísimo An-Nasir podría cruzar su espada con los emires y aventureros para demostrar que aún es un poderoso guerrero en esta época de paz, Condes leoneses han traído sus mesnadas para conseguir el oro de la victoria con que pagar sus arruinadas deudas, esto es Córdoba, Amhar Asad, y aquí de vencer la gloria que ganes será dorada y verdadera. Venga, di algo ya, ¿firmarás la inscripción, no me dices nada?
    - Firmaré.
    - Así me gusta, joven, ven mañana a por tu equipo de torneo, pronto tu sangre dará de beber a mi arena, pronto tu lanza te traerá gloria y fama imperecedera. ¡Adiós, leoncito, adiós!

    Eleazar y sus compañeros tomaron alojamiento y Bakr-Bahid les condujo a los inmensos baños árabes. Mañana comenzaría el torneo, la mubara, las calles ardían en festejos, gallardetes de todos los colores, el olor de los estofados y los dulces de los vendedores ambulantes, pero en los baños, el hammam, Eleazar se relajó entre las paredes talladas con versos del corán y complejos motivos geométricos entrelazados de toda clase de plantas y árboles, el aroma de los perfumes y la agradable sensación del cambio de las grandes piscinas de agua fría, cálida y caliente, el vapor que abría sus poros en las saunas, el masaje con aceites, el té y el shaturnaj en el jardín de interior bajo la fresca cúpula del hammam, Eleazar se sentía en la gloria, limpio, relajado, bien alimentado, rodeado de sus amigos, pero en su interior, listo para la lucha de mañana, iba a apostar por sí mismo todo su patrimonio, de las ganancias podría al fin abrir su primera delegación, ganar una renta, comenzar su camino a la riqueza, ardía en deseos de que llegase la noche y después el amanecer, y las trompas del alcazar anunciasen el torneo.



    - ¡Vamos, despierta, Amhar, el torneo nos espera! -dijo Bakr-Bahig pateando el suave jergón relleno de plumas que la lujosa estancia que habían alquilado envolvía a Eleazar.
    - Creo... Creo que podría acostumbrarme a estos lujos.
    - ¡Pues gana el torneo, zagal, que si perdemos tendrás que volver a la paja y a las raíces de los bosques del norte! Venga, ¡Al torneo!




    Eleazar se colocó la chilaba y la cota, las suaves botas de piel de carnero, y con ayuda de Alí y Mendo la sobrecoraza y el yelmo que la organización de la mubara de Qurduba le había proporcionado para mantener la igualdad de los contendientes. Comenzaría siendo parte del equipo azul, en la primera ronda del torneo, junto a sus compañeros, se enfrentarían en 4 equipos de 8, amarillos, rojos, verdes y azules, sabiendo toda la ciudad que entre ellos estarían los más poderosos y fuertes guerreros de al ándalus. Las apuestas de la noche anterior habían sido fuertes. Cientos de monedas invertidas por Eleazar y sus amigos, todo apostado a que Eleazar vencería. De ganar, serían hombres ricos. De perder la miseria les alcanzaría. Eleazar montó en el hermoso purasangre árabe. Negro, de aterciopelado pelaje, animoso y veloz. Revisaron sus armas, las jabalinas en su carcaj, el embotado alfanje de jinete sin filo de punta redondeada, la lanza terminada en un pomo de madera esférico, la adarga ligera hecha de pieles unidas capa a capa, el yelmo bajo el turbante azul. Eleazar se sentía un héroe de antaño, un campeón. Y finalmente entraron en el palenque, reuniéndose los 4 equipos para comenzar la liza. Vieron en un lado un palco bajo unas tiendas de ricas sedas en donde pudieron reconocer al Gran Visir de pie junto al mismísimo califa rodeado de sus favoritos y alguna de sus muchas esposas, al final Miramamolin no combatiría, al menos en esas primeras rondas. La multitud gritaba, aplaudía, las gaitas y los tambores cantaban, los cascos de los caballos retumbaban la arena. La luz de la mañana y la suave brisa acompañarían el combate. ¡Empezaba el torneo!



    Cubierto por Alí, Mendo y Bakr-Bahig, Eleazar se abrió paso por las tres primeras eliminatorias victorioso. Cada vez había menos contendientes, siendo curiosamente cada ronda más peligrosa, pues se contaba con menos aliados en el equipo. Al final, clasificándose para la cuarta ronda, Alí y Mendo ya habían sido eliminados y Bakr y Eleazar tuvieron que cambiar su equipo para dormar parte del equipo amarillo, que se enfrentaría al equipo rojo en las rondas cuarta y quinta. El público ya empezaba a gritar "¡Mutanakkir, Amhar Asad!" cosa que turbaba al joven, pero también gritaban el nombre de otros famosos duelistas y guerreros. Allí estaba el mismísimo campeón del califa, el demonio negro, y el maestro de duelos del emir de Granada formaba equipo con él. Pero cuando las trompas sonaron y tras romperse las lanzas, esquivando el vuelo de las flechas sin punta y las jabalinas, sólo estaba en pie Eleazar. En la siguiente ronda ya no tendría la ayuda de ninguno de sus amigos.

    Ya terminaba la tarde. Antorchas y fanales preparados para alumbrar en cuanto el sol se pusiera, pero antes Eleazar se enfrentaría al campeón del último torneo. Embozado igual que él, lucía una enorme y poderosa armadura lacada negra iluminada con tiras de oro que formaban versos del Corán. Un silencio total recorrió a la multitud al ver que a la tienda en el palco del Califa no aparecía mas que sus esposas y validos. Era el mismísimo califa el último contendiente al que se enfrentaba Eleazar? ¿Sería inteligente, de ser así, vencer o incluso herir al amo de Al ándalus? Eleazar reflexionó rápidamente, estaba obligado a vencer para recuperar su dinero o saldría de Córdoba a pie y vestido con un saco. Apretó su lanza, levantó su adarga y espoleó al semental hasta el centro del palenque. La gente comenzó a gritar el nombre del Califa, los últimos corredores de apuestas chillaban sus baremos, 20 a 1, 40 a 1, ¡50 a 1 en contra de Eleazar! Las ganancias del torneo, de vencer, serían 30 o 40 veces más que el mejor cálculo de nuestro héroe, y sin embargo ver ante si el blanco desorbitado de los ojos de su rival bajo el turbante y la máscara protectora del mejor acero de Damasco minaban su resolución. Todos podían ver que ese equipo no era el proporcionado por la organización para mantener la igualdad de los contendientes. Esa era la armadura de un rico lord, de un héroe del Islam, bien pudiera ser una de las armaduras del mismísimo Califa. El guerrero levantó su lanza y gritó que no hay más Dios que Allah, y que Muhammad es su profeta y las trompas sonaron, los timbales resonaron, la multitud comenzó a chillar viendo como los dos guerreros se estrellaban, rompían sus lanzas, se tambaleaban pero se sujetaban a sus sillas y se mantenían aún en sus caballos. Otra lanza, una nueva adarga, y los jinetes volvieron a chocar rompiendo sus lanzas. El Maestro del torneo gritó que ante tal igualdad abandonasen la lanza y continuasen cuerpo a cuerpo. El oscuro lord tomó una cimitarra brillante, enorme, plagada de joyas y metales preciosos. Eleazar tomó una maza de cuatro cabezas, ambos se abalanzaron uno contra el otro y se golpearon con saña, el escudo de Eleazar se partió pero acertó en la cabeza al contrario que se tambaleó, dejó caer su arma y recibió mientras estaba aturdido otro mazazo en el brazo del escudo hasta ser derribado. El público estalló en gritos y silbos, los tambores y tromas iniciaron una fanfarria mientras cuatro grandes guardias negros retiraban del palenque al caído héroe inconsciente y la multitud tomaba a Eleazar y le levantaban en hombros gritando "¡Al-Ahmar, AL-AHMAR!" ¡El rojo, el rojo! Al verle sus cabellos, le habían reconocido pero le habían rebautizado, en la gloria de vencer el torneo, en la victoria, Eleazar había obtenido un nuevo nombre: Al-Ahmar.



    Durante la noche toda Córdoba quiso agasajar a Al-Ahmar. De fiesta en fiesta, de palacio en palacio, Eleazar vivió las mil y una noches en una nube de alegría, desconcierto, cansancio y, no lo negaremos, vino, a pesar de que el califato prohibía explícitamente el alcohol a los creyentes, siempre había una copa aquí y allá y ningún imán que lo censurase cerca. Alí y Mendo recaudaron las ganancias de las apuestas y Eleazar obtuvo al fin de manos del maesto del torneo el premio del vencedor. Las ganancias eran tremendas, el rescate de un rey, la paria de una taifa, las ganancias de todo un condado castellano durante 5 años. Con tal riqueza Eleazar había superado con creces sus más descabellados objetivos.

    Al día siguiente Eleazar despertó en una cama extraña con una joven abrazada a su cuerpo al sentir que la puerta se abría de una patada. Era Bakr-Bahid que reía al verle desnudo y resacoso.
    - ¡Arriba, Al-Ahmar, te convoca palacio. Irás a comprar un traje digno, te asearás en el hammam, comerás abundante cordero y pan y serás honrado con una audiencia con el mismísimo Gran Emir. ¡Ea, en pie, venga, vámonos de este lupanar!
    - ¿Lupanar?
    - Oh por todos los descendientes del profeta, esta ha sido tu maldita primera vez y ni siquiera la vas a recordar, borracho inmundo envuelto en pieles de cerdos viejos. ¿No sabes nada del amor, verdad? Pues bien, ahora que tenemos dinero recorreremos las cortes de al-ándalus buscando a mis compañeros poetas que te entrenarán en el arte de amar, el dominio de la caída de ojos y la sutileza del recitado de promesas de amor que ocultan proposiciones indecentes, pero antes, a ver al Gran Visir, o nos colgarán hayas ganado o no. ¡Arriba, tápate ese rabo blanco y rojo asqueroso, por los ángeles de Allah, apestas a vino y mujeres!



    -Yo, joven Al-Ahmar, el victorioso, el tocado por la fortuna, me llamo Fernando Velez de Zamora y soy, por gracia de nuestro Califa, el Visir encargado de asuntos cristianos en general... Entre otras muchas cosas. Has de saber que el Califa no puede acudir, a pesar de que le complacería, a conocerte pues está... indispuesto. No diré por qué, pues no somos dignos de saber estas cosas. Acudes aquí y en el nombre del Grande, del Misericordioso, del Magnánimo, te hago entrega de esta bolsa de oro, de esta espada de acero de Damasco y de este pendón, orgulloso pendón que nuestro señor capturó personalmente en la batalla de Alarcos. Te hago entrega de estos dones para mostrarte la amistad del Imperio Almohade y para ofrecerte que te quedes aquí, en Cordoba, como yo y otros como yo, sirviendo a Al-Nasir y al Califato Almohade. Entra en la guardia del califa, capitanea un ejército almohade, sirve como embajador o agente. La Casa del Califa te ofrece multitud de posibilidades y tenemos un señor honrado y generoso. Yo mismo vivo en la riqueza y el amor del califa, deseamos tu servicio, joven, y sí, antes de que intentes mencionarlo diré que sabemos que eres quien eres, conocemos de tu padre el Rey de Navarra y demás, no simules desconcierto, no sabéis guardar secretos y lo que un reyezuelo castellano sabe, antes lo sabía un Califa del Islam. No nos importa. Navarra caerá en nuestro poder tarde o temprano y nada importan las líneas de sangre y los títulos cristianos. Sírvenos, Eleazar Jimena, Al-Alhmar, libremente y sin compromiso. Conviértete en un Emir del Islam.



    Eleazar se inclinó profundamente ante el visir cristiano del Califa. Agradeció pero rechazó la oferta por el momento. No cerró, eso sí, las puertas del futuro pues quedaba muy agradecido por los dones y los elogios. Quien sabe. Quizá en el futuro Eleazar sirviera como Emir al Gran Califa, pero hoy no. Eleazar contempló la espada y el pendón. Era uno de los pendones de la Orden de Santiago, capturados en la derrota de Alarcos. Eleazar mandó que lo limpiaran y recompusieran, se ató al cinto la cimitarra que el Califa le había dado y con todas sus enormes ganancias y sus amigos tomaron las puertas de Cordoba en pos de su destino, llenos de alegría y la tripa llena de vino y cordero.

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Lun Mar 21, 2016 7:55 pm



    Con los bolsillos llenos, Eleazar decidió recorrer las ciudades de Al Ándalus en busca de un lugar en donde fundar su delegación. De Córdoba a Sevilla, a Badajoz, a Beja, Jaén, Granada, Murcia y Valencia. En sus zocos compró mejores equipos para sí y sus hombres, así como más artículos de comercio. Conoció a los señores gremiales y aprendió qué sobraba y qué faltaba en caza zona comercial, en donde era más barata una u otra materia prima, donde sería más beneficioso abrir sus negocios, pero no encontró ninguna ciudad donde el índice de beneficios cubriera en poco tiempo la tremenda inversión. Eleazar pensó que tendría que visitar los reinos cristianos, pero no quería ir sólo con tres escoltas. No quería atraer la ira del rey de Navarra o la de sus primos. Así que se embozó. Y empezó a crear una caravana de comercio. Como la que su padre adoptivo Isaac Prenderfast de York usaba para recorrer las cortes europeas. Necesitaría contratar mercenarios y reunir un equipo. Recorriendo las tabernas y zocos del califato, con ayuda de Mendo y Bakr-Bahig, se reunió una pequeña caravana con todos sus miembros:


    Juana sería la "cocinera" de la caravana, pero en realidad era una experta en avituallamiento, con muchos años de experiencia en el arte de desvalijar y saquear, rápidamente se ganó el respeto de Eleazar y los suyos viéndola cazar un ciervo lanzándole un cuchillo arrojadizo y despellejándole con él en unos minutos.


    Galcerán era un caballero aventurero. Fuerte, enérgico, experto en el entrenamiento y la infantería. Sería el jefe de los guardias de la caravana.


    Pero Soares de Moreira era un ilustrado comerciante portugués, experto en las rutas de comercio navales de Portugal, buen tasador, dominando las diferentes lenguas del comercio, sería el negociador principal de la caravana.


    Rui Giraldez era un joven escudero y en la caravana estaría a las órdenes de Galcerán siendo su teniente.


    Ramón Guillem d'Oneda había luchado en Tierra Santa para no encontrar nada a su regreso a las montañas. Junto a Galcerán y Rui entrenría y mandaría la escolta.


    Bernardo Legionense era un maduro ingeniero y arquitecto. En la caravana se encargaría de dirigir los carros y construir los campamentos.


    Aldonza de Tudela era la viuda de un gran guerrero. Junto a Juana se encargaría de la cocina y el avituallamiento.


    Nunyo Mendez entró en la caravana como aprendiz de Bernardo Legionense, y conduciendo los carros aprendía con él de táctica y estrategia.


    Y por último Vilhelm von Gunzburg se unió a la caravana como experto guerrero.

    Y así formaron la caravana comercial. Eleazar al mando con Pero Soares como su delegado comercial. Bakr-Bahig y Alí de Nubia sus manos derecha e izquierda, exploradores, zapadores y escuderos. Juana y Aldonza encargadas del avituallamiento. Bernardo y Nuño encargados de los carromatos y la construcción de los campamentos.  Y una tropa comandada por Mendo formada por Ramón, Galcerán, Wilhelm y el joven Rui. En total una alegre compañía de 13 compañeros. 5 de ellos personal no combatiente. Aunque Eleazar echaba mucho, mucho de menos contar a su lado con Fradique, el hábil maestro de armas y Tammum, el médico sabio. Quizás algún día podría ofrecerles un lugar a su lado.

    Y esta pequeña caravana recorrió durante meses las ciudades de España, ahora en Al-Ándalus, ahora en los reinos cristianos, siempre buscando con ayuda de Pero la oferta adecuada, el nicho mejor donde colocar las mercancías, buscando un buen lugar en donde sentar la base comercial de Eleazar, que por alguna razón no encontraba un lugar adecuado al que llamar hogar y fundar ahí su primera delegación. Las ventas daban buenos beneficios, y con ellos Eleazar reinvertía todo en mejorar su caravana. Compró las mejores armas y caballos que se pudo permitir, compraba buenos alimentos para que Juana y Aldonza los preparasen en sus viajes, corazas para los hombres de Mendo y buenos carros resistentes y rápidos.

    Juana insistía: "Siempre debes tener bien alimentada a tu tropa, zagal. Siempre, siempre siempre siempre. Nunca olvides esto. Trigo y pan, carne y pescado, queso y manteca, verdura y fruta variadas, sal y miel. Si tu ejército es el mejor alimentado será también el que mejor combata y el más leal... Si no el más gordo, ahora que lo pienso. ¡En fin! Las deserciones y la moral se curan primero por la barriga".


    Bakr-Bahig insistía también: "Aprende de tus guerreros, Rey del Mundo. Pasa noches de campamento escuchando a Pero de su experiencia comercial, mejora tu táctica oyendo a Bernardo Legionense, aprende a cazar y saquear con Juana, el dominio de la interpretación de rastros con Alí, entrena el arte de las armas con Mendo y sus muchachos... Pero conmigo aprenderás el arte de la poesía, la escritura, la seducción y la canción que son todo uno. El arte de amar. En nuestros viajes te presentaré a los cinco maestros de nuestros tiempos. Ellos te enseñarán a convencer y recitar, halagar y calmar, rendir a tus pies y dominar tu voz para que todo tu ejército escuche tu voz. Venga, sé que acá cerca se encuentra el maestro de canto favorito de la corte del emir de Bagdad, ven, ven muchacho, no te cobrará mas que 300 monedas cada uno de ellos, creo yo".







    Juntos, los 13 miembros de la caravana recorrieron España comprando y vendiendo, participando en algunos torneos menores y reuniendo un capital para abrir la delegación. Cuanto más dinero mejor sería, y más grande. Eleazar se sentía orgulloso, la fama de el embozado crecía con cada victoria como crecían sus dividendos. Pero Eleazar advirtió cuál era la verdad de por qué no había abierto aún su delegación y puso su caravana rumbo a Pamplona.



