Camino de Sargoth

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    garfielz77
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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por garfielz77 el Dom Dic 08, 2013 11:55 am

    Mikeboix escribió:Jaja, genial, como de costumbre. Menuda escabechina están haciendo los hombres del norte, no va a quedar títere con cabeza en el centro-sur de Calradia. ¡Que se preparen esos primitivos rhodoks, Veluca no tardará en caer!

    Si, los nórdicos ya se hicieron con Dhirim y ahora parece que Veluca esta madura para caer. Los rhodok no parecen estar muy fuertes, no se si es porque estan peleándose al mismo tiempo con los nórdicos y los swadios o porque no desayunan bien, pero no están a su nivel.

    Lord_Eleazar escribió:Ánimo, a por más aventuras. ^^
    Pues ahi viene un nuevo capitulo.

    Rerg15 escribió:Los Nórdicos van a tomar Veluca aquí y en mi AARs (Upss Spoiler xd).
    Parece que Veluca es la ciudad de moda en el Reino del Norte. Todos los nórdicos quieren hacer turismo en ella y llevarse unas cuantas cabezas de rhodok de souvenir.

    Erik El Rojo escribió:Excelente tengo por leer muchas capitulos me quede en el cap.7
    me asuste al ver la fecha diciembre del 2012 casi el año haha, siento que para mi pasa el tiempo muy rapido.

    Muchas gracias por esta excelente trabajo que me gusta mucho :good: 
    Gracias por leer este AAR y espero que ya hayas llegado al capítulo 13 porque esto continúa...

    CAPITULO 14.



    Durante el Haustbolt mis hombres y yo nos encontramos en Dhirim, donde el ejército norteño se ha replegado tras levantar el asedio a Veluca, después que nuestro mariscal cayese herido tras su encuentro con el Conde Tribian.  Yo, por mi parte, camino feliz por las calles de la ciudad mientras en mis bolsillos tintinean los 2.300 denares que acabo de recibir como recompensa por la liberación del conde, mientras en Dhirim reina un ambiente de fiesta.


    Los soldados dan buena cuenta de los barriles de hidromiel mientras que los vecinos montan las mesas en las que se realizará la típica comida del equinoccio de otoño, que marca el inicio de la estación oscura, la parte del año donde las noches serán más largas que los días. También se ven algunos pequeños altares donde los nórdicos de la edad media realizaban ofrendas para pedir que la cosecha de otoño fuese fructífera y que sus familias superasen la estación del frio y de la escasez de luz y de comida.

    La celebración de esta fiesta me resulta familiar puesto que en mi mundo, aunque hayan pasado muchos siglos, el Haustbolt se sigue celebrando aunque ha cambiado un poco su filosofía. Se ha convertido en un día fiesta nacional donde se hace una gran comida en familia o con los amigos, en casa o en algún parque, aunque ya nadie pide por la abundancia de las cosechas y a nadie le preocupa que el día se haga cada vez más corto, porque en un mundo donde reina la energía eléctrica y hay suficientes alimentos tanto en verano como invierno, a la gente no le quita el sueño la falta de luz o el hambre. Para los más jovenes el Haustbolt coincide con el inicio de las clases en el colegio, en el instituto o en la universidad. Quizá por eso lo celebramos yendo durante toda la tarde de bares, bebiendo alcohol para olvidar que se ha terminado el verano y las vacaciones. Luego, por la noche, las celebraciones continúan en las discotecas y suelen terminar con ofrendas, en forma de vómito alcohólico, sobre la madre tierra o, como me sucedió a mí una vez, sobre los pantalones de mi padre mientras me estaba echando la bronca por llegar tan tarde y borracho a casa. Parece que la ofrenda no fue del agrado de los dioses porque sufrí un castigo de un mes sin ordenador, sin videojuegos y sin televisión.

    En Dhirim, que hasta hace unos meses se encontraba bajo soberanía swaida, los ciudadanos nórdicos somos una minoría compuesta por los soldados del ejército real y un muy reducido grupo de colonos que se han afincado aquí  tras la conquista de la ciudad por el rey Ragnar. Pero a medida que avanzo por las calles observo que los ciudadanos de origen swadio, que forman la gran mayoría de la población, también se van uniendo a la fiesta. Para ellos son los días en que tradicionalmente se celebra la fiesta de la vendimia, donde dan las gracias por la cosecha de uva recogida para poder fabricar el terrible  vino swadio. Por ello, y para congraciarse con su nuevo señor,  han decidido unirse a las fiestas del Haustbolt, aunque ellos den las gracias a un dios diferente, por una cosecha diferente, en un idioma diferente.

    - Buenos días, Maese Garfielz- Oigo de repente a mis espaldas.
    - Buenos días tengáis, mi señor- digo reconociendo a Jarl Turya- Parece que no hay mal que por bien no venga. La herida de Jarl Dundush nos permitirá celebrar un Haustbolt como debe ser.
    - Si… bueno… quizá no-responde el misterioso y bajando la voz- iba a proponeros una misión para la que deberíais partir hoy mismo.
    - Ya sabéis que estoy dispuesto a partir ahora mismo donde vos me pidáis.
    - A Veluca- responde él.

    Así me encuentro de repente, y antes de que el sol marque el mediodía, cabalgando en solitario hacia Veluca, mientras mis hombres siguen emborrachándose en las calles de Dhirim. Realizo el viaje con muchas precauciones para no tener ningún encuentro desagradable, por lo que no llego hasta la ciudad rhodok hasta el día siguiente. La misión no parece de gran dificultad para mí, sobre todo teniendo en cuenta que no es la primera vez que la desempeño. Consiste en entrar en la ciudad disfrazado de mendigo para encontrar a un espía que Jarl Turya tiene en la ciudad para que me entregue unos informes que permitirán al ejercito nórdico entrar en la ciudad rhodok cuando se restablezca el asedio.

    Tal como sospechaba no me resulta nada difícil entrar en la ciudad y tras dar varias vueltas por sus calles, consigo dar con la espía, una hermosa dama de generoso busto, que desliza en mis manos un tubo metálico donde se encuentran los informes que debo entregar a mi señor.


    Rápidamente pongo rumbo a Dhirim donde llego al día siguiente, sin ningún contratiempo, al poco de amanecer. Poco tiempo después me encuentro ante Jarl Turya entregándole el preciado contenido del tubo en el Castillo de Dhirim.

    - Muy bien, maese Garfielz.- dice satisfecho al ver que he cumplido satisfactoriamente la misión.-Estos documentos nos permitirán tomar Veluca a esos malditos rhodok. Estad preparado porque el Mariscal esta casi repuesto de sus heridas y pronto nos pondremos en camino para asaltar la ciudad. Hay que atacar antes de que se repongan, sobre todo ahora que han hecho las paces con los swadios.
    - Los rhodok están acabados de todas las maneras. Estoy deseoso de cruzar los muros de la ciudad y darles a los rhodok lo que se merecen-contesto entusiasmado ante la idea de participar en la toma de la ciudad.


    A principios de octubre, tal como indicó Jarl Turya, la ciudad de Veluca se encuentra de nuevo bajo asedio del ejército nórdico. El mariscal ha dejado en manos de Jarl Knudarr la comandancia del asedio y este ha decidido esperar unos días antes de dar el golpe final, por lo que me encuentro dando vueltas por el campamento sin nada que hacer cuando un soldado me entrega una carta del mariscal donde me ordena que lleve a cabo una misión de reconocimiento en los alrededores de Veluca. Me pongo inmediatamente en camino, completando la misión en una jornada y sin contratiempos, puesto que los ejércitos rhodok se encuentran encerrados en las ciudades y castillos mientras que los nobles nórdicos realizan incursiones en las aldeas convirtiéndolas en pasto de las llamas y reduciéndolas a cenizas.

    Tras varios días de asedio llega el momento del ataque y el comandante ordena el inicio del asalto de la ciudad. Los arqueros comienzan un fuego de cobertura para ayudar a los valientes que van a asaltar las murallas de la ciudad, a que instalen las escalas junto a la muralla. Muchos de ellos caen antes de llegar hasta los muros de Veluca atravesados por las flechas enemigas, pero los que llegan pronto comienzan a subir por los muros como arañas y alcanzan las almenas, donde pronto se entabla una encarnizada batalla entre los que quieren entrar y los que no quieren que nadie entre en la que todavía es su ciudad.


    La lucha es sangrienta y aunque las fuerzas nórdicas disponemos de una amplia superioridad numérica, la férrea defensa de los rhodok provoca que apenas se produzca ningún avance por parte de las tropas del rey Ragnar, que solo pueden mirar la ciudad desde las almenas, sin llegar a pisar las calles.

    Al final el ataque es repelido por los swadios y Jarl Knudarr tiene que ordenar la retirada antes de que masacren a los hombres que están intentando hacerse fuertes en las almenas sin conseguirlo. Durante toda la tarde los soldados nórdicos nos lamemos las heridas en nuestro campamento mientras los velucenses se creen seguros en su ciudad, cosa que más tarde se demuestra que no es cierta porque por la noche, al amparo de la oscuridad, Jarl Knudarr ordena un nuevo asalto que coge desprevenidos a los rhodok. Bajo la luz de la luna el ejército nórdico escala de nuevo las murallas y rápidamente controla las almenas, desparramándose por las calles de la ciudad, mientras los rhodok apenas tienen tiempo de reaccionar.


    Los soldados a las órdenes del rey Ragnar recorremos las calles de la ciudad atacando los pequeños grupos desorganizados de soldados que, con poco éxito, intentan evitar que tomemos la ciudad y acabando con los últimos reductos de resistencia, cuando ya bien avanzada la noche se oye un grito de satisfacción para unos y de tristeza para otros: la enseña del rey Ragnar ha sido izada en la torre del homenaje del castillo de Veluca. La batalla ha terminado y la ciudad es nuestra.



    Última edición por garfielz77 el Mar Jul 15, 2014 1:57 pm, editado 1 vez

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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por Sir Centu el Dom Dic 08, 2013 12:44 pm

    Un apunte: el gentilicio de las gentes de Swadia es Swadianos, no Swadios.