    Al-Ahmar, experto justador, vestía casi siempre como un africano embozado en su turbante almohade y, con su escolta, puso rumbo al norte, pero antes de poner sus pies en Pamplona quiso entrevistarse con alguien en Barcelona, la esposa de Pedro II, señora de Montpellier, era amiga íntima de la esposa de Alfonso VI el fuerte, Constanza de Tolosa y Eleazar esperaba que regalándole a esta dama vestidos de Persia y sedas de Bagdad podría ayudarle, como así fue:



    - Mi buen Eleazar, vuestro hermano es un hombre duro pero justo, y ama a mi amiga Constanza, sé que ella os ayudará, entregadle esta carta con mi sello y prometedme que le daréis a ella vestidos casi tan hermosos como los que me habéis dado y quizá arreglemos a satisfacción de todos este malentendido del dinero porque... ¿devolveréis el dinero, verdad, amigo mío?
    - Si señora, hace meses que tengo una fortuna diez veces más grande de la que me llevé de Pamplona sin permiso de mi hermano y... Puedo devolver el dinero con creces.
    - Eso me satisface y a vuestra cuñada Constanza también le agradará. Juntas conseguiremos el perdón, ya lo veréis. Y así podréis conseguirnos más sedas y... ¿joyas?
    - A vuestros pies quedo, mi dama. Mi agradecimiento eterno para vos y vuestra casa.
    - Una cosa más, Eleazar, para entrar en Pamplona pensábais participar en el torneo que pronto tendrá lugar allí pero si queréis mi consejo acudiréis disfrazado con estas ropas monacales que os daré y antes del propio torneo os introduciréis en secreto en el alcazar de Pamplona y solucionaréis este asunto con mi querida amiga. ¿De acuerdo?
    - Se hará como decís, graciosa dama.
    - Dadle esta carta al obispo de Pamplona, él os pondrá en contacto con Constanza, y ella arreglará este asuntillo y no se hable más. Partid, con mi bendición y la de mi esposo, querido amigo, adiós.

    Una vez en Pamplona, introduciéndose en la ciudad como una caravana más, firmando para participar en el torneo del día siguiente, al caer la noche Eleazar se puso el disfraz y acudió al obispo al que entregó las cartas de la señora de Montpellier. El obispo sonrió y alargó la mano. Eleazar esperaba ese gesto. Puso en la mano del obispo una bolsa con 500 monedas de oro andalusí. El obispo la sopesó expertamente y tras bendecir a Eleazar acudió a entregarle a Constanza de Tolosa las cartas de su amiga aragonesa.



    En las habitaciones que Pero Soares había alquilado, Eleazar se quitó su disfraz monacal y lo cambió por su disfraz de Al Ahmar el rojo. Cuando llamaron a la puerta de su cuarto, era Alí:
    - Al Ahmar, muchacho, aquí hay un hombre que pregunta por ti, trae cartas del alcazar. Dice llamarse Tammam Al-Najum. ¿Le hago pasar?
    Eleazar se turbó. "¡Claro, por Alláh, déjale pasar de inmediato!"



    Tammum se acercó lentamente a Eleazar y le alargó la carta de Constanza de Tolosa sin dejar de mirarle con unos ojos empapados en lágrimas. Eleazar tomó el sobre, lo dejó caer en la cama y abrazó a su querido maestro al que hacía meses que no veía.
    - Todo saldrá bien, hijo mío, ya verás que todo saldrá bien. Todo te será perdonado yo ayudaré en lo que pueda, créeme.
    Eleazar lloraba al reencontrarse con su viejo maestro. "Lo siento, lo siento, lo siento, nunca debí marcharme de vuestro lado".
    - Vamos, hijo mío, vamos, todos hemos sido jóvenes. El rey os acogerá de nuevo a su servicio y todo mejorará. Al menos... eso espero.

    Y a la mañana siguiente Eleazar y sus hombres acudieron al palenque a luchar con la esperanza de que les llegase el perdón... y no las mazmorras.



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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Mar Mar 22, 2016 1:22 pm

    EL TORNEO DE PAMPLONA



    - Bueno, Alahmar, lo pero que puede pasarnos es que los ballesteros del rey nos asesinen por la espalda, lo mejor es que te hagan devolver las seis mil monedas que robaste. ¡Alláh es grande!
    - No te burles, Bakr-Bahig, que ya bastante tengo con lo mío.
    - Venga, de morir, óyeme, lo mejor es morir sonriendo. Bueno, mejor morir sonriendo en la cama de una muchacha. En todo caso, venga esa mano, será un placer morir a vuestro lado asesinado por los guardias de vuestro hermano. ¡JA! El torneo comienza, a las armas, a las armas ¡A LAS ARMAS!



    seis rondas, seis. 64 participantes de armaduras equivalentes. Armas: arcos y jabalinas sin punta metálica. Espadas, espadones, escudos y mazas. En cada ronda no más de una mitad de equipo a caballo. Los jinetes no podrán usar lanzas. En cada ronda 4 equipos, rojo, amarillo, verde y azul. Los equipos pueden formarse libremente, lo cual permitirá a Eleazar participar en la primera ronda aliado a Bakr-Bahig y Alí, Mendo y sus muchachos junto a algunos caballeros muladíes y mozárabes, todos con la equipación verde. El equipo amarillo, como no podría ser de otra manera, lo dirige el mismísimo Rey de Navarra: Sancho VII el Fuerte. Un gigante rodeado de algunos de los lores del reino más duchos en las armas. El equipo rojo lo forman algunos caballeros aragoneses, ávidos de enfrentarse a los navarros pues se tienen inquina. El equipo azul lo forma una mezcolanza de portugueses, francos, leoneses y castellanos. La ronda termina cuando sólo un caballero queda en pie. Los inconscientes irán siendo retirados por los hombres del Maestre de Campo. Los últimos en caer de cada equipo pasarán a la siguiente ronda. La primera mitad de hombres que caiga será eliminada a menos que el Maestre de Campo decida rescatar a uno por su excelente valor. Será un todos contra todos. Se espera que no se golpee a los caballos. Se espera que no se pelee sucio. Quien lo haga será eliminado por el Maestre de Campo. Que comience el torneo. Suenan las trompas, resuenan los tambores, el Maestre levanta su maza de mando y la baja veloz permitiendo que los jinetes cabalguen desde las 4 esquinas del palenque seguidos por sus infantes. El rey de Navarra se abre paso entre los aragoneses blandiendo una enorme espada a dos manos de roble usándola como una maza diezmando al equipo rojo, los francos se abalanzan contra los andalusíes que los rechazan con una lluvia de jabalinas a las cabezas, ya sólo queda un miembro del equipo azul, un enorme y gordo caballero portugués que rodeado por Eleazar y sus hombres deja inconsciente a Mendo y Alí con su maza antes de caer de rodillas y levantar la mano dándose por derrotado. El rey de Navarra termina con el último aragonés y mira hacia los verdes. Ordena adelantarse a sus sires que corren y cabalgan hacia Eleazar gritando y ululando al estilo montañés. Rápidamente Eleazar se queda sin compañeros pero derriba a todos los lores. Ya sólo quedan en el campo Eleazar y el rey que se miran a través de sus yelmos. El Maestro de armas levanta su maza de mando y ordena el final del combate. Se retiran los cansados contendientes, se cambian escudos, se sustituyen espadas partidas y cascos aboyados, se pasan unos a otros odres de agua clara, se sacude el polvo de las sobrevestas y los gambesones. Pronto comenzará la siguiente ronda, y Eleazar sabe que Juana y Pero Soares están haciendo fuertes apuestas por Eleazar y por el Rey de Navarra equilibrándolas para que los ratios se pongan más de 20 a 1 para Eleazar y su equipo. Las ganancias serán grandes si se gana pero las pérdidas de perder serían asumibles. Todo está calculado y planeado.



    En el palco la reina Constanza hace una floritura con el brazo y llama a su esposo y graciosamente le coloca un pañuelo blanco en la cruz de su espadón pero cuando Sancho se aleja la reina vuelve a hacer un gesto y todos ven como está llamando a Eleazar para que se acerque. Nervioso, rodeado de los gritos de "¡encapuchado, León rojo, moro rojo!" Eleazar se arrodilla ante la reina y ésta ata en el pomo de su espada un pañuelo verde que Eleazar reconoce como uno de los que ha usado para sobornar o ganar el favor de las reinas de Navarra y Aragón. La reina se pone en pie y declama: "¡Querido pueblo! A mi esposo le deseo la victoria, pero a Al Ahmar el rojo le deseo también el premio que su honorable conducta más allá de toda duda, de su habilidad, coraje, caballerosidad y buen hacer toda España conoce. Sabed que yo llamo a Al Ahmar el rojo amigo de Navarra y como tal lo proclamo!" El público estalla en gritos y ovaciones mientras Eleazar desata el paño de la espada y lo ata a su muñeca para que no entorpezca sus movimientos. En la segunda ronda 32 guerreros en 4 equipos, con 4 jinetes por equipo, se enfrentarán de nuevo en melé y el Maestro de Campo ya ha bajado su maza y los jinetes ya están retumbando la tierra con sus cascos y Eleazar apenas tiene tiempo de colocar su adarga distraído pensando en las consecuencias de los actos de las reinas.



    Esta vez el equipo rojo esquivó a los navarros y se dirigió a toda velocidad hacia Eleazar y sus verdes, el público gritaba "¡Verdes, verdes, rojos, rojos!" mientras el rey de Navarra y los suyos esperaban en su zona de despliegue a que llegaran los azules que, sorprendentemente, se dirigieron al combate entre verdes y rojos y arremetieron contra ambos. El rey levantó su mandoble y ordenó cargar y en el centro del palenque se formó una melé en que los cuatro equipos, los 32 guerreros, luchaban a izquierda y derecha, espalda contra espalda, contra unos y otros, doblando la rodilla los vencidos y siendo apartados a duras penas los caídos por los hombres de armas del Maestro de Campo. La reina se puso en pie y, comportándose muy poco cual damisela, gritó a su esposo que si caía tendría que luchar por recuperar sus favores, el gentío estalló en carcajadas y animó aún más a su rey para que no perdiera su tálamo. Eleazar sudaba y se resentía de los golpes de maza en su brazo de la adarga, sus compañeros caían a su alrededor, pero al menos rojos y azules repartían sus golpes con verdes y amarillos por igual. En un momento el Maestro de Campo levantó su maza y los tambores ordenaron el cese del combate. Cuatro guerreros quedaban en pie, los cuatro jefes de los cuatro equipos. El Maestro de Campo ordenó otro descanso y su heraldo proclamó los nombres de los 16 eliminados.



    - Al Ahmar, muchacho, esta vez ya lucharás sin mi a tu vera.
    - Has luchado como un héroe de antaño, Bakr-Bahig, sin ti no habría llegado hasta aquí.
    - Venga, zanahoria, ponte esta nueva sobrevesta, la tuya está asquerosa.

    La tercera ronda contaría con 16 guerreros en 4 equipos de 4. El equipo azul tenía dos miembros con los brazos del escudo en cabestrillo, el equipo amarillo, el del rey, contaba con uno de sus lores visiblemente cansado, arrastrando tras de sí su espadón. Era un experimentado aunque ya casi anciano lord de Navarra. Eleazar contaba que él y sus tres compañeros: Rui, Galcerán y Wilhelm, podrían vencerles si lo pensaban bien. Eleazar los reunió y ordenó que los dos jinetes colocasen sus monturas ante su zona de despliegue y desmontasen y se retirasen tras los caballos. Los cuatro, a pie, juntarían sus escudos formando una línea y esperarían a que los otros 12 guerreros se diezmaran. El Maestro de Campo bajó su maza, las trompas ordenaron el avance, los jinetes amarillos con el Rey a la cabeza se estrellaron con los jinetes rojos y azules mientras eran seguidos por los seis infantes, Eleazar ordenaba "aguantad, esperad, quietos, quietos". El público gritaba "¡Gallinas, tramposos!" mientras azules, rojos y amarillos iban cayendo, y cuando Eleazar contó que sólo quedaban 4 enemigos, un rojo, un azul y dos amarillos ordenó: "¡Cargad!" y manteniendo las adargas en alto, sin romper la fila, los cuatro infantes rodearon a los cansados contrincantes y fueron eliminando uno a uno a sus enemigos. El Maestro de Campo ordenó el cese del combate. El Rey yacía derribado del caballo por un golpe de la maza de Galcerán, los cuatro verdes estaban de pie. El Maestro de Campo avanzó al centro del palenque y proclamó: "oídme, y oídme bien, pueblo de Pamplona. Yo, el Maestre de Campo, proclamo rescatar para la siguiente ronda a los dos últimos caballeros amarillos por su valentía, arrojo y defensa de las virtudes caballerescas ante la táctica de superioridad verde. Vos, Al Ahmar el rojo, elegid de vuestros 3 compañeros dos que se retiren para que se ocupen sus lugares. Negaos y seréis los cuatro eliminados". "¡Injusticia!" Gritaban los campesinos, "¡Vendido!" gritaban los artesanos, "¡Navarra, Navarra!" gritaban unos. La reina Constanza reía sin ocultarse y comentaba con sus damas lo que tiene que hacer un buen vasallo para que su rey no perdiera su cálido lecho. Eleazar miró a sus hombres y torció una sonrisa. "Rui, Wilhelm, gracias por combatir a mi lado. Siento esto pero Galcerán y yo lucharemos esta ronda". Rui bajó la cabeza, insatisfecho, pero Wilhelm palmeó a Eleazar diciendo que eso le costaría compartir con él buena parte del premio. Eleazar rió y abrazó a su compañero. Tendrían una hora de descanso antes de la cuarta ronda para recuperar fuerzas y tomar algo de comida en las largas tablas que la Corona había preparado para la pausa. Vendedores ambulantes recorrían la multitud vendiendo pasteles de carne y frutas a precios de escándalo y una banda de juglares de Tolosa tocó unas jigas para entretener al populacho mientras los guerreros eliminados se mezclaban con los 8 últimos guerreros y les animaban y el rey se apartaba para decirle cuatro cosas desde su gran altura a su esposa con mucho agitar enérgico de brazos y gesto enfadado.



    En la cuarta ronda habría 8 guerreros en cuatro equipos de dos. Uno a pie y otro a caballo. No se permitían lanzas, pero Eleazar dejó su adarga y la cambió por un arco mientras dejaba a Galcerán el caballo. Ambos se pusieron de acuerdo: La táctica sería dirigirse con el caballo hacia un jinete, esquivarlo, y dirigirse hacia el otro de forma que el primer jinete persiguiera a Galcerán y fuera dirigido hacia el tercer jinete, mientras Eleazar dispararía su arco a las cabezas de los otros 3 infantes para debilitarlos o aturdirlos, si no derribarlos. El Maestro de Campo bajó su maza de mando y Eleazar comenzó su estrategia pero no salió bien pues Galcerán fue abatido entre los jinetes amarillo y rojo mientras el jinete azul corría contra Eleazar, que disparó una flecha contra su cabeza que le desequilibró dándole tiempo a tomar su espada y derribarle del caballo golpeándole el brazo del escudo. Mientras los infantes azul y amarillo derribaban al jinete rojo y el Rey en su caballo vencía con facilidad al infante rojo, quedaban en el campo Eleazar, el Rey, el infante amarillo que era el veterano sire navarro y el infante azul, que era el grueso caballero portugués, visiblemente cansado. A pesar de ello, corrió hacia Eleazar que de nuevo soltó su arco y tomó del suelo la adarga que el jinete azul había arrojado. La maza del portugués dobló la adarga y Eleazar dobló la rodilla ante los brutales golpes. Fue derribado al suelo cuando el Rey cargó contra ambos infantes y los derribó con su caballo. El Maestro de Campo levantó su maza y proclamó que a pesar de ser derribados el portugués y Eleazar serían rescatados para la siguiente ronda por la desigualdad de verse vencidos mientras combatían entre sí a pie por un jinete. El público lanzaba sus sombreros al aire y animaban hasta quedarse roncos.



    Galcerán limpió el sudor de la frente de Al Ahmar y le pasó una frasca de vino.
    - Ánimo, sahib, ánimo, podéis vencerles.
    Eleazar ahorró aliento. Le dolía el brazo del escudo, ese portugués era una bestia enorme.

    En la quinta ronda habría 4 guerreros, uno de cada equipo. Todos a caballo. El rey en amarillo, el portugués en azul, un discreto caballero castellano en rojo al que nadie animaba y Eleazar. Las apuestas se estaban elevando pero estaban cada vez más equilibradas. El rey sacaba a todos los demás cabeza y media y sus anchos hombros estaban altos y fuertes, como si la lucha no hubiera ni empezado a agotarle. Eleazar tenía manchas de sudor bajo las axilas tornando negra su sobrevesta verde. El portugués bebía de una bota largos chorros de vino y su barriga subía y bajaba respirando con dificultad.

    El Maestro de Campo bajó de nuevo su maza de mando y los tambores comenzaron un rítmico golpeteo que parecía el latir del corazón de un gigante. POM. POM. POM. El portugués cargó contra el castellano y en el polvo quedó un borrón rojo hecho una bola para no ser arrollado por los caballos. El Rey partió fácilmente la adarga de Eleazar con su mandoble pero el portugués acudió al rescate y ambos golpeaban al rey por izquierda y derecha. Dos, tres, seis golpes recibió el Rey en su yelmo y brazos hasta que su espadón le fue arrancado de las manos pero sin amilanarse tomó con su diestra la espada de Eleazar y la maza del portugués y tirando de ellas a la vez giró su torso y forzó a su caballo a girar y derribó por los suelos a Eleazar y al portugués. El público estalló en júbilo al grito de "¡Navarra, Pamplona, Jimena, Jimena!" La reina aplaudía. El Maestro de Campo se acercó a los caídos y proclamó con voz tonante: "Decidme, portugués, quién de los dos tocó el suelo antes y salvaré al otro". El portugués se puso en pie a duras penas, dio dos pasos hacia Eleazar y le levantó el brazo. "Maestre, yo os digo, y digo bien, que aquí este moro merece más que yo pasar a la siguiente ronda". Y susurrando al oído dijo a Eleazar: "Al Ahmar, dadle a ese gigante tal patada que no pueda aposentarse en su trono una semana. Apostaré por ti, muchacho". Entre ovaciones el portugués se retiró con los suyos y se le vio quitarse aliviado la armadura, viéndose la piel fofa cubierta de moratones, empapada en sudor.