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por dermat el Dom Dic 08, 2013 9:37 pm

    Genial, increible, original, expectante y un monton de adejtivos positivos más para describirlo, lo único que me queda por decir es: ¡Quiero otro enseguida! xDD


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por garfielz77 el Dom Ene 19, 2014 7:41 pm

    Sir Centu escribió:Un apunte: el gentilicio de las gentes de Swadia es Swadianos, no Swadios.

    Dada la gravedad del asunto se ha procedido a hacer justicia para que algo asi no vuelva a suceder jamas. He cogido el diccionario y lo he tirado al fuego.


    dermat escribió:Genial, increible, original, expectante y un monton de adejtivos positivos más para describirlo, lo único que me queda por decir es: ¡Quiero otro enseguida! xDD
    Gracias por los adjetivos. Me dirijo raudo y veloz, cual tortuga coja, a cumplir tus deseos



    CAPITULO 15.



    Mientras algunos de nuestros nobles se dirigen al castillo de Culmarr para ponerlo bajo asedio, yo descanso y me repongo de mis heridas en Veluca con mis hombres. Mi compañía se ha visto muy mermada en la lucha y solo me quedan cinco hombres vivos, todos ellos heridos. Así que, en vez de recorrer el país de los rhodok,  me dedico a recorrer las calles de la nueva ciudad nórdica donde poco a poco van desapareciendo las señales de lucha. Nuestro ejército ya ha quemado a sus muertos en varias piras que se levantaron en las  afueras de la ciudad mientras que los rhodok han ido enterrando a sus muertos en agujeros en excavados en el suelo.
    La ciudad va recobrando su pulso y tras los primeros días de saqueo, los vecinos van animándose a salir a la calle para comprar alimentos, aunque quienes lo hacen suelen ser hombres y ancianas, quizá porque los rhodok temen que puedan producirse violaciones y si envían a sus jóvenes muchachas al mercado estas vuelvan, como dicen por aquí, deshonradas.
    En el castillo de Veluca ya ondean los estandartes de su nuevo dueño. Ayer, allí mismo, tuvo lugar el banquete de celebración de la victoria donde le Rey Ragnar repartió las nuevas conquistas entre sus vasallos: a Jarl Turya le correspondió la mejor parte: la ciudad de Veluca y la aldea de Emer;  Chaeza fue a parar a Jarl Surdun y Sarimish a Jarl Knudarr, quedándose el rey para él la aldea de Fedner. El Jarl Turya, tras ser investido como señor de sus nuevos feudos, me lanzó una mirada cómplice agradeciéndome en silencio la ayuda que le he prestado para conseguirlo.
    En mi recorrido alrededor de la ciudad encuentro sentado junto a un portal al erilaz, un viejo grabador de runas, que desde que quedó ciego sigue al ejército leyendo los significados ocultos de estas por dinero. No creo en estas cosas y me dan un poco de risa las adivinadoras que salen por la tele a medianoche, que no adivinarían ni qué hora es con un reloj delante, pero hoy estoy de buen humor y con el bolsillo lleno, así que decido a acercarme al viejo para pedirle que me lea el futuro.

    - Sentaos maese Garfielz-me indica, reconociendo quien soy por la voz

    Mientras se prepara lo miro con más detenimiento. Todo el mundo le llama el anciano, aunque no es muy viejo, debe rondar los 70 años, pero en una sociedad donde la esperanza de vida es de 50 y donde poner un geriátrico es un negocio ruinoso, el erilaz es un autentico matusalén. Observo también que tiene los ojos blanquecinos, que posiblemente se deba a que sufra de cataratas que, en este mundo donde no hay medicina ni pública ni privada, son una condena a vivir en tinieblas lo que le quede de vida.
    El anciano, por fin, coge un puñado de runas y, tras ponerlas en mi mano, me indica que las lance. Al caer las comienza a palpar intentando interpretar el significado de los símbolos grabados en las que han quedado boca arriba. Tras meditarlo un momento lanza una predicción con voz ronca.

    - La primera  mitad de la estación de las noches no os es propicia. La venganza, la derrota y el cautiverio se cruzaran en vuestro destino hasta la Moðirnætur. Tened cuidado maese Garfielz.

    Con la carne de gallina a mi pesar me levanto y aunque tengo ganas de darle dos puñetazos, me conformo con darle unas monedas y las gracias. Tras semejante predicción se ha enfriado mi ánimo y no tengo ganas de conocer nada más sobre mi futuro.
    Me alejo del viejo dándole vueltas a sus palabras. La Modirnaetur, o noche de las madres, es la víspera del la llegada del Yule, y va del 19 al 20 de diciembre, cuando se recuerda a los difuntos y se plantean los deseos para el próximo año, por lo que si el viejo está en lo cierto, voy a tener que sufrir una racha de mala suerte durante los próximos tres meses.
    Los días pasan tranquilos en Veluca y cuando mis hombres ya se encuentran completamente repuestos de sus heridas, abandonamos la ciudad, justo cuando llegan las noticias de la toma del castillo de Culmarr por Jarl Haeda.


    Nos dirigimos hacia el Reino del Norte con la intención de reclutar nuevos hombres para recomponer mi compañía pero en la comarca de Sargoth no tenemos mucho éxito puesto que solo conseguimos reclutar a tres jóvenes, por lo que nos dirigimos a la comarca de Wercheg con la esperanza de tener más suerte, pero al cruzar el puente de Ismirala comienza a hacerse realidad la predicción del viejo erilaz. Un grupo de hombres bajo enseña vaegir viene en nuestra dirección, algo que no me preocupa puesto que nuestros reinos no están en guerra.


    Al llegar a nuestra altura se abalanzan sobre nosotros con las espadas desenvainadas, cogiéndonos por sorpresa y sin darnos tiempo a  reaccionar, aniquilando a mis 8 hombres en un rápido combate.
    - ¿Qué habéis hecho?  No soy enemigo de vuestro rey-digo
    - Pues lo demostráis mal. Atacasteis a campesinos de Ismirala. Campesinos indefensos ¿recordáis?-dice el que manda, que resulta ser Boyar Tirida, señor de Sumbuja.
    Durante varias semanas estoy cautivo hasta que el rey Yarogleg obliga a Boyar Tirida a liberarme para no crear un conflicto con el rey Ragnar. Libre, continuo en solitario mi viaje hacia Wercheg. Llego tras dos días de camino y cuando ya ha comenzado a anochecer. En las calles hay poca gente y solo se pueden ver dos hombres que caminan en mi dirección. Al pasar junto a mi cruzan una mirada y desenvainan sus armas. Rápidamente saco mi espada del cinto y me defiendo como gato panza arriba y aunque ellos son rápidos, consigo darles un par de tajos que les hacen caer en el suelo como el trigo seco ante la hoz. Una vez fuera de peligro me acerco a los cuerpos. No los reconozco de nada pero entre las pertenencias de uno de ellos encuentro una bolsa con 150 denares.  Es mucho dinero para estar en poder de ese par de pordioseros. Solo puede ser que se trate de dos ladrones que han tenido un golpe de suerte hace poco e intentaban repetir, o de dos sicarios que han cobrado esa cantidad de algún enemigo mío para hacerme desaparecer.


    Durante unas semanas recorro la comarca y consigo reclutar una nueva compañía de 23 hombres y con ella me dirijo de nuevo a Veluca, esperando sacar beneficio de la guerra. Al llegar recibo un mensaje de Lady Hilde, que me llama a su presencia en el castillo de la ciudad. Me recibe en el gran salón, preocupada, donde me explica que su marido ha sido tomado prisionero por el enemigo y se encuentra preso en el castillo de Ibdeles, rogándome que lo libere.



    Sé que es una misión complicada pero liberar al Jarl Turya serviría para reforzar mis lazos con él y con su casa, así que acepto y me introduzco en el castillo de Ibdeles escondido bajo ropas de mendigo.



    Soborno al carcelero para poder entrar a hablar con el Jarl, que se encuentra encadenado como un vulgar ladrón de gallinas, por lo que no me queda más remedio que robarle las llaves al carcelero si quiero liberar al Jarl, algo que complica todavía más la misión. Las cosas no salen bien. En vez de desarmar al carcelero y robarle las llaves, el me desarma a mí y termino encadenado en la celda y sin conseguir liberar a Jarl Turya, sino haciéndole compañía en su cautiverio. Debería haber hecho caso de la predicción del erilaz e irme a mi casa de Sargoth donde habría estado tranquilo hasta la Modirnaetur.


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por gabo97 el Mar Ene 21, 2014 9:16 pm

    Este relato me esta gustando cada ves mas, te mereces esto  :aplauso: y mucho mas

    ¡el pueblo pide mas!

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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por Kharfax el Miér Ene 22, 2014 3:29 am

    Pequeña pregunta, esta historia la escribiste vos? Ahora la estas escribiendo? o ya la tenías escrita?

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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por garfielz77 el Miér Ene 22, 2014 8:09 pm

    gabo97 escribió:Este relato me esta gustando cada ves mas, te mereces esto  :aplauso: y mucho mas

    ¡el pueblo pide mas!
    Gracias por los aplausos. A ver que día juego un rato al Mount and Blade y publico otro capitulo.

    Kharfax escribió:Pequeña pregunta, esta historia la escribiste vos? Ahora la estas escribiendo? o ya la tenías escrita?
    Si, la historia la escribo yo. Juego un rato al Mount and Blade Warband y con los resultados de la partida escribo un capitulo. De momento no tengo nada más escrito ni ninguna partida jugada más, asi que no te puedo decir como continuará. Pero seguro que continuará.

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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por Erik El Rojo el Lun Mar 03, 2014 2:03 am

    ¡el pueblo pide mas!

     :adorar: :adorar: :adorar: :adorar:


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por garfielz77 el Sáb Jun 28, 2014 5:39 pm

    Bueno, va siendo hora de que actualice esto que lo tengo un poco abandonado. Vamos con un nuevo capitulo de las aventuras de Mikhaal Garfielz.


    CAPITULO 16.



    El Reino del Norte vuelve a encontrarse en uno de esos extraños periodos de calma que se producen cuando el Rey Ragnar decide estar en paz con los demás reinos que ocupan la península de Calradia. Yo, por mi parte, aprovecho para gestionar mis negocios y me encuentro repasando las cuentas con el maestro cervecero de mi factoría de Wercheg cuando Rolf se acerca hacia mí.