    La tarde empezaba a tornarse naranja y Eleazar masajeó sus doloridos brazos mientras Galcerán arrojaba sobre su cabeza un cubo de agua helada y Juana le alargaba una toalla. La tienda de Eleazar era un hervidero de visitantes que querían animar al favorito de sus apuestas. Se secó y tomó un muslo de pollo frío que le alargó una dama. Al girarse Eleazar se sorprendió al ver a la sonriente Constanza de Tolosa, reina de Navarra. "Ánimo, mi querido cuñado, ánimo. Vengo a deciros que ni yo ni mi esposo deseamos que os sujetéis o por miedo os contengáis. Luchad con todas vuestras fuerzas, cuanto mejor luchéis más os ganaréis el respeto de mi esposo, sabedlo y recordadlo. Venced a mi esposo y le será más sencillo ganar de nuevo su cariño. ¿no me creéis? Pues dejaos ganar y veréis. Yo conozco bien a mi Sancho. Es grande como un buey, y así de grande es su corazón. Ánimo, amigo mío, pronto podréis volver a llamaros hermanos". Y dejándole la escudilla con los muslos de pollo ya fríos, la reina besó en la mejilla a Eleazar y partió contoneándose graciosamente. Estaba claro que se lo estaba pasando muy bien. En fin, suspiró Eleazar mientras se vestía y tomaba una nueva adarga, ya había roto 5. Salió de su tienda entre los ánimos de sus compañeros y avanzó hasta el centro del palenque en donde el Maestro de Campo y el Rey ya le esperaban.





    "¡Oídme y oídme bien, pueblo de Pamplona!" Proclamó el Maestro de Campo con voz tonante. "Se enfrentan aquí el Rey de Navarra, Sancho VII el fuerte, vestido esta vez, para honrar a su contrincante, con los colores del equipo verde. Luchará con espada y escudo para igualar la liza. Contra él, honorablemente, luchará Al Ahmar el Rojo, con colores amarillos para honrar a su contrincante como manda la tradición del palenque de Pamplona. ¡Oídme y oídme bien, súbditos de Navarra! Luchará con maza y escudo para igualar la liza. Lucharán a pie, y lucharán honradamente, hasta que uno y sólo uno quede en pie. ¡Que la Virgen vele por ellos, que Santigo dé fuerza a sus brazos, al combate, al combate, al combate!" Y bajando su maza de mando se alejó del centro del palenque mientras los tambores marcaban un ritmo cada vez más acelerado y ambos hermanos se rodeaban sin bajar sus escudos y se arremetían tentativamente.



    Cada mandoble del rey mellaba el escudo de Eleazar en el silencio sólo roto por los tambores y los gruñidos de ambos guerreros. Eleazar sujetaba fuerte el escudo y aguardaba su oportunidad, golpeando los cantos del escudo del rey esperando a que éste lo apartara. Ambos giraban, golpeaban, fintaban, avanzando y retrocediendo, la fuerza monumental del rey le daba ventaja descargando todo su poder en el escudo de Eleazar que, más rápido, más ágil, esquivaba todos los golpes que podía sabiendo que no podría cansar a su contrincante, sólo esperar su momento, su momento...



    El rey se enfurecía visiblemente por su incapacidad de dar un golpe definitivo a Eleazar, el público murmuraba mientras los tambores resonaban, el sol se aproximaba poco a poco al horizonte, Eleazar sentía arder el brazo del escudo que sufría golpes fortísimos de la espada del rey, y entonces el rey apartó al fin el escudo para golpear con su espada de arriba abajo con todas sus fuerzas y Eleazar fintó, giró hacia el lado del arma del rey y descargó uno, dos, tres potentes mazazos en el yelmo del rey que clavó en tierra la rodilla izquierda, giró para mirar a Eleazar y recibió otro mazazo que lanzó su espada girando por el aire y con un último golpe de maza Eleazar derribó por los suelos a un sorprendido Sancho que aún así no perdió la consciencia. Los tambores dejaron de tocar y el pueblo de Pamplona estalló en vítores y gritos "¡Al Ahmar, campeón, campeón, campeón!". Eleazar dejó caer su maza y ayudó a ponerse en pie al rey, su hermano y como siempre se encogió inconscientemente al ver como el rey se elevaba sobre él por más de cabeza y media. El rey se quitó el yelmo aboyado y miró a Eleazar. Y sonrió. Levantó el brazo de Eleazar y con voz potente, acostumbrada a mandar en el campo de batalla, gritó: "Ved a Al Ahmar, campeón del torneo de Pamplona!" Y un ensordecedor grito de alegría recorrió todo el palenque.



    Rápidamente, los hombres de Eleazar le rodearon, le levantaron en volandas, y le llevaron a dar una vuelta de honor alrededor del palenque. El público arrojaba flores a su paso y todos intentaban tocar la mano o un pie del vencedor. Eleazar sonreía sin saber qué hacer. Sus hombres reían y le arrastraron ante el palco desde donde la reina le colocó una corona de laurel sobre la cabeza mientras el Maestro de Campo le alargaba una gran bolsa de oro con el escudo del águila sobre oro de Navarra. "Habéis luchado como un auténtico caballero, Al Ahmar, yo os honro y os felicito". Eleazar no podía ver al rey, sus lores le habían acompañado a su tienda, la reina reía y palmeaba la mano de Eleazar. "Todo va a salir bien, tranquilo, campeón, tranquilo". Esa noche habría fiesta hasta tarde en Pamplona, correría el vino y las calles iluminadas por fanales se llenarían de bailes y jarana hasta que saliera el sol, porque tenían un poderoso rey, sí, pero que en la derrota sabía bien perder.



    Al final Eleazar pudo cambiarse y asearse, Tammum le puso ungüentos en los moratones y Juana le arregló el pelo y le atusó los bigotes. La corte le recibiría para honrarle y festejar. Era la primera fiesta de la nobleza cristiana a la que acudiría Eleazar en su vida. Se puso su mejor ropa, calzas nuevas, perfumó su cabello, con la mano temblorosa llegó a la sala del trono donde juglares y malabaristas entretenían a la corte pamplonica. La reina acudió a Eleazar y tomándole de las manos le condujo sonriente ante el rey Sancho, ya repuesto aunque con un feo moratón en la mejilla. La reina puso la diestra de Eleazar sobre la diestra de Sancho y gritó: "He aquí a tu hermano, Eleazar Jimena, He aquí a tu hermano, Sancho Jimenea. Daos la paz, como buenos hermanos. Yo así lo quiero. Dios y la virgen lo quieren. Daos pues un abrazo". El rey estaba tieso, Eleazar paralizado. "Vamos, Sancho, o por Santa Gadea juro que nunca más volverás a tocar mi lecho". El Rey abrazó a Eleazar con sequedad y rigidez. Eleazar le devolvió el abrazo muy turbado. "Sabed, ¡Oh, pueblo de Navarra! Que mi esposo el rey ha perdonado a Eleazar Jimena, su apreciado hermano. Ya no pesa sobre él pena de exilio. Y por su valentía y arrojo hoy le nombra caballero de Navarra". El rey miró a su esposa. "Pero cariño..." La reina golpeó el suelo con su zapatilla con los brazos en jarra. "Caballero de Navarra, Sancho. Caballero de Navarra". El rey suspiró y sacando su espada la posó sobre el hombro derecho de Eleazar y tomándole brusco del hombro le puso en pie como si fuera un niño y le besó en las mejillas y en la boca. "Yo te nombro ante Dios y ante los hombres en mi corte de Pamplona caballero, Eleazar Jimena. Que tu espada sirva a la cristiandad y a la corona. Que tu honor siempre sea limpio. Que tu lanza ataque siempre a la injusticia, Sire Eleazar de Jimena, sois hijodalgo".
    Y toda la corte de Pamplona saludó al nuevo infanzón de Navarra con brindis y gritos alegres y la fiesta alegró sus corazones de fuertes guerreros montañeses, acostumbrados al frío, a la guerra y a la muerte.



    Con una enorme copa de oro llena de vino en la zurda, el rey tomó a Eleazar con la diestra y le apartó a un lado. "Don Eleazar el hijodalgo, no ha de olvidar, por cierto, que me debe exactamente 6123 monedas de mi oro, y que no esperará cobrar comisión de esa recaudación maldita. Mi tesorero se reunirá mañana mismo con el contador de vuestra comitiva. Y no habrá para vos gracia, no. El que tengáis mi perdón no significa que confíe en vuestra honradez. Una vez me habéis robado. No olvido aunque perdone. Dentro de un mes partiréis a la corte de Lisboa como mi enviado y embajador para mostrar al rey mi cariño y amistad y allí os quedaréis hasta que os llame. Me serviréis bien, no me cabe duda, pero me serviréis bien lejos. Y ahora bebed, bebed a la salud de mi esposa a la que tanto debéis. Ella vale mil veces más que vos y yo, maldita sea su sonrisa irresistible, Dios como la quiero".

    Eleazar ardía en pensamientos intentando entender todo lo que estaba pasando. Estaba eufórico y nervioso, temeroso y feliz. Al terminar la cena en palacio acudió junto a sus hombres y les contó las nuevas y el vino corrió alegre entre todos ellos. Rápidamente Eleazar y Tammum organizaron a los hombres. Pero Soares llevaría al día siguiente al tesorero de palacio un cofre con las 6123 monedas, un cofre que por sí mismo valdría otras 500. Galcerán y Bakr-Bahig acompañarían a Eleazar ante el jefe del gremio de mercaderes de Pamplona para comprar por 10.000 monedas el taller que Eleazar había elegido con la ayuda de Tammum para abrir al fin su delegación comercial. Al mando de ella quedarían Bernardo Legionense y Aldonza de Tudela y el resto partiría como la comitiva de Don Eleazar de Jimena, infanzón del Reino de Navarra y embajador del Rey Sancho VII ante la corte portuguesa. Desde allí Eleazar pensaba importar paños de la mejor calidad a la delegación de Pamplona en donde venderlos por pingües beneficios. Pero mientras se realizaban los preparativos de la delegación con los regalos oportunos para el Rey de Portugal y se disponía lo necesario para que la delegación comercial estuviera lista, Eleazar contaría con unas pocas semanas para disfrutar de Pamplona, reunirse con su querido Maestro de Armas Fradique y ofrecerle que se uniese a su comitiva y reencontrarse con algunos lores navarros y amigos.


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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Mar Mar 22, 2016 2:33 pm

    AVENTURAS NAVARRAS



    Dolorido y con grandes agujetas, Eleazar Jimena, Infanzón de Navarra, acudió a la corte para asegurarse de que el dinero había sido entregado correctamente y envió a Tammum y Pero Soares a comenzar las obras necesarias para adecentar su delegación como taller gremial para teñir las lanas portuguesas que pronto comenzaría a importar a Pamplona. En la corte la reina Constanza le regaló unas hermosas espuelas de oro como las que los pares de Carlomagno usaban y le mandó a la presencia de Ianol Mauleón, señor de Tafalla, a la sazón Alferez real de Navarra y mano derecha del rey.



    Éste le recibió en compañía de otros lores navarros y abrazando amistoso a Eleazar y tras tirarle de una oreja y llamarle "ladrón" sonriente, le entregó documentos con el sello real para entregar en la corte portuguesa. "Eleazar, querido mio, se os asignará una escolta de peones navarros como corresponde a vuestra embajada y un pequeño grupo de mensajeros que irán y vendrán entre Lisboa y Pamplona para intercambiar embajadas de ambas cortes. Esta será la cifra que usaremos. Se avecina una gran guerra y Navarra, aislada entre Castilla y Aragón no se quedará quieta. No nos fiamos del Rey de Castilla, no. Ni de nadie, la verdad. Pero nuestra amistad con Portugal dependerá de vos. Poneos al servicio del buen rey. Aquí tenéis informes de la corte de nuestro anterior embajador. Aún así no partiréis hasta dentro de unas semanas y tenéis unos trabajos que haréis para la corte mientras tanto. Aquí tenéis una lista. Cuando terminéis y las tropas estén listas partiréis. A ello, Eleazar".

    Así Eleazar reunió a los suyos y repartió a los inexpertos peones que le habían asignado por escuadras de 5 hombres al mando de Mendo y Wilhelm, Rui y Ramón, Galcerán y Fradique, y dejó a Tammum y Pero Soares, Juana y Aldonza, Alí y Bakr-Bahig en Pamplona preparando la delegación y adquiriendo el equipo y bienes que necesitarían para la embajada. Las misiones que el valido del rey le había ordenado no eran tareas difíciles, así que durante los siguientes días acometió sus ordenes bastante satisfecho:



    retorno a su feudo de los campesinos rebeldes de Lope Arriazu, señor de Larraga



    Dar una paliza a un comerciante de Pamplona al que Ianol Mauleón debía una fortuna


    Escolta de Doña Finia de Pamplona a Vitoria



    Patrulla por las montañas para eliminar a un grupo de bandidos vascos rebeldes


    limpieza de una aldea tomada por bandidos montañeses



    Captura de una caravana almohade para dar un casus belli a Navarra contra el Califato almohade



    Rescate de una doncella Vitoriana secuestrada


    Eliminación de unos bandidos



    Siervos y peones ligeros para la inexperta escolta navarra de Eleazar en Portugal



    El tiempo pasó y la delegación recibió sus primeros envíos que fueron teñidos y tratados con técnicas usadas por los artesanos de al-ándalus. Eleazar sabía que se venderían muy bien, y que en unas 10 o 15 semanas se recuperaría la inversión en montar la delegación y a partir de entonces contarían con una fuente fija de ingresos. Una renta que pagaría no sólo su escolta sino también sus gastos en la embajada en Portugal. Mendo y Galcerán entrenaban a los inexpertos peones que Ianol Mauleón le había proporcionado como escolta y el viaje empezaría pronto. Pero Soares de Moreira arregló el acuerdo con los mercaderes locales de Pamplona y colocó la producción de terciopelos teñidos a un precio inmejorable. En la primera venta de la delegación local de Eleazar en Pamplona obtendrían 1687 monedas por su producción.



    Las tropas de peones ligeros ya estaban listas, equipadas y asignadas a sus oficiales y con las misiones asignadas por Lord Mauleón terminadas Eleazar comenzó su viaje desde Pamplona a Lisboa con una comitiva que en total contaba con 50 hombres, incluyendo su personal no combatiente. Eleazar no cabía en sí de orgullo y satisfacción. "¡A Portugal, a Portugal, a portugal!" Ordenó. Y con un grito él y sus hombres emprendieron su viaje.




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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Mar Mar 22, 2016 6:05 pm

    AVENTURAS PORTUGUESAS





    Eleazar envió a Alí de Nubia, el explorador de la mesnada, por delante de la hueste para avisar en Lisboa que la embajada de Navarra llegaría más tarde ese día. El Rey de Portugal salió de la capital a recibir al embajador con su hueste personal. Fradique, nacido allí, informó a Eleazar de algunos temas interesantes.




    El Rey Sancho I Henriques, "El Poblador", hijo del fundador de Portugal, reino independizado del otrora poderosísimo Reino de León. El rey y su padre antes que él habían intentado conquistar Galicia, parte de León, infructuosamente, así que habían vuelto sus ejércitos hacia el sur, "reconquistando el Islam", como les gustaba decir. Sólo la tierra del Algarbe quedaba al sur de Portugal, y era territorio en disputa con el califato. Se rumoreaba que muy pronto comenzaría una nueva guerra y que dicha guerra arrastraría al resto de reinos cristianos a la reconquista. Eleazar sabía que el rey de Castilla estaría encantado, pero dudaba que León y Aragón, y mucho menos Navarra, se unieran a la contienda prefiriendo matarse alegremente entre ellos. El Rey Sancho, de 46 años, cabalgaba al frente de su hueste personal y recibió cariñosamente a Eleazar y le presentó a su hijo y heredero de 14 años, Alfonso, que observó a Eleazar con ojos inquietos. El rey otorgó a Eleazar una casa solariega cerca del alcazar de Lisboa, una enorme casa con caballeriza, jardines y ala de cuarteles en donde Eleazar podría alojar a su escolta. El jardín miraba al mar, y el propio rey Sancho le señalaba el puerto y nombraba por su nombre las diferentes galeras de la flota. "Algún día, joven amigo, me haré a la mar y recorreré las costas de Africa fundando colonias y descubriendo tierras, ese es mi sueño. Pero en vez de eso debo continuar la tarea de mi padre que no pudo conformarse con ser Duque de Portucale sino ponerse su corona y vender medio reino a las Ordenes del Temple y Aviz, pero en fin. Yo lucharé en tierra para que mis hijos y nietos puedan hacerse a la mar, conquistar el Mediterráneo, el Atlántico, Africa, si Dios quiere, y dejar Castilla para los castellanos y León para ese cabrón". La comitiva del rey escoltó a los hombres de Eleazar hasta su nueva base y con ayuda de unos pajes se pusieron cómodos.





    Eleazar se quedó en camisa y se sentó a ver anochecer junto al rey en el jardín de su nueva casa solariega. En sendas sillas de tijera, compartiendo una frasca de vino blanco y un plato de sardinas en la suave brisa marina, el rey y Eleazar charlaban animadamente. "Mis espías me informan que Miramamolín pronto me declarará la guerra para recuperar las fortalezas que le tomé hace 20 años... Habrá guerra dentro de muy pocas semanas... Yo lo veo así, Eleazar, Portugal y Castilla, Navarra y Aragón deberían unirse, luchar contra el califato a muerte 10 o 20 años, a sangre y fuego, sin reparar en gastos ni en muertos, repartirse Al-Ándalus, y luego dedicarse a reconstruir, repoblar y pacificar. Yo mismo he repoblado medio Portugal con gentes venidas del norte de Europa, de Borgoña e incluso Italia. Te sobra tierra, te faltan manos que la trabajen y que te paguen por ello, la das gratis y la gente acude. Que se molesten en aprender el idioma de sus señores. Que den a sus hijos para guerrear al infiel para que sus nietos puedan dedicarse a explorar el mar y que todos juntos se dediquen a prosperar en vez de matarse entre cristianos. ¿Y el Islam? Ardan en el infierno todos ellos". Eleazar sonreía. El sol iluminaba de naranja y rojo el Atlántico e intentaba dar una buena impresión. "Y ya sé que solo no puedo vencer a Miramamolín, pero al menos sé que mis huestes pueden defender mis castillos y ciudades. Coimbra y Porto, pero sobre todo Lisboa, son fortalezas casi inexpugnables que no se perderán bajo las flechitas andalusíes ni caerán sus muros ante la caballería ligera. Mi flota es fuerte, y puedo vencerles en el mar. Sin máquinas de asedio poderosas mis muros no caerán. Y si conquisto las fortalezas del Algarbe en el sur con mis arietes y catapultas rápidamente en la guerra sus ejércitos se entretendrán en intentar reconquistarlas en vez de atacar mis feudos naturales esperando a que Castilla y Aragón aplasten a los almohades en el Este. Ese es, a grandes rasgos, mi plan de guerra. ¿Me ayudaréis?" Eleazar se turbó. "¿Cómo, mi señor?" Sancho miró fíjamente a los ojos de Eleazar. "¿Convenceréis a vuestro rey de que nos ayude en la guerra? ¿Lucharéis con vuestra espada contra mis enemigos? Es una pregunta bien sencilla". Eleazar miró al buen rey a los ojos y meditó en silencio. "Mi señor. Haré todo lo que esté en mi mano para que la amistad entre Navarra y Portugal sea por siempre respetada". El maduro rey se palmeó las rodillas y se carcajeó. "Mi buen Eleazar, no os pediré más... Por el momento".



    Lisboa era una hermosa ciudad marítima. Durante las siguientes semanas Eleazar creó una red de caravanas entre Pamplona y Lisboa llevando fardos de tela y tintes traídos del comercio marítimo portugués y trayendo del norte pieles y maderas nobles de los bosques navarros. Podría obtener buenos beneficios, pero la guerra era la ruina de las importaciones, y Eleazar ya no contaba con los fondos suficientes para crear una delegación en Portugal ahora que no podía ir de torneo en torneo reuniendo premios y apuestas. Ahora era un embajador, con una hueste a su mando, en un reino que se preparaba para la guerra contra un enemigo infinitamente superior. Eleazar mandó a Mendo a entrevistarse con los maestres del Temple y Aviz en Lisboa, pronto se reuniría con ellos como embajador del Rey de Navarra, y Mendo retornó admirado. "Que temple, que porte, que marcialidad. Esos caballeros del Temple son guerreros y santos, Eleazar, admirables".

    Eleazar envió mensajes cifrados a Ianol Mauleón y al Rey de Navarra contando que pronto empezaría una guerra entre el Califato Almohade y Portugal y que el rey le pedía participar militarmente. A vuelta de correo, Eleazar obtuvo permiso real para ponerse al servicio de Portugal en dicha guerra representando la alianza amistosa entre ambos reinos cristianos. "Eso sí, Eleazar, no podremos enviar ejércitos ni oro en vuestra campaña, sino amistad y buenos consejos, Navarra no es rica y vientos de guerra soplan por estas tierras, temerosos de que Castilla o Aragón aprovechen para intentar aplastadnos. Suerte y botines os deseamos".



    La corona portuguesa pagaría de su tesoro los gastos de la mesnada de Eleazar en la guerra por venir, no mucho, pero sí una ayuda. Y cuando la embajada de Córdoba llegó a Lisboa nadie se sorprendió al recibir el ultimátum: "Devolvednos las fortalezas arrebatadas al Islam o habrá guerra". Las trompas de Lisboa convocaron las mesnadas. El Rey Sancho el Poblador invitó a todo musulmán a abandonar Portugal de ahí en tres días. La guerra había comenzado.



    Cuando el mensajero trajo a la Casa Solariega de Eleazar una saca con 100 monedas de oro todos supieron que esto era real. Serio. Importante. Eleazar ordenó a la mesnada que se pusiera en marcha. Mendo quedó en la casa al mando de una guardia simbólica, y el resto tomó sus armas y fueron a Oporto, en donde las tropas de Portugal habían decidido concentrarse. Allí, Alfonsu Henriques Tavora, señor de la ciudad, presentó a Eleazar al Alferez del Reino, el supremo mando de las huestes nobles, coordinador de la estrategia y general en jefe de todo el ejército.



    El Alférez de portugal, Martin Sanchez, señor de Leiria y Guimaraes, tomó el brazo de Eleazar y le dio la bienvenida amistosamente, y sin más preludio informó a Eleazar de qué le preocupaba.




    "Así empiezan la guerra esos moros bastardos, Eleazar, secuestrando a mi hijo. ¡Mi primogénito! ¿Cómo espera el Rey Sancho que comande sus ejércitos si el Califa amenaza con desventrar a mi propio hijo. En Sevilla lo tienen preso, y no piden por él rescate, yo, que pagaría por él todo mi oro y los años que me quedan. ¿Qué pensáis? Conocéis Sevilla, ¿un rescate sería factible? Os daré una buena cantidad de oro para que se consiga un rescate de mi hijo".
    Eleazar meditó profundamente. Un rescate era factible, arriesgado, y pondría la vida del equipo en grave riesgo, pero los beneficios tanto económicos como en la moral serían grandes. Eleazar se creía capaz de ello, y llevándose una abultada bolsa de oro del Alférez del reino, puso a su mesnada rumbo a Sevilla... Esquivando con habilidad y rapidez cualquier unidad enemiga que encontraban, viajando de noche y ocultándose en los bosques de día.





    Llegando a Sevilla, Eleazar usó parte del oro para crear una distracción en la aldea cercana de Serpa. Sabía que al simular un asalto las huestes defensoras de Sevilla acudirían facilitando ingresar en la ciudad.



    Vestido como un árabe preparándose para el Hajj, la peregrinación a la Meca que todo creyente debe hacer al menos una vez en la vida, Eleazar se introdujo por las puertas menos vigiladas de Sevilla, al caer la noche, acompañado por Alí de Nubia y Bakr-Bahig. Los tres se dirigieron rápidamente y sin llamar la atención hacia la puerta trasera de los calabozos donde sabían se encontraba el hijo del alférez del reino.




    - Alláh sea misericordioso contigo, hermano. ¿Buena noche? ¿Compartirías con nosotros un poco del jugo de la vid o tu Imán no te deja?
    - Alláh el misericordioso sabrá perdonarme, peregrino. ¿Qué tal si además del vino me das tu ropa a cambio de la mía y yo me voy a Medina y tú te quedas haciendo guardia?
    - ¿Guardia, a quién guardas, vigilante?
    - Un cristiano rico rehén sin rescate. Se pasará toda la guerra aquí pudriéndose. Su padre es un mandamás poderoso del enemigo.
    - ¿Sí? ¿Y podría visitarse?
    - No si no eres el mismísimo Emir Abd'allá ibn Zanun de Ishybiya y me recitas el santo y seña con entonación de muhadin, no.
    - ¿Y me darás las llaves a cambio de que no siga empujando hasta la pared esta daga que te empuja la nuez de tu garganta de gilipollas?
    - ¡Guardias, guardias! ¡Aghhhhh!



    "Me envía vuestro padre, no perdamos más el maldito tiempo. Coged vuestras armas y equipo y salgamos de aquí como alma que lleve el diablo. Luego nos presentaremos. ¡Vamos, vamos, vamos!".



    "Bien, compañeros, el plan es sencillo. Discretamente, sin llamar la atención, llevaremos a este caballero portugués bajo esta capa negra de peregrino hasta la muralla y lanzaremos un garfio, treparemos y nos iremos sutil y discretamente".
    "¡GUARDIAS, GUARDIAS, Por ahí van los que han matado al vigilante de la mazmorra!"
    "La puta que los parió".



    No quedaba sino batirse. Eleazar, Bakr-Bahig, Alí de Nubia y el noble portugués Belasco da Sella se abrieron paso con la sola ayuda de sus espadas entre un nutrido grupo de guardias tras otro. No había competencia, Eleazar se abría paso entre los guardias como un huracán en la selva, Bakr y Alí cubrían sus flancos y les seguía el debilitado Belasco protegiendo la retaguardia. Dos, tres, cuatro grupos de guardias mordieron el polvo y Eleazar encontró al fin un lugar discreto donde lanzar su garfio y trepar la muralla antes de que la guarnición entera recorriera las calles en busca de sus cabezas. Al caer en el otro lado se dirigieron en la oscuridad a la orilla del río y desaparecieron en el bosque donde Fradrique y Galcerán les esperaban con caballos oscuros y partieron al galope.



    "No digamos ni mil palabras más, Dom Belasco, corramos como si nos persiguiera el infierno camino a vuestra sede de Santarem".



    - Amigo Eleazar, nunca olvido al que me hace un favor y me habéis liberado. Tomad este oro, aceptad este abrazo".
    - Bueno, bueno, se hace lo que se puede, ahora reunid una hueste y acudid conmigo junto a vuestro padre, sospecho que pronto entraremos en combate.
    - Así se hará, querido amigo.



    Mil monedas de oro. Es un buen rescate, sin duda, pero Eleazar esperaba más por haber puesto en riesgo su pellejo en una de las capitales de Al-Ándalus. Lo mismo ganaba más o menos en una semana en su delegación comercial, pero en fin. Ahora el Alférez del Reino y su hijo le apreciaban y confiaban en él y su fama correría entre los lores portugueses pues lo que había hecho era digno de ser cantado.

    - ¿Estás contento pues, Alférez Real?
    - Claro que sí, Eleazar, pero ya conocéis el dicho: si hacéis un buen agujero se os recompensará con una pala más grande: Debéis ir a Granada, repetir vuestra incursión, entrar enla ciudad disfrazado como en Sevilla y retirar los informes de nuestro servicio de agentes en Granada. ¿Estáis dispuestos?
    - Si la paga es buena, Dom Martín, iré al infierno si eso os ayuda.
    - Sabía que podría confiar en vos.







    Durante días de viajar de noche y ocultarse en los bosques cada amanecer, Eleazar y su hueste llegó a Granada evitando las poderosas fuerzas almohades. No les fue dificil repetir la jugada, infiltrarse disfrazados en Granada y obtener los documentos de inteligencia que los espías de Portugal habían obtenido allí. Sin perder tiempo, sin contratiempos, Eleazar regresó junto al Alférez del Reino y le entregó los informes.



    - Don Martín Sanchez, espero que sean buenas noticias.
    - Lo son, mi buen Eleazar, mirad por vos mismo la cifra descifrada.
    - Hm... León y Navarra aliadas con Portugal declaran la guerra al califato. Son buenas noticias, aunque me molesta que los espías almohades lo sepan antes que nosotros mismos. Y veo aquí un listado de las fortalezas fronterizas menos defendidas y los próximos movimientos del Gran Visir y su imparable horda. Estáis de enhorabuena, Alférez Real, al califato no le importa Portugal, dirigen sus huestes hacia el Este para defenderse de la fuerza Navarro-leonesa unida cerca de Uclés mientras una fuerza menor asediará Bejar ¿Qué pensáis hacer?
    - Sencillo, Eleazar, cuando el gato falta los ratones festejan. Tomaremos Montargil mientras Bejar resiste. Si resiste.








    La hueste real portuguesa al mando combinado del Alférez del Reino avanza por el camino real rumbo a Bejar. Le pone asedio. Levanta catapultas y manteletes, prepara escalas. Es el primer asedio de Eleazar y está visiblemente nervioso. Ha recibido el honor de luchar junto al Alférez. Y elije luchar con arco y arma a dos manos para poder cargar con dos carcajs de flechas en vez de escudo y arma de mano.




    La fortaleza es pequeña, poco defendida, la hueste de su señor feudal ha marchado al asedio de Bejar. Cae fácilmente en manos portuguesas y Eleazar hace un buen papel aunque como arquero no es muy experto y sin escudo termina con alguna flecha rozándole las costillas. Los lores portugueses que participan con él comienzan a formar una buena amistad. Nada como compartir el peligro para hacer amigos. Sin embargo un mensajero trae las malas noticias: Bejar ha caído en manos almohades. El Alférez Dom Martín maldice y ordena a Eleazar, por tener la hueste más rápida y ligera, que se aproxime a explorar. Eleazar confirma el mensaje. El reino no ha ganado ni perdido fortalezas. Sólo las ha intercambiado. Eso no satisfará al Rey Sancho.





    Al llegar a Bejar Eleazar no cabe en sí de asombro: Los leoneses han cambiado sus planes y no se han unido al ejército navarro sino que han decidido aprovechar la debilidad de Bejar y tomarla para León. Eso les satisface, pues de facto es como tomársela a Portugal en su guerra eterna para retomar Portugal y volverlo un ducado propio. Eleazar decide aún así que es mejor presentarse al maestro de asedio leonés y preguntar si aceptan que su hueste colabore en el asalto. El leonés se ríe y dice que adelante. Que mate todos los moros que Dios quiera. Y Eleazar espera tranquilamente en las tiendas de su hueste a que el Maestre de Asedio de la orden de tomar las murallas que se dará en breve.



    La enorme hueste leonesa no tiene problema en tomar la recién asignada defensa de Bejar y asaltando la torre del homenaje Eleazar captura personalmente al Emir al que se le acababa de conceder su defensa: El anterior dueño y señor de Montargil.



    Eleazar solicita al maestre de asedio leonés la gracia de permitir llevárselo como prisionero a Portugal para posteriores intercambios, éste accede, después de todo las capturas pertenecen a quienes las realizan. Eleazar no tarda en unirse de nuevo a la hueste unida del Alférez Real, informar de la captura de Bejar por los leoneses e informa de la captura de Yahiya ibn Nars. Dom Martín no está satisfecho, aunque alaba el valor de Eleazar y le informa que el hijo de Martinho Pires podría ser intercambiado por el Emir Yahiya. Martinho recompensa a Eleazar con 2000 monedas de oro y gana gran prestigio entre las tropas portuguesas.







    Las semanas pasan y el Alférez Dom Martín ha caído en desgracia. El rey ha ordenado en persona al alférez que vuelva a Lisboa. Pronto será de dominio público que el mando general de la hueste portuguesa recaerá en Mendo de Sousa. El nuevo alférez toma el mando y se dedica a hostigar las patrullas fronterizas almohades, capturando juntos al emir de Lanjarón, Nasser ibn Tayyer, que Eleazar graciosamente solicita sea puesto en libertad para demostrar la buena voluntad de las fuerzas portuguesas. Dom Mendo accede admirado por la caballerosidad de nuestro héroe.





    El Califato lucha en tres frentes dando un respiro a Portugal que comienza con su nuevo alférez una estrategia de saqueos y folçados, esto es, cabalgadas y algaradas quemando, saqueando y esclavizando las aldeas almohades fronterizas. Eleazar no participa con su hueste en tales atropellos. No es bueno que el pobre pague por las guerras de los señores, pero así es como se financian principalmente las guerras de estos tiempos. Sin embargo nuevas noticias llegan a la hueste de Dom Mendo. Noticias que perturban profundamente a Eleazar, que no cabe en sí de asombro: Castilla, como estaba previsto, ha firmado una tregua con Aragón, según lo planeado, para que ambos reinos aparten sus diferencias para ayudar a la alianza portuguesa-navarro-leonesa contra el califato uniendo a toda la cristiandad, pero el Rey de Castilla ha traicionado a todos. Ha declarado la guerra a Navarra tomando la fortaleza de Belmonte de manos del rey navarro. Eleazar arde de ira contenida. No puede ser de otra manera. Dado que este asalto fuerza a Navarra a salir de la alianza firmando una tregua con el Califa, Eleazar pide permiso y le es concedido de abandonar temporalmente su embajada en Portugal y regresar en socorro de su reino. El rey Sancho el repoblador abraza a nuestro héroe y le dice que, de necesitar alguna vez refugio y señor, siempre contará con un hogar aquí en Lisboa. Eleazar está lleno de determinación. Partirá a Navarra, a defender su reino del castellano. No puede ser de otra manera. Y aunque le duele abandonar su preciosa casa solariega en Lisboa parte con su mesnada, que ha ganado experiencia y fama, ese mismo amanecer diciendo adiós al Atlántico, o quizás un hasta luego.








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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Mar Mar 22, 2016 8:25 pm

    GUERRA NAVARRO-CASTELLANA



    Cuando el Reino de Navarra se atrevió a tomar de manos del califato el feudo de Belmonte, cercano a Cuenca, no advirtió que estaba dando a Castilla un mezquino casus belli pues Belmonte perteneció a Castilla hace años, antes de perderlo tras la humillante derrota en Alarcos. Ahora, sabiéndose más fuerte que Navarra pero menos que el califato, traicionaba la confianza de los reinos cristianos atacando a uno en vez de unirse a la alianza contra el enemigo común. Eleazar no podía creer tanta mezquindad. Castilla asediaba Belmonte, recién conquistada, con una guarnición simbólica, y nadie podía acudir en socorro de Navarra, estando todos unidos contra los almohades. La única esperanza de alianza podía venir de manos de Aragón, pero al haber firmado recientemente la paz con Castilla no podría ayudar hasta que el plazo de la tregua se cumpliese. Navarra estaba sola contra un reino que la decuplicaba en tamaño, fuerza y armas.