    - El rey Ragnar se dirige hacia Sargoth- me informa brevemente.
    - Perfecto. Di a los hombres que se preparen, Salimos inmediatamente hacia la corte-contesto yo.

    De camino a Sargoth Rolf cabalga a mi lado, se ha convertido en mi principal consejero desde el día que nos conocimos. Eso fue hace ya medio año, después que fui liberado de las mazmorras de Ibdeles junto a Jarl Turya gracias a que la familia del noble desembolsó una importante recompensa. Fue durante la Juleblot, la fiesta que abarca los 13 últimos días del año, gracias a lo cual pudimos disfrutar de libertad en Veluca durante el Thretandi (día de fin de año).

    Con el inicio del nuevo año regresé a Sargoth frustrado y con un caballo prestado, puesto que el mío lo había perdido junto a mi tropa en la desdichada aventura de liberar al Jarl Turya. Refugiado en una taberna de la ciudad me encontré un día con Rolf, un hombre de naturaleza musculosa, con la cabeza pelada pero con gran mostacho negro, que pronto entabló conversación conmigo.



    Dijo ser un caballero aventurero que viajaba por Calradia intentando hacerse un hombre de armas antes de regresar a su hogar para tomar posesión de las tierras que le pertenecían, aunque parecía haber tenido algún problema con las autoridades nórdicas que lo consideraban un bandido.
    Hablamos de todo mientras trasegábamos cerveza especiada. El me convenció que yo podía aspirar a algo más que a ser un capitán de mercenarios a sueldo del rey Ragnar, a ser un Jarl.

    - Pero para eso hay que nacer noble ¿no?-dije yo ingenuamente
    - ¿Pero que decís?  El rey hace nobles a quienes le favorecen. Si sois inteligente podéis terminar siendo un Jarl y tener vuestro propio feudo.

    La idea de convertirme en noble me excitó. En el siglo XXI el titulo de Jarl era algo meramente honorifico y snob, pero en el siglo XIII es sinónimo de riqueza y poder. Además deseaba igualarme con el resto de los nobles, ya que aunque luchábamos y sangrábamos juntos en las batallas, yo siempre era considerado un simple subordinado. A partir de entonces, con la ayuda de Rolf, convertí en mi meta ser nombrado Jarl por el rey, aunque este se mostrase bastante receloso de satisfacer mis deseos.



    Así participé en la campaña que el Reino del Norte llevó contra Swadia, dirigida por Jarl Turya, que volvia a ostentar el cargo de Mariscal del Reino, y colaboré en la conquista del castillo de Grunwalder, que entonces se encontraba bajo soberania del rey Harlaus.  Tras vencer, el rey Ragnar le concedió el castillo a Jarl Dundush y Serindiar a Jarl Knudarr. Aunque se sintió agradecido por mi ayuda en la conquista que reforzaba la posición de Veluca, no me concedió el titulo que tanto ansiaba.

    Mi amistad con el Mariscal del Reino me era de mucha utilidad pero la relación de este con el rey se había vuelto tensa y Ragnar terminó apartando al Jarl Turya de la mariscalía en a favor de Jarl Aedin, señor de Thir. Este imprimió un nuevo rumbo a la política del Reino del Norte, que firmó las paces con Swadia y declaró la guerra al Reino de Vaegir. Aunque al principio pensé que esta nueva situación, con un Mariscal con el que no tenia buena relación, podía perjudicarme no fue así. El rey en persona me encargó una importante misión: ir a Khudan para hacerme con los informes que tenía preparados un espía del Reino del Norte en la ciudad vaegir y llevárselos a él.



    Yo completé la misión sin grandes dificultades, lo que me valió la aprobación del rey. Pero tampoco en aquella ocasión conseguí mi nombramiento puesto que el rey estaba concentrado en un tema que lo preocupaba más. Estaba convencido  que varios nobles nórdicos, que se mostraban hostiles a la política real de dar asilo y feudos a nobles condenados por traición en sus países de origen, como el Emir Asugan o Boyar Marmun, estaban conspirando contra él, por lo que llevó a cabo una purga. Declaró traidores a varios importantes señores nórdicos como  Jarl Mayarrir, Jarl Aedin, Jarl Faarn, arrebatándoles sus feudos. Temiendo por su vida, estos huyen del Reino del Norte y piden refugio en otros reinos de Calradia.

    Mientras, la nueva campaña diseñada por Jarl Aedin no se desarrollaba como él deseaba y aunque se conquistó el castillo y la aldea de Ismirala, se perdió el castillo y la aldea de Jelgebi, asi como el castillo de Curlin y la aldea de Kwyn, creándose un importante enclave vaegir en pleno corazón del Reino del Norte. A punto de ser destituido como mariscal del reino, Jarl Aedin rompió sus lazos con el Rey Ragnar y prometió obediencia al Sultan Hakim, poniendo su feudo de Thir bajo soberanía del Sultanato Sarraní.  



    El rey, furioso, nombró nuevo mariscal del reino a Jarl Reamald, un noble libre de controversia, y declaró la guerra al Sultanato Sarrani, con el único objetivo de reconquistar Thir. Con todas las tropas nórdicas volcadas en esta misión, entre las que me encontraba yo con mi compañía de mercenarios, Thir pronto es reconquistada.
    Una vez el pendón nórdico volvió a ondear en la histórica ciudad, el Rey Ragnar firmó la paz con el sultanato y se concentró en la guerra contra el Reino Vaegir con un nuevo objetivo, Narra. Esta era una ciudad que había formado parte del Khanato Khergita hasta que le fue arrebatado por el rey Yaroglek, reduciendo el territorio del khanato a la ciudad de Tulga y unas pocas aldeas aledañas.

    Mi partida se encontraba entre los miembros del ejercito nórdico que asaltó las murallas de la ciudad de la estepa y que, tras varias horas de lucha, consiguió que las enseñas del Rey Ragnar terminasen ondeando sobre las almenas de la ciudad al final de la jornada, obligando al Reino Vaegir a capitular y pedir la paz, convirtiendo al reino del norte en el más poderoso de Calradia.



    Mi compañía y yo llegamos ante las murallas de Sargoth cuando ya es media tarde. Estoy convencido de que el Rey va a nombrarme Jarl. El Jarl Gundur ya me aconsejó que me presentase en la corte de Sargoth tan pronto como el rey comenzase a conceder audiencias, puesto que sintiéndose victorioso, era seguro que recompensaría generosamente a todos los que le habían ayudado. Además mi renombre en el reino ha ido creciendo poco a poco y tengo una buena amistad con algunos de los nobles más importantes del reino. Incluso mi relación con el rey Ragnar es buena, aunque no puedo considerarme uno de sus amigos.



    Muchos son los peticionarios que esperan en la antesala del salón de audiencias del palacio real de Sargoth, por lo que tengo que esperar bastante tiempo hasta que soy llamado para comparecer ante el rey.



    - ¿Qué deseais Mikhaal Garfielz?- me pregunta el rey cuando llego ante su presencia.
    - Mi señor, deseo convertirme en hombre de vuestra confianza y luchar por vuestro honor.-digo yo
    - Tenéis fama de hombre de armas valiente y de gran líder, Mikhaal. Me habéis ayudado en la conquista de Grunwalder, de Thir y de Narra. Me complacerá aceptar vuestra espada a mi servicio y concederos el vasallaje, si estáis en condiciones de jurarme lealtad.
    - Cuando lo deseéis mi señor.

    Entonces me indica que debo arrodillarme ante él y repetir la fórmula de vasallaje “Os juro lealtad como legitimo soberano del Reino del Norte. Permaneceré vuestro hombre fiel hasta que mi aliento se agote, y estaré a vuestro lado para luchar contra vuestros enemigos si necesitáis mi espada. Por último aceptaré vuestras legítimas demandas y aquellas de vuestros legítimos herederos como mías.

    Tras jurarle lealtad el rey coloca su espada plana sobre mi cabeza y dice con su voz de trueno: “Que se sepa que a partir de hoy sois mi leal vasallo juramentado. Os doy mi protección y os concedo el derecho a portar armas en mi nombre y declaro que no os privaré de vuestra vida, propiedades o libertad salvo juicio justo de vuestros iguales o por la ley y la costumbre del Reino del Norte. Además os doy en feudo la aldea de Serindiar con todas sus rentas y beneficios.”

    De esta forma aunque no haya conseguido mi objetivo de trabajar en la banca he conseguido ser nombrado Jarl del Reino del Norte al servicio del Rey Ragnar con un feudo y vasallos a mi cargo, que tampoco está nada mal.


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por haziel12 el Sáb Jun 28, 2014 6:23 pm

    Al fin!!Es un milagro de Odín!!!Al fin el Reino del Norte ha decidido pelear contra esos desdichados Vaegires que se creen valientes escondiéndose detrás de sus muralla con sus arcos.Jeje

    No me esperaba esto te felicito Garfielz y me gustaría que no lo dejes tan abandonado este mes Very Happy


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por garfielz77 el Mar Jul 15, 2014 1:31 am

    haziel12 escribió:Al fin!!Es un milagro de Odín!!!Al fin el Reino del Norte ha decidido pelear contra esos desdichados Vaegires que se creen valientes escondiéndose detrás de sus muralla con sus arcos.Jeje

    No me esperaba esto te felicito Garfielz y me gustaría que no lo dejes tan abandonado este mes Very Happy

    Pues venga un capitulo mas para que Haziel12 pueda ver como avanza mi partida con Mikhaal Garfielz. Y para el resto que lo quiera leer, tambien.

    CAPITULO 17.



    Apenas ha comenzado a despuntar el alba cuando mis hombres y yo llegamos a Serindiar.  Tras un par de días de viaje hemos hecho noche en una posada de Uxhal, abandonando la ciudad Swadiana antes de que el sol comience a salir tras las montañas. Ahora, mientras el astro está desperezándose, todavía legañoso, yo observo el caserío dormido que compone mi nueva propiedad.