    Eleazar aún así no dudó en lanzar su mesnada, veterana de las guerras en Portugal, experimentada, aunque no demasiado grande. 81 infantes al mando de sus oficiales, Mando y Galcerán, Ramón y Wilhelm, Rui y Bakr-Bahig, al mando cada uno de ellos de 10 infantes. Del bienestar de la mesnada se encargaba el médico Tammum, la cocinera-avituayadora Juana, el encargado de los carros Nuño, que era también el aprendiz táctico y el encargado de los campamentos. Pero Soaeres de Moreira era el pagador y el negociador principal. Alí era el jefe de exploradores, experto en seguir rastros. Cuando la hueste alcanzó Belmonte no podían creer lo que estaban viendo. La hueste castellana podría fácilmente aplastar a los pocos defensores. Burlar el círculo de asedio e introducir la hueste era un suicidio así que Eleazar decidió introducirse él personalmente, reunir informes y viajar a donde se encontrase el ejército navarro.




    Fortún Aritza había tenido la mala suerte de recibir Belmonte en feudo hacía pocos meses. Su pequeña hueste, de un infanzón aldeano, sin riqueza para pagar grandes guarniciones, no era rival para Castilla. Eleazar saltó el muro por la noche y dio su nombre al asustado cabo de guardia al que se presentó. Fortún Aritza le reconoció y le hizo llevar a sus aposentos.

    - Todo está perdido, mi buen Eleazar, si tú has saltado el muro cualquiera podría hacerlo. No estamos muertos porque no quieren que alguno de sus hombres se resbale trepando por la noche y tengan así una baja.
    - Vamos, vamos, Fortún, no seas cenizo. Puedes rendir la plaza y retirarte con tus hombres a Navarra.
    - ¿Y qué dirían de mi? No, Eleazar, debo luchar. Belmonte caerá pero nadie dirá de mi que por fin gané un castillo y lo perdí en menos de un mes sin luchar. Si tengo suerte y sobrevivo, mi hermana pagará rescate por mi, si no al menos moriré señor de una fortaleza arrebatada de las manos del moro. ¿Me ayudarás? ¿De cuántos hombres dispones?
    - Fortún, ya sabes que he vuelto de Portugal, apenas tengo 80 hombres conmigo, y no saben defender un asedio de fuerzas 10 veces superiores. No. No te acompañaré en tu dolor, lo siento. Pero puedo llevarle noticias tuyas a casa y pedir ayuda al Rey. Dame cartas, yo te las llevaré.
    - Me desangro y tú me quitas una mota del ojo, pero no puedo pedirte más, me alegro de haberte visto al menos. Sí. Lleva estas cartas al rey y a mi familia. Tal vez pase una temporada en las mazmorras de Granada o quizás abone las coles de Belmonte pero mis palabras se oirán gracias a ti en Pamplona. Diles que son unos cabrones por dejarme solo. Diles que no dejen que Castilla abuse de sus vecinos cuando están luchando contra el moro. Diles que te he pedido personalmente que mates a todos los castellanos que puedas en defensa de nuestro reino. En fin. Dame un abrazo, llévate las cartas y corre lejos de aquí antes de que amanezca o decida dispararte una flecha en la nuca por dejarme en este pozo de mierda.
    - Hasta muy pronto, Fortún, te deseo fortuna.
    - Vete ya, payaso de pelo colorado, vete ya y déjame morir en paz.



    Eleazar saltó de nuevo el muro antes de que amaneciera y corrió entre setos y bosques bajos sin ser detectado por los asediantes. Sin embargo la tristeza le abatió al oír las trompas castellanas que en cuanto el sol asomó por el horizonte ordenaban el asalto. No podía hacer mas que ir a Navarra a dar la triste noticia: Belmonte había caído y nada se sabía de Fortún Aritza.
    Sin perder tiempo, Eleazar se reunió con su hueste y al trote llegaron a Vitoria, donde Aritza sabía que las tropas se reunirían. No encontraron sin embargo ni al rey ni a la hueste, el informe del asediado Fortún estaba obsoleto. En Vitoria Eleazar fue informado que Navarra asediaba ahora mismo Reinosa ignorando el asedio de la menos jugosa Belmonte, sacrificando a sabiendas a Fortún Aritza y su mesnada. Pero al menos Eleazar aprovechó la visita a la segunda ciudad navarra y ordenó la apertura de una segunda delegación comercial, gastando otras 10.000 monedas de oro, a cuyo mando colocó a Ramón Guillem y a Wilhelm von Gunzburg, que a pesar de no ser buenos comerciantes, sabían mandar y obtener de un equipo una defensa firme en estos tiempos de guerra. Mientras Ramón supervisaba la construcción de las tinas de tintado Wilhelm cabalgó a la vecina Pamplona, a pedir ayuda a Bernardo Legionense y Aldonza, jefes de esa delegación, para que les ayudasen a levantar el negocio. Mientras tanto Eleazar y sus infantes ligeros llegaron a Reinosa, en donde la hueste navarra asediaba al enemigo.





    Jakes Scors es el nuevo Alférez del Reino de Navarra. Eleazar acude a su tienda en el campamento de asedio de Reinosa y se presenta ante él para darle las tristes nuevas de la caída de Belmonte.

    - Sí, ya contamos con la caída de Belmonte. ¿Y qué? Belmonte está más allá de tierras aragonesas y castellanas. La tomé en primer lugar para intercambiarla con castilla o Aragón cuando la cruzada comenzase. Ahora no tiene sentido estratégico conservarla. Que se la queden. El tiempo precioso que nos han dado alejando tropas de Reinosa nos beneficia.
    - ¿Y qué pasa con Fortún Aritza, mi señor?
    - Fortún es un muchacho joven y fuerte que seguramente sobreviva a un asedio tan desigual. Se rendirá, será capturado y lo intercambiaremos por otro Señor o, de ser barato, pagaremos un rescate por él. La guerra de hoy en día está regida por la caballerosidad y la inteligencia, uno no mata fuentes de beneficios, uno no captura si no puede esclavizar o pedir rescate por sus prisioneros. Nada malo le pasará a Fortún a parte de perder su nuevo feudo y su mesnada, que está perdida, pero no es una gran pérdida para Navarra.
    - Eso es muy frío y deshumanizado.
    - ¡ESO ES LA GUERRA! No puedo arriesgar a dejar Navarra indefensa por irme lejos a defender feudos arrebatados al Islam hace décadas. ¡Que se pudra Fortún Aritza! Tomaremos Reinosa, fronteriza con Navarra, aumentaremos nuestra frontera a las alturas de las fronteras gloriosas de nuestras mayores expansiones territoriales históricas. Sacrificaremos los feudos sureños tomados al Islam y saldremos al rescate de cualquier feudo navarro asediado por Castilla. Esa es la guerra y no perderé ni un instante en lamentarme por hacer lo que se debe hacer. Sois un caballero, Eleazar, y entiendo que os gustaría defender cada causa y cada batalla, pero las batallas a veces se deben perder por ganar una guerra, y Castilla nos ha dado una guerra en la que para ganar tendremos que perder muchas batallas. Haceos rápido a la idea o lo pasaréis peor aún de lo que lo deberíais pasar. Ahora idos. Mañana comenzará el asalto y debo planear los detalles. Acudid al rey, quizás él os consuele mejor de lo que yo puedo. Espero veros mañana en primera línea de asedio. He leído informes del anterior Alférez Ianol de que sois un magnífico arquero en asedios. Ea, idos.



    Sancho VII abrazó a Eleazar y miró su nueva armadura.
    - Factura portuguesa, no me cabe duda. Habéis prosperado allá al Oeste. Decidme, ¿quién os dio permiso para duplicar vuestra hueste? Mis hombres me cuentan que mandáis casi 80 hombres.
    - Mi señor... La guerra contra el Califa...
    - Nononono, yo lo que quiero saber es cuánto me cuestan esos otros 40 portugueses adicionales.
    - Pero señor, cuando me enviasteis no me disteis paga ni peculio en prenda por tomar prestadas vuestras seis mil monedas y esa mesnada me la he pagado yo de mi bolsillo todos estos meses, tanto los 40 castellanos como los 30 portugueses.
    - ¿Qué me dices, sin feudo ni renta?
    - Pagado de mis ingresos comerciales.
    - Dios nos libre, que aberración para un caballero. Eso hay que ponerle remedio, pardiez. Estoy contento con vos, hermano, y os diré que, en esta guerra, si os comportáis como debe un auténtico Jimena de sangre real, os otorgaré señorío, renta y vasallos. Ea, a dormir, que mañana empieza el asedio. Tal vez mañana mismo os ganéis una tierra que llamar propia y en donde poder enterrar los propios huesos, ¿eh?



    Justo en ese instante desde Reinosa empezaron a llover rocas sobre el campamento navarro. El Alférez Real salió de su tienda muy flemoso y adusto, miró hacia Reinosa y con voz tonante dijo: "Esos cabrones han montado una gran catapulta. No esperaremos a mañana. ¡ASALTAD LOS MUROS!"



    Eleazar tomó su arco y se rodeó de sus fieles compañeros. Alí y Bakr-Bahig, Mendo y Galcerán, organizaron a sus 80 infantes ligeros navarros y portugueses y se lanzaron ordenadamente a las escalas que el maestre de asedio les asigno. Allí estaba el rey, un gigante entre sus escoltas, bramando con su mandoble a dos manos que le dejasen paso, que voy, dejádmelos todos. Allí estaba el Alférez real subiendo con flema y sin prisas por su escala como si pasease por sus jardines golpeando a izquierda y derecha con su maza de mando con desprecio. Allí estaba la nobleza navarra con sus mesnadas, tomando una fortaleza de un reino sin honor ni vergüenza que impedía que todos estos guerreros recuperasen España en vez de estar aquí matándose entre ellos. Eleazar vio como el Alferez recibía una flecha en el cuello y, sin perder su flema, levantaba la mano y su abanderado corría a ponerse junto al rey. Jakes Scors se retiraba herido y cedía el mando al Rey gigante. Entonces la catapulta de asedio de Reinosa disparó alto y una enorme piedra reventó junto al rey. Eleazar saltó de su escala y, en contra de las órdenes, corrió junto a su hermano seguido de sus hombres que hicieron un muro de escudos sobre Sancho Jimena. "¡Qué coño haces, estúpido, estoy bien, sólo han aplastado el abanderado". Bajo la piedra, en un charco de sangre, un puño enguantado sostenía un estandarte navarro. Eleazar lo tomó al advertir que el rey mentía, su tobillo izquierdo giraba en un sentido erróneo. Con el estandarte en la zurda y el alfanje que el Califa le regaló en la diestra Eleazar gritó: "¡a los muros!" y trepó la escala abriendo una cabeza de puente en las almenas, dejando paso a la tropa navarra para tomar torre a torre, patio a patio, hasta prender fuego a la misma torre del homenaje.



    Reinosa había caído, aunque el precio no había sido barato en sangre navarra. Atando a los últimos prisioneros, Eleazar se vio rodeado del Rey, que avanzaba con una muleta, y del Alférez real, que tenía un rojizo vendaje en el cuello, junto otros maduros lores navarros.
    - No me gusta, Eleazar, que cuando le digo a un joven prometedor para animarle a hacer heroicidades a lo largo de toda una guerra que le otorgaré tierras y honores cuando se haga merecedor de ello que al cabo de unos minutos me venga y me diga: "toma, rey, aquí tienes TODAS las heroicidades que me pediste". -Eleazar se sonrojó sin querer, cosa que por su tono de piel era muy evidente.- Vamos, joder, me duele la pierna, no me lo tengas en cuenta. Estoy muy contento contigo. Y aunque Reinosa será para un noble más experimentado y poderoso, que pueda pagar por defenderlo, tú vas a ser correctamente recompensado por lo que has hecho, no ha pasado desapercibido. Has actuado como un Rey de las montañas de antaño. Un héroe guerrero, un loco, en definitiva, así nuestros antepasados ganaron sus feudos, no te quepa duda. Levántate y dame un abrazo, Don Eleazar Jimena, Señor vasallo de Navarra, dame un abrazo porque yo te otorgo hoy honor y tierras, el feudo de Azpeita, con sus vasallos y rentas. Sigue así y tendré que darte hasta un castillo, hermano.



    Y Eleazar abrazó a su hermano y rey y luego se arrodilló y juró ante los nobles de Navarra reunidos, ante su rey y ante Dios solemne vasallaje. Y el rey le besó en la boca y las mejillas y volvió a abrazarle, y le acompañó a la tienda real en donde celebraron y bebieron y comentaron las heroicidades de esa jornada.

    "¿Qué colores lucirás?" Dijo el Rey. "Ya sabes, ¿tienes pensado un estandarte? ¿No? ¿Qué pendón usabas en la guerra portuguesa, el de Navarra? Vaya... Bueno, sé que en tus aventuras de torneo y torneo te llamaban Al Ahmar, el león rojo, pero eres un Jimena y sangre de mi sangre, así que no puedes tener un estandarte que no luzca el dorado de los Jimena, que para eso nos lo otorgó un viejo Papa. En campo de oro, lucirás un león rampante negro, como negro es nuestro águila Jimena, el Arrano Beltza. ¿Qué te parece?"
    Eleazar, bastante borracho, asintió complacido. "León negro sobre oro. Me gusta". Y sonrió como un bobo mientras se escurría borracho de su silla de tijera al suelo y caía dormido.






    Lleno de ilusión, confiado, dispuesto a comerse el mundo, Eleazar decidió patrullar con sus casi 80 hombres, pues había sufrido algunas bajas en el asedio de Reinosa, dado que el Alférez había ordenado la disolución del ejército real tras la toma del castillo para que los lores volvieran a sus feudos y reorganizasen sus tropas... Y él pudiera curar un poco el flechazo del cuello. Eleazar se internó en territorio castellano en busca de mesnadas enemigas que vencer cuando Alí, que estaba de avanzada, galopó al encuentro de Eleazar: "¡Emir, en el valle luchan las tropas de un lord navarro contra la mesnada principal de la corona castellana, les duplican en número!" Eleazar se irguió en su caballo. "¡Al rescate, camaradas, al rescate!"



    Formando en 10 apretadas filas de 8 infantes, encabezada cada una por uno de los compañeros de Eleazar, armados con escudos y armas de mano, la tropa del recién nombrado Señor de Azpeita chocó con un flanco de la infantería castellana sorprendiéndolos, pero cuando el Rey advirtió su presencia ordenó a la caballería ligera que atacase a Eleazar por la retaguardia. El mismo rey acto seguido tomó una reducida unidad de caballeros e infanzones y cargó contra el flanco de Eleazar diezmando la mesnada. La superioridad era brutal, los gritos, la sangre, la unidad se desbandó y el mismo Rey de Castilla bajó de su caballo y clavó la lanza en el hombro de Eleazar al grito de "¡Yo a ti te conozco, montañés, yo a ti te voy a enseñar lo que valen las lanzas de Castilla!" Eleazar sintió un dolor tremendo, caído en tierra, el dolor le sumió en la insconsciencia y no despertó hasta una o dos horas después en una camilla improvisada hecha de ramas en mitad de un bosque de altos pinos. "¿Dónde estoy?" Tammum cambiaba su vendaje cuidadosamente. "Mi señor, tus hombres te apartaron de la lucha y nos retiramos hasta estos bosques en donde la caballería castellana no nos persiguió". ¿Cuántos... cuántos somos?" Eleazar buscaba rostros conocidos entre los heridos que le rodeaban. "Perdimos a más de 40 de los nuestros, aunque ninguno de los oficiales, muchos de ellos tienen heridas menores. Tenemos 16 heridos pero conseguimos retirarnos con algo parecido a una formación en cuadro del campo mientras se entretenían arrasando al lord navarro. Nos han dado una buena paliza". Eleazar dejó caer la cabeza. Intentó mover el brazo pero Tammum le abofeteó con cariño. "Nada de mover el brazo. Nos iremos a lamernos las heridas, a tu nuevo y flamante feudo de Azpeitia, si quieres, pero no estamos en condiciones de luchas como tampoco lo estás tú de luchar al menos en una o dos semanas". Se miraron a los ojos. "¿Entonces podré volver a luchar?" Tammum sonrió. "Como un jabato, si quieres, pero ha sido una locura enfrentarnos a tropas de élite. No tenemos caballería, ni infantería pesada, ni siquiera una tropa numerosa de ballesteros o arqueros. Tenemos que huir del frente, hijo mio, y rápido".


    El Rey de Castilla vence personalmente a Eleazar


    Llegada al pobre feudo de Azpeita, cerca de Alsasu

    Maltrechos, diezmados, los hombres de Eleazar toman la ruta de Pamplona y se alejan del frente a la mayor velocidad posible. Su destino es el nuevo feudo de Eleazar, Azpeita, en el valle bajo los montes de Alzania, al norte de Alsasu, noroeste de Pamplona, cerca del Cantábrico. Aldea pobre, pescadores, pastores, de recios e independientes vascones que fueron antaño castellanos, antaño independientes. Sangre de los pueblos celtas y vascos que nunca fueron totalmente conquistados por romanos ni visigodos. Eleazar recibe una fría bienvenida cuando proclama con el documento real ser el nuevo Señor de Azpeita y sus tierras colindantes hasta el mar. Las autoridades, casi tribales, del feudo aceptan a regañadientes a su nuevo señor, y éste se dirige a ellos: "Vivimos en un tiempo en que el cristiano lucha contra el cristiano, en que tropas castellanas hacen algaradas en aldeas cristianas como la nuestra. Pero yo os digo que vengo aquí a defenderos y a ayudaros a construir prosperidad y paz, para que podáis recoger vuestros campos y lanzar vuestras redes, criar vuestras cabras y talar vuestros bosques de alisos, debéis ayudarme con vuestros brazos, con vuestras armas, a defendernos del enemigo, sea cual sea, venga cuando venga". Las autoridades no parecen muy convencidos, pero en los siguientes días tras correrse la voz por la comarca van llegando jóvenes vasco navarros dispuestos a enrolarse en la maltrecha unidad de Eleazar. Y pasan las siguientes semanas entrenándoles. Eleazar ordena construir una estructura de madera de aliso y cimiento de piedra que sirva de cuartel. Una Casa Solariega donde asentar la mesnada y servirle de centro de operaciones. Allí Eleazar podrá descansar y recuperar la fuerza de su mesnada, y él mismo personalmente entrena en el uso de la lanza, la espada y el arco a sus futuros peones de Azpeita una vez que se recupera de su herida y Tammum le da permiso.