    Mientras avanzo por entre las casas que forman el villorrio los gallos comienzan a tocar diana en los corrales. Un aire frio proveniente del norte me envuelve, haciendo que la mañana sea desapacible aunque ya ha comenzado el mes de Skerpla [20 de mayo].
    Junto a mi camina uno de mis hombres sosteniendo mi pendón recién estrenado, que representa dos leones sobre un fondo rojo y blanco. Fue tras la ceremonia de vasallaje cuando Jarl Gundur y Jarl Turya, tras felicitarme, me indicaron que debía tomar un escudo de armas que pregonase mi nuevo estatus. Me dirigí a una pequeña estancia, en un lugar recóndito del castillo de Sargoth, donde estaban los aposentos del maestro de heráldica del rey.
    Era un hombrecillo menudo, de cabello ralo y rubio, al que recordaba haber visto varias veces en el castillo, pero al que apenas había prestado atención antes. Comenzó a explicarme el significado de los elementos de los escudos de armas: los leones, las águilas, los grifos, los ciervos, los perros,… los esmaltes (oro, plata, sable, sinople…), mientras me iba enseñando modelos. A partir de cierto punto deje de oír sus palabras y solo podía notar un zumbido en mis oídos como si un grupo de abejorros estuviese construyendo una colmena.

    - Podríamos incluir algún elemento que haga referencia a vuestro lugar de origen-comentó en un momento dado- ¿de dónde sois?
    - De… de Wercheg-algo que no es mentira, aunque eludí decir que provenía de la Wercheg del siglo XXI.
    - No conozco ningún Garfielz de Wercheg…-repuso el pensativo
    - No… bueno… mi familia viene de lejos… del otro lado del mar.

    Con ganas de que se callase terminé eligiendo un escudo que el hombrecillo definió como “sobre esmalte de gules flanqueado en plata, dos leones andantes de plata en el centro, pasante el superior y contornado el inferior”.... o algo parecido.


    Mientras avanzo por Serindiar no puedo dejar de ver que es muy lugar muy pobre. Por el camino hemos visto que los campos se están llenando de malas hierbas, lo que indica que no hay suficientes manos para cuidarlos, y se ven restos de animales devorados por las alimañas. Las cabañas también estan muy descuidadas y alguna ya se encuentra arruinada. Recuerdo que esta aldea fue conquistada hace muy poco, junto con el castillo de Grunwalder al país de Rhodok, y le fue concedida a Jarl Knudarr, hasta que este fue declarado traidor por el rey Ragnar y le fueron arrebatadas sus propiedades. De repente me encuentro con un hombre de pelo rojizo, que al verme hace amago de esconderse en su casa pero que al final decide dirigirme un saludo.


    Me dirijo hacia el explicándole que ahora soy su nuevo señor y le enseño el pergamino que lo acredita con el sello real, aunque dudo que el hombre sepa leer una letra de nórdico ni en ningún otro idioma. El hombre me explica, en su dialecto rhodok tan cargado de erres que asemeja a un perro gruñendo, que la pobreza en Serindiar es insoportable. Muchos de los habitantes de la aldea la abandonaron durante la guerra y otros lo hicieron después, huyendo al país de Rodok. Apenas hay gente suficiente para cuidar los campos y no disponen de animales domésticos ya que se los comieron hace tiempo cuando el hambre comenzó a apretar. La última cosecha han sido mala y el poco grano que tenían lo sembraron a finales de Góa [marzo] en los campos, por lo que ahora no disponen de ningún alimento hasta la cosecha y la muerte amenaza seriamente a los pocos que se han quedado.
    Aunque sé que el resto de los nobles del Reino del Norte consideran que estas preocupaciones no son problema de los nobles sino de los villanos, yo decido ocuparme por el bienestar de mis vasallos y me dirijo a comprar grano al mercado de Veluca para que los vecinos de Serindiar puedan disponer de alimento hasta la época de la cosecha.

    Tras comprar siete sacos de grano por 168 denares reclama mi atención un hermoso espadón en el puesto del maestro armero. Es un arma pesada, que se debe usar con las dos manos, pero aunque es bastante cara, decido comprarla, jubilando mí vieja espada bastarda con su hoja llena de muescas.
    Aligerada de peso mi bolsa y cargado el carro de grano, vuelvo a Serindiar donde los lugareños me agradecen fervientemente en su extraña lengua que haya llenado su granero, aunque se lamentan de que en esta comarca infestada de ladrones y salteadores, tener un granero lleno no es garantía de que puedan estar alimentados hasta la cosecha de Tvímánuður [septiembre].

    - Hay una partida de bandidos que asalta las aldeas mal defendidas-se lamenta uno de los granjeros- Mientras vos nos defendáis no tenemos nada que temer pero si os vais, seguro que seremos victima de esos ladrones. Nosotros solo somos campesinos y no podemos defendernos solo con nuestras horcas.
    - Os ayudare-digo yo resuelto- Os enseñare técnicas de lucha para que podáis defenderos aunque yo esté en campaña.

    Asi dedico casi un par de semanas a organizar a los aldeanos para defenderse en caso de ataque y les enseño tácticas de combate. Por desgracia, o por suerte, pocos días después debemos ponerlas en práctica ya que el grupo de bandidos cae sobre la aldea con la intención de saquearla. Se entabla una fiera lucha entre los villanos, apoyados por mis hombres, contra los malhechores en la que terminan saliendo victoriosos los vecinos de Serindiar.