    Día y noche, los campesinos, pastores y pescadores de Azpeita entrenan y Eleazar les asigna equipo y armas y recupera poco a poco las fuerzas de la mesnada. Ya sólo quedan 12 peones ligeros portugueses y 28 peones de la escolta original navarra. Ahora con sus nuevos refuerzos Eleazar vuelve a comandar una mesnada de 83 infantes al mando de sus compañeros. No es mucho, no es ni de lejos una tropa de élite, pero es una tropa de la que sentirse orgulloso. Mientras, mesnadas castellanas recorren Navarra casi impunemente desde que el Alférez real ordenó la disolución del ejército tras caer herido en el cuello. Han llegado rumores de los buhoneros de que han asaltado las cercanas Agoitz, Leitza y Zarauz... Todo parece indicar que Azpeita podría ser la siguiente, Eleazar monta puestos de vigía en altozanos alrededor del feudo y asigna mensajeros para que dé tiempo a formar la defensa cuando el enemigo llegue. Y muy pronto la hueste castellana hizo su aparición.



    Una vez que el mensajero del puesto norte avisa de la proximidad de banderas castellanas, Eleazar ordena formar su mesnada y equipados y listos, salen al encuentro del invasor.



    El señor de la mesnada avanza con su abanderado y su heraldo por delante de su hueste y en son de paz parlamenta con Eleazar. "Yo soy Diego Bosón, Señor de Atienza, y mi rey me ha ordenado que lleve la guerra a sangre y fuego a las tierras vascas de Navarra. ¿Quién sois vos que os atrevéis con vuestra chusma montañera a enfrentarme? Hablad rápido antes de que os arranque la lengua".

    Eleazar no tiene ganas de parlamentar. Ve tropas experimentadas, duras y con el brillo del saqueo y la violación en los ojos. Se presenta como nuevo señor de Azpeita y clama que no dejará que el feudo sea saqueado. "Como vos queráis, "Señor de Azpeita". ¿Sabéis acaso que estas aldeas las fundaron reyes de Castilla? En fin, espero que no me guardéis rencor, esto es la guerra, y mi hueste necesita el dinero y los alimentos que tomaremos de vuestras manos muertas". Diego Bosón ríe y se retira a su hueste sin decir más. Su heraldo ha ordenado atacar y Eleazar regresa a la relativa seguridad de Azpeita esperando el asalto. No habrá cuartel.



    Bosón y los suyos, enarbolando antorchas, asaltan Azpeita y luchan con la avidez del saqueador, como vikingos de antaño, como salvajes, se enfrentan a las tropas vasco navarras de Eleazar como animales. Eleazar ordena un muro de escudos, sus ligeros peones, inexpertos pero bien entrenados, presentan una defensa férrea, usando las casas aldeanas para proteger sus flancos, con una nube de arqueros cazadores de las montañas y un grupo de vascos montañeros lanzando venablos y piedras, poco a poco la aldea resiste el primer asalto. Entonces Eleazar ordena a sus jefes de escuadras que monten y persiguen a Bosón mientras se retira, y golpeándole en persona con un hacha a dos manos desde el caballo el lord castellano muerde el polvo. Sus hombres lo recogen y se retiran. Los vigías de Eleazar informan que los restos de su mesnada ponen rumbo a Castilla. Ya no habrá más saqueos en las aldeas navarras por el momento.





    La victoria hizo que otros jóvenes de la comarca se decidieran a unirse a la hueste de Eleazar, y un pastor le informó que había otra hueste castellana saqueando y quemando campos y aldeas por tierras vascas. Eleazar reunió a sus oficiales y juntos decidieron salir en busca de este enemigo por las montañas. Formaron a pie, y por senderos de caza y pasos ocultos Eleazar buscó durante días las pistas del lord castellano.



    Cerca de Bilbao un cazador informó a Eleazar que una gran concentración de saqueadores se había reunido en los montes cercanos. Animados por los saqueos castellanos, se habían reunido y estaban asaltando caseríos y granjas por todas las montañas. Eleazar no dudó en lanzar su hueste a eliminar el nido de bandidos.



    Vencidos, la infantería ligera de Eleazar rodeó a los supervivientes y se les ofreció una oportunidad: "Uníos a mi y medrad en mi hueste o morid. Decidid rápido". Así una tropa de vascones, salvajes, montañeses, incluso algunos almogavers del otro lado de los Pirineos se unieron a Eleazar sustituyendo sus bajas y dando a la mesnada un apoyo de tropas ligeras de proyectiles.





    Uno de los vascones salvajes que se unieron al Señor de Azpeita se quitó la gorra e informó del paradero del campamento castellano. Eleazar ordenó sin más demora asaltarles. Guiados por los vascones, avanzando de noche por las laderas de montes boscosos y húmedos, la tropa de Eleazar asaltó el campamento castellano y pasó a cuchillo al enemigo. Salvajemente, como luchaban los montañeses, como luchaban los vascos y navarros desde la noche de los tiempos contra el invasor castellano, sólo la vida del infanzón que los mandaba fue respetada, el resto fue muerto rápida y eficientemente y arrojados sus cadáveres a una fosa natural no sin antes saquear sus armas y equipo aún utilizables.




    Resultó ser Fernando Ansúrez, descendiente de antiguos condes de Castilla y señores de Burgos. Eleazar obtendría por él un buen rescate y los montes vascos estaban desde ahora libres de presencia castellana.

    Antes de emprender viaje a Pamplona, Eleazar dejó Azpeita con los víveres y el ganado recuperados de los saqueos de los bandidos y la hueste de Ansúrez. Azpeita podría prosperar de nuevo, libre de lo peor de esta guerra. La Casa Solar de Eleazar de Azpeita se terminó con un tejado de fuertes tejas de pizarra preparado para la nieve y la lluvia y Eleazar en persona colocó sobre el portón una reproducción de su león negro en fondo dorado. Aún no tenía lema, pero esperaba encontrar pronto uno que le representase. Lo primero que ordenaría al llegar a Pamplona sería que Bernardo Legionense abandonase la delegación comercial y se encargase en persona de representar a Eleazar en Azpeita y levantar una serie de construcciones, una torre vigía, una escuela, una serie de fortificaciones, lo que poco a poco los beneficios comerciales de Eleazar le permitieran.



    Pamplona estaba rodeada por un mar de tiendas y estandartes luciendo los colores de la nobleza navarra. El Alférez real, Jakes Escors, había convocado al ejército para un sorprendente golpe de mano: Tomar al asalto la vieja capital castellana antes de ser trasladada a Toledo: Burgos. Sede tradicional del reino. Al rey Sancho no le satisfacía el plan, como le dijo a su hermano, pero entendía que de salir bien podría ser un buen feudo que intercambiar para conseguir una tregua. El ejército navarro estaba preparada para partir. Eleazar envió a Pero Soares a tramitar los rescates de los prisioneros con el comisionista. Sumando los rescates de los soldados de Diego Bosón y el rescate del mismo Fernando Ansúrez, obtuvo un capital que le permitió mejorar el equipo de su mesnada ascendiendo a casi la mitad de sus peones ligeros a pesados dándoles excelentes armaduras, escudos de roble y yelmos firmes de factura pamplonica. Mientras ideó un sistema de entrenamiento dirigido por Fradrique y Galcerán para entrenar a sus vascuences y montañeses en ballesteros ligeros. En esa nueva equipación se fueron los beneficios obtenidos de los primeros impuestos de Azpeita.







    Casi todas las fuerzas navarras rodearon de cadenas y trincheras las viejas y poderosas murallas de Burgos. ¡Burgos! Sede de los reyes de Castilla de antaño. ¡Qué golpe para Castilla perder su antigua capital! Sin embargo el asedio no avanzaba. Jakes Escors, sin voz, aún ronco por la herida sufrida, parecía indeciso. Las catapultas no avanzaban, las torres de asedio no se elevaban, las escalas dormían en las trincheras. El rey se impacientaba pues temía lo inevitable: Al cabo de pocos días de asedio el ejército castellano casi íntegro se vio en el horizonte. Las tropas formaron, los ballesteros tomaron posiciones, desde los muros de Burgos se oían vítores al ver sus rescatadores. El rey confió a Eleazar: "Les comanda Gonzalo Gómez de Roa, alférez de Castilla. Un general hábil y experimentado. Medirá nuestras fuerzas y veremos que decide. Estamos entre la espada y la pared". Pero el ejército castellano se retiró más allá del alcance de ballestas y catapultas navarras y acampó. Esa noche El Rey gigante confió a Eleazar lo que iba a pasar: "Esperan a que asaltemos la muralla. Espera a que nos distraigamos y empecemos a tener bajas y entonces atacarán con todo. Escors nos ha metido en un pozo de mierda y esta va a ser la última vez que arriesgue mi reino en sus manos. ¡Eleazar! Darás a Jakes Escors de viva voz este mensaje: "El rey ya no confía en vos como alférez real por vuestras acciones que han puesto en peligro el Reino. Vuestra última orden como general de los ejércitos será romper el cerco de Burgos y retirar el ejército hasta Pamplona". Después, Eleazar, volarás al campamento castellano y hablarás con Gómez de Roa. Negocia con él, usa tus propios términos, confío en tus dotes como enviado, ea, corre, ¡vuela!"





    Gonzalo Gómez, señor de Roa y Aza, Alférez Real de Castilla, Abanderado del Rey, Mayordomo del reino y un sin fin de títulos más. Poderoso. Rico. Experimentado. Inteligente. Rico en ardidez. Gonzalo Gómez miró con sus penetrantes ojos al joven Eleazar. "Vienes a parlamentar, cachorro. Habla".
    Eleazar conversó con el noble, le habló de generalidades y particularidades, de obviedades como que el Rey de Navarra estaba presente en el asedio, intentó marear a Gómez de Roa, intentó hablar del baño de sangre, de la guerra entre cristianos, del error castellano de dejar Burgos indefenso, de la incapacidad de Castilla para tomar feudos navarros y la caída de castillos de la cornisa cantábrica en manos navarras. Habló de ganancias y pérdidas, de vida y muerte, de murallas y mesnadas, toreó y esquivó, fintó y negoció mientras Gonzalo Gómez de Roa le miraba inexpresivo. Cuando Eleazar se quedó mirando al maduro lord durante unos instantes éste al fin intervino. "¿Has terminado, joven? Bien. Te diré lo que vamos a hacer. Cojerás tú y tu rey, tu ejército y tus máquinas de asedio y os volveréis a Navarra. Dejaréis Burgos tranquila y no desenvainará nadie su espada. Yo me quedaré quietecito mirando como os marcháis, y tú y yo nos llevaremos a nuestros reyes un pergamino como este que tengo en la mano: La tregua de esta guerra absurda de cristiano contra cristiano. ¿Me he expresado con claridad? Bien. Llévale el legajo a tu rey, que lo firme, dos copias, me traes una a mi y a cambio te daré esta firmada por mi rey y nos podremos ir todos tranquilos a casa. Ten por cierto, eso sí, que esto es una tregua. Quizá dentro de un año a mi señor y rey se levante con el pié izquierdo y vuelva a por más sangre en su sueño de unir España toda, pero hoy tú y yo dormiremos en paz esta noche. Ea, Eleazar, corre".
    Eleazar empezaba a cansarse de esa manía de los lores de ir siempre diciéndole "ea, ea, corre, vuela, obedece". Era una feísima costumbre, pero aún así obedeció y regresó ante el Alférez con el permiso real navarro para firmar una tregua. Eleazar firmó como testigo navarro en la copia firmada por el rey de castilla. Gómez de Roa como testigo castellano en la copia navarra. Eleazar se sentía extrañamente aliviado. Regresó al campamento mientras ya comenzaban los preparativos para marcharse. La guerra había terminado. Al menos había una tregua. Burgos se había salvado con unas pocas firmas. Quizás ahora, con suerte, los reinos hispanos podrían al fin unirse y derrotar al almohade, quizás Castilla volvería a recuperar las plazas de su noreste conquistadas por Navarra o las plazas navarras del sur conquistadas por Castilla, pero Eleazar confiaba en que todo podría salir bien. Por lo pronto ahora Navarra estaba en paz de nuevo. ¡En paz!


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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Vie Mar 25, 2016 4:23 pm

    TREGUAS NAVARRAS

    Con Navarra manteniendo treguas con Castilla y el Califato Almohade sólo una amenaza real se cernía sobre el reino hasta que los plazos de las treguas vencieran. Aragón, poderoso reino costero al Este de Navarra podría fácilmente caer sobre las montañas y barrer las debilitadas huestes. El rey había convocado cortes en el castillo del poderoso mallordomo de Navarra, allí se decidirían las estrategias y órdenes reales. Eleazar acudió con una ligera escolta y asistió al discurso de su hermano.



    - ¡Nobles de Navarra! El honor nos condujo a la guerra cuando Miramamolín atacó a Portugal, nuestro reino amigo. Castilla nos atacó mientras nosotros tomábamos fortalezas andalusíes en el sur, en su sueño de unificar España a todo coste, sea la guerra o la traición. Nos defendimos de Castilla y conseguimos una tregua a cambio de no reducir Burgos a cenizas pero la tregua terminará y Castilla querrá recuperar los feudos que ganamos en combate así como el Califato querrá recuperar sus feudos que aún nos quedan en el lejano sur, muy lejos de nuestras fronteras naturales, muy lejos de nuestras líneas de abastecimiento, pero ahora, ahora, nobles de Navarra, nos amenaza el reino de Aragón, y nada le impide arrasar nuestras debilitadas fuerzas. Yo os daré una orden real y como tal deberá ser obedecida: Yo, Rey de Navarra, os ordeno reforzar vuestras huestes y fortalezas, preparaos para la guerra, preparaos para defender el reino del enemigo exterior, sea Castilla o Aragón, cristiano o musulmán, esa es, yo lo ordeno, vuestra primera prioridad. El nuevo Alférez Real os proporcionará toda ayuda que la corona pueda daros, no esperéis, eso sí, tropas o dinero, pues las fuerza de la corona también invertirán todo lo que el reino produzca en reforzarnos para la guerra que todo indica que se aproxima. Como medida excepcional enviaremos al rey Pedro II de Aragón una embajada de paz y amistad, yo pondré al mando de esta embajada a mi joven hermano que ha demostrado en estos tiempos sus dotes diplomáticas y negociadoras. No podemos permitir que Aragón termine el trabajo que Castilla ha comenzado. Somos un reino encadenado, las montañas al este, dominadas por los aragoneses, los francos al norte, los castellanos al oeste, los almohades al sur. Somos una joya preciosa engarzada en una cadena anclada en Francia y Aragón, Castilla y león, montañas y mares. Pero yo os diré que este reino no caerá en manos de mis primos y sus reinos vecinos, como tampoco caerá bajo la influencia del expasionista Islam como en tiempos de Pelayo el norte resistirá la fe de Mahoma. Esto es todo lo que os tengo que decir.


    Casa Solariega de Eleazar circa 1200 en la aldea montañesa de Azpeita

    Eleazar aprobó ampliamente el discurso, sobre todo las partes que él mismo había escrito para su hermano, estaba especialmente orgulloso de la metáfora de la joya encadenada, era una hermosa imagen que representaba bien a Navarra, digna de ser el escudo que un Rey llevara a la guerra. Pero sí, pronto partiría a Barcelona y Zaragoza a buscar al rey Pedro, a arrodillarse ante él y suplicarle que no arrasase Navarra. Lo que fuera con tal de dar tiempo al reino a recuperar sus fuerzas. La corte se disolvió y Eleazar retornó a Azpeita, a su hermosa y nueva Casa Solariega, en donde organizó todo para las semanas que pasaría fuera. Bernardo Legionense estaría al mando del feudo y seguiría sus órdenes de construir la escuela, la torre vigía, las empalizadas y las caballerizas. Fradrique, ayudado por Mendo y Bakr-Bahig, seguirían entrenando jóvenes vasco navarros para reforzar las defensas del feudo y aumentar la mesnada de Eleazar. En la Casa se acuartelarían los 20 peones pesados portugueses sobrevivientes hasta ahora y los otros 10 peones pesados navarros que quedaban de la escolta que el Rey proporcionó antes de ir a Portugal. Los infantes ligeros, los ballesteros ligeros, los cazadores, almogavers, javalineros y arqueros ligeros que formaban el grueso de las tropas de Azpeita habitarían sus propias casas y cabañas en los alrededores. Alí de Nubia los comandaba y entrenaba en el arte del sigilo, creando una buena fuerza de incursores ligeros y grandes tiradores. Eleazar comenzaba a sentirse muy orgulloso de su pequeña mesnada y sus 30 peones pesados eran su orgullo y alegría, el núcleo de una futura mesnada de tropas de élite. Caras de mantener, pero excelentes en su trabajo. Pronto Eleazar partió de Azpeita rumbo a la capital de Aragón y Eleazar no pudo evitar mirar atrás a las laderas boscosas de su feudo que estaba ganándose su corazón.





    Eleazar tenía otros planes además de negociar un tratado de no agresión con Aragón. Deseaba expandir su red comercial en un reino pacífico vecino, siendo la frontera más próxima Aragón, nada más poner su pie en Zaragoza, Eleazar envió a Pero Soares, su agente comercial y a Juana y Nuño Mendez a explorar los locales disponibles donde expandir la red de talleres. El comercio, según lo había diseñado Bernardo Legionense, consistía en embarcar en Lisboa tintes venidos del mediterráneo y áfrica en Lisboa, gracias a los contactos realizados allí en la embajada ante Portugal y enviarlos a Pamplona por vía marítima costeando el Cantábrico. Era un comercio peligroso y algunas galeras no llegaban a puerto lo cual eliminaba cualquier beneficio, pero cuando llegaban se trataban, bordaban y teñían según antiguas técnicas bizantinas en los talleres de Vitoria y Pamplona. Esos talleres ya no daban beneficios suficientes para mantener una mesnada de más de 80 hombres, y los ingresos de Azpeita no bastaban mas que para las mejoras en infraestructuras que se levantaban en la comarca. Así que con los últimos ahorros de los botines conseguidos a Castilla Eleazar ordenó la apertura del tercer taller en Zaragoza, unas 10.000 monedas de oro, eso dejaría las cuentas de Eleazar muy bajas, pero había decidido comprar sal y pieles venidas de las montañas en el mercado zaragozano y venderlas en Barcelona donde con los beneficios se comprarían bienes venidos de los países francos y mercancías venidas por el Mediterráneo al puerto aragonés que se podrían vender en el sur a muy buenos precios. Eleazar tenía licencia durante las treguas navarras de unos cuantos meses y tenía planeado partir de Barcelona a Mallorca, de ahí a Valencia y comerciar en las ciudades andaluzas con metales del norte a cambio de delicadas artesanías sureñas que vendería en mercados leoneses, castellanos y navarros. Durante las próximas semanas Eleazar recorrería España toda, pero antes debía entrevistarse con el rey Pedro II.



    Pedro II, llamado "El Católico", apenas 22 años. Rey de Aragón, Conde de Barcelona y Montpellier, joven, enérgico, lleno de vida, Eleazar apreciaba profundamente al rey Pedro que le recibió en la sala del trono sonriente. Eleazar se arrodilló ante él, a 5 pasos del trono y mostró las cartas reales que portaba. El rey se levantó de su sitial y levantó a Eleazar tomando los cilindros de pergamino sellados. "Comamos juntos, querido amigo".
    El rey bromeó con Eleazar y pidió detalles del desenlace de la aventura en que su joven esposa María de Montpellier había participado felizmente. Pedro reía al saber que la reina navarra, Constanza de Tolosa, amiga de su esposa, había gritado en la justa que de perder su esposo no abriría su lecho al Rey Sancho. "Y ahora tienes tierras y vasallos propios, como mi María te dijo. Ojalá estuviera aquí, adoraría saber de tus labios el desenlace de su maquinación pero está en el norte, solucionando los eternos problemas con los vasallos occitanos. ¡En Norte, Eleazar! Eso es lo que me quita el sueño. Los enfrentamientos entre cátaros y católicos acabarán mal, te lo aseguro, y los señores del norte, unos tolosanos, otros occitanos, otros medio ingleses, no aceptan el hecho de que mi reino ahora gobierna de facto todas esas tierras. Deberé lanzar contra ellos mis mesnadas, tarde o temprano, no contra Navarra ni contra el islam, esto es así, querido amigo. Sé que eso es lo que querías saber, pues ya lo sabes, Aragón no tiene intereses en Navarra como tampoco los tiene en el resto de España, es contra el Conde de Tolosa y los reyes de Francia y sus ávidos vasallos contra lucharé en los próximos años. ¿Quieres un tratado de no agresión, verdad? Bien me parece, pero todo tiene un precio en esta vida, ¿estás dispuesto a pagar? Estos son mis términos: Aragón se comprometerá a no atacar al Reino de Sancho VII el Fuerte y Navarra a cambio mandará sus mesnadas como aliada de Aragón contra el Norte. ¡Oh, Eleazar, qué bella imagen, Aragón y Navarra ampliando sus tierras más allá de los Pirineos, unidos y hermanados contra los norteños! ¿Y el sur, me preguntas? Cuando el Languedóc esté asegurado bajo mi corona ya habrá tiempo para retomar la reconquista. ¡Al-Ándalus existe desde el 711, amigo mío! Mis antepasados como Alfonso I el Emperador (que por cierto también fue rey de Pamplona) y muchos otros llevan 5 siglos enteros reconquitando Hispania al Islam sin prisa alguna. Mi propio reino lleva arrancando pedacitos a califatos y taifas desde que se fundó en el 1035. El sueño de ambición de Castilla no tiene reflejo en mi. ¡Ya tomarán mis hijos Balensiyya y Al Mayurça si les viene en gana que yo bastante tengo con que mis poderosos vasallos me envíen tropas para mantener mis tierras transpirenáicas. ¿Sabes como juré mi corona, amigo mío? Dime qué opinas de lo que me hicieron jurar: "Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos y todos juntos más que Vos, te hacemos Rey si cumples nuestros fueros y los haces cumplir, y si no, no". Eso juré ante los lores de Aragón. Es un tiempo duro y las coronas pesan...
    El rey hizo una pausa para tomar un poco de vino.



    El rey continuó con su discurso:
    - Puede que las coronas de España hayan estado tres o cuatro veces en la misma cabeza a lo largo de los años y puede que algún día uno de mis descendientes pueda llamarse Rey de España como hicieron los visigodos pero eso no pasará mientras vivamos, y si Castilla vuelve a amenazar a Navarra tal vez me vea obligado a ayudar... ¿Eso es lo que queréis a cambio de ayudarme en el norte, verdad? Bueno... Una alianza así es natural, mis amigos son vuestros amigos, vuestros enemigos son mis enemigos, y no tengo ningún cariño por mi primo castellano y su megalomanía. Tras comerse Navarra querrá morderme mi Aragón. Y una alianza así, total y completa, como la de mis antepasados reyes de Aragón y Condes de Barcelona que unieron tierra y títulos, suele cimentarse con un matrimonio, lástima que nada puedo hacer a ese respecto, aún no tengo hijos ni hijas que casar con tus sobrinos, ¿no sería hermoso que tus sobrinos sean reyes de Navarra y Aragón? ¿Crees que Sancho aceptará una alianza así conmigo? Bien, pues eso es lo que quisiera: Sea niño o niña, mi primogénito se casará con el primogénito de Sancho cuando lo tenga... Si hay suerte y no tenemos dos niñas, por ejemplo ¡JA! Bueno, pidamos a Dios buena fortuna, no sé ni qué hago planeando alianzas matrimoniales sin hijos, pero esta conversación inspira hablar del futuro, ¿verdad? Naves con la Enseña de Aragón navegando por un Mediterráneo unido bajo mi mando. Mis banderas ondeando en Italia, Bizancio y África... ¡Ea! Lo dejaré ya, pues parezco mi primo el Rey de Castilla y sus sueños de grandeza. Démonos un fuerte apretón y redactemos los términos por escrito que presentarás a Sancho, este es el comienzo de una amistad y alianza firme entre nuestros vecinos reinos. ¡Bebamos para celebrarlo, amigo mio!


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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por JBJ el Vie Abr 15, 2016 6:07 pm

    Me encantó :good:


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    Mensaje por abduno el Lun Abr 25, 2016 9:15 pm

    Hola, la traduccion donde esta? porque me lo baje pero esta todo en ingles Sad

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Sir Centu el Lun Abr 25, 2016 10:49 pm

    abduno escribió:Hola, la traduccion donde esta? porque me lo baje pero esta todo en ingles Sad


    No es lugar para preguntar esto, abduno. A parte, con poner el launcher en español debería iniciarte en español, pues el mod tiene la traducción incorporada.


    Respecto al tema: he aprovechado y me he leído algún que otro capitulillo. Me suena muchísimo haber leído algún otro AAR tuyo. ¿Puede ser?


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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Sáb Jun 18, 2016 11:10 pm

    Sir Centu escribió:
    abduno escribió:Hola, la traduccion donde esta? porque me lo baje pero esta todo en ingles Sad


    No es lugar para preguntar esto, abduno. A parte, con poner el launcher en español debería iniciarte en español, pues el mod tiene la traducción incorporada.


    Respecto al tema: he aprovechado y me he leído algún que otro capitulillo. Me suena muchísimo haber leído algún otro AAR tuyo. ¿Puede ser?

    Sí, claro, uno parecido, Europe 1200 AAR, en el que protagonista y objetivos se comparten casi al 50%. Tengo que retomar esta historia, pero tira para atrás el curro de documentación histórica que me apetecía hacer antes de seguir escribiendo sobre los lores históricos de la época :3

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Mar Nov 22, 2016 12:14 pm

    Bien, señores: ¿Continuamos con la historia de nuestro protagonista por tierras hispanas?

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Mikeboix el Mar Nov 22, 2016 3:30 pm

    Lord_Eleazar escribió:Bien, señores: ¿Continuamos con la historia de nuestro protagonista por tierras hispanas?

    Ya iría siendo hora Very Happy


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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Miér Nov 23, 2016 11:47 am



    RESUMEN DE LO ACONTECIDO HASTA AHORA

    Bien, Damas y Caballeros de Calradia e Hispania. Permítanme unos minutos de su tiempo. Soy Lord Eleazar y abandoné temporalmente esta historia de mis andanzas por Hispania el 25 de Marzo de 2016, hace ya ocho largos meses en que he dedicado mis tiempos de ocio a otros menesteres. Tanto tiempo hace que se haga necesario un resumen de lo acontecido hasta el momento antes de acometer la empresa de continuar las crónicas de Eleazar. Helo acá:

    Capítulo 1: Eleazar es reconocido como hermano bastardo del Rey de Navarra. A su servicio, recauda 6000 denares de Pamplona y huye con el dinero a Al-Andalus.
    Capítulo 2: Eleazar recorre el circuito de torneos andalusíes y se hace fama y fortuna como "Alhamar Asad", el León Rojo.
    Como campeón de torneos, con la ayuda de las reinas de Aragón y de Navarra, Eleazar retorna al servicio de su hermanastro el Rey de Navarra tras vencerle en el torneo de Pamplona en buena lid.
    Capítulo 3: Eleazar reúne 14 compañeros y 30 hombres formando una pequeña hueste navarra realizando misiones para sus lores.
    Capítulo 4: El rey de Navarra envía a Eleazar como embajador a Portugal. Eleazar y sus hombres ayudan militarmente en la guerra contra el Islam.
    Capítulo 5: Castilla declara la guerra a Navarra. Eleazar regresa a su tierra. Por su heroicidad en la guerra el Rey de Navarra otorga la aldea de Azpeitia a nuestro protagonista.
    Capítulo 6: Se firma una tregua entre Castilla y Navarra. Eleazar negocia un tratado de no agresión con Aragón. La hueste de Eleazar ya está formada por unos 30 infantes pesados navarros y portugueses y unos 40 salvajes montañeses vascos y almogavers con tropas de proyectiles.

    Y eso es todo, Damas y Caballeros de España y Calradia. En breves días retomaremos esta historia, confío en que despierte su interés, les entretenga y, quien sabe, quizás aprendan algo Wink

    Suyo afectísimo: Lord Eleazar

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Lun Nov 28, 2016 7:19 pm





    INTERLUDIO: Concerniente a los Navarros

    En los meses que pasaron tras el final de las guerras castellano navarras Eleazar se dedicó en cuerpo y alma a proteger, mejorar y enriquecer su pequeño feudo de la aldea de Azpeitia y alrededores. Ordenó construir una escuela, torres de vigilancia, graneros, un molino que se añadieron a la Casa Solariega donde se acuartelaba la mesnada de Eleazar, un gasto enorme que agradó a Bernardo Legionense, el arquitecto, que acometió las obras con alegría y efectividad. Para alimentar estos gastos Eleazar recorrió los mercados de toda España, comprando y vendiendo a los mejores precios posibles. Reuniendo el dinero para las mejoras de su feudo. Participando en torneos en donde las ganancias de sus apuestas le permitieran pagar obreros y materiales. Ayudando a su hermanastro el Rey de Navarra a recaudar los impuestos de sus feudos, como antaño hacía, para añadir las pequeñas comisiones al presupuesto de gasto. Eleazar se sentía feliz. Su feudo prosperaba y se enriquecía. Los vascones de Azpeitia le convertían en un experto cazador del oso y el jabalí, el ciervo y el venado. Aprendió a seguir sus rastros y a tenderles trampas. Y los hombres de Eleazar reunieron una pequeña tropa de habitantes de la comarca y les entrenaron en el uso del venablo y la honda, la maza y el rodel. Eleazar nunca había sido más feliz que aquellos meses de paz en Azpeitia, a la sombra de los montes boscosos de Izarraiz.



    En Toledo Eleazar se encontró con Abraham Ezra, el aprendiz de su padre adoptivo y judío como él. Abraham le contó que su padre había sido nombrado jefe de la judería de York y que le había encomendado sus negocios españoles. Abraham presentó a Eleazar un contrato de servicio íntegro, ofreciéndose así a llevar los negocios, contaduría y coordinación de las delegaciones comerciales que Eleazar poseía, sus caravanas de materias primas del norte y sus telares y talleres de artesanía. Eleazar aceptó complacido. Sabía que Abraham Ezra era un habilísimo mercader, experimentado y sabio en el que podría confiar sus negocios y haciendas. Abraham obtuvo pues un poder para representar a Eleazar en todos sus asuntos comerciales desde su base actual de Toledo. Esto aumentaría mucho los beneficios de sus empresas, Eleazar estaba convencido.



    Abraham Ezra el comerciante judío de Toledo

    Viajando por las sendas del Pirineo la caravana comercial de Eleazar se cruzó con una apresurada comitiva. En ella viajaba Berenguer, el tío del Rey Pedro II de Aragón, que había perdido su arzobispado en Narbona al proclamarse candidato a la corona, lo que provocó que fuera fulminantemente depuesto. Eleazar le ofreció al noble sacerdote la capellanía de Azpeitia, donde podría refugiarse y, quien sabe, tal vez en un futuro retomar sus derechos al trono aragonés.


    Berenguer arzobispo de Narbona candidato a la Corona de Aragon


    Tammam convenciendo a Eleazar de que debe sentar cabeza

    La riqueza y la fuerza de la mesnada de Eleazar apenas podían aumentar más sin exceder el nivel de su pequeño feudo. Tamman se sentó a su lado en un banco exterior de la Casa Solariega de Azpeitia y poniendo su mano en la rodilla de su señor le susurró: "Sidi, es hora de encontraros una esposa. Sois, a día de hoy, el segundo en la línea de sucesión al trono de Navarra después del sobrino de su Majestad, que apenas tiene 3 años. Debéis procrear un cuarto miembro de la línea de sucesión. Alguien que herede Azpeitia y los feudos que quizás ganes con la fuerza de tus armas". "Sois un romántico". Contestó Eleazar. "Vivimos en la era del amor cortés, trovadoresco. ¿No debe pensar en el amor un noble navarro como yo? ¿No debo elegir con el corazón sino con una tabla de ingresos e influencias? ¿Mi dama me enamorará más cuantos más sargentos tenga la mesnada de su padre?" Tammam sonrió. "Hijo mío... El matrimonio y el amor no son la misma cosa en vuestra clase social. Amad, sí. Pero casaos. No tiene por que ser la misma dama".


    Bakr-Bahig enseñando a Eleazar los misterios de trepar balcones y burlar doñas y curantas.

    "¡JAJAJAJAJA! Vergüenza que un viejo seco como Tammam tenga que venir a decirte que la gente empieza a sospechar de tu mucho tiempo en compañía de tu mesnada, zagal. Yo, Bakr-Bahig, seré tu escudero del amor, tu susurrador de versos y tu cubre espaldas vigila padres noctámbulos. Llevaremos el amor, el placer, el deseo y el insomnio a sus cámaras, dominaremos sus corazones, encantaremos sus mentes y sus sueños, arrastraremos sus inocencias por el fango y haremos en nuestras dagas muescas por cada noche de pasión arrancadas al secreto y a la noche montañesa. Vamos, Eleazar, ponte tus mejores terciopelos, tus pieles más honrosas, echa afeites en tus cabellos, bebe suave miel lechada para aclarar tu voz, báñate bien, que el hedor a caballo aparta a las damiselas de tu vera. Vamos, Eleazar, a seducir, a amar, a vencer en las lides del amor cortés, juramentados a tomar las fortalezas virginales. ¡JAJAJAJAJA! ¡Allah así lo quiere!"





    Eleazar asintió pensativo. Sabía bien que ese era el camino del Señor de Guerreros en los escasos momentos de paz como el que disfrutaba. Decidió pues hacerle caso a su buen maestro y al ardiente poeta andalusí y comenzó a interesarse por las damas navarras casaderas, para lo cual contó con la inestimable ayuda de Juana de Tudela, quien se movía por los tocadores de todos los castillos y torres, de Pamplona a Bilbao, de San Sebastian a Vitoria, vendiendo las sedas y terciopelos, el ámbar gris y los objetos de tocador, los perfumes y las cremas, los ungüentos y los pomos de belleza que Eleazar importaba de oriente en su red comercial con grandes beneficios. Juana los mostraba, enseñaba a usar el jabón y el agua de colonia, y susurraba a los tímidos oídos de las damas niñas los misterios de la carne, las caricias, los besos y los suspiros bajo el dosel... Y también susurraba el nombre de Eleazar, el circunciso, el vencedor de los torneos, el joven pelirrojo de blanca piel y músculos cincelados en cien torneos al que oían tocar en las salas del homenaje de lso castillos de sus padres. Se presentó pues nuestro héroe en las fiestas de Vitoria y Pamplona, recorrió los feudos de los lores del reino, usó de su arte tocando el arpa y la vihuela, recitando los cantares aprendidos de juglares y trovadores conocidos en sus viajes. Las damas caían a sus pies, rogaban sus favores, y muchas, muchas noches Eleazar les recitó sus poemas tras escalar sus balcones, entre sábanas de terciopelo bajo sus doseles. Era una buena vida. Era la vida caballeresca. Eleazar era feliz. Pero no encontraba a la que sería aún su esposa.



    Can vei la lauzeta mover
    de joi sas alas contra. l rai
    que s’oblid’ e.s laissa chazer
    per la doussor c’al cor li vai,
    ai! Tan grans envela m’en ve
    de cui qu’eu veya jauzion,
    meravilhas ai, car desse
    lo cor de de dezirer no.m fon.

    Ai, las! Tan cuidava saber
    d’amor, e tan petit en sai!
    car eu d’amar no.m posc tener
    celeis don ja pro non aurai.
    Tout m’a mo cor, e tout m’a me,
    e se mezei’s e tot lo mon;
    e can se.m Tolú, no.m laissez re
    mas desirer e cor volon.