    Pero la paz dura poco en el reino del norte. Pronto llegan noticias de que el Rey Ragnar ha declarado la guerra al Rey Harlaus y el Mariscal, Jarl Reamald, ha llamado a todos los señores nórdicos al Castillo de Sargoth para preparar una campaña militar contra Swadia.

    Cuando llego al castillo encuentro a los nobles celebrando un gran banquete con el que celebran las victorias futuras. A mí siempre me han dicho que ho hay que vender la piel del oso antes de cazarla, pero no soy yo quien manda en el Reino del Norte. Revoloteo entre los nobles, recibiendo las felicitaciones de unos y conversación estéril de otros, hasta que topo con Jarl Turya.


    - Cada día Ragnar esta más insoportable y toma decisiones más incoherentes-me dice a media voz- De momento sus estupideces quedan ocultas tras las victorias militares, pero el día que comencemos a cosechar derrotas…
    - Creo que vos y yo deberíamos colaborar más estrechamente-digo yo.
    - ¿Estáis pensando en una alianza entre nuestras casas?-repone él con expresión de sorpresa
    - Si. Nuestras propiedades se encuentran cerca una de otra y nuestros intereses son comunes…
    - Jarl Garfielz, no os lo toméis a mal pero creo que  es pronto para que habléis en semejantes términos-me responde el tajante- Aun os estáis labrando un nombre en el mundo y no creo que seáis el esposo adecuado para mi hija, Lady Endegrid. Aun no.

    Después de una negativa tan tajante no me queda más remedio que callar y aceptar la decisión de Jarl Turya. No es que tenga mayor interés en casarme con Lady Endegrid, a la que tan solo he visto una vez mientras la escoltaba desde Sargoth hasta Dhirim, y tampoco había mucho que ver porque iba tapada de cabeza a pies. Pero aquí las cosas se hacen así: hacemos un pacto político y en vez de darte una copia del acuerdo firmada por los dos, te emplumo a mi hija, te guste o no, este más buena que el pan o sea mas fea que pegarle a un padre con un calcetín sucio. Y encima aquí no hay derecho al divorcio.

    Mientras tengo la mente ocupada en estas cavilaciones voy dando vueltas sin rumbo por la ciudad y mis pies me llevan hasta un puesto donde un maestro armero expone sus creaciones. Mis ojos se posan sobre un hauberk, una túnica de malla que llega a media pierna y cube los brazos por completo. Decido comprarlo ahora que dispongo de dinero, puesto que me defenderá mucho mejor que mi sencillo haubergeon. Adquiero además un sobretodo rojo que me da un aspecto más noble. Así apaciguo mi frustración a base de tirar de tarjeta. O, mejor dicho, de bolsa de denares.



    Después de unos días de preparativos Jarl Reamald decide iniciar una campaña que aseste un golpe mortal a los swadianos y así los nobles nórdicos, con nuestros ejércitos, nos encaminamos, siguiéndolo, a asediar Praven. Una vez allí el mariscal me encomienda reconocer los alrededores. Pero después de unos días de asedio Jarl Reamald decide levantar el sitio. No parece que le vaya a compensar un largo asedio de incierto final ante una plaza fuertemente defendida, así que decide ir contra un objetivo más sencillo, el castillo de Kelredan.

    De camino algunos nobles swadianos intentan cortarnos el camino, aunque son contrarrestados rápidamente. Es el caso del conde Meltor que nos hostigar pero que termina enzarzado en una batalla contra Jarl Dirigun y Jarl Surdun.  Mientras el resto del ejército se dirige hacia Kelredan, yo encamino a mis hombres hacia la batalla. La balanza pronto se inclina a nuestro favor gracias a nuestra superioridad numérica. El combate se salda con una victoria nórdica y un regalo para mi, capturo al conde Meltor que se convierte en mi prisionero.



    El asedio del castillo de Kelredan dura varios días y se resuelve en una noche de cielo estrellado y luna llena, cuando nuestra arma de asalto comienza a avanzar decidida contra la muralla del castillo provocando un boquete por el que se cuelan nuestros hombres en masa. La lucha es dura y se prolonga toda la noche, mientras en las distintas dependencias del castillo resueña el entrechocar de espadas y los gritos de dolor. Al rayar el alba el silencio se ha hecho en el castillo y en lo alto de la torre del homenaje ondea la enseña del Reino del Norte.


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por Erik El Rojo el Jue Ago 27, 2015 8:24 am

    Regreso al foro después de tantos meses o ¿serán años scratch ?
    Cuantos capítulos me esperan por leer esto es.. ¡FANTÁSTICO!
    cheers
    Me encanta tu trabajo continúalo si te es posible por favor.

    Gran trabajo y gracias por todo el tiempo que pase leyendo tu obra :aplauso:


    PD: No estaba muerto, andaba de parranda, JA! ya quisiera realmente estaba agobiado con mi nueva vida de casado.


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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por Wili9856 el Vie Oct 30, 2015 6:56 pm

    Simplemente... Magnifico. ¡Un barril de cerveza para garfielz muchachos! :adorar:

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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por Hunter2002 el Miér Ene 13, 2016 3:15 am

    Very Happy que epico quieros mas capitulos!!!! :good: Very Happy :aplauso: :vikingo: :vikingo: :engarde :engarde

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    Re: Camino de Sargoth

    Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 11:27 am


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