    Anc non agui de me poder
    ni no fui meus de l’or’ en sai
    que.m laissez en sos olhs vezer
    en un miralh que mout me plai.
    Miralhs, pus me mirei en te,
    mán mort li sospir de preon,
    c’aissi.m perdei com perdet se
    lo bels Narcisos en la fon.




    Eleazar recorre las plazas navarras conociendo y seduciendo a las hijas de la nobleza

    Sin embargo Eleazar es el hijo bastardo del anterior Rey de Navarra, muchos lores no ven con buenos ojos que frecuente a las jóvenes damas del reino. Muchos empiezan a sospechar que tras una tarde de música venga una noche de silenciosas caricias. Otros jóvenes lores navarros comienzan a insinuar a Eleazar que si no deja de frecuentar a las muchachas nobles a las que aspiran quizás acaben cruzando sus espadas. Eleazar se duele de que su amigo Lope Arriazu, antiguo señor de los feudos navarros arrebatados al infiel en el lejano sur, llegue a negarle la palabra y a amenazar su integridad. La discreción comienza a ser una virtud que Eleazar cultiva.



    "Mi buen Lope, juro en nombre de Dios, el todo poderoso que no frecuentaré más a tu bella dama. No siento nada por ella. Ni interés por su dote tan siquiera. Te aprecio demasiado para que tengamos que llegar a las manos".
    "Eleazar, bastardo. Sé que vas de dama en dama y a la mía no mancillarás. Vuelve por su tierra y yo haré con mi espada que tu cara nunca más vuelva a atraer sus miradas sin asco y aversión. No lo diré más".



    Eleazar quedó apenado de que sus inocentes juegos le hubieran hecho perder la amistad de los más jóvenes lores del reino. Pero debía reconocer que la virginidad de esa dama no se le resistió ni la mitad de lo que Lope Arriazu haría en el campo del honor. En verdad no quería cruzar su espada con él, pero sabía que él tenía la razón de su parte. Decidió pues abandonar los encuentros apasionados secretos y centrarse solamente en los sancionados por el permiso paterno para cortejar a una dama, carabina mediante. Por su prestigio no le faltaban lores dispuestos a permitírselo. El Señor de Vitoria y otros grandes Señores del Reino apreciaban a Eleazar y veían con buenos ojos una posible alianza. Elazar Guevara otorgó permiso oficial de cortejar a la heredera de Vitoria a nuestro héroe, por ejemplo.



    Pero el fuerte Rey Navarro sabía que la tregua no podía durar. Había ordenado claramente prepararse para la guerra. Con Castilla, con Aragón, con el Califato de ser necesario. La tregua era precaria. Las fronteras occidentales del reino habían sido por largos años disputadas, ambos reinos deseaban recuperar las fortalezas arrebatadas años ha. Había razón para la guerra. Mezquina guerra que quitaba enemigos al invasor almohade que amenazaba toda España y que en el sur conspiraba y sobornaba para enfrentar a un rey cristiano contra otro, y reír mientras León y Castilla diezmaban sus ejércitos mientras atacaba Aragón en solitario al Califa y viceversa. Portugal luchó en solitario y perdió grandes territorios. Y Castilla rehuía al moro desde la gran derrota de la Batalla de Alarcos prefiriendo al débil reino montañés o al desunido Reino de León. Eleazar meditaba sobre ello, vestido cual juglar trovador, oliendo a flores y ungüentos de corte en corte, sabiendo que era sólo cuestión de tiempo de que el Califa ordenara a sus tropas caer sobre la cristiandad. Y ya no sería cuestión de qué religión era la acertada, sino de que un tirano intolerante mandase quemar junto a sus templos a cristianos, judíos y musulmanes que no abrazasen con el exigido fervor la sharia y nunca se conformaría con el pago de la chizya y el jarach, los impuestos de protección de los infieles. Así se convenció firmemente de que la amenaza castellana no era mas que una sombra del terror que flotaba sobre sus cabezas, y decidió pues dedicar sus esfuerzos no sólo a encontrar esposa y gozar de las dulces damas sino a proteger a los suyos y a su reino de los dementes almohades.






    Acudió Eleazar pues a Murcia, en donde sabía que podría encontrar a una de las mentes más preclaras y preparadas del pueblo andalusí y del que todo el mundo hablaba: Abu Abdellah Ibn Yusuf Ibn Hud al-Yudhami. Descendiente de los emires de Zaragoza. Hijo del Emir de Ricote, en Murcia, sometido al poder almohade. Eleazar e Ibn Hud se reconocieron nada mas verse como almas gemelas. Ambos tenían una educación similar, similar forma de ser e idéntico odio a la intolerancia almohade. Ibn Hud y Eleazar hicieron buenas migas, y bajo las parras del jardín del alcazar de Murcia juraron su amistad con el jugo de la vid, un abrazo y mezclando sus sangres.




    Juntos fraguaron bajo la sombra del serrallo un plan enrevesado y complejo. Difícil de acometer, rico en peligros y sacrificios, y ambos reían al soñarlo factible. Y desde entonces no cejaron en recorrer juntos los caminos de España en pos de cumplir su conspiración...



    PRÓXIMAMENTE: OSCURAS CONSPIRACIONES

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Mar Nov 29, 2016 12:41 pm

    OSCURAS CONSPIRACIONES





    Eleazar reúne en la sala de su Casa Solariega a sus compañeros.

    "¡Debéis tomar esposa, Eleazar!" Repite Tammum cada día.

    "¡Debéis tomar la virginidad de todas esas damas, Eleazar, buen amigo!" Dice Bakr-Bahig.

    "¡Debéis tomar todo el oro, todo el beneficio, Sidi Eleazar!" Dice Abraham Ezra.

    "¡Debéis tomar todo el Califato Almohade!" Dice Ibn Hud, el lobo.

    Eleazar sonríe para sí y guarda silencio. Le gustaría tomar todo eso que quieren que tome. Tal vez un poquito. Sin prisas. Por lo pronto su pequeña tropa escolta las caravanas principales de sus rutas de comercio y continúa la ruta de Torneos de España donde la paz aún reina. Aunque para ser justo en el último torneo lo pasó bastante mal para poder llegar a la final. Tuvo que huir con bastante ridículo de los jinetes que le derribaron del caballo y vencerlos desde el suelo con gran riesgo y con poca dignidad.


    que me cogen que me cogen que me cogen!

    "Mi señor". Abraham toma la palabra. "Vuestro presupuesto deja que desear. Debemos abrir más delegaciones comerciales y reducir el número de las tropas de vuestra mesnada".

    "¡Jamás!" Interrumpe Galcerán. "La tregua con Castilla terminará pronto y necesitaremos cada brazo y cada espada".

    "Vuestra idea de convertiros en un trovador enamorando a las damas, sobornándolas con caros regalos, está dejando vacías las arcas de vuestras delegaciones. Mirad estas cuentas, mirad".



    "Es en la guerra" Dice Galcerán. "En donde un bravo caudillo obtiene sus beneficios, saqueando aldeas en algaradas, pidiendo rescate por los lores capturados, no recaudando diezmos ni vendiendo especias de oriente".



    Ibn Hud toma al fin la palabra: "Compañeros: Lo cortés no quita lo valiente, os contaré nuestro plan... Ahora Castilla guerrea con León por mezquinos derechos de frontera mientras, el Califato Almohade arrasa el sur de Aragón impunemente. Nos reuniremos con los lores más influyentes de los reinos cristianos. Les convenceremos de que los reinos se unan de nuevo contra el Califa, volveremos a medir el poder Almohade una vez más, pero al contrario que en Alarcos esta vez estaremos preparados. Buscaremos a Enneco Aibar en nuestro reino, Rodrigo de Lizana en Aragón, Ordoño de Molina en León y Johan Aboazar en Portugal... Les ofreceremos una oferta que no podrán rechazar: Vamos a provocar una guerra. Todos los reinos cristianos atacarán unidos al Califa y les reventaremos hasta echarlos al mediterráneo."





    "¿Por qué esos lores"? Pregunta Galcerán, el capitán de los peones pesados.
    "Porque, muchacho, estos lores pueden movilizar a los demás y representan a la mayoría del partido pro guerra de sus reinos." Contestó Ibn Hud apretando el puño. "Como un ladrón en la noche nuestra mesnada provocará el caos a sangre y fuego en las aldeas y caravanas almohades hasta que todo el Califato clame como un solo hombre por la guerra contra la cristiandad. Y entonces los Reinos del Norte se unirán y podrán barrer a esos fanáticos. Mientras tanto, perseguiremos a los lores cabeza del partido que desea la guerra contra otros reinos cristianos... Los capturaremos y evitaremos que fuercen que continúen la guerra.




    "¡Pero eso pondrá en nuestra contra a todos los lores que no deseen la guerra en toda España, no podéis, no debéis atacar inocentes aldeanos y comerciantes!" Clama Tammum.

    "Eso... Eso es justo lo que queremos. No queremos la amistad y el aprecio de pacifistas y nobles que toleran el fanatismo almohade". Dice Eleazar. "Aún así pagaremos por nuestros crímenes la paria compensatoria al Califa". Eso evitará que se nos niegue la entrada en sus feudos antes de que los reinos cristianos y el Califa entren en guerra. Nos costará casi 3000 dinares pero merecerá la pena. Ya está preparado el dinero, después de todo, hacemos esto a sabiendas.





    "¿Creéis tú e Ibn Hud que sois muy listos, verdad?" Susurró Abraham Ezra. "Vuestras provocaciones no servirán de nada salvo ganaros mala fama y perder vuestro honor. León y Aragón, Castilla y Portugal, incluso vuestro reino de Pamplona no se unirán fácilmente. Miramamolín el Califa hará de nuevo lo que ya ha hecho durante su reinado: Sobornará a Castilla para que ataque a Navarra. Sobornará a León para que ataque Portugal y él mismo atacará Aragón, riendo y rezando a Allah. Y vos perderéis el favor real".





    "Eso no importará, mi buen jefe de comercio. Conspiraremos entre los nobles para que el partido pro guerra sea mayoría en la Corte Real. Nos congraciaremos con unos, y pondremos la zancadilla a otros".




    "¡JAJAJA! Muchacho... Me temo que deberás tener mucho cuidado con qué damas compartes tus noches de ahora en adelante. Tal vez tus sobornos sean inútiles si no sabes a quien le quitas sus huesos". Dice Bakr-Bahig.




    "Entonces..." Contesta Ibh Hud. "Les sobornaremos DESPUÉS de que avergüen que Eleazar ha frecuentado a sus deseadas damiselas".



    "Todo esto que proponéis es una locura". Comenta en su habitual tono suave y tranquilo Abraham Ezra el mercader judío. "Todo eso es tirar una fortuna y no garantiza ningún beneficio a corto o medio plazo. Puede que nos arruine, Sidi".



    "Pero así se hará. Mis amigos, mis compañeros. ¡A los caballos! Tenemos mucho que hacer, seremos rápidos, seremos discretos, hábiles en nuestras oscuras conspiraciones y tendremos éxito. Porque, ¿Qué podría salir mal, eh, qué podría salir mal?"



    PROXIMAMENTE: SEGUNDA GUERRA CASTELLANO NAVARRA

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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por Lord_Eleazar el Miér Nov 30, 2016 11:37 am

    [EN EDICIÓN]



    SEGUNDA GUERRA CASTELLANO NAVARRA

    PREPARACIÓN DE LA CAMPAÑA



    Como era su deber Eleazar debía acudir a Pamplona con su mesnada para recibir sus órdenes del Rey Sancho VII "El Fuerte" de Navarra. Organizó pues sus tropas cuidadosamente:

    - Tammam Al-Najum sería el médico de campaña. El maestro de Eleazar.
    - Juana sería la intendente de la mesnada, encargada de saquear los campos del enemigo y repartir los botines y alimentar las tropas.
    - Ali de Nubia sería el jefe de exploradores, a su mando estarían los almogávares montañeses de Azpeitia. Unos 20 hombres.
    - Pero Soares de Moreira sería el comerciante y mayordomo de la mesnada. A su mando la caravana de la impedimenta y la pagaduría.
    - Nuño Mendez sería el maestro de asedios y táctica de la mesnada. Encargándose de mandar a los peones pesados y ballesteros portugueses y navarros además de la artillería de asedio. Unos 40 hombres.

    - Rui Giraldez sería el escudero y abanderado de Eleazar. Siempre a su diestra.
    - Fadrique sería el jefe de la poca caballería, los pocos lanceros jinetes navarros con que cuenta la mesnada. Unos 10 hombres.
    - Ibn Hud comandaría la pequeña escuadra de jinetes andalusíes armados con arcos y equipo ligero. Otros 10 hombres.

    En Azpeitia quedan el resto de los hombres de Eleazar:
    - Bernardo Legionense, el arquitecto, queda al mando como Chambelán de la Casa.
    - Mendo queda al mando de los infantes que defienden Azpeitia.
    - Wilhelm von Gunzberg, el maestro de armas, es el entrenador de la guarnición.
    - Galcerán queda como jefe de la caballería.
    - Ramón Guillén d'Oneda será su teniente.

    Además, Aldonza queda como la intendente de Azpeita, Bakr-Bahig, el espía y poeta, recorrerá el califato reuniendo información mientras que Abraham Ezra espiará en los reinos cristianos del norte mientras se hace cargo de las caravanas comerciales y las delegaciones que Eleazar posée.



    Ya con todo listo, Eleazar llega con su mesnada de unos 90 hombres y, como es su deber, se presenta ante el jefe de su Casa, la Casa Jimena, el Rey de Navarra. Éste reúne a los pocos lores navarros que han acudido a la llamada del Alférez Real a capítulo a la capital. El Rey los reúne al rededor de una gran mesa y despliega unos viejos mapas.


    Reino de Navarra circa 1150

    "Como podéis ver aquí en este viejo mapa el Reino de Pamplona de mis antecesores era no más que una de las divisiones condales heredadas de la Marca Hispana del Imperio de Carlomagno. Igual al condado de Aragón o al de Barcelona, por ejemplo. Al sur se encontraban las tierras Almorávides, tierras de Almanzor y otros grandes caudillos. Durante siglos las fronteras se fueron ampliando a costa del Islam. Por desgracia, Aragón se extendió a nuestro sureste a costa de la Taifa de Zaragoza y Castilla, que fue un condado de León hasta independizarse hace dos siglos, se extendió a nuestro suroeste tomando lo que fue la Taifa de Nájera, tierra mil veces disputada que ha estado a lo largo de estos últimos siglos en manos de todos nuestros reinos de la misma manera que en este mapa podemos ver como Navarra perteneció a la corona de Aragón hace apenas un siglo".


    Reino de Pamplona durante el Reinado de Sancho Garcés III, circa 1035

    En este otro mapa figura la máxima extensión del Reino de Pamplona durante el gobierno de Sancho Garcés III, aproximadamente en 1035. Aquí el condado de Aragón pertenecía a nuestros antecesores y Calahorra y Nájera estuvieron bajo nuestro poder.


    Posesiones de Sancho Garcés III, el Emperador

    Aquí está bien claro, el Condado de Castilla perteneció a Navarra durante unos cuantos años por matrimonio pues la hija del Conde de Castilla heredó el condado y era la esposa de Sancho Garcés III y madre de las siguientes generaciones de Condes de Castilla, Reyes de Pamplona, León y de Aragón, ya independientes.


    Navarra en tiempos del Rey Sancho VI, circa 1196

    Aquí podemos ver nuestro reino hasta hace unos pocos años, mientras mi padre Sancho VI el Sabio gobernaba. Como se puede observar poseemos las tierras de Vitoria hace apenas unos pocos años. Lo cual es una sombra de las posesiones castellanas que Navarra ha tenido. Pues bien, mis Señores vasallos, yo os digo que Castilla nos ha declarado la guerra para recuperar las tierras de Vitoria y Nájera que poseían hace unos pocos años pero no sólo no recuperarán nada sino que intentaremos recuperar por las armas las tierras castellanas que antaño pertenecieron a la corona que ahora porto. He aquí vuestras órdenes:


    Dado que Castilla se ha debilitado en los últimos meses en sus enfrentamientos fronterizos con León, ahora tienen una fuerza pareja a la nuestra. Su objetivo será recuperar Vitoria y sus fortalezas cercanas. Nuestro objetivo no será su mera defensa sino llevar la guerra a sus actuales tierras. Al mando de Erramún Baztán, mi Alférez Real, llevaremos la Hueste Navarra a recuperar toda tierra que esté dentro de este mapa. Burgos será nuestro primer objetivo. La vieja capital del primigenio condado de Castilla. Todos vosotros, nobles de Navarra, obedeceréis a Erramún como si yo mismo diera las órdenes que os dé. Tomaréis Burgos y toda fortaleza dentro de los márgenes de los viejos mapas de Navarra y derrotaréis a las mesnadas castellanas con las que os encontréis. Nada más tengo que decir. Partid al combate. Mi mesnada real os seguirá en cuanto garantice la defensa de Vitoria junto a su señor, Elazar Guevara. Que Dios os acompañe y os guarde y os otorgue la victoria. Adiós amigos míos".

    [EN EDICIÓN]

    garfielz77
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    Re: AAR HISPANIA 1200

    Mensaje por garfielz77 el Dom Dic 04, 2016 12:24 am

    Hace tiempo que no pasaba por la pagina de los Caballeros de Calradia y me ha sorprendido agradablemente encontrarme con una nueva historia de Lord Eleazar... nueva al menos para mi.
    Me la he leido entera y me ha gustado la progresion del bastardo a infanzon y Señor de Azpeitia. A ver si en sus proximas andanzas cosecha mas victorias y eso le permite aumentar sus dominios y feudos, aunque las relaciones con el rey de Navarra no parecen todo lo buenas que deberian ser y eso puede ser un contratiempo.
    Tambien estare atento para ver si "el rojo" consigue alguna victoria entre las sabanas de alguna alcoba, que parece que los otros jovenes nobles del reino no le dejan el camino libre y los padres no parecen muy entusiasmados con la idea de tenerlo como yerno, aunque esto ultimo es cuestion de tiempo y tamaño... el tamaño de los feudos y posesiones con que cuente el candidato a desposar a su hija.


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    Re: AAR HISPANIA 1200

